“…lo más común en los «ejercicios» de pensamiento único es una amalgama de juicios empíricos, de «teoría» económica de periódico (o de consultorías o de analistas financieros) y de valoraciones encubiertas al servicio de argumentaciones de «sentido común»”
Félix Ovejero. La libertad inhóspita
1. Según Romero Venezuela siempre ha tenido una política exterior muy activa, a pesar de no haber tenido mucha suerte en ello y de no gozar de suficiente consenso, “un síntoma crónico en nuestra historia” (9). Afirma que al mismo Bolívar “no le fue tan bien ni en Colombia, ni en la campaña del Sur, ni en la creación de Bolivia”, a pesar de la “acartonada” historia oficial (8)
2. Como dato importante valga anotar acá cómo se refiere a los efectos de la “revolución mediática”: “pone la verdad en la mentira y la mentira en la verdad”, toda vez que muchos de sus comentarios y asertos provienen de esa “fuente”.
3. Analistas como Romero no son muy diestros en unir causas y consecuencias evidentes (la evidencia aquí es acusada de pensamiento “radical”), por lo que se hacen preguntas del tipo: si América Latina creció económicamente, cómo es que se presentan “focos de inestabilidad política, desigualdades sociales y brotes separatistas” (11).
4. Desde un punto de vista personal afirma que es propio de la diplomacia de los gobiernos revolucionarios la “ambigüedad”, “en el sentido de que con la mano derecha se realizan las relaciones diplomáticas y comerciales “normales” y con la izquierda se promueve la revolución continental y mundial” (15). De lo contrario, Romero debe afirmar que existe un “mercado” revolucionario y socialista, en el cual y con el cual los gobiernos establecerían relaciones comerciales digamos justas. Si esto no es así, el país quedaría aislado, porque sólo un ignaro no se daría cuenta de que el planeta está surcado por el modo de producción capitalista, y no precisamente por ser un paradigma exitoso. Acaso la única alternativa “real” y casi fantástica al capitalismo acumulador de bienes manufacturados y de saberes prefabricados, lo constituya el reino de Bhután, el pueblo más pobre del mundo en términos del PIB per cápita, pero con un 85% de la población dedicado a la agricultura de subsistencia y al trueque. Su rey llegó a afirmar, que el FIB la Felicidad Interior Bruta, “es mucho más importante que el PIB” (Susz, 2005: 171). En este escenario global, del que no escapa ni Cuba, un país como Venezuela, de renunciar al comercio capitalista, se vería obligado al ostracismo, lo que nos pone en la situación de esperar una destrucción masiva como le ocurrió al Paraguay cuando la Guerra de la Triple Alianza.
5. Para Romero, el esfuerzo comunicacional del globierno es una “estrategia publicitaria gigantesca” (16); me imagino que sólo comparable y sin duda sólo superada por la industria cultural del capitalismo boyante.
6. Según Romero Bush no le presta atención al presidente Chávez (al menos para el año 2006). Las evidencias recientes parecen confirmar que ha aflojado el “torniquete”. Ahora, lo curioso es que existe alguien (no puedo creer que corresponda a un análisis serio) que afirma que el “sentimiento antiestadounidense” ha recrecido porque el presidente Bush “no le presta suficiente atención a los problemas hemisféricos”. Es decir, que no creciera si EEUU se abocara a la agenda hemisférica: ALCA, promoción de la democracia, combate al narcotráfico, respeto a los derechos humanos, migraciones ilegales, Haití y defensa de la propiedad privada (16-17). Para Romero, la agenda injerencista de EEUU es “empuje de Washington para fortalecer las instituciones políticas” (18).
7. Para Romero, es inconciliable “la prédica del socialismo y de los incentivos morales que propone el Gobierno con el aumento de los ingresos petroleros y el gasto público” (32), porque ciertamente, en lo público toda inversión no puede representar sino un gasto.
8. A pesar de que se maneja con suficiencia en torno a las últimas tendencias epistemológicas, aludiendo a que vivimos en el marco de una “metamorfosis conceptual” (35), es extraño que maneje un concepto de política anticuado, o al menos proveniente del paradigma que cree superado o en crisis, que vincula a lo político con las prácticas que se generan al interior del “paradigma racional-legal”. En efecto, cómo puede seguir hablando de una “degradación de la política”, supuestamente desplazada por el surgimiento de lo económico (yo creo, por cierto, que Romero sea uno de los pocos en el mundo que consideraban a la economía como una esfera “hasta hace poco tiempo de bajo perfil”) y lo ambiental, porque ya no transita por los partidos y las instituciones. Romero injustamente califica de “antipolítica” o (más sutilmente) “política informal” la que corresponde a la que ejercen otros actores distintos a los partidos y a las instituciones propias de la democracia representativa, surgidos precisamente de la crisis de ese modelo. En otras palabras, Romero explica, pero descalifica. Incluso llega a afirmar, demasiado neoliberalmente supongo, que se ha producido “un clima intelectual que ha erosionado la confianza en la política como forma de pensamiento superior” (43). Tal vez no sea la política una forma tal de pensamiento, pero sin duda que el liberalismo económico y utilitarista desplazó lo político hasta un punto en que lo común y lo público quedaron al borde de la extinción. No obstante, en la página siguiente (44) sostiene que la crítica a la democracia representativa “y la concepción de mecanismos políticos intermedios entre gobernantes y gobernados deben superarse en el momento actual, y ser reemplazados por nuevos instrumentos de cohesión política”.
