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Archivos de: Junio 2008, 19

El pensamiento mestizo

por joseleon71 @ Jueves, 19. Jun, 2008 - 09:09:14 am

Notas y citas del libro El pensamiento mestizo (Paidós, 2000) de Serge Gruzinski
(Visto bajo los efectos de Cambiar el mundo sin tomar el poder, de Jhon Holloway)

Mestizo

Un enjambre de estados intermediarios dibuja una extraña frontera, que no es nunca una línea impecable y observable de inmediato, pues a menudo las atracciones se traslapan.
Esta frontera constituye una zona de interacción continua, formada por una multiplicación de intercalaciones que le dan un aspecto de nebulosa

S. G

.

1. Para Gruzinski la respuesta a la fragmentación del Estado sería “la reafirmación de identidades étnicas, regionales o religiosas” (15). Para Holloway el problema está precisamente en la lucha por la identidad, puesto que identifica la identidad y la identificación como actividades propias del Estado. Los problemas para el Estado comienzan precisamente, para Holloway, cuando lo identificado se rebela y se revela indefinido, cuando se es indígena y más que eso, mujer y más que eso, negro y mapuche más que eso. Con todo, Gruzinski no deja de reconocer, y aquí coincide con Holloway, en que “los turiferarios de la political correctness y de los cultural studies desarrollan la concepción de un mundo anquilosado en comunidades estancas y autoprotegidas al abrigo de las ciudadelas universitarias del Imperio estadounidense” (16).
2. La antropología prefiere a las poblaciones amazónicas “inmovilizadas en la tradición” (30), y no prestar atención “a los cambios históricos y prehistóricos”, a los desequilibrios, aculturación y destrucción de las “estructuras políticas indígenas” (31). Lo híbrido, lo que está en movimiento, lo inestable, no es pensable por la ciencia moderna. La imagen de la tradición, que ciega a derechas e izquierdas, parecen descartar el hecho de que los indígenas “tuvieron pronto entre las manos mercancías europeas, machetes franceses o fusiles holandeses” (31), aparte de los microbios que los atacaron con mortal furia repentina.
3. Para estudiar los mestizajes se necesitan “ciencias nómadas” (44), pero nuestras costumbres intelectuales “parecen preferir conjuntos monolíticos antes que espacios intermediarios” (48). De ahí que la noción de frontera (y ciencia fronteriza) resulte pertinente, en tanto la frontera es a menudo “porosa, permeable y flexible: se desplaza y puede ser desplazada”. Pero nos cuesta mucho pensarla, dice Gruzinski, porque se muestra “real e imaginaria a la vez” (49)
4. Como Holloway, Gruzinski advierte que la trampa reside en la noción de “cultura” como un conjunto “complejo”, coherente, estable e inalterable, y en la “identidad”, la cual asigna características y aspiraciones determinadas, basadas en un sustrato cultural “estable o invariable” (52). La identidad se traduce también en uniformidad “de la lengua y la ley” (95). Con la identidad se va del “etiquetaje somero” a la “caricatura”. Más específicamente: “lo que confirman estas dos palabras –identidad y cultura- corre constantemente el riesgo de verse fetichizado, cosificado, naturalizado y elevado a categoría absoluta” (53).
5. Reclama Gruzinski la necesidad de “relativizar nuestros modos de pensamiento” (57)
6. Nuestras herramientas intelectuales, dice Gruzinski, “heredadas de la ciencia aristotélica y perfeccionadas en el siglo XIX”, no funcionan para la comprensión de los mestizajes. El asunto es pues, “¿cómo pensar la mezcla?” (62)
7. ¿Cómo se expresa la mezcla? Según Gruzinski, la mezcla prefiere la Fábula. Con ella se atraviesan no linealmente las épocas y las civilizaciones, la Fábula “no proscribe las mitologías extranjeras o nuevas”, ofrece referencias, situaciones e imágenes “maleables”, aglutina formas y sentidos insólitos y contradictorios (160). La Fábula “proporciona un repertorio mucho menos cargado de obstáculos que el arte sagrado”, y esta libertad y el desafío que supone puede adoptar, dice Gruzinski, “una forma política”. La Fábula permitía “sacudirse los grilletes de las formas cristianas” “al tiempo que se convertía en el vehículo de un pensamiento disfrazado o discreto, subversivo o simplemente heterodoxo. Su hibridez se prestaba a todo tipo de recuperaciones y asociaciones. La mitología, como una vía abierta a los subterfugios, como un lenguaje de doble o triple sentido, tenía con qué seducir a los indios”. Al poder identitario, la fábula responde con la no identidad, lo inestable y lo aleatorio. “La Fábula, dotada del poder de ofrecer máscaras exóticas a los propósitos «políticamente incorrectos», posee también el don de expresar la precariedad de los mundos turbados” (162)
8. Otro modo de expresión de la mezcla estudiado por Gruzinski son los grutescos, género de ornamentación manierista que encontraría según observa Gruzinski terreno fértil en el arte híbrido americano. Los grutescos se emancipan de “la servidumbre de lo verdadero y de lo verosímil” y de la decencia (179). Lo híbrido de los grutescos “Es el producto de un movimiento, de una inestabilidad estructural de las cosas”. “En lugar de rechazar lo exótico, lo extraño o el más allá, lugar de una alteridad inaccesible y a menudo demoníaca, trata de integrarlos en presentaciones –o representaciones- que concilian la sorpresa con la armonía” (188-189). Cultivan la paradoja, la contradicción, las relaciones secretas, las similitudes. “Esta forma de ver las cosas –afirma Gruzinski- influye más de lo que pensamos en los nuevos saberes ligados a los descubrimientos” (191). De hecho, la imagen vendría a sustituir –dice Gruzinski- “los meandros del razonamiento” (198). “La presencia de lo híbrido ha de revelar parentescos entre las cosas más separadas” (203).
