A los amigos
El problema que presenta la Unidad Curricular Proyecto –que ciertamente está bien que se la llame Integradora porque en realidad no es sin el concurso, la participación, la integración y trasversalidad de las demás unidades- en la Universidad Bolivariana de Venezuela, es que la dinámica que exige de la institución, los profesores y los estudiantes reclama otra administración del tiempo y del espacio. ¿Cuál? Pues otra donde el tiempo y el espacio no sean fetichizados. En efecto, el tiempo espacio donde realizamos nuestras actividades responden a una noción de orden que está más allá de nosotros, ante la que nos encontramos inermes, incapaces de acción, inmovilizados. Nos movemos, o hacemos como si, pero en realidad nos movemos dentro de los límites tiempo espacio ya dispuestos, exactamente como el burro en la noria. Nadie duda de que el animal se mueve, pero quién que lo hace para ningún lado. Un movimiento estático, paralizado, sin destino, sin finalidad, a menos que la finalidad sea esa precisamente, semejar movimiento. El capitalismo conoce de sobra porque es de suyo, propio, inmanente, inherente este tipo de movimiento. El capitalismo sabe que el burro no va para ningún lado pero no le importa porque el movimiento produce, en realidad el burro está moliendo. Sólo que el capitalismo sabe, también (pero no el burro, por cierto) que puede prescindir del animal, que llegado el momento un dispositivo mecánico puede ahorrarle el excremento y prescindir de las tareas de alimentación. El mantenimiento o el reemplazo de máquinas es mucho menos enojoso que el mantenimiento y reemplazo de la bestia. El capitalismo entonces ha creado un tiempo espacio esencialmente controlado por el reloj, en el que los seres humanos –entonces deshumanizados- cumplen sus actividades, no otras sino las que les han sido asignadas por y para la acumulación de capital por parte del capital. Una actividad esencialmente humana y humanizante como la educación, ha sido, qué duda cabe, convertida en una actividad al servicio (y a merced) del capital. De modo que se habla de educación cuando en realidad se habla de capacitación para el trabajo (el viejo y nuca leído Simón Rodríguez lo advirtió a tiempo). El tiempo que emplean los estudiantes en quedar listos para el trabajo es minúsculo y casi insignificante cuando se compara con el tiempo que dura la carrera. Es lo que observamos cuando llega la hora de las pasantías. 2 o 3 meses de pasantía, torna inútil (absurdos, digo yo para mis adentros) los años de formación. Los años han servido, visto desde esta perspectiva, para educar para el trabajo en el sentido de reducir al mínimo las asperezas, las indocilidades, la inmadurez del futuro trabajador(a). El tiempo de formación debe convencerlo(a) de que existe un mundo (que llaman) real, que funciona según ciertas normas y preceptos, según ciertas pautas y determinadas características. Durante el tiempo de formación ha sido educado en la realidad capitalista (en la irrealidad, a decir verdad). Pero en realidad no vio capitalismo como tal (no estudió a Marx ni a Smith), sino que durante ese tiempo su cuerpo y su alma quedaron separados definitivamente de su tierra, de sus ancestros, de su pasado, de su memoria, de su historia, de su vida, su contexto y su comunidad, es decir, de todo aquello que podía servirle de referente para situarse de manera coherente aquí y ahora. Durante el tiempo de formación fue separado, y esa operación larga y meticulosa, pero también vasta e indiferente como se aplasta un insecto, produce una herida indeleble e indolora. Le ha sido practicada una amputación, pero ni cuenta se dio. Ahora, terminada la operación, ya está listo para ser nadie, más exactamente nada. Como el burro, será atado a la noria y producirá. Creerá que se mueve pero en realidad gira y gira, sin sentido, sin dirección. Los círculos que traza generan riqueza, en realidad, acumulación de capital. Él lo hace por pienso y cebada, por casi nada, pero la satisfacción se confunde con la espuma en los belfos. Salgamos de la metáfora y vayamos al grano. El problema de Proyecto, la Unidad Integradora, es que no puede funcionar en el tiempo espacio del capitalismo, esto es, ese espacio administrado por el reloj que mide el ritmo del capital. Se dirá que la UBV no trabaja para el capital, pero he aquí que ciertamente deja(rá) de hacerlo cuando su actividad productiva no está ni esté vinculada a los intereses del capital, esto es, cuando lo que produzca sea lo necesario para vivir y sobrevivir, cuando su producción sea de vida o muerte. El capitalismo produce capital y condiciones de reproducción de capital, nada tiene que ver con la vida o la muerte, esos esencialismos y filosoferías no son de su incumbencia. La UBV ha de generar vida y sobrevivencia y condiciones para la vida y la sobrevivencia. Pero ello sólo es posible si rompe el tiempo espacio fetichizado, que es una creación del capital. Lo dijo Jesús: “el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. En otras palabras, el tiempo y el espacio han de ser creaciones humanas, sociales, históricas, culturales, y en esas dimensiones tendrá sentido el hacer, porque lo que se haga será para vivir y sobrevivir, no para reproducir capital, el capital de los capitalistas, esa nada que nadifica y por la que terminan siendo nada todo lo que compone la realidad. De esta nada a la realidad virtual no hay nada. Necesitamos producir alimentos, vestidos, viviendas, necesitamos salud y educación (y cuando digo educación digo vida, y vuelta a empezar). Para el capital estas no son prioridades, y en verdad nada de ello le interesa. Si en el camino al capital nos tropezamos con estas soluciones allá nosotros si así lo interpretamos y asumimos. El capital es ciego. Si producir alimentos genera capital, se producirá alimentos. Si producir