9. Romero no escatima en apoyarse en la “versión de los medios”, para fundar algunas de sus apreciaciones, como lo hace con las supuestas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad (47) , sobre la intención de borrar a Israel del mapa. No es aceptable que Romero incurra en ese error a menos que no sea un analista sino un propagandista. Si es lo segundo, entonces una de sus fuentes son los medios de comunicación que mienten y manipulan, extraen y recortan, manipulan y distorsionan. Poco científicamente, Romero toma de allí frases descontextualizadas, predigeridas por las agencias de “noticias”, y repite la agenda de CNN. Además, llega a afirmar que los Estados Unidos es un país “comprometido en una agenda democrática para el “Gran Medio Oriente” (47), lo cual lejos de ser un absurdo, lo considera Romero un sueño, un “ideal” inalcanzable, porque, cómo es posible –dice- desarrollar una democracia occidental “en esas tierras del islam” de tradición tribal, con gobiernos “asediados por el terrorismo y por sectores ortodoxos que se niegan a buscar la paz” (48). En la contraportada se llega a afirmar que Romero examina la realidad actual con “extrema objetividad y profundo conocimiento del tema”. Huelgan los comentarios.
10. Para aceptar como “información” la que producen las agencias, y utilizarla además en el contexto de un texto que se esfuerza por pasar por erudito, o al menos producido por un experto, se ha de aceptar un tipo de “racionalidad” connatural a la de los medios. Sólo que éstos habitualmente no informan –afirma Gabriel Galdón (2002)- “las referencias reales imprescindibles para que se pueda realizar una interpretación cabal, un comentario acertado, una opinión fundamentada y un diálogo racional”. Omiten también –como ha sido el caso con lo del presidente de Irán- los “datos y documentos que propicien la necesaria verificación fáctica y crítica (…) Se impide así diferenciar la verdad de la falsedad” (61). En definitiva “la calumnia, el juego de la omisión y el realce y el silenciamiento, además de la utilización frecuente de la mentira, la media verdad, la descontextualización, la caricaturización de la imagen o de los argumentos, la generalización falsa, la memoria selectiva y la falsificación de los sondeos y estadísticas sirven primordialmente para combatir al enemigo, ya sean las personas e instituciones que no entran dentro de lo políticamente correcto, ya sea en las luchas por el poder…” (70)
11. Romero trabaja con “información oficial” o institucional, producida por una “voz preponderante”, “intencionadamente confusa y ambigua a veces, y prepotente, que se deriva de una estructura de Poder esencialmente única y que casi oculta a las demás” (Reig, 2004: 135). Esta “comunicación institucional” entró en el ámbito del marketing, el derecho, las finanzas, la ciencia, el management, la policía (137). Es una información que persigue ocultarlo que realmente está pasando (como, por ejemplo, acusar a las FARC de narcotraficantes, pero sin mencionar que el control del negocio lo tienen los paramilitares en conchupancia con la DEA en el marco general del Plan Colombia, que tornan a ese país como el primer productor de coca en el mundo y a EEUU en el primer consumidor.) En definitiva, para cerrar con Ramón Reig: “El discurso oficial debe presentarse en sociedad de acuerdo con el sistema de valores y creencias que ésta posea y tenga como positivos: democracia, solidaridad, creencias religiosas, etc., es decir, de acuerdo con su cultura, que ha sido reforzada, a su vez, cuando no creada, por los discursos oficiales” (145)
12. En este marco es natural que adhiera la agenda “preventiva” de Washington, para lo cual enumera la tesis de la disuasión, que consiste en golpear antes de que te golpeen, la tesis de la contención, que consiste en “cambiar” el régimen de los países enemigos, y la tesis (muy Departamento de Estado y Pentágono) de la dirección militar sobre la dirección política, al tenor de la “degradación de la política” (51) ya comentada.
13. Pese a repetir lo que dicen los medios, que la guerrilla es narcotraficante -no las AUC- (Por cierto ¿alguien le habrá dicho a Estados Unidos lo conveniente que sería poner un escudo antitráfico de narcóticos en su propio cielo?, o en todo caso activar sus súper radares y su megatecnología para detectar los vuelos rasantes de las naves que irrigan a su juventud de la mejor cocaína del mundo, la colombiana?-.) Que Irán quiere desaparecer a Israel, que Chávez tiene vínculos con la guerrilla, que PDVSA no produce lo que dice producir, que Chávez no colabora en los planes hemisféricos contra la guerrilla y el narcotráfico, etc. Pese a todo ello, acepta (sin mirarse al espejo ni ver la astilla en su ojo) que “los medios de comunicación social contribuyen a formar una agenda pública ajena a la opinión de los ciudadanos; es decir, los medios pretenden hablar en nombre de la gente” (180).
