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Archivos de: Octubre 2008

Labor telar

por joseleon71 @ Domingo, 12. Oct, 2008 - 12:47:21 pm

I
Hola vieja araña
señora del magro jardín
temo que la lluvia destroce
tus hilos de plata
pobre
Nada digo de tus arpegios arrinconados
blancos secretos del polvo
donde mano humana ha llegado nunca.

Tú conoces los rincones desolados
eres la memoria de la casa
en las fotos de los abuelos
hay menos polvo que en tu casa transparente
de dos dimensiones perforadas
tejido magnífico y vulnerable.

II
Por ti sabemos que el tiempo ha pasado
no lo vemos transcurrir
mas a veces
al levantamos
tropezamos con un hilo abandonado
de pared a pared
frío e inofensivo
vagamente molesto.

Solitaria, invisible, obstinada
hay días en que no vemos
salvo tu presencia ingrávida fluctuante
detenida
en un espacio hueco.
Somos tu presa.

III
Si los años
no nos hicieran hijos de las moscas
de los gusanos y de las terribles hormigas vieja amiga
nos convertirías en crisálidas.
En tus brazos
leves
abrazo de plata opaca
nacería ninguna mariposa
momia invernal
gusano de seda
dedo mutilado

IV
Sabemos de ti
por el espacio inhabitado que amanece
con tus finos trazos de polvo unido
pelusas tejidas en el telar del misterio
Verte tejer
nadar en el espacio es
qué duda cabe
un privilegio
Espías
sin intención del tiempo
viajas prendida al único hilo que vemos
sólo tocarla destruiría tu obra silenciosa.

V
Nadie puede mirarte sin un poco de miedo
de un manotazo desharíamos tu reino de cristal húmedo
espectro de baba fosilizado tensión que el viento sacude
sin menoscabo
Alfileres
lágrimas disecadas
lluvia horizontal
u oblicua
boca abierta sin lengua ni dientes
saliva hecha polvo
ríos que se cruzan
puentes atascados
en el centro de la nada.

VI
Tu aire no es el mismo
que respiramos
allá
en tu casa de muros invisibles
No es el mismo
alto
desvencijado
hecho de astillas y plantas ferruginosas
soldadas a dinteles enmohecidos
Avanzas
convirtiendo en rincón toda la casa
tu alba languidez sobre sí la cierra
(útero invernal)
y de sí misma
emerge lentamente
como la respiración
envejecida de la nieve

VII
Nuestra casa abandonada es tu casa
Un alud deshilachado
un iceberg macilento
que crece
solidificando el aire enrarecido
Detienes el tiempo
lo eximes de su infame juventud
das a lo que tocas tu inmovilidad
conviertes para siempre
de pronto
lo inexorable
___________________________________


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Sin Contemplaciones (6)

por joseleon71 @ Viernes, 10. Oct, 2008 - 10:20:37 pm

Ver:
Sin Contemplaciones (1)
Sin Contemplaciones (2)
Sin contemplaciones (3)
Sin Contemplaciones (4)
Sin Contemplaciones (5)

Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 7 de septiembre a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6

I
La filosofía toma la palabra

Buenas noches, amigos de “Sin Contemplaciones”, bienvenidos a este nuevo capítulo de nuestra historia filosófica, teológica, histórica, sobre la modernidad. La filosofía toma la palabra después de la Reforma y su discurso teológico, exegético, dogmático, religioso. La conflictividad que generó la Reforma Protestante en Europa hizo imposible toda continuidad entre la Edad Media y la Edad Moderna. No había posibilidad de apelar a la religión, a la autoridad de la fe, a la moral fundada en esa fe para restituir el orden civil, civilizacional, político, institucional, de las naciones europeas.
El caos era generalizado, la división en torno a las posiciones distintas con respecto a los distintos descubrimientos, las distintas aperturas espirituales que trajeron consigo el Renacimiento, el Descubrimiento de América, la nueva ciencia de Galileo, la consolidación de los Estados nacionales bajo la forma monárquica absolutista, hicieron imposible pues, una solución de continuidad(1) entre el nuevo y el viejo mundo. Sin embargo, había una necesidad de restaurar la comunicación, el entendimiento y sobre todo proveer fundamentos para estabilizar esa comunicación y ordenar ese entendimiento, institucionalizarlo y abrir los cauces de la vida y superar el impasse que habían traído consigo todos estos acontecimientos y en particular las guerras de religión.

Descartes

250px-Frans_Hals_-_Portret_van_René_Descartes

La otra fuente sobre la cual se podía refundar Europa y buscar una unidad y un lenguaje común, al no ser la religión (el cristianismo era una de las fuentes), debido a la conflictualidad que la Reforma engendró, fue la filosofía, y el que provee ese camino filosófico y ese criterio, si ustedes quieren, de verdad, de conocimiento objetivo y por consiguiente de racionalidad, de armonía, de paz, de entendimiento, de comprensión, fue la filosofía de Descartes.
Descartes apasionadamente abogó por su filosofía como el vehículo por excelencia para asegurar la refundación, la redefinición del espíritu universalista europeo, basado en la ciencia heredera y fundada y engendrada por los griegos. Ahora, la filosofía cartesiana provee o pretende proveer al mundo europeo con un lenguaje común, con unos criterios objetivos, absolutamente determinables, verificables por cualquier razón humana, cualquier persona humana dotada de razón es capaz de seguir las implicaciones lógicas de principios claros y definidos y de reconocer a la luz de su propia razón su valor, su objetividad, su universalidad, su certeza, su claridad, su transparencia, su pertinencia y su ultimidad, o su carácter fundante y fundamental.

Galileo

190px-Galileo_by_leoni

Descartes, como ustedes saben, era un gran matemático, fue un gran matemático, tiene importantes avances en el área de la matemática, conoció la obra de Galileo, además estaba consciente de los peligros en que había incurrido Galileo con sus nuevas ideas sobre los movimientos de la tierra, las teorías copernicanas, en fin, toda la nueva física que él plantea como alternativa a la tradicional física de Aristóteles, que era la que se traducía y se enseñaba en las universidades europeas. Galileo es un hijo del Renacimiento, es un hijo de Pitágoras, es un hijo de Platón, es un hijo de la idea de que el universo es orden, y por consiguiente es expresión de inteligencia, y de que el orden del universo se articula y se funda en el orden de los números, estas son antiguas ideas pitagóricas, hermosísimas, bellísimas, de una larga historia en el mundo antiguo y también en toda la historia de Occidente, prácticamente hasta hoy.

Pitágoras
250px-Kapitolinischer_Pythagoras_adjusted
La idea de Pitágoras, el filósofo griego de los años 500 y pico, oriundo de la isla de Samos, era que los número son expresión de orden, son orden, son armonía, y que el mundo de los números es el mundo de la armonía perfecta, eterna, permanente, porque las relaciones numéricas son permanentes, estables y constantes, por otro lado son absolutamente objetivas, reconocibles, identificables por la razón en su estructura integral, y de que el universo por ser orden obviamente su principio y su fundamento tenía que ser lo que era por excelencia y paradigmáticamente el principio del orden, es decir, los números.

Dios habla por las matemáticas
Los números son obviamente objeto, antes que nada, de la inteligencia, son puramente inteligibles, son realidades visibles en su esencia y en sus relaciones esenciales al intelecto humano. De ahí también la idea del gran filósofo pre-socrático de que Dios matematizaba cuando creó al universo. Esta es una idea que heredará Platón y que desarrollará Platón a su vez y que transmitirá a través del neoplatonismo a la Edad Media, durante toda la Edad Media y que luego se refuerza en el Renacimiento cuando aparecen las obras originales, los textos originales de los filósofos pre-socráticos, de la escuela filosófica de la antigüedad clásica en su original. En todo caso, la idea de Galileo era efectivamente esa, que había que reinterpretar la naturaleza e interpretarla no partiendo de los sentidos, no partiendo de lo que vemos y observamos, de las diferencias concretas y perceptibles sensiblemente por los sentidos, sino que había que reinterpretarla según la razón y la sola razón. Esto quiere decir, en lenguaje pitagórico y en lenguaje de Galileo: matemáticamente. Entonces, la reinterpretación de los fenómenos naturales no en base a lo que los sentidos nos indican sobre sus relaciones, propiedades, características, condiciones, etc., sino en base, nada más a una formulación matemática, es el fundamento de la ciencia moderna. Y se la debemos en gran parte pues, al influjo que tuvieron los pitagóricos, las ideas de Pitágoras y sobre todo también las ideas de Platón, que hereda las ideas de los pitagóricos y las desarrolla, en la época del Renacimiento, y que Galileo, que estudió en Italia, en Padua, en Roma, durante su juventud, absorbió este legado intelectual de Grecia y su genialidad fue la aplicación de esta idea de que la naturaleza estaba escrita en términos matemáticos pero no en un nivel de visión general del orden esencial de las cosas, sino buscando interpretar los fenómenos particulares basándose en estas ideas.

