(Primer papel)
Cuando nos planteamos un problema de investigación con frecuencia no hacemos una diferenciación básica y de tremendas consecuencias, cual es que existe en efecto un problema en y para la realidad en la que nos encontramos y un problema específico que atañe a la investigación (considerada ésta como actividad extraña o ajena a la vida). En otras palabras, el problema existe en la realidad, pero en cuanto que problema de investigación es otro problema propio de la ciencia y en especial, de la ciencia del conocimiento. Que la solución del problema en la realidad precisa de nosotros una investigación es una cosa muy distinta al problema tal como se presenta a la investigación, a la actividad investigativa, a la ciencia y al momento histórico de la ciencia. Esta distinción pone en una situación de difícil resolución el hecho de que una cosa es la realidad y otra muy distinta lo que la ciencia descubre o revela no sobre la realidad –se entiende- sino sobre un aspecto de la ciencia que tiene un correlato (necesariamente aproximado) de la realidad objetiva. Esto explica la dificultad de que la ciencia resuelva los problemas de la realidad, toda vez que como tal la realidad no existe para ella, sino de modo indirecto.
Tenemos entonces que existen dos tipos de problema, uno que nos asedia en la realidad y que representamos con las palabras de la cotidianidad, que atestiguamos con nuestros sentidos y necesidades, del cual podemos incluso barruntar hipótesis y conjeturas y un problema (descripción entonces aproximada de aquél, si fuese el caso) que se ofrece a la ciencia y a los límites científico tecnológicos, a la teoría y la conceptualización.
Cuando decimos que la ciencia se ha de ocupar de los problemas de la realidad en realidad hablamos más de un problema en específico que necesita solución que de «el problema» como problema para la ciencia, para el conocimiento. En otras palabras, para la ciencia el asunto se plantea más o menos así: «el problema es conocer y cómo conocer determinado problema». Conocer el problema nos debe conducir a más y mejores soluciones, las cuales se expresarán en lenguaje tecnológico, esa manera que tiene la ciencia de hipostasiarse en la realidad. Teóricamente tal solución puede incluso ser descartada a vuelta de página, mientras que la solución en su articulación tecnológica seguirá presente en la realidad solucionando el problema, ofreciéndose como solución. Una solución tecnológica exitosa puede haber sido desechada completamente en su formulación teórica. Que ambas soluciones (la tecnológica y la teórica) coexistan y se contradigan es una manera de entender que existe un ámbito teórico de la realidad que no se compagina con el universo práctico o tecnológico que constituye buena parte de la realidad objetiva.
La ciencia bien puede entonces necesitar o no de la articulación tecnológica y en efecto proporcionalmente hablando es muy poco el conocimiento teórico pasible de articulación tecnológica, amén de que existe un ámbito de especulación y reflexión metafísica que no condesciende a la realidad a lo sumo como emoción estética.
Valga lo anterior para atender al hecho no menor de que los problemas que nos planteamos a la hora de investigar existen casi exclusivamente en el ámbito de la ciencia y el conocimiento, forman parte de las preguntas que puede hacerse la ciencia en ese momento, integran el límite (y pueden trascenderlo) de su visión. Existe pues como problema de y para la investigación y pone a prueba los conocimientos teórico-tecnológicos existentes hasta el momento.
De este ámbito (que podemos llamar noosfera) a la realidad hay ciertamente un abismo. Abismo que sólo la tecnología franquea. La tecnología nos habla de los avances de la ciencia pero nos permite olvidar absolutamente las teorías que la constituyen. La tecnología existe (y la manipulamos) de hecho más allá de la teoría, de las disquisiciones, aporías y conjeturas, silogismos y sofismas, preguntas y respuestas, fórmulas y vectores.
Así las cosas el problema de investigación es cómo conocer, y el decurso de la investigación suministra, apareja, acopia, dispone procedimientos y herramientas teóricas, conceptuales y tecnológicas, para permitir tal conocimiento. Conocido el problema, otros proyectos de investigación responderán al problema de cómo tal conocimiento del cual se sabe cómo conocerlo y que luego se conoce de hecho, se puede traducir (y cómo) al ámbito de la realidad objetiva expresado en solución tecnológica. Luego se ha de trabajar en éste ámbito en especial, esto es el tecnológico, hasta alcanzar plena articulación con la variante realidad.
Lo que vemos es una glosa de aquel cogito ergo sum cartesiano. No existe tal problema en la realidad, o al menos no es ese el asunto de y para la investigación, el problema es saber cómo se conoce determinado asunto, porque todo problema para la ciencia es estrictamente un problema de la ciencia. La realidad como tal es incognoscible para la ciencia. La realidad sólo es aprehensible abstraída, esto es seccionada, fragmentada, inmóvil. La ciencia según el paradigma conocido es anterior a la realidad, y los problemas que ésta plantea no son los de la ciencia.
La ciencia tiene sus particulares intereses para con la realidad, en otras palabras, existe una realidad construida por la ciencia en su articulación tecnológica, la cual como sabemos ya es extensiva y masiva. Esta realidad ha suplantado la “realidad”, hasta el punto de que llamamos realidad a la realidad artificial construida por la tecnología y los problemas que esta se plantea ahora son los nuestros. La realidad artificial copa los intereses de la ciencia, o mejor, ciencia y realidad artificial van de la mano, actualizándose de manera febril en la superficie tecnológica que ya constituye hasta nuestra más íntima cotidianidad.
No obstante la realidad no es la realidad artificial, ni los problemas de la realidad no son los que se plantea la ciencia y la tecnología que conocemos. La ciencia que puede atender los asuntos de la realidad real no piensa y luego existe, no crea una realidad de y para el pensamiento, ni la tecnología es su materialización, su encarnación sobre la faz de la tierra. En otras palabras, no es una ciencia para la cual la realidad no existe como tal. La ciencia que necesitamos parte de la realidad en movimiento, de la realidad real, y no de la realidad de y para la ciencia, según la ciencia.