9. “La hibridación se convierte en mestizaje gracias a un ensanchamiento gigantesco de los horizontes” (203), el mestizaje se nutre de “fragmentos importados” (207). La frontera entre lo europeo y lo indígena se complejiza: a una continuidad de los espacios sigue una discontinuidad de los cultos y las divinidades: el centro cristiano cubre un centro pagano” (224). El cristianismo reactiva el pasado al tiempo que lo borra (225).
10. “Estas imágenes mestizas surgen en medio de la incertidumbre y de las dificultades de una comunicación fragmentada, sometida a las secuelas del desarraigo (…) Nacieron en un espacio histórico extremadamente apremiante que las condiciona en parte y del que conservan la huella. Hemos de recordar que estas producciones son también políticas, y no solamente «culturales»” (239). En otro lugar es más explícito: “los mestizajes son fundamentalmente políticos” (291)
11. Conceptos claves: complejidad, fragmentación, evolución no lineal, imprevisión de las formas, diversidad casi infinita, contradicción. Sobre esta última, tan presente en la expresión mestiza o híbrida, Gruzinski advierte: la presencia de contradicciones “pasa por ser «una señal irrebatible de lo irracional». Es difícil aceptar que «las leyes de la lógica, tercio excluso y contradicción son arbitrarias», que nuestra racionalidad o nuestra «lógica ordinaria» son convencionales” (257), esto es histórico-culturales y no propias de la especie humana, universalmente válidas y aceptables.
12. Se requiere de una exploración laberíntica, de una movilización constante de capacidades intelectuales y creadoras. Tejer analogías, construir palimpsestos. Inventar e improvisar… “Esta presión forma, en los sobrevivientes, una receptividad particular, una flexibilidad en la práctica social, una movilidad de la mirada y de la percepción, y una aptitud para combinar los fragmentos más dispersos” (91).
13. Afirma Gruzinski que los mestizajes “rompen la linealidad” (58), afirmación que lo lleva a una idea que considero crucial, la de que, ciertamente, “nos cuesta deshacernos de la idea de que todo sistema posee una especie de estabilidad original hacia la que ha de tender [linealmente] inexorablemente” (59), de ahí la importancia de la “evolución”, pero sobre todo del “equilibrio”. Naturalmente, el cambio y la movilidad “evoquen una imagen del desorden” (59). La realidad sin embargo es que no existe un fondo de normalidad, estabilidad y equilibrio alterado por movimientos imprevistos, fuera de orden. Muy al contrario, “la mayoría de los sistemas manifiesta comportamientos que fluctúan entre distintos estados de equilibrio, sin que exista forzosamente un mecanismo de regreso a una «normalidad»” (59). Lo normal no existe sino dentro de un sistema de relaciones predeterminado, controlado y de violencia detenida o sofocada (provisionalmente, al menos).
14. Afirma Holloway que el capitalismo depende de la apropiación de lo hecho y de la compra de nuestro poder-hacer, esto es, nos separa del hacer comunitario del que depende la vida y la sobrevivencia, para arrojarnos despersonalizados y sin territorio a la "libertad" del mercado, sin otra cosa que con nuestra fuerza de trabajo, sin otra tarea que la de alimentar las necesidades de acumulación del capital. El productor, pues, se separa de lo que produce (es separado) por la violencia intrínseca al sistema. Esto nos ayuda a entender la violencia del mestizaje cuando Gruzinski afirma que los objetos que transitaban de un mundo a otro (del mundo europeo al indígena y viceversa) “terminaban por escindirse de la memoria que transportaban” separándose de la tradición y a veces “del poder que encerraban” (83). Se daba inicio entonces a una “brutal desacralización de los seres y las cosas” (84).
15. La escritura por otra parte, vino a “secularizar” la información, los saberes y las prácticas; tenemos entonces que la pérdida de la dimensión sagrada es otra forma de separación, crucial en las poblaciones indígenas pues afectaría la relación de la población con los alimentos y su producción. Se apartaban de la visión del mundo, de la trascendencia y la vida comunitaria el maíz, el cacao, el tabaco.
16. La acumulación de separaciones traería desengaños expresados en saberes y prácticas distintas, separadas de la tradición, de la memoria: el saber médico, la cartografía y la escritura (86). Estas separaciones prepararían el terreno para la despersonalización y la desterritorialización, esto es, para la implantación progresiva de los modos de producción capitalista: “integración forzosa de la mano de obra india en el mercado, la mina o el taller, imponiéndole unos ritmos y unas relaciones de producción, pero igualmente una concepción de trabajo, sin lazo ninguno con las tradiciones locales y las cosmologías antiguas” (87).


 
 

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