De lo evidente a la abstracción
Entonces, Descartes que era un matemático de genio él también, apreciaba con perfecta inteligencia lo que había sido el genial descubrimiento por parte de Galileo de lo que se llama hoy en día y sigue siendo el “método científico”. La evidencia de esto es que si ustedes cogen el libro de física, por ejemplo, de sus hijos, del bachillerato de hoy, la mayoría de los libros están escritos en términos matemáticos, y el texto que pueda haber está referido a los números que están presentes y a las fórmulas matemáticas que están presentes para dar razón de los fenómenos naturales. En todo caso es la antítesis de lo que había sido la física tradicional encarnada en la física de Aristóteles, que era el libro de Física que estudiaban todos los estudiantes universitarios de Europa en las grandes universidades cuando entraban para hacer su curso de artes liberales. El libro de física en cuestión había sido escrito por Aristóteles, y en el libro de Aristóteles, que es un libro de buenas 300 páginas de texto, difícilmente hay una página entera de números en todo el libro. O sea, que la física de Aristóteles se basaba en la evidencia de los sentidos y analizaba los fenómenos particulares partiendo de la descripción de lo que los sentidos que un hombre inteligente y perspicaz captaban. Por consiguiente es una descripción y un análisis de las características materiales de las cosas, basada en la descripción y en la evidencia sensible. Lo que hace Galileo es una revolución total, los sentidos nos dan el hecho. Yo a través de los sentidos veo los cuerpos caer, ahora cuando yo quiero entender por qué los cuerpos caen, hago abstracción ya de los sentidos y lo que busco es definir el acontecimiento de la caída de los cuerpos en términos matemáticos que sean susceptibles de ser relacionados entre sí en una hipótesis que explique los distintos… Por ejemplo, todo cuerpo ocupa un espacio, toda caída supone un tránsito en el espacio, todo cuerpo tiene masa, supone por decirlo así un tránsito de esa masa en ese espacio, según la masa aparentemente esos cuerpos caen según sean pesados o no sean pesados. Por ejemplo, Aristóteles nunca hubiera llegado, partiendo nada más de la descripción de los sentidos, a la idea de que hay una ley de la caída uniforme de los cuerpos, porque si yo me pongo a ver ¿qué cae primero? (Toma una hoja y un bolígrafo del escritorio y los deja caer). Si yo me quedo nada más en la percepción sensible, obviamente el cuerpo más pesado cae antes que el cuerpo más liviano, entonces en esos términos es imposible llegar a la idea de que todos los cuerpos tienen una ley que determina su caída uniforme.

Vivimos dentro del marco de una revolución científica
Entonces, la abstracción de los sentidos, el no ver ya para dar explicación del hecho, los hechos físicos, sino de tratar de reducir los hechos físicos a aspectos materiales que son cuantificables, que se les puede asignar o se puede medir, por decirlo así el peso, se puede medir la distancia, se puede medir la velocidad, se les puede asignar un número, entonces tratar de ver si se puede establecer una correlación estable, numéricamente percibible en términos de peso, velocidad y espacio. Y esto fue lo que Galileo descubrió y lo que determinó una revolución científica absoluta. Nosotros vivimos dentro del marco de esa revolución científica. Ahora bien, una cosa es ver lo que son las condiciones metódicas para estudiar un aspecto de la realidad, y que si se quiere estudiar y hacer una física-matemática hay que hacer abstracción, es decir, hay que no tomar en cuenta ciertos aspectos de los cuerpos que no son matematizables.

Todas mis partes son Francisco Rivero
Por ejemplo, todo cuerpo tiene peso, todo cuerpo ocupa un espacio, yo puedo medir el espacio, ubicar ese espacio en coordenadas numerables, geométricas, espaciales, yo puedo pesar ese cuerpo y asignarle un número específico con bastante exactitud, yo puedo medir las distancias, la velocidad, etc., ahora lo que yo no puedo medir es el carácter, por decirlo así, la humanidad de mi cuerpo, porque eso no es cuantificable, ese es un aspecto cualitativo, no cuantitativo, yo puedo ser más gordo, más flaco, más ancho, más angosto, más alto, más bajo, más fuerte, menos fuerte, pero sigo siendo una persona, en concreto esta persona humana Francisco Rivero, bueno, a la persona no tiene sentido asignarle un número porque no es algo numerable, es algo cualitativo, esencial, constitutivo, y eso no es numerable. La persona concreta, Francisco Rivero, tampoco tiene un número, un peso, un espacio específico, toda parte, todas mis partes son Francisco Rivero, todas mis partes son las partes de un ser humano, pero la humanidad no tiene partes, es un todo, es una unidad, Francisco Rivero tampoco tiene partes strictu senso, es una unidad y esas unidades, o esos aspectos cualitativos no pueden ser numerados, por consiguiente si yo quiero hacer física yo tengo que prescindir de que la flor es una margarita o una rosa, o de que el objeto material es un vaso o unos anteojos, o un pedazo de papel, una pluma, una silla, una cámara, porque ninguna de esas cosas, todo eso son aspectos que determinan cualitativamente a los seres, pero que ellos mismos no son cuantificables en sí mismos.

Los principios no tienen peso
Lo que es cuantificable es la materialidad del cuerpo, lo que es pesable es la materialidad del cuerpo, lo que es ubicable es la especialidad del cuerpo, pero no la humanidad, no la femineidad, la esencia de las cosas no es un aspecto más sino un principio, y los principios no tienen peso, ni tienen medida, ni tienen espacio, ni están sujetos a condiciones relativas de espacio y tiempo, por decirlo así. Entonces, el método científico consiste justamente en la propuesta de que la física debe abstenerse de explicar o de tratar de explicar los aspectos cualitativos de los cuerpos y limitarse a los aspectos que sí son cuantificables, que son los aspectos materiales de los cuerpos, propiamente hablando. En eso consiste la esencia del método científico. Entonces la ciencia nunca pretende agotar la realidad, la ciencia hace abstracción de ciertos aspectos de la realidad, establece relaciones entre ellos y luego somete a la realidad a la experiencia bajo hipótesis, a ver si la experiencia las corrobora. Pero la ciencia nunca pretendió ser ni agotar la realidad como un todo.
Ya volvemos después del corte.

II
La razón pura

Retomando la idea anterior.
Entonces la ciencia va a ser un elemento determinante en toda la historia del pensamiento moderno, no solamente por su valor intrínseco, no solamente partiendo de su propio parámetro, de su propia perspectiva, de su propia intencionalidad, sino que va a tener una influencia enorme en todo lo que va a ser el ambiente cultural e intelectual europeo, y va a ser el paradigma del saber, se va a convertir en el punto de referencia que va a influenciar todos los saberes, y sobre todo, la filosofía. Descartes, que era un matemático, que entiende lo que está haciendo Galileo y lo que representa el avance de Galileo y lo que representan las posibilidades del mundo del estudio, de la ciencia y del método científico que Galileo encarna, articulará toda una metafísica, toda una filosofía fundada de algún modo en esos parámetros, en esos principios, que la ciencia encarna, y que la ciencia desarrolla. Entonces, por ejemplo, Descartes, el padre de la razón pura… La filosofía de Descartes se funda en la reivindicación de lo que se llama la razón pura, ¿Qué quiere decir razón pura? Razón pura en términos cartesianos es una razón divorciada, disociada, desvinculada, separada radicalmente de todo influjo de los sentidos, de toda influencia sensible, de todo contenido derivado de los sentidos, de la imaginación y de la experiencia sensible en general. Según él, el criterio de verdad, el criterio de racionalidad, el criterio de certeza se encuentra en esa razón pura encarnada de modo paradigmático en las matemáticas. Entonces, el buscará refundar el saber entero de la humanidad, basado en esta idea del carácter paradigmático, ejemplar, normativo, exclusivo y único de la razón pura. Y él verá precisamente en la física de Galileo, en la nueva física, la encarnación, el testimonio de ese valor. Gracias a la razón pura, gracias a la interpretación matemática de los fenómenos el hombre adquiere dominio y comprensión rigurosa, precisa de las leyes de la naturaleza, recrea las naturalezas en función de una racionalidad que le es absolutamente connatural y que él entiende cabal e íntegramente, sin residuo, sin falta, sin merma alguna.

