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Orden y desorden

por joseleon71 @ Lunes, 26. Mayo, 2008 - 07:27:27 am

“El orden es una especie de impulso de repetición que establece de una vez para todas cuándo, dónde y cómo debe efectuarse determinado acto, de modo que en toda situación correspondiente nos ahorramos las dudas e indecisiones”.
Sigmund Freud. El malestar en la cultura

En el modelo de administración liberal que conocemos no hay alguien en particular que tome decisiones. Éstas de algún modo ya están tomadas porque en este modelo el orden preexiste y es éste el dispensador de las decisiones. Para el orden conocido sólo 2 podremos encontrar después de 1, y jamás habrá un jueves del cual se tenga ya el recuerdo. Según este modelo, tarde o temprano nosotros los pobres mortales llegaremos fatalmente a la decisión correcta. El mejor decisor será aquel que prevea el momento y lugar adecuado para la decisión. Si nadie lo atiende, podrá considerarse un personaje trágico, algo así como Casandra. Si en cambio ha ganado posiciones, entonces sus decisiones serán escuchadas y acatadas acrecentando su éxito, no su visión (que es casi un don divino y crece si Dios pone en él su mano) sino su visibilidad. De lo anterior debemos colegir que la historia ya está si se quiere escrita, y que el destino es manejable (el fin de la Historia tiene que ver con la perfectibilidad alcanzada por el modelo liberal, ese estado de gracia en el que ya nadie debía tomar decisión alguna), de donde el decisor será además de vidente, demiurgo. Si la decisión preexiste, sólo falta un ser humano esclarecido que permita que la idea materialice, descienda a la tierra y a la sociedad, comience su tránsito corruptible. El orden ya existe, pero nosotros, profundamente limitados por nuestra condición, no alcanzamos a penetrar el misterio, esa claridad. Pero como no todo (y mucho menos Todo) puede estar en nuestras manos, será en la “mano invisible” donde se agitarán nuestros miedos y deseos, los de todos. Líricamente hablando, esta es la realidad planteada por el modelo liberal, que llevamos como edema en el alma. De ahí proviene nuestra noción de orden, de equilibrio, de armonía.

Pocas veces nos atreveremos a ir contra el destino, osando tomar decisiones fuera de(l) orden, más allá de las órdenes recibidas, recibidas además, como ya vimos, desde antes, desde siempre, desde un más allá que no tolera preguntas (¿cómo hacérselas, además?) Cada vez que escuchamos asperezas contra el desorden, falta poco para que se introduzcan medidas ordenadoras (correctivos) que reconduzcan lo extraviado a su cauce “natural”. Es por eso que saludamos los ajusticiamientos y hasta los golpes de Estado. Pero el orden, aunque encarna, no es tangible, y las personas que lo actualizan son meros amanuenses, depositarios, oyentes y verbalizadores de verdades altísimas. De ahí su prestigio y su magia. Ir contra este orden (y en definitiva contra esta forma de Poder) pasa por aceptar que la realidad puede adquirir el orden que le demos, de manera racional, consciente. Al orden liberal se le tilda de racionalista, pero no puede ser tal un sistema donde los seres humanos no tienen sino una injerencia indirecta (in-dirección en el sentido kafkiano, esto es, que nunca en realidad se toma alguna decisión, aunque tengamos la ilusión remota de que sí, alguna remotísima vez), si los escenarios de la toma de decisiones están tomados y controlados por las “leyes” del mercado. La racionalidad económica es in-humana y atenta contra la especie, pero es sagrada e intocable para el orden conocido y defendido por las élites económicas que viven del usufructo de la riqueza y de la administración inequitativa, injusta y desigual de la escasez y de la explotación irracional de los recursos.

Oponerse al orden conocido pasa por construir el desorden, esto es, por tomar decisiones no-existentes. Vale decir, crear, inventar soluciones a partir de nuevos y “reales” problemas.

Porque en efecto, para el orden conocido sensu estricto los problemas no existen. Si el orden pre-existe, pre-existen todas las soluciones; pero todas las soluciones crean un absoluto de soluciones, de modo que para ese orden nada necesita solución. ¿Dónde están los problemas, entonces? En los seres humanos que no alcanzan a ver la totalidad. De donde la mejor solución que ha encontrado el orden conocido es eliminar a los seres humanos, en especial a aquellos que jamás (por razones congénitas o patológicas) alcanzarán a ver la totalidad, porque los que sí están constituidos para alcanzar la revelación ya están salvos, son los “elegidos”.

