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Archivos de: Julio 2008, 30

El proyecto de la oposicion

por joseleon71 @ Miércoles, 30. Jul, 2008 - 07:03:38 am

Se puede entender (si renunciamos a ir más allá de nuestras narices) lo que quieren decir con que la oposición no tiene “proyecto”. La frase puede generar confusión, distracción, y en general, se le hace un flaco favor a la revolución, porque en realidad sí lo tiene y es el “proyecto” del capital. ¿Que es abstracto lo que digo, que no es operativo? Nos equivocamos nuevamente, es bien concreto y se resuelve en acciones prácticas y cotidianas. En realidad, la campaña a favor de la oposición es incesante, cotidiana, casi invisible de tan total y abrumadora. Su proyecto desfila ante nosotros, en todas partes y a todo momento. No se trata de paranoia sino de la evidencia –quién puede discutirla- de un despliegue total de las formas culturales del capitalismo. De modo que repetir que la oposición no tiene proyecto queda prácticamente sin sentido, pues toda la realidad (y muchos de nuestros sueños y anhelos) es expresión del capitalismo.

G8 exprime al mundo

Hacernos creer que no tiene “proyecto”, que lo suyo, que sus acciones prácticamente advienen como nacidas de la nada, absolutamente naturalizadas, es parte de su proyecto. En otras palabras, la alienación es su gran proyecto. Separarnos, desgarrarnos, desconocernos, extrañarnos, cosificarnos, volvernos números, estadísticas, encuestas. Su gran proyecto es suspender la política y por ende la ética. Su proyecto es socavar las posibilidades ciertas de que seamos humanos. El capitalismo crea a lo sumo condiciones para que vendamos sin protesta y más bien gozosos (“robots alegres”), nuestra fuerza de trabajo. Cuando trabajamos felices para el capital (se han fijado en la risa sin aire de los modelos, de los chicos y chicas detrás del mostrador, de los vendedores, en las vallas, en nosotros), el proyecto de la oposición se ha cumplido cabalmente. Ahora, que ese proyecto no encarne en un “partido” es totalmente lógico, porque sólo los “partidos” tienen sentido cuando se hace política, esto es, formas distintas o diversas de ver las cosas; entre la oposición (y buena parte de la alianza con Chávez) no se trata de partidos, sino de “intereses particulares”. Los partidos pueden existir en tanto factores de diálogo, no en oposición realmente, sino en tanto que actores simétricos en las relaciones de poder. Pero lo que hemos llamado partidos y oposición es una forma de nombrar las rebatiñas, los intereses privados, los negocios, las prebendas, el clientelismo, los abusos, en fin formas perversas, subproductos degenerados de la vida en sociedad. Existen tales partidos precisamente porque piensan absolutamente en el poder, no en el poder-hacer, sino en el poder-sobre, como lo explica Holloway. Piensan, para decirlo de otra manera, en el poder tal como lo concibe el capitalismo, no el socialismo. De modo que el proyecto del capital es hacernos creer que sus diatribas son por el poder, cuando en realidad pelean precisamente para suspender-nos –alejarnos, enajenarnos- de la base material del ejercicio de la política. Su proyecto es el de socavar la posibilidad de nuestra ciudadanía. Y véase que aquí no aludo solamente a la oposición, sino aun a los llamados partidos con Chávez, que conciben la política como la concibe el capital. La política, la ciudadanía y la ética, son una sola cosa; no se dan por separado. El proyecto del capital es destruir las bases materiales para el ejercicio de la política, la ciudadanía y la ética. En su fase actual, el sujeto que el capitalismo postula y construye de facto es el “consumidor”, no el ciudadano. Por ende, es un sujeto apolítico precisamente porque es un sujeto a-social, amén de que se encuentra incapacitado para el ejercicio de la ética precisamente porque no puede elegir, o mejor, porque no tiene opción. O se es consumidor o no se existe; consumo, luego existo, plantea un Descartes redivivo. El proyecto bolivariano pasa pues, por la política, la ciudadanía y la ética; el de la oposición, por destruir la posibilidad, la materialidad de ese proyecto: a tiros, con mentiras, con bombardeos, con millones de muertos. El proyecto de la oposición es global, porque el capital es global, eso no puede sin embargo distraernos, llevándonos a creer que en efecto no tiene proyecto. Lo tiene, y somos parte de él, no estamos exentos, participamos, cavamos nuestra propia fosa. Claro, eso tiene expresión –también- electoral, es decir, precisamos “ganar las elecciones”, pero la pelea no tendrá fin mientras las condiciones capitalistas de producción (de subjetividad) permanezcan. Podemos ganar las elecciones pero el resto continuar igual, y aquí el resto es todo prácticamente. Necesitamos ganar porque si hoy existe la esperanza, la oposición (el capitalismo) necesita destruirla. Su proyecto es pues, ese: destruir la esperanza (no –sólo- ganar las elecciones, aunque eso precipitaría los acontecimientos, ciertamente). Y en eso está, cada vez que respira.


 
 

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