Sobre la existencia de Dios
Entonces, él piensa y afirma y cree encontrar en la razón tipificada por las matemáticas, la clave de una nueva comprensión de la realidad como un todo, no solamente de la física, sino de la teología, de la ética, de la antropología, de la vida humana, del hombre como un todo. Pretende encontrar a través de ella la demostración definitiva de la existencia de Dios, definitiva de la inmortalidad del alma, por ejemplo. No una demostración dentro de las condiciones y la limitaciones del saber humano, no, una demostración científica, absoluta, objetiva, última, incuestionable e indudable de la existencia de Dios, por ejemplo; de la inmortalidad de alma, por ejemplo; que eran temas que habían sido discutidos desde que el hombre existe, se puede decir, o por lo menos en el contexto de Occidente desde los inicios del mundo griego y de la cultura griega y del mundo bíblico y cristiano. Todo esto que había sido tratado durante milenios, siglos, por filósofos y teólogos, resulta que Descartes afirma que él había encontrado la demostración definitiva de esta verdades, por consiguiente no era ya necesario ni discutirlas, ni analizarlas, ni cuestionarlas más. En base a su filosofía, estas verdades quedaban ya definitivamente demostradas por el hombre y podíamos pasar a otras cosas. ¡Como si se pudiera pasar a otras cosas más allá del alma, o más allá de Dios! Y fuera posible clasificarlas, tenerlas en una carpeta y cuando fuera necesario sacar otra vez la demostración al aire, es decir, a la calle.

La duda metódica

Pero en todo caso, la idea de Descartes es que la razón matemática es el paradigma de la racionalidad, y de que hay que depurar a la mente por consiguiente, de todas las influencias de los sentidos que particularizan las ideas, las mediatizan, las temporalizan, las condicionan, y hacen imposible que el hombre alcance la claridad lógica perfecta que sólo es propiedad de las ideas matemáticas. Entonces, a efectos de educar a la mente para disociarse de los sentidos, separarse de los sentidos, purgarse de los sentidos, purificarse de los sentidos y alcanzar la lógica perfecta, la verdad pura, la verdad transparente, la verdad universal, la verdad objetiva, la verdad eterna, la verdad necesaria, era necesario pasar por lo que él llamó la duda metódica. La duda metódica era una manera de purgar la mente de las certezas tradicionales y convencionales que el hombre sostenía y mantenía determinado por las circunstancias de la vida concreta, de la vida práctica, y de la vida sensible, y de la imaginación, y la memoria sensible y todas estas cosas.

La amistad universal
Entonces, la única manera de hacer que el hombre encontrara el mundo de la verdad pura y por consiguiente la llave para la comunicación segura, pura, cierta, absoluta e incuestionable entre razón y razón, entre hombre y hombre, entre mente y mente, entre nación y nación, entre comunidad y comunidad; es decir, el lenguaje que la humanidad a través del cual podría alcanzar la concordia, el saber, y no un saber relativo, cambiante, circunstancial, particularizado, sino un saber universal y necesario, y por consiguiente ese saber abría el camino no solamente a la concordia en las ideas, sino también la concordia en la acción, es decir a la armonía social, a la armonía política, a la comunión de los hombres con los hombres, y en ese sentido apuntaba entonces a la recreación de la sociedad del hombre partiendo de evidencias, de claridades, de criterios metodológicamente obtenibles, técnicamente e instrumentalmente identificables, operativizables y alcanzables por el hombre mismo de una comunidad perfecta, es decir, la paz, la armonía, la justicia, la felicidad en última instancia, la amistad universal. Imagínense pues el horizonte que de algún modo Descartes vislumbra en la intuición de una idea de un saber universal, pero de un saber universal basado no en la autoridad de Dios, no en la revelación divina mediada por la iglesia o las iglesias, no en la autoridad de Aristóteles o de Cicerón, o de Séneca o de Platón, sino en la evidencia de la razón como tal, de la razón humana como tal. Razón que es compartida como él mismo dice casi por igual por todos los hombres, lo que pasa es que no la sabemos usar, que no la sabemos alcanzar porque está mediatizada por lo relativo, por lo cambiante, por lo accidental, y entonces nosotros enfrascamos nuestras existencias en lo que es puramente particular y circunstancial y, por supuesto, lo que es particular para mí, no necesariamente es particular para usted, o para usted, y por consiguiente posiblemente choquemos entonces en nuestras visiones de la realidad. Y ahí, la conflictividad permanente, el cambio permanente, la inestabilidad permanente, y el sentido de desasosiego, de inquietud, de angustia, de conflictividad, de relatividad, de transitoriedad, de nuestro vivir que gira en torno a lo que pensamos, juzgamos, estimamos como verdadero, cierto, justo, debido, etc. Entonces, para salir de ese campo minado de opiniones, de diversidad, de oposiciones, de cambios permanentes, no solamente entre nosotros sino dentro de uno mismo, hay que elevarse y hay que descubrir el mundo de la racionalidad pura. Ese descubrimiento es lo que define al hombre, distingue al hombre y promete sacar al hombre de la caverna en la que vive y en la que ha vivido desde siempre, e inaugurar una nueva época, un nuevo tiempo, es decir una nueva historia, una nueva humanidad.

El camino de la verdad
Entonces, esta idea ya está presente en esta búsqueda de Descartes, y en esta idea de haber encontrado la clave o el método para alcanzar el conocimiento común, la verdad. No una verdad relativa sino la verdad absoluta y este método, o esta clave, o este criterio, o este acceso que Descartes pretende haber descubierto cambiaría radicalmente la historia de la humanidad, en un antes y un después absoluto. De modo tal, que la filosofía moderna se inicia como una reivindicación de haber encontrado el camino de la verdad y, por consiguiente, el camino de la vida y de la constitución de una nueva historia y de una nueva vida para toda la humanidad. O sea que el universalismo constitutivo de la razón sigue vigente, pero ahora en base a una fórmula. A una fórmula que se puede obtener a través de un método que cualquiera puede seguir, no requiere una integridad espiritual superior, o una sensibilidad moral superior o distinta o fina, por lo menos. No requiere de lo que Pascal, el gran contemporáneo de Descartes, llamaba l’esprit de finesse, contrastado con l'esprit geométrique. El espíritu geométrico es perfectamente lógico, perfectamente objetivo, dada una premisa sigue una consecuencia. Usted entiende la premisa, de verdad la entiende, enseguida ve la consecuencia que se deriva de ella, y ve la razón de esa derivación en la premisa misma. Entonces, aquí no hay discusión posible, aquí no hay discusión de ningún tipo, aquí la verdad está dada, como una fórmula y como una exigencia metódica, y como un procedimiento por decirlo así técnico, absolutamente definido.

Pascal un clásico, Descartes un moderno

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El esprit de finesse supone la capacidad de apreciar, y apreciar supone ya ver no en función de la lógica, la organización, el método, el rigor, la técnica, la seguridad, sino de apreciar el ser independientemente de toda intencionalidad de dominio, de control, de seguridad, de dominio formulístico, de toda intencionalidad de seguridad, de certeza; dejar que las cosas sean lo que son, y apreciarlas por lo que son, sin buscar incluirlas ni sujetarlas, ni condicionarlas, ni regularlas, ni someterlas a ningún procedimiento que de algún modo las depure y saque de ellas lo que verdaderamente son o no son. El ser es algo que originariamente rebasa toda fórmula, toda concepción cerrada, toda intencionalidad operativa, el ser es algo originariamente dado, libre, admirable en sí mismo, inagotable en sí mismo. Esta relación cualitativa, que cambia de ser a ser, porque no todos los seres tienen el mismo carácter, la misma densidad, la misma perfección, la misma belleza si quieren, la misma importancia, la misma jerarquía, entonces, no supone que hay un camino a la verdad, que hay una racionalidad definitiva y absoluta y exclusiva, sino que la razón es infinitamente rica, en sus expresiones y en sus matices. Pascal era un clásico, Descartes un moderno. El moderno busca la uniformidad, la seguridad, el control, el dominio y por consiguiente la fórmula que incluye, la fórmula que equipara, que nivela, que hace abstracción, como les dije antes, de lo cualitativo, y que se queda nada más en lo formal, y en lo formal todos los gatos son pardos, por decirlo así. No hay diferencia entre el cuerpo de Ava Gardner, y el cuerpo del vaso, ambos son cuerpos, este es un punto de vista puramente abstracto, la física no hace distinciones entre la caída de Marilyn Monroe de un balcón, por decirlo así, y la caída de un gato pardo de un balcón, ambos son cuerpos, y ambos obedecen a la misma ley. Ya volvemos.

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III
El recurso al método

Retomando el punto. Descartes busca un lenguaje común, un lenguaje compartible universalmente, un lenguaje objetivo, un lenguaje al cual todo hombre, por ser hombre y partiendo nada más de su humanidad, pueda alcanzar con el debido método, o con el debido entrenamiento, o con la técnica adecuada. Ese lenguaje no es para alcanzar un saber particular, sino para alcanzar un saber universal, y por consiguiente esencial, a partir del cual la humanidad pueda redefinir todos los bienes, y todas las tareas y todas las exigencias que plantea su existencia, pero siguiendo ese patrón y ese criterio, que le asegurará un conocimiento compartido, un conocimiento común, un conocimiento universal, y un conocimiento objetivo, es decir, técnico, seguro, impersonal, absolutamente confiable, absolutamente trasmisible, y que afectará por consiguiente y lo ayudará a superar todos los elementos que lo dispersan, que lo disgregan, que lo oponen, que lo condicionan, que lo limitan. Es como si fuera una llave para redefinir la realidad en un lenguaje que el hombre pueda establecer, reconocer, evaluar y juzgar en base a su sola razón, sin necesidad de una revelación divina. La idea que se deriva de esto es que ¡por fin se entenderán los hombres!, ¡por fin podrá haber una comunidad auténtica! No ya en base a una acción divina, sino en base a la propia virtud de la razón y del hombre, de la humanidad.