El des-orden pasa entonces por solucionar problemas pero no eliminando a los seres humanos ni poniendo en riesgo la vida en el planeta. Los problemas para el desorden están en el ámbito de las cosas y en las relaciones de los seres con las cosas. Sus problemas no tienen solución ille tempore sino hic et nunc, en atención al pasado y al futuro; no en un tiempo suspendido, sino en el transcurso, en la duración, en el devenir. No desde siempre, sino hoy. Para el desorden los problemas existen, y son solucionables a escala humana, dependen del concurso de todo y de todos.

Para el orden liberal, los problemas son otros, y no precisan de la vida; aunque parezca increíble, la vida no es un factor a considerar, hecho comprensible porque la vida está en otra parte. Mover la maquinaria industrial requiere de varios planetas tierra, pero ese no es el problema, porque la maquinaria industrial no puede no moverse, el problema reside en los seres humanos que reclaman su detención (a viva voz o muriendo de hambre y sed), de ahí que la solución es la solución final, esto es, su eliminación (*). Para el orden conocido, y siguiendo con el ejemplo, mover la maquinaria industrial indica la solución de muchos problemas, considerados problemas técnicos. Pero está claro que esto forma parte de la aventura del ingenio humano, el cual ha ido creando una serie de mecanismos, dispositivos, artefactos que facilitan y permiten el desenvolvimiento (mejor y más rápido) de las actividades humanas, técnicas, industriales, en las que la humanidad –qué duda cabe- ha desplegado sus mejores energías y en la que Occidente se ha destacado. Pero estos problemas se encuentran en el orden de las cosas y en las relaciones de los seres con las cosas, de modo que esas actividades son y forman parte de la vida. Insisto: para el orden liberal los problemas se localizan en los seres humanos (p. ej. en su capacidad de ver y prever, en su maldad y corrupción), pues la ciencia, la tecnología y las soluciones científico-técnicas sólo esperan desde siempre su descubrimiento. No son pues, realmente problemas sino escalones en un ascenso infinito. La dificultad aparece cuando el o los problemas (técnicos y tecnológicos, propios del estado actual de la articulación ciencia y tecnología) van más allá del movimiento de la maquinaria industrial (en esencia no-ética, porque la máquina no toma decisiones). Esto es por ejemplo, cuando su movimiento afecta al planeta y a la vida (arribando al ámbito de la ética), y una minoría (que cree haber eliminado sus problemas encerrándose en la burbuja que llama Primer Mundo –“real” o ilusoriamente- a cal y canto en una Villa o mudándose a Europa o Miami, y que está dispuesta a solucionarlos a tiros, bombas o a palos), vive a espaldas y a expensas del resto del mundo.

La diferencia entre el orden y el desorden radica pues, en la ética. Sobre todo si decimos con Irving Kristol que el orden liberal conocido “Es un imperio absoluto con un mínimo de sustancia moral”

Para el desorden la vida es una construcción en común y todas las decisiones apuestan por la sobrevivencia de todo y de todos. Aunque su aventura científica y tecnológica por momentos se cruce e incluso aproveche la creada bajo el orden liberal, está muy al contrario atravesada por la necesidad de contribuir a la vida en toda su dimensión y lleva el germen de la crítica y la necesidad de inventar nuevas y mejores soluciones, las que a la larga y en conjunto no pongan en riesgo la vida.

Otra ciencia y tecnología es posible.

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* "La lección más demoledora del análisis de la "carrera tortuosa hasta Auschwitz" es lo que, finalmente, la elección del exterminio físico como medio más adecuado para lograr el Entfernung fue resultado de los rutinarios procedimientos burocráticos, es decir, del cálculo de la eficiencia, de la cuadratura de las ventas, de las normas de aplicación general"
Zigmun Bauman. Citado por Marcos Roitman en Las razones de la democracia en América Latina. Ciencias Sociales: La Habana, pp. 44


 
 

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