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Psuv en su SALSA

por joseleon71 @ Jueves, 29. Mayo, 2008 - 09:40:01 pm

Análisis. La explosión de precandidatos es señal de lo que se cocina adentro

Texto: Ylich Carvajal Centeno

La creación del partido es un proceso de negociación entre Chávez y el chavismo. La elección de la Dirección Nacional evidenció un reacomodo de las fuerzas. La escogencia de candidatos, al mismo tiempo, es un proceso de legitimación de liderazgos.
El Psuv es una negociación entre Chávez y el chavismo. Esto se vio claro en la elección de la Dirección Nacional, que fue democráticamente electa por los delegados, escogidos, a su vez, en un proceso desde los batallones, de una lista cerrada elaborada por el Presidente.
Que 59 militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) se hayan postulado voluntariamente como precandidatos a la Alcaldía de Maracaibo, para virtualmente enfrentar, en las elecciones de noviembre próximo, al gobernador Manuel Rosales —quien a su vez viene de intentar alcanzar la Presidencia de la República y ahora se lanza, cuesta abajo en su rodada, a buscar el ayuntamiento marabino— es la prueba irrefutable de que la política en Venezuela se escribe derecha con renglones torcidos. Y cuidado no termina en las tierras de Oz, como dice la canción.
Maracaibo, la plaza más difícil de conquistar por el chavismo en toda Venezuela, en la que al mismo Hugo Chávez le ha costado ganar (referendo revocatorio 2004 y elecciones presidenciales 2006), donde el referendo del 2D se perdió “por un cuerpo” (el No le sacó una ventaja al Sí del 25,19%), de repente cuenta con un récord de precandidatos “peseuvistas”, que no arrugan ante el “líder nacional de la oposición”, quien, habiendo perdido el chivo, aspira a conservar el mecate.
Para mayor asombro, a Rodrigo Cabezas y a Gian Carlo Di Martino —los favoritos para la candidatura a la Gobernación— le han salido 13 contrincantes “de las bases”, es decir, que están en el umbral del anonimato mediático, y otros dos “conocidos” (Alberto Gutiérrez y Edis Ríos), que han pasado bajo los reflectores de los medios, pero que, en esta tierra de Oz que es la política regional, uno no está por saber si los “de las bases” terminan siendo más reconocidos que los “conocidos” e, incluso, que los favoritos.

Chávez versus chavismo
Cabezas y Di Martino coincidieron en declarar —ante la abundancia de precandidatos— que era una manifestación del carácter democrático con el que se está creando el Psuv.
El analista político Henry Vaivads dice, a su vez, que la copiosidad de postulados es la prueba de que estamos ante un “organismo con vida propia, en movimiento”, y que, “donde otros ven un problema, yo veo una virtud”.
Efectivamente, el principal logro de Chávez, en cuanto al Psuv, es haber convencido al chavismo —que tendía a convertirse en una diáspora (MVR, PPT, Podemos, PCV, MEP, Tupamaro, Clase Media, UPV, etcétera.)— de que era necesario formar un partido, uno sólo —algo que ya había intentado con el Polo Patriótico, que se consideraba improbable a principios de 2007, de hecho PPT y PCV se pusieron al margen y Podemos “saltó la talanquera”— y que había que crearlo desde “las bases” o, por lo menos, negociando con “las bases”.
En esos términos, el Psuv es una negociación entre Chávez y el chavismo. Esto se vio claro en la elección de la Dirección Nacional, que fue democráticamente electa por los delegados, escogidos, a su vez, en un proceso desde los batallones, de una lista cerrada elaborada por el Presidente.
Esta negociación entre Chávez y el chavismo hizo posible cosas realmente improbables hace apenas un año. Por ejemplo, que en la Dirección Nacional, por la voluntad de “las bases”, se sentaran como miembros principales gente como Mario Silva, Antonia Muñoz, Vanessa Davies, María León, Héctor Rodríguez y Érika Farías.
Y que otros, que parecían estar más cerca de Chávez, que de alguna manera eran considerados dirigentes históricos del chavismo, como Diosdado Cabello, Freddy Bernal, Darío Vivas, Tarek William Saáb, William Lara, se conformaran con ser suplentes.

¿Y por qué yo no?
La elección de la Dirección Nacional tuvo que haber fortalecido la confianza de “las bases” en el proceso de creación del Psuv, porque es evidente que hay un reacomodo de la dirigencia. De tal forma que ahora, al dar “puerta franca” para la postulación de precandidatos a alcaldías y gobernaciones, por la mente de muchos peseuvistas pudo haber pasado una idea como esta: “si Davies, León y Rodríguez fueron electos a la Dirección Nacional —que era más difícil— porque no me pueden elegir a mi candidato para la Alcaldía de Padilla, o de Maracaibo o de Lagunillas”.
Es más, al dar “puerta franca” a la postulación, al prohibir el uso de propaganda —para que aquellos que manejan recursos no apabullen a los que están en el umbral del anonimato mediático— al intentar crear condiciones de equidad para todos los aspirantes —a veces con medidas un poco absurdas como esa de que tienen que andar todos juntos— la Dirección Nacional y el mismo Chávez está animando esta explosión de precandidatos.
Como dice Vaivads, el Psuv está “vivo y en movimiento”, pero lo que lo mantiene vivo es la confianza lograda sobre su propio proceso de creación y de toma de decisiones. Si al finalizar la jornada del primero de junio próximo hay “batacazos” de “las bases” —como los hubo para la Dirección Nacional— o si pocos logran el 50% más uno, o sacarle una ventaja de un 15% al inmediato inferior, y la decisión final va a manos de Chávez —ante quien todos serán tratados como iguales, según ha prometido— el partido como tal se fortalecerá al cumplirse los presupuestos de la negociación, aunque algunos egos salgan lastimados.
Ahora bien, si finalmente los favoritos son electos y la militancia en general está conforme con el proceso, porque igualmente se han cumplido los presupuestos de la negociación, el Psuv, de la misma manera, se crece.
Y es que el partido no sólo está eligiendo candidatos a alcaldes y gobernadores con este proceso, sino que está sometiendo a una prueba de fuego su carácter unitario, lo que de unidad ha logrado hasta ahora y la autoridad de la que se han envestido sus dirigentes; nos referimos a la autoridad que nace de la confianza, de la legitimidad del proceso por el que fueron electos.