Una nueva revelación
Entonces esto es, por decirlo así, un descubrimiento de América que rebasa infinitamente lo que descubrió Colón, que no era sino un continente y unos mares más. Aquí de lo que se trata es de la vida humana, de la historia de la humanidad, entonces es como si fuera una nueva revelación, una revelación que Descartes la obtuvo metido en una estufa en Holanda en el invierno, pensando en esta dramática condición de la división de Europa, en base a opiniones contrastadas. Entonces la búsqueda de una verdad que no estuviera sujeta a duda, que no estuviera sujeta a circunstancias aleatorias, de las pasiones, de los recuerdos, de donde naciste, o de las naciones, etc… se trata de un saber universal, de un saber que supera los particularismos de la existencia y apunta a una unidad esencial y a un sentido universal absolutamente visible y reconocible por el hombre y prospectable por el hombre con tal de que se ciña a las condiciones objetivas que define esta nueva metodología, y este nuevo criterio del saber. Entonces por supuesto se piensa que se ha alcanzado realmente el punto de apoyo como decía el famoso sabio de la antigüedad [Arquímedes], que decía “denme un punto de apoyo y yo muevo a la tierra”. En todo caso, lo que se plantea es eso, es una nueva, una transformación radical de la condición humana, de la historia de la humanidad, fundada además y referida además, no solamente a un ideal intelectual y moral, sino a una capacidad de transformar las condiciones materiales de la vida misma porque la nueva física de Galileo precisamente es el ejemplar concreto que tiene de cómo este lenguaje matemático, universal, impersonal, puramente formal, es capaz de darle al hombre un dominio radical sobre los fenómenos físicos.

Conquistar la muerte
Entonces, la idea de Descartes es que hay que “salir” de los grandes problemas metafísicos que hasta ahora han estado devastando a la cristiandad europea, la naturaleza de Dios, la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, el destino del hombre eventual, la espiritualidad del alma, y que estas cosas se pueden demostrar en ese sentido objetivo, universal, metódico, técnico, que él preconiza. Pero lo importante aquí es la transformación de que el hombre ya no será pasible, es decir, no estará condicionado por las condiciones, por las circunstancias físicas de su vida sino que podrá dominar el universo, al límite, conquistar la muerte. Y en eso estamos, esa mentalidad, esa filosofía, ese ideal, es lo que permea al mundo occidental moderno por lo menos en su versión neoliberal, positivista, cientista, ilustrada, eso es parte de la cultura moderna, determinada por esa idea de que el hombre es dueño y señor de la naturaleza, dominador de la naturaleza, que tiene jurisdicción absoluta sobre el orden natural, y la idea de progreso está ceñida y fundada en que efectivamente la ciencia nos da un avance y un control cada vez mayor sobre fenómenos naturales.

L’Homme machine
Ahora pensar que ese progreso científico a nivel de… no sé… la mineralogía, la tecnología, la producción de alimentos, la salud física, la estructura del universo, el movimiento de los astros, el movimiento de las aguas, la lluvia, la agricultura, en fin, todas estas cosas que son indudables y que son bienes regulados obviamente y sujetos a me-di-da (que eso es otra cosa), eso es una certeza, ahora, pensar que ese mismo método y ese mismo tipo de saber conducirá a la felicidad universal, a la transformación moral de la humanidad, a la creación de un hombre nuevo, de un hombre solidario, de un hombre fraterno, de un hombre que ya no estará sujeto al mal, que conquistará y someterá las pasiones, que podrá lograr la paz universal entre los hombres… eso es harina de otro costal. Pero ese sueño es parte de los mitos de los cuales vivimos hoy, y supone que el mundo moral de algún modo está sujeto también y es parte de toda una estructura física, fisiológica y genética que una vez controlada, una vez entendida, producirá un hombre, como decía La Mettrie, que fue un sabio y un pensador del siglo XVIII, francés, de la época de la Ilustración, surgirá lo que llama él l’Homme machine, el hombre mecánico, el hombre máquina, es decir, perfectamente bajo su control técnico. Y que la resurrección o la vida eterna se traducirá en términos del control del hombre sobre las condiciones físicas de la vida, o bioquímicas, o químicas, o física químicas, y una vez que la ciencia alcance este saber pues Walt Disney que está metido en un tubo en algún lado en California, congelado bajo cero, una vez que la ciencia descubra el mal del cual murió pues podrá resucitarlo para seguir haciendo, no sé, Mickey Mouse y Dumbo, y cosas de estas pues, que ha producido la inventiva y la imaginación de Walt Disney(2).

El mito de la razón autosuficiente
Pero este es el mito de la autosuficiencia de la razón, de la autosuficiencia del hombre, de que en realidad el hombre es su propia providencia, de que el hombre es Dios, y que la ciencia asegurará la realización efectiva en los hechos de esa proposición. Y que la vida moral entera depende en última instancia de la vida orgánica, del cuerpo humano, y que no hay en el fondo tal libertad, ni tal dignidad… ese es el libro de Skinner, el famoso siquiatra, psicólogo de Harvard, que escribió un libro que se llama Beyond Freedom and Dignity (Más Allá de la Libertad y la Dignidad)… claro, me estoy adelantando un poco, pero les estoy haciendo ver las perspectivas que se descubrieron a partir de Descartes y a partir de la secuela pues de los discípulos, de los hombres que comenzaron a discutir estas ideas en el siglo XVII, como verdaderamente una emancipación total de la Edad Media, que dependía de Dios, de la vida eterna, del Infierno, del Cielo, del Purgatorio.

Dante queda relegado
El Infierno de Dante, el Purgatorio, la Divina Comedia, queda relegada a las reliquias de la humanidad, eso no tiene ya valor paradigmático esencial y permanente, Platón por supuesto lo mismo, Aristóteles lo mismo, toda la Antigüedad… no solamente la antigüedad clásica y el humanismo clásico griego y cristiano, sino todas la culturas humanas, habidas y existidas hasta ese momento quedan relegadas al pipote de la basura. El Taj Majal, entre otras, es muy bello, es muy bonito, pero todo lo que inspira, todo lo que lo mueve, todo lo que encarna, es un residuo. El hombre científico, la ciencia moderna, el espíritu del racionalismo científico reduce todas esas cosas a cultura general, a información básica, a humanidades en el sentido suave, “pajístico” (y perdonen la expresión) del término. Lo verdaderamente seguro y cierto, decisivo e importante es la ciencia, y es la nueva disciplina de la razón y es el culto a la razón matemática, a la razón pura, es decir la razón que se abstrae, que se separa radicalmente de las condiciones existenciales, morales y físicas, de su propia existencia, y que descubre dentro de sí una luz fundada en Dios, a quien descubre dentro de sí, y que asegura entonces la independencia radical del hombre de todo el pasado histórico espiritual de la humanidad, y prospecta la creación de un hombre nuevo. Un hombre nuevo racional. Racionalidad = Libertad. Libertad = (en este caso) Soberanía. Libertad = Poder y Dominio sobre la realidad. Libertad = Lógica = Legalidad = Sistema = Organización = Pragmatismo, Dominio, Organización y Desorganización, es decir, Ingeniería, si ustedes quieren en el sentido genérico del término. Todo esto ya se articula por supuesto.

La antigüedad borrada de un plumazo
Todo el universo medieval, todo el universo religioso de la Reforma, todas las preocupaciones, las luchas entre facciones religiosas, temas vinculados al dogma, a la tradición, a los clásicos, al humanismo clásico, todo el Renacimiento, prácticamente, queda liquidado de un plumazo, porque esta nueva racionalidad trasciende absolutamente, como un gigante, a la racionalidad, que por primera vez en la historia de la humanidad despuntó en Grecia. Entonces, Grecia tiene un valor simbólico, en Grecia aparece por primera vez con los grandes filósofos la inteligencia como un principio de orden, pero nunca fue esta mitología de la razón que crea la modernidad. La razón como algo absoluto, la razón como el nuevo Dios, como la fuente del nuevo hombre, de la nueva historia. Entonces, por supuesto, ya la humanidad en vez de ver hacia atrás y a las autoridades y hacia la tradición y hacia las raíces, se desarraiga radicalmente, rompe con todo esto, es más, se dedica a demoler, liquidar, destruir en el alma, en la mente, en la conciencia y en el espíritu del hombre europeo toda referencia al orden trascendente de la Edad Media y ahí es donde nace el mito de que la Edad media es una edad oscura, que es una edad de superstición, que es una edad de la infancia de la humanidad, que es el mundo de los curas y el autoritarismo y la prepotencia de la iglesia o de las iglesias o de las luchas dogmáticas y de la inquisición y de las cruzadas y de todo esto, y todo eso es una jerga y una política conscientemente llevada por los ilustrados y los racionalistas, cada vez con mayor radicalidad, para tratar de romper la raíz, el vínculo espiritual de Europa con el pasado histórico europeo, tanto religioso, como filosófico y cultural con los griegos.
La instancia paradigmática de eso es que en la nueva constitución europea, cuando se quiso incluir en el ella el nombre de Dios, o siquiera la referencia al cristianismo como la matriz a partir de la cual se creó Europa, fue rechazada. Toda referencia a una subordinación ontológica del hombre, a un principio increador, sabio, inteligente y dilectivo, queda rechazada. El hombre es dueño de sí, el hombre es el nuevo Dios, la humanidad es el nuevo Dios. El paradigma de esa proposición, o la posición paradigmática de esta posición es Augusto Comte y el positivismo de Augusto Comte, que domina la historia moderna. Nos veremos el próximo domingo, si Dios quiere. Hasta luego.