alimentos no genera capital, entonces no se produce alimentos. Se tira la leche al río. Las prioridades del capital no son las prioridades de la vida y la sobrevivencia. La UBV tiene pues, prioridades muy distintas, pero producir vida y garantizar y preservar la supervivencia requiere como condición fundamental la des-fetichización del tiempo y el espacio. Se precisa romper, destruir el tiempo administrativo capitalista y generar tiempo espacio social, humano, interrelacional, intersubjetivo. No se trata de que tengamos un espacio dentro de los horarios para reunirnos. No. Se trata de que necesitamos reunirnos. Mientras el tiempo espacio administrativo y sus exigencias controlen la dinámica educativa, sus intereses y necesidades serán las administrativas: horario, calificaciones, informes, cifras, etc. Los intereses de la administración tienen su naturaleza, por eso sus intereses no son los alimentos, la vivienda o el vestido, en tanto que alimentos, vivienda y vestido, de modo que lo que les interesa es la sustancia administrativa de tales cosas, eso abstracto que ni se come, ni sirve para guarecernos ni nos viste. Los intereses administrativos corresponden al ámbito de lo intangible. Sucede también que a lo administrativo, como es un espacio de control, no le interesa la realidad, sino que fabrica una realidad, sólo una realidad fabricada puede ser controlada. En espacios de control se ha especializado Occidente. De ahí la imposibilidad que tienen las instituciones donde reina el espacio tiempo fetichizado, es decir, donde domina la Administración, de relacionarse, dialogar con la realidad. La realidad irreal de la administración (como es la que funciona para el capital) no consiente otra realidad, y por eso busca dialogar con la realidad irreal que pueda existir dentro de las comunidades. Las irrealidades se entienden. El diálogo capitalista no es tal, es incluso menos que un monólogo, se trata más bien del fluir multidireccional de sus intereses (los intereses del capital lo ocupan y copan todo, casi todo.) Cuando una institución no empuja con fervor la acumulación de capital, basta con que sus relaciones no interfieran el flujo del capital, no lo interrumpan. El capital se resiente sólo cuando los sujetos, los hombres y mujeres, en diálogo y compenetración con su entorno, deciden alimentarse, vestirse y guarecerse de la intemperie. Para hacerlo deben renunciar a la lógica del capital, que no contempla tales objetivos. Para ver cómo hacer para hacer las cosas necesitamos tiempo y espacio, pero por supuesto no el administrativo, necesitamos un tiempo espacio creado por y para nuestras necesidades. Necesitamos encontrarnos pero no porque hay un reloj observando y midiendo nuestros encuentros y fragmentándolos, y dividiéndonos. Necesitamos encontrarnos en el tiempo espacio de nuestras necesidades. Nada nos obliga, sino la vida o la muerte. Con la administración del tiempo espacio que conocemos no se puede hacer Proyecto, es decir, no podemos educarnos para la vida. Proyecto según la administración que conocemos está separado de la vida, los conocimientos que busca y procura no están relacionados con la vida sino con los intereses de la administración. La administración regula los conocimientos, los administra y lo que es peor, los administraliza (los programas, separados de la vida y la contingencia, son unidades administralizadas, mineralizadas, tiempo muerto, fetiches; no importa que duren un semestre, si el tiempo que contienen está detenido. Un instante detenido es la eternidad.) Terminada la formación, Proyecto queda atrás, como una experiencia más de las experiencias escolares, atrás, definitivamente. Si nuestras actividades quedan confinadas al tiempo espacio administrativo, allí quedarán, confinadas, cerradas, controladas. No en diálogo con la realidad y la vida, sino con lo irreal y la no-vida. Se pudiera decir que bien puede Proyecto conectarse con lo irreal y lo no vivo de las comunidades, esto es, con los espacios tiempos capitalistas, pero esto sería aceptar –primero- que los intereses del capital son los de Proyecto. Proyecto tendría otros intereses si se moviera fuera del tiempo administrado por los intereses del capital, es decir, si no se moviera como el burro en la noria. Pero incluso la conexión con lo irreal y lo no vivo no ocurre como lo hemos dicho, porque la conexión no es la de dos tubos que se conectan (ya aludimos a la multidireccionalidad, en otras palabras no sabemos por donde saltará la liebre, pero como el campo por donde corre es el del capital, donde salte allí estará el capital –no necesariamente nosotros, no nosotros en un sentido estricto, y por supuesto, jamás Proyecto que, como ya dijimos quedó atrás, para siempre, sobre todo porque nunca fue.) Suena simple pero es irreal (lo de los tubos, digo). Los intereses del capital son los intereses del capital, no los de Proyecto, así pretendan ser los suyos los del capital. En otras palabras, a los estudiantes que tuvieron la experiencia de Proyecto no los está esperando el mercado laboral capitalista y capitalizado en tanto que estudiantes de Proyecto, sino en tanto que egresados. Y este egreso es una eyección, una desconexión, una nueva (y esta sí) definitiva separación. En las universidades tradicionales esto se remediaba –simbólicamente, pero qué son los “símbolos” para el capital profano- mediante un “pagaré de honor”. Todavía hoy vivo y moriré –quiera Dios- en la deshonra.
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Ver: "Dado que las necesidades humanas básicas (alimento, refugio, ropa) hace mucho tiempo que están cubiertas para la mayoría de las personas en el mundo desarrollado, los profesionales del marketing ahora organizan un cónclave para reinventar y recrear bienes. a fin de vender más cosas". En ¿Te gusta ir de compras?