Caída y mesa limpia
La creación del Psuv está en esa parte de la autopista en la que no hay retornos y David Paravisini, analista político, recuerda que el partido se soporta fundamentalmente en Chávez.
Más que el socialismo como ideología, más que una identificación con una clase social —como se solían formar los partidos en el siglo XX— más que un sentimiento nacionalista de defensa de la patria, la fuerza centrípeta que hace posible esa mezcla de factores diversos que es el Psuv —que van desde la llamada “derecha endógena” hasta el marxismo-leninismo ortodoxo— es el liderazgo de Hugo Chávez.
Él, al mismo tiempo, es la fuerza centrífuga que expulsa los componentes que se resisten. Pero la mezcla, por más fuerza a la que se le someta —centrípeta o centrífuga— nunca es pasiva, ni totalmente moldeable, ni mucho menos homogénea.
Hay quienes confunden unidad con homogeneidad, creen que lo primero sólo es posible entre iguales —que es la condición de lo segundo—, sin percatarse que la unidad sólo es necesaria entre lo diverso, que, sin renunciar a su naturaleza, a lo que lo hace distinto, accede a unirse con otros factores para alcanzar objetivos superiores.
La unidad es un acuerdo, una negociación entre factores distintos y no tiene que ser, como algunos aspiran, un remanso de paz o un retiro espiritual. Más bien se parece a los átomos, en los que fuerzas positivas, negativas y neutras se mantienen unidas pero en constante movimiento, incluso, repeliéndose.
Cuando la unidad del átomo se rompe, explotan las bombas atómicas y allí todo el mundo sale perdiendo.
El chavismo nunca ha sido, ni lo será ahora —aglutinado en el Psuv— una masa pasiva y totalmente moldeable. Prueba de ello son los resultados del referendo para la reforma constitucional del 2D, en el que un sector del chavismo se expresó abiertamente en contraposición a la voluntad del líder, sin ser arrastrado por la fuerza centrífuga, por lo menos no por ahora.
En esos términos, —Chávez como gran pilar de la construcción del partido, sin posibilidades de retorno, es decir, ya nadie puede volver atrás, a sus viejas siglas partidistas, con un proceso que ha ganado en confianza y autoridad— la elección de los candidatos a alcaldías y gobernaciones se transforma, además, en un proceso de legitimación de liderazgos locales y regionales a la luz de una nueva realidad: el partido único.
Pero esa legitimación —y aquí está lo novedoso, lo sustancial— debe pasar primero por los chavistas, antes de llegar a Chávez. Note que la escogencia de los candidatos se puede dar en dos procesos totalmente distintos: a) El precandidato saca el 50% más uno de los votos o le saca un 15% de ventaja al que llegó de segundo y se convierte, automáticamente, en el candidato, legitimado por los chavistas. b) Nadie logra las condiciones antes señaladas y todos van en cero para la Dirección Nacional, donde la legitimidad se la dará Chávez.
Nuevamente la política de abrir y cerrar la mano que se aplicó para la elección de la Dirección Nacional, por lo que el Psuv es una negociación entre Chávez y el chavismo.
Desde esta perspectiva, que no es más que eso, un punto de vista del proceso, se entiende perfectamente que haya 59 candidatos para la Alcaldía de Maracaibo. La abundancia de candidatos es directamente proporcional a la precariedad de liderazgos claramente identificables e indiscutibles.

En su salsa
Es probable que la escogencia de los candidatos y las elecciones mismas le produzcan algunos “traumatismos” al Psuv, pero si el cuerpo en general del partido sale fortalecido, no sólo por los resultados, sino porque indistintamente de ellos el partido se robustece como espacio de encuentro, de debate y acuerdo, como autoridad, como creador y ejecutor de políticas, entonces estará preparado para otras tareas.
Como recuerda Paravisini, por ejemplo, debatir el programa de gobierno que, en el caso del Ejecutivo nacional, tiene 10 años ejecutándose, o comenzar a definir lo que se ha llamado el socialismo del siglo XXI.
Si elegir unos candidatos para alcaldías y gobernaciones les resulta una tarea muy difícil, los peseuvistas tienen que considerar que aún les falta, por ejemplo, convertirse, por acción propia, en mediadores legítimos entre las demandas de la población en general y los gobiernos chavistas.
Para ello, que son tareas más apremiantes porque de ellas depende más la continuidad del proceso, el Psuv tiene que terminar, de una buena vez, de cocinarse en su propia salsa.


 
 

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