Notas:
(1) Al parecer hay una confusión con el uso de la fórmula “solución de continuidad”, porque precisamente lo que existe a raíz de las novedades, de la irrupción súbita de lo nuevo, es una solución de continuidad, precisamente una ruptura con el pasado. No es pues el sentido de lo que llevaba dicho el profesor Rivero.

(2) Durante años se gestó la llamada “leyenda urbana” de que Disney, pocos minutos antes de morir, había sido criogenizado. Su cuerpo supuestamente fue introducido cuando aún estaba vivo en una cámara y fue congelado a bajas temperaturas para que cuando la ciencia avanzara pudiera ser resucitado y sanar su pulmón enfermo. Esta historia cobró una relevancia enorme en todo el mundo, tomándose a Disney como ejemplo de que las criogenizaciones sí que tenían razón de ser. Sin embargo, esto es completamente falso y sus restos reposan en California desde hace más de cuarenta años.

10 preguntas sobre la crisis

por joseleon71 @ Viernes, 10. Oct, 2008 - 06:28:53 am

Por
MICHEL COLLON

1. ¿Subprimes? El punto de partida es una verdadera estafa ya que los bancos occidentales han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de los hogares estadounidenses, diciéndose que si no eran capaces de pagar, les quitarían sus casas por cuatro monedas.

2. ¿Es sólo una crisis bancaria? No, en absoluto. Se trata de una verdadera crisis económica que ha comenzado en el sector bancario, pero cuyas causas son mucho más profundas. En realidad, toda la economía de los Estados Unidos vive a crédito desde hace 30 años. Las empresas se endeudan por encima de sus posibilidades, el Estado se endeuda también por encima de sus posibilidades (para hacer la guerra) y se ha impulsado sistemáticamente a los ciudadanos a endeudarse, la única manera de mantener, artificialmente, un crecimiento económico.

3. ¿La verdadera causa? Por supuesto, los medios de comunicación tradicionales no nos dicen nada. Y sin embargo, las subprimes no son más que la punta del iceberg, la manifestación más espectacular de una crisis de superproducción que golpea a los Estados Unidos, pero también a los países occidentales. Si el objetivo final de una multinacional consiste en despedir a trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios por todos los medios y con la ayuda de los gobiernos cómplices, ¿A quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? ¡No han parado de empobrecer a sus clientes!

4 ¿Es sólo una crisis de la que sobreponerse? La historia demuestra que el capitalismo ha ido siempre de una crisis a otra con, de vez en cuando, una buena guerra para salir de ella (eliminando a sus rivales, empresas, infraestructuras, lo que permite un buen reimpulso económico). En realidad, las crisis son también un periodo que aprovechan los grandes para eliminar o absorber a los más débiles. Es lo que ocurre ahora en el sector bancario estadounidense, o en el caso de BNP que se traga a Fortis (y todo esto no ha hecho más que empezar). Pero, si la crisis refuerza la concentración de capital en manos de un número aún más pequeño de multinacionales, ¿cuál será la consecuencia? Estos super-grupos tendrán aún más medios de eliminar o empobrecer la mano de obra y así convertirse en una competencia aún más fuerte. Estamos otra vez en la casilla de salida.

5. ¿Un capitalismo sobre bases éticas? Hace ciento cincuenta años que nos lo prometen. Hasta Bush y Sarkozy lo han hecho. Pero en realidad, es tan imposible como un tigre vegetariano. Y es que el capitalismo se apoya en tres principios: 1. La propiedad privada de los grandes medios de producción y de financiación. No es la gente la que decide, sino los multinacionales. 2. La competitividad: ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia. 3. El máximo beneficio: para ganar esta batalla no basta con tener unos beneficios normales o razonables, sino una tasa de beneficios que permita distanciar a las empresas de la competencia. El capitalismo no es sino la ley de la selva, como ya escribía Karl Marx: "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen."

6. ¿Salvar a los bancos?
Por supuesto, hay que proteger a los clientes de los bancos. Pero en realidad, lo que el Estado está haciendo es proteger a los ricos y nacionalizar las pérdidas. Por ejemplo, el estado Belga no tenía 100 millones de euros para ayudar a la gente a mantener su poder adquisitivo, pero para salvar a los bancos, ha encontrado 5.000 millones en dos horas. Miles de millones que nosotros tendremos que rembolsar. Lo irónico es que Dexia era un Banco Público y que Fortis se ha tragado un banco público que funcionaba muy bien. Gracias a ello, sus dirigentes han hecho negocios durante veinte años. Y ahora que la cosa no funciona, ¿se le pide a estos dirigentes que paguen los platos rotos con el dinero que han estado ganando y que se han guardado? No, se nos pide que paguemos nosotros.

7. ¿Los medios de comunicación? Lejos de explicarnos todo esto, fijan su atención en asuntos secundarios. Nos dicen que habrá que buscar los errores, a los responsables, combatir los excesos y bla, bla, bla. Sin embargo, no se trata de tal o tal error, sino del sistema. Esta crisis era inevitable. Las empresas que se están derrumbando, son las más débiles o las que peor suerte han tenido. Las que sobrevivan, tendrán aún más poder sobre la economía y sobre nuestras vidas.

8. ¿El neoliberalismo? La crisis no ha sido provocada sino acelerada por la moda neoliberal de los últimos veinte años. Los países ricos han intentado imponer este neoliberalismo en todo el tercer mundo. En América Latina, como acabo de estudiar durante la preparación de mi libro Los 7 pecados de Hugo Chávez, el neoliberalismo ha sumido a millones de personas en la miseria. Pero al hombre que ha lanzado la señal de la resistencia, el hombre que ha demostrado que se podía resistir al Banco Mundial, al FMI y a las multinacionales, el hombre que ha enseñado que había que darle la espalda al neoliberalismo para reducir la pobreza, este hombre, Hugo Chávez, no deja de ser diabolizado a golpe de mentira mediática y de difamación infundada. ¿Por qué?

9. ¿El tercer mundo? Sólo se nos habla de las consecuencias de la crisis en el Norte. En realidad, todo el tercer mundo sufrirá gravemente a causa de la recesión económica y de la bajada de precios de las materias primas que provocará la crisis.

10. ¿La alternativa? En 1989, un famoso autor estadounidense, Francis Fukuyama, nos anunciaba el Fin de la Historia : el capitalismo había triunfado para siempre, nos decía. No ha hecho falta mucho tiempo para que los vencedores se estrellen. La humanidad necesita verdaderamente otro tipo de sociedad. El sistema actual fabrica miles de millones de pobres, hunde en la angustia a aquellos que tienen (provisionalmente) la suerte de trabajar, multiplica las guerras y arruina los recursos del planeta. Pretender que la humanidad está condenada a vivir bajo la ley de la selva, es tomar a la gente por imbéciles. ¿Cómo debería ser una sociedad más humana, que ofrezca un porvenir digno para todos? Este es el debate que tenemos todos la obligación de lanzar. Sin tabúes.

6 octobre 2008

Sobre la libertad

por joseleon71 @ Martes, 07. Oct, 2008 - 09:59:29 am

(Se puede leer pensando en el Asno de Buridan)

A Juan Carlos Sotillo
este viejo y querido texto que aguardó con ignorante paciencia tu llegada y amistad

La decisión era ya irrevocable y se sintió lleno de paz; como un hombre que ha echado los dados por última vez y se ve privado de toda iniciativa, convertido en simple vegetal hasta que dejen de rodar, sea cual sea el número que resulte.
William Faulkner. Banderas sobre el polvo.

Lanzar una moneda al aire. Método sencillo para tomar una decisión difícil. No se requiere en los momentos en los que cualquier cosa da lo mismo; lanzarla o no, quiero decir. Especial, entonces, para el momento en que necesitamos un sí o un no.
Entre la decisión de lanzar la moneda y el hecho en sí (dos espejos enfrentados cara a cara en el infinito) aparece el miedo. Y el miedo -cuando se juega seriamente la moneda adquiere un peso que apenas si podremos levantarla- es a perder la libertad: la suerte ya no está en nuestras manos, ni nuestro destino.
Podemos esperar el resultado del lance y rechazar el azar, pero evidentemente no era necesario ni había llegado el momento de lanzar la moneda. Lanzamos la moneda cuando no tenemos ninguna respuesta.

Nota: el juego -más precisamente, la conciencia del juego- sólo existe antes de ser lanzada la moneda. Una vez en el aire es poco probable -creo que imposible- que el jugador recuerde haberla lanzado, pues sólo se recuerda lo que ocurre y el lanzamiento ocurrió en el pasado… Sólo en el pasado ocurren las cosas.

Podemos vivir sin necesidad de lanzar la moneda, esto es, sin que necesitemos tomar una decisión, sin necesidad de elegir un camino. La necesidad, como hemos visto, descubre el miedo en nosotros, y es el miedo quien hace visible la libertad revelándonos, además, su absoluta inutilidad.

Podemos rechazar el juego, pero es probable que nos veamos obligados a tomar una decisión apresurada y acaso equivocada. Pero aquí se nos plantea un problema: ¿cómo saber si al lanzar la moneda la decisión ha sido o no equivocada? La moneda es ciega como nosotros. Tengo para mí que al lanzar la moneda no hay posibilidad de error, porque no hay posibilidad de enmienda.

Todo error, al menos sujeto a la noción de error que nos ha sido dado conocer, es previsible.

Nota: antes de lanzar la moneda no vemos nada, ya no hay nada, de ahí que lancemos la moneda. Luego de lanzar la moneda el mundo se abre, pero se abre al desierto -si desierto es lo desconocido. En el desierto son inútiles los puntos cardinales. Podemos sentamos o avanzar; en este caso la dirección no importa.

Tenemos así que error y enmienda están descartados. De donde se colige que sólo existe error y enmienda para aquellos que no se ven forzados jamás a lanzar una moneda al aire. De aquí se desprende que la carga moral que lleva ínsita la idea de error y enmienda, tiene incidencia en las vidas de aquellos que jamás se han visto forzados a tomar una decisión en condiciones tales que haya que fiarse la vida toda al lance de una moneda.

El jugador, para quien ya sólo existe una única opción conocida -lanzar la moneda- ha resuelto sus lazos con el mundo. De más está decir que la moneda sólo puede ser lanzada una vez, y que quien lo hace nace para una nueva vida, para una nueva existencia -que no conoce. Una nueva existencia donde la noción de libertad quedó atrás.
A la libertad se la ve una sola vez. La libertad existe pero no podemos disfrutarla. Lo último, lo único cierto que llegamos a saber de ella es que la perderemos.

Nota: que estuvo o no siempre con nosotros es un hecho improbable.

Cuando lanzamos la moneda -si la moneda está en el aire todo indica que el miedo ha quedado atrás, o ¿no será el mismo miedo quien sostiene la moneda y la arroja al aire y se burla de nosotros?- cuando lanzamos la moneda, digo, sólo permanece aún con nosotros la libertad y no ya la idea que nos hemos hecho de ella. (La expresión «a partir de ella» es más absurda que audaz.) Sólo la libertad nos ve alejamos. Podemos despreciarla sutilmente o con deliberada brusquedad. En todo caso le tenemos un respeto bastante ridículo, porque nunca la vimos lo suficiente como para gozarla, y cuando aparece no es ella lo que nos interesa, a decir verdad ya nada nos interesa. (No buscar ni esperar nada, parece ser la condición necesaria y suficiente para lanzar la moneda.) Estuviéramos felices de verla -a la libertad- si hubiese sido ella a quien buscábamos, pero no, ella irrumpe como un animal de lo oscuro. Podemos ante su presencia bajar los ojos o mirarla a la cara. Si bajamos los ojos no es por temor, en este caso nos llega como en una resaca el aprecio y la magnificencia que le habíamos otorgado en la ignorancia y puede que sintamos que le debemos algo; algo así como que de no haber tenido al menos una imagen -errada- de ella no estaríamos -ahora- frente a ella, despreciándola por lo desconocido. (Vaga suposición.) Pero si nos alegramos de verla y dejamos la moneda a un lado ¿cuánto tiempo estará con nosotros? Y de no quedar como idiotas contemplando un fantasma querido, ¿qué hacer con ella, de darse la menos remota que ilógica posibilidad de hacer algo?, ¿para qué sirve, si la opción que debemos tomar no depende de ella, si para tomar una decisión precisamos dejarla atrás, es decir, «liberarnos» de la libertad? (En este caso los términos «deshacernos» y «desasirnos» son reveladoramente exactos.)

De darse el caso de quedarnos absortos en su contemplación, es evidente -por lo dicho hasta ahora- que no era el momento de lanzar la moneda. Si aparece -como efectivamente lo hace- ...

Nota: es preciso insistir: tanto el miedo como la libertad aparecen momentos antes de ser lanzada la moneda. Más precisamente las dos presencias se agudizan cuando la decisión de lanzar la moneda es absoluta e irrevocable y cuando lo único que falta y podemos hacer es lanzarla, nada más. Lo que es preciso aclarar es que la naturaleza del miedo es, digámoslo así, mecánica, es decir, puede actuar hasta impedir incluso el lanzamiento. Pero la de la libertad es más una presencia feérica, «extrañamente visual», e incapaz, por si sola, de movernos a realizar una acción concreta. Está claro que la naturaleza de la libertad es distinta a la del miedo o el valor, por ejemplo, que a todas luces son ideas que revisten cierto dinamismo, diferentes de la libertad que sugiere la idea de condición, «de estado de cosas», y por ende de «estatismo». De ahí que el movimiento prefiera ideas mucho más primitivas y en punto a dinamismo semejantes a los astros.

... antes de ser lanzada y optamos por verla, había posibilidad de elección: lanzar la moneda, o verla, o lo que viene a ser lo mismo, suspender el juego. Lo que nunca podremos decir es que estamos felices de verla; la vemos, sí, pero no está en nosotros. Lo que he dicho es que cuando recurrimos a la moneda ya no hay otra opción posible; sólo podemos lanzarla. Ni siquiera existe la posibilidad de lanzarla o no. He tratado de decir que hay una única posibilidad: lanzar la moneda.

Nota: puede haber quien renuncie al fatum y con la moneda en las manos y sin importarle la libertad, baje la cabeza o mire a otro sitio. Para este hombre todo se habrá detenido, de modo que no podrá dar un paso ni elegir ni fijar uno solo de sus pensamientos, y nada de lo que haga -si acaso puede hacer algo- estará ni puede estar en sus manos ni en su cabeza.

Se nos ha repetido una y mil veces -toda repetición es sospechosa- que es preciso alcanzar la libertad; tarea absurda si como hemos visto desaparecerá casi de inmediato. Claro que antes de tomar la decisión -la última, la única verdadera decisión- tuvimos tiempo de tomar otras pequeñas, esas que tienen posibilidad de error y de enmienda, y justamente la idea de libertad que nos satisface proviene de esta posibilidad; hablamos de esas pequeñas libertades, de esas pequeñas concesiones que nos hacemos y que nos hacen regularmente felices. Pero de pronto puede suceder que ya no podemos hacer uso de (esta idea de) la libertad y es cuando nos sentimos presos. No es exactamente que hemos perdido la libertad -nada que provenga del exterior puede quitamos la libertad (verdad de perogrullo)- sólo puede impedimos hacer ésto o aquéllo, lo que haríamos de no haber un impedimento. Cuando se lanza la moneda no tenemos ningún impedimento, nada nos está impidiendo nada. De hecho, de hallamos impedidos no podríamos lanzar la moneda. Estamos detenidos pero no impedidos de movemos, por ejemplo. Lo que sí podemos decir es que nos encontramos impedidos de tomar una decisión, de ahí, repito, la moneda. Sólo que cuando llega el momento sólo la moneda se alza contra nosotros en el desierto. (Contra «el nosotros», quiero decir.) Aquí el único impedimento es no tener brazos para levantarla, pequeño problema fácilmente subsanable porque llegado el momento no importa quién lance la moneda por nosotros.

Nota: es una idea muy pobre la que tenemos del azar si creemos que está en nuestras manos. Además he nombrado el azar porque lo que hasta ahora he dicho se parece a la idea deprimida que tenemos de él. Estrictamente no he hablado en momento alguno del azar, no me interesa el azar. No hay nada azaroso, por ejemplo, en lanzar una simple moneda y obtener cara o cruz. Pero tampoco me interesan los deterministas, esos desesperados. Lanzar una moneda, esperar a que caiga, registrar su caída, es un hecho, nada más. Todo lo que prediquemos a partir de éste o de cualquier hecho es asunto nuestro y no de la realidad. La realidad no está obligada a dar fe de ningún hecho, además ¿cómo exigírselo?

Otra cosa: no podemos hablar de libertad antes de topamos con la necesidad última de tomar la que será nuestra única decisión, única entre otras razones, porque antes había posibilidad de error y de enmienda, y la libertad, incluso la pobre idea de libertad que tenemos, no se atreve a incluir esta posibilidad. De modo que sólo existen dos estados en el hombre: antes y después de la decisión. En los dos no es nunca libre. Pero antes de tomar la decisión habló de la libertad sin conocerla; luego de la decisión, luego de conocerla, acaso si hablará de ella. El que no la conoce parece estar obligado a hablar de ella y me temo que todo lo que dice puede reducirse o da fe de una sumisión abyecta. Alcanzar la libertad, pregonar que debemos luchar por ella, no es más que una triste arenga (por lo visto aquí anacrónica), una mentira de esas que ayudan a darle un cauce a la sangre, a los sentimientos más aparatosos.
La libertad, finalmente, no es siquiera un estado, de modo que no se puede vivir en ella. Cuando aparece -y sabemos que allí está por el miedo irracional a perderla- es sólo para aturdimos, para retrasar el momento de la decisión -decisión que tomaremos incluso a despecho de ella. De ahí que quien lanza la moneda, no está ni se siente obligado a hablar de la libertad, y se encuentra libre de hacerlo o no, y nada le importa, y todo le da lo mismo.

Nota última: la moneda de la que hablo no tiene anverso.

Poes���­a cantada bajo una inmensa claridad

por joseleon71 @ Domingo, 05. Oct, 2008 - 05:28:32 pm

Por:
Vidal Chávez López

Médanos
Después de cruzar el Istmo de los Médanos de Coro, siempre lleno de voces de viento hasta lo insondable; luego de conjurar la muerte ante la ermita de las Ánimas del Guasare; después de haber sido quemado en sentimientos por un Sol encandecido que se hizo compañero de viaje, retornamos a la Península de Paraguaná con los ojos embriagados por una indomable ventolina que no ha podido ser calmada por el tiempo.
Llego y me planto resurrecto, como al final de una enrancia insomne, en la sala de mi morada antigua: La Casa del Viento. En mi reencuentro, fatigado por el salitre del camino, escribo en mi cuadernillo de apuntes: “La vida es un ardor de viento árido, / gargantas fulminadas, / ojos polvorientos, / un alumbrado oficio / de traspasar el desamparo”.
El recuerdo se convierte en una bisure que hace resonar piedras como voces de artificio que nos habitan en otros silencios. En el cuarto de rezar, Barbarita, mi madre, hace muñecas de trapo. Ante la visión festiva, le leo un poema de mi hermano Juan Moisés: “La costurera cosió mi corazón herido / tejió la manta para mis brazos fríos / zurció la tela de mis palabras rotas. / Arregló mi sombrero, mis camisas / y los pañuelos que traje del olvido. / La costurera hilvanó a su cuerpo mis sentidos / adornó con flores y botones su vestido / y luego nos fuimos de paseo por la vida / remendando junto los caminos”.
Mi madre continúa cosiendo a mano, como si entrecruzara mapas desconocidos. La aguja y el hilo de colores penetran en los retazos de la tela en una marcha despaciosa, calmada, acompasada, que traspasa sosegada el laberinto del tejido, el aliento inasible de las muñequillas a las que sus manos delicadas van dando vida de su vida alentada por el olor del rosal y la trinitaria de la casa de su infancia en Guacurebo.
Ella, que me ha visto emerger de las aguas del extravío, cambiar besos por olvidos y abandonos por naufragios, desenterrando las huellas inefables de los muros de la habitación me dice: “Aquí, en éste cuarto de ofrendar, cuando aún no habías nacido, como un trofeo de los dioses bebías el agua de los pozos y te alimentabas del limo del desvelo. Después, con el tiempo, aquí te reconciliabas sudoroso con los sueños y los escalofríos de las mujeres que amaste. ¿Te acuerdas de Greta, de Samantha, de Gema, de Solongie, de Edelmira? ¿Todavía las recuerdas?”.
Simulo tocar los cuerpos lejanos de aquellas mujeres esplendorosas como el mediodía, y respondo masticando la espuma del tiempo de pasiones que ya fueron: “Recuerdo que el agua fría bañaba el cuerpo cristalino de Edelmira y yo acariciaba la lana candorosa de su pubis. Sentía como le iban creciendo los senos como pájaros por debajo de la espuma del jabón Salvavida. Y montado en sus muslos de color de vino, galopaba la vida en una sola borrachera”.
La sombra lánguida de mi madre se hace cada vez más imprecisa, hasta que desaparece con el recuerdo de los amores idos. Junto con mis martirizados duendes, me instalo en el patio de la casa, debajo del cobijo del árbol que sembró mi abuelo el general. Hablo de un patio encendido, arrebatado de palabras dolidas que se levantan como espigas danzando. Nombro a un patio desbordado como una calle, donde los poetas Héctor Hidalgo Quero, Víctor Hugo Bolívar, Guillermo De León Calles, Juan Chávez López, Douglas Salazar, Simón Petit y Olimpo Galicia Gómez, descifran el alfabeto de la vida para quemar suspiros y renacer desde los escombros perfumados del alma. ¿Están todos, verdad?
Alguien, tratando de destilar las emociones, preguntó (¿sería mi padre el capitán Chico Chávez entonado una vieja canción olvidada?): “¿Quién dijo puede haber un diluvio otra vez?”.
Guillermo De León Calles salva la nostalgia de la interrogante, y habla en nombre de la tierra yerma. Su voz inunda como un río pedregoso el vasto universo del patio: “Por eso están de nuevo aquí, porque cada vez que los nombro me vuelve a dar sed. Es necesario que sostenga, anclado en un río de piedras y recuerdos lavados, que cuando una mañana me suda la frente, hay un sol de mi infancia abriéndome el portón de la casa azul, que una noche se atormentó entre el olor de los jazmines y una mano que lo sostenía para que no se despidiera nunca”.
Héctor Hidalgo Quero, quien ha escuchado absorto al cronista de Punto Fijo, como un prestidigitador, saca la palabra iluminada de su prolífica copa de vino: “Guillermo extrae de la tierra seca esa atmósfera que, como el agua, sirve para revivir ambientes sostenidos por un espejismo de pueblos ordenadamente abandonados y por gentes que se semejaban por la hereditaria sed que compartían”.
Los poetas de la resolana y la tierra pedregosa, no olvidan los pueblos relegados que daban sed, a los seretones que les perturbaban el sueño. No proscriben las costras del barranco de la infancia y el Sol que les golpea la cara como una certera pedrada davidniana.
Así, Simón Petit anuncia, como su partida de nacimiento, el micros cosmos donde resuena y nace su canto poético: “Entre relámpagos y truenos / están los días que nacimos. / Venimos a un memorial de palabras / y no hay tiempo / de hablar. / Un misterio no es silencio / probablemente tregua / de un acto que perdimos”.
Olimpo Galicia Gómez descubre el vértigo de los abandonos que dormitan en el aburrido cansancio de la ignonimia: “Hay muchos olvidos acumulados en este deambular de interminables aceras y de horizontes sin destinos propios. Es demasiado blanco el espacio de los recuerdos, por eso camino conversando con el viento y las sombras”.
La voz de Héctor Hidalgo Quero toma de nuevo la fluidez y la cristalidad de las aguas de la lluvia que baja suavecita del ancestral Cerro de Santa Ana y desaparece en Moruy entre el triste sonar de piedras de un río siempre soñado con alas de esperanzas en medio del delirio: “Fueron tantos / regresos y partidas / que se fue abriendo un surco / cada vez más profundo. / Después / vino el viento / y lo llenó de arena. / Si algún día / brotara un firme ramo / es porque allá, / en lo más profundo, / todavía quedan alientos / para seguir viviendo”.
La poesía anda suelta, liberada, como un caballo irredento que corre desbocado por las sabanas de San José de Cocodite. El corazón se viste de luces en una inalcanzable ofrenda. Insaciable, la palabra quiere humedecerse del fino licor que destila el cuerpo de la mujer en sus entrañas. Es imposible escucharlos sin inmutarse.
Juan Chávez López, asume su condición de hombre de viento asoleado en la ribera de la arena blanca y expresa un caudal de sentimientos desbordados: “Todo lo que di / germinará en tu boca / mujer densa / alargada por aires de nostalgia / espigados dulcemente en tu cuerpo. / Todo lo que distes / anidará en mis manos / porque tocaron suavemente / el trigo menudo / de la hojarasca inmediata / presente en el horno encendido / de las colinas alzadas en tu reino”.
Víctor Hugo Bolívar, después de escuchar a Juan Chávez López, se hace deletreador de paisajes y procurador de aromas. Mira al árbol que los arrebuja y descubre la forma de una mujer que se esconde entre el follaje adolorido del corazón. Es el armador de historias de amoríos, el seductor de orfandades arbóreas, quien nos habla: “Ese árbol canta por las noches, abre las ramas, abraza el viento, suda hojas, se empolva la cara, abriga las ardillas y al igual que yo se atraviesa en tu camino, te mira los ojos, se deja correr sobre tu piel y sueña con tu estructura de espejos”.
Como si del pan nuestro de cada día se tratase, Douglas Salazar reconoce que ha amado y exprime tintas en teclas para decirlo con furia reveladora, con terca contundencia: “Estuve / con la última mujer / la mujer de la última calle / y viví moribundo / por largo tiempo”. “Se que he amado / aunque sólo tenga que escribirlo”.
El desgarramiento de la espera aprieta la palabra en las vivencias de Héctor Hidalgo Quero: “Cómo decirle / que el camino está minado / de pasos inconclusos / que pueden explotar. / De saltos ciegos. / De una mueca / que no deja ver / el anhelado rostro / de flor recién / nacida”.
Irresistible al regusto del guiño de la palabra apasionada, saco del bolsillo del pantalón un papel amarillo deshecho por la polvareda donde se descomponen los soles. En la incertidumbre del tiempo, que crece como una enredadera, descifro las claves cifradas del cuerpo que el cuerpo ansía: “Pasaré sobre ti sin apaciguamiento. / Entregada a la vigilia / te sentirás poseída / hasta el agobio / en la región / abordable de tu asombro”.
El día se ha vuelto noche y, en medio de la oscurana instalada en la copa del árbol, el canto largo y agudo de los grillos perturba el sueño de las perdices olvidadas en el desierto de la vida.
Guillermo De león habla como si hubiera perdido la memoria de los ámbitos y las voces de otros tiempos. Pide claridad para seguir viviendo sin desconcierto: “No me acuerdo de más nada. Tal vez otros semblantes, otros momentos, estén guardados más allá de este umbral. Quiero que vengan conmigo a despertarlos. ¿Están todos, verdad? Afuera anda la luna llena tratando de definir otros rostros. Prendan la luz”.
Distante, desde los parajes recónditos de Orión, Alexander Sierraalta responde constelado y habla con su voz de vigilia revestida de polvo celestial que señorea sus huesos siempre nacientes e irreductibles: “Nosotros / los hombres de antes / permanecemos despiertos / y no apagamos la luz / de nuestros ojos”. “Al despertar / está la vida, / esta vida que prosigue / al fin y al cabo / en una barra”.
En el ritual de la palabra ausente, más no callada, de Alexander Sierraalta, los poetas reunidos descubren que la Luna de la vida nueva tiene seis noches. Víctor Hugo Bolívar desaparece en el espacio buscando lejanías y regresa del sueño frondoso de su travesía como recordando los tiempos de cuando mi padre, el Capitán Chico Chávez, construyó el firmamento de la Casa del Viento: “Escondió la luna en el solar de la casa / y se sorprendió / al descubrir a los vecinos bajo una inmensa claridad”.
Como la única verdad posible de salvación (porque se trata de salvarse), como la estremecida esperanza del hombre, gracias a estos hijos del viento, hacedores de la palabra incesante, desenfadada y luminosa, la poesía en Paraguaná se hace cada vez más transparente en la inmensa claridad del día renovada por el olor de la sibidigua y la trinitaria plantada en los sueños centellantes de los buscadores del cielo en la tierra yerma.
Ya lo confirma Simón Petit aferrado al cordón umbilical de las voces de la calle: “En eso andamos / abriendo la tierra / de vez en cuando, / como los rayos”

Carta para despedir la VI Bienal Elí­as David Curiel

por joseleon71 @ Viernes, 03. Oct, 2008 - 07:08:37 pm

Por
César Seco

Elias David Curiel

Amigos:

Terminamos la Bienal y ahora descansamos en Adícora. Sentimos la enorme satisfacción de haberlo hecho. La Bienal alcanzó eso que vislumbramos desde un principio: la maravilla, el milagro. La vida nuestra es así, vivimos de hechos mágicos. Nos hemos encontrado con mucha gente que nos ha traído respeto y asombro siempre, como este Leopoldo Teuco Castilla que nos acompañó los tres días y se vino para acá para que conversáramos del nombre de Coro, de Ibrahin López García y el giróscopo, del ordeñador de nubes, para que le dijeramos quien era nuestro adelantado de Cabure, y para que dejaramos en su oído el caracol nervioso de nuesta palabra y mentaramos nuevamente a Álvarez, el que abrió la puerta. Se notó ya la ausencia de Hugo, de Lydda, de los muchos amigos que se han mudado al otro lado.

La bienal nos trajo gozo por ver a la luz las sendas Antologías poéticas del homenajeado poeta Paúl González Palencia y de Celsa, mi hermana; escuchar la resurrección de Marbella con un poema angélico que nos dejó sembrados el día que leyeron las mujeres, la noche del viernes en la Casa de la Poesía. En la apertura el poeta Miranda nos dejó lustre en el ojo y torbellino en el oído con sus palabras ebriamente deliciosas para nombrar al amigo, el mismo Paúl que sirvió su poema Gato y fue breve su agradecimiento en nombre de una generación, la del 13 Negro.

La visita que los poetas hicieron a las comunudidades se cumplió en un 70 % de lo estimado, no obstante quienes regresaron de la hermosa experiencia de compartir con el pueblo el poder transformador de la palabra, los que tuvieron el hado de sembrar un árbol en cada pueblo vinieron maravillados de que ello ocurriera, ahora que el planeta lo urge. Los que fueron a la Sierra traían el mismo lustre del encanto, de la belleza, que las gentes de allá arriba expresan en sus modos de ser y vivir en la montaña, muchos decían que verlo en la gente era una firme convicción de estar haciendo patria y ya no se les olvidará el nombre de José Leonardo Chirinos.

Un pertinaz aguacero como el que cae en el Soneto Barbaro de Elías David Curiel presidio la incidencia. La recepción fue un poco acelerada porque comenzaron a llegar los poetas de varias partes y la lista de invitados era rebazada por los muchos que quisieron venir, incluso los que no habían confirmado. Lamentamos la ausencia de Amparo Osorio por motivos de salud y la de Floriano Martins por un error en el vuelo. Leopoldo Teuco Castilla llegó de Saltá, solar, entrañable, Reynaldo García Blanco, llego con su bien llevada modestia, y su palabra de cumplir, como ocurrió la noche del recital con reconocidos poetas venezolanos. No nos dejaron mal Teuco y Reynaldo y tampoco nuestros poetas. Interesante lo que se discutió en las mesas de trabajo. La obra de Elías David Curiel extrajo de los ponentes nuevas visiones, nuevos arrojos para la crítica, lo que significa que es aun una poesía viva la del bardo de la calle Garcés. La luz del claroscuro en Curiel fue develada por Arsenia Melo y su concurrencia a los paraísos fue articulada sabiamente por Ennio Gimenez Emán. Particularmente me llamó la atención la ponencia-diálogo de Rafael Alfonzo titulada Los Conjurados una visión de la poesia falconiana, a través del descubrimiento de sus poetas, de su firme pertenencia a una territoriedad única, la de la tierra solar de los cardones, el verso del mismo Elías David que invoqué en la apertura cuando los presentes me pidieron que hablara, y sólo di la bienvenida. Gonzalo Ramirez indagó en esa misticidad otra subyacente en la poesía de Pereira, esa misticidad militante. Mientras Carlos Brito señaló caminos para abordar la modernidad en la poesía venezolana. En tanto que Ramón Ordáz hizo revisión crítica de la poesía que tiene que ver con la explotación petrolera. Capítulo aparte la confrontación que causó una alusión de Diego Sequera que cayó como dinamita en el preludio de la lectura de los jóvenes, fue bueno después de todo que se diera una discusión y el maestro Enrique Arenas puso orden en la casa. La nueva poesía que está emergiendo apenas dejó claro hacia donde se dirige, el encuentro de nuevos lenguajes, y respiración distinta a los epígonos.

Nos sentimos contentos y agradecemos a todo el país de la palabra que nos acompañó. Gracias infinitamente a todos los que participaron. Gracias a todos, amigos.

César

Ver:
Texto dedicado a César Seco, sobre la poesía de Curiel
César Seco en el XIX Festival de Poesía de Medellín
El gesto de recordar
Novalis "está a ojos abiertos al suceder del cielo"

El mayor robo de la historia

por joseleon71 @ Miércoles, 01. Oct, 2008 - 07:15:34 pm


EL MAYOR ROBO DE LA HISTORIA
Radialistas.net

Las 26 Leyes Habilitantes

por joseleon71 @ Miércoles, 01. Oct, 2008 - 04:37:25 pm

Tomado de Apoorrea.org

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Militar

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