14. La objetividad de Romero está, como hemos visto, parcialmente inclinada a la solución del mercado liberal, y bien podría suscribir con el Gobierno de Washington que “las lecciones de la historia son claras: las economías de mercado, las economía sin control y sin la pesada mano del Gobierno, son la mejor forma para promover la prosperidad y reducir la pobreza” (51-52). Y lo decimos porque, una vez que se acepta que en la región no calzan los modelos occidentales, eso se debe a dos razones: la primera es patológica y se debe a la dificultad para “alcanzar los parámetros del desarrollo político racional-legal”, en otras palabras no podemos pensar occidentalmente (lo mismo por cierto que decía Arturo Úslar Pietri); la otra, esperar que el tiempo obre (52-53). De aquí derivan dos tipos de “discurso académico”: la visión optimista que apuesta a que tarde o temprano seremos cabalmente occidentales, y la pesimista “la constatación congénita, superable sólo gradualmente” (53).
15. De esta confesión de racismo incontinente ya podemos pasar a la aceptación de un régimen como el de Pinochet, en tanto que compatible con la modernización (54). En la página 176 lo dice más explícitamente: “En la década de los setenta se justificó la tesis de la profundización del capitalismo, dentro de la cual se explicaba la pérdida de la democracia, dados los requerimientos de la modernización”. Fascismo y capitalismo de la mano y a plena luz del día.
16. Del ALCA afirma que es un “mecanismo integrador” (en la página 117 habla de un “modelo integrador hemisférico”), propio de una democracia abierta. Parece molesto Romero cuando la respuesta al ALCA ha sido el disenso y la protección de las economías nacionales (56). Y como no se pliegan los países latinoamericanos al modelo de integración de Washington, Romero llega a afirmar sin empacho que las agendas comerciales de estos países se “enfría”, ello acompañado de la “pérdida de protagonismo” (58). Finalmente, para peor, la región se encuentra según Romero “en un proceso de regresión democrática” (59). Realmente no creo que exista un análisis más desafortunado.
17. Romero califica a la política exterior de Chávez de “antioccidental” cuando debiera decir antinorteamericana, y más precisamente, anti consenso de Washington. Es justo en este punto donde aparecen las diferencias sustanciales con Colombia, que históricamente se ha movido entre el respice polum y el respice similla, “vale decir, entre la total alineación con Estados Unidos y la búsqueda de una mayor autonomía” (138).
18. Por otra parte, es propio de la propaganda que insista en el “cerco económico estatal a la iniciativa privada” (74), cuando de lo que se trata es de regular la actividad privada, en otra palabras, anteponerle el Estado al mercado, lo público a lo privado, lo social a lo antisocial. Lo democrático, a la dictadura del capital. Sólo para un pensamiento liberal cabe la idea de que el libre mercado y su famosa mano invisible pueden repartir justa y equitativamente la escasez, la riqueza. Para Romero el “creciente estatismo” fortalece las tendencias autoritarias y promueve el carácter semidemocrático del régimen (133), esto es, a mayor Estado menos libertad -de empresa-. Que nada interrumpa el flujo del dinero, el movimiento del capital. ¡Quién osa interponer entre el mercado y los ciudadanos un muro de derechos!
19. Romero califica el sistema político venezolano anterior a Chávez como “sano”, y sin rubor escribe que “los venezolanos disfrutaban de un sistema populista de conciliación de élites” (75). Es tanto el solaz en su recorrido histórico que al hablar del efecto shock que “se le aplicó a un país adormecido en su propia ilusión de estabilidad” (77) (el paquete de medidas neoliberal de Carlos Andrés Pérez), “se le respondió con violencia social y resquemor político”. ¿Dónde queda El Caracazo? O mejor, ¡cómo lo escamotea! Alguien desinformado no puede conectar la aplicación de las medidas neoliberales a una población dormida con el estallido social del 89. ¿Qué quiso decir Romero con “se le respondió con violencia social”? ¿Quién es ese se? ¿De dónde viene la violencia?
20. En el plan de actualizar la “comunicación oficial” (desinformación y propaganda, pero revestida de experticia) afirma que en el país (antes de la llegada de Chávez al poder) “no había clases definidas ni diferencias étnicas significativas y por lo tanto Venezuela era un país homogéneo e integrado” (79). Se aplica aquí lo dicho por Marcos Roitman: “Eliminados del reparto los conflictos de clases y de explotación, la trama transcurre sin contradicciones. Ocultas las contradicciones, el cambio social y los proyectos democráticos se asimilan a la doctrina del progreso y se someten a las reglas del crecimiento económico” (2007: 22-23)
21. No obstante afirma que el sujeto de la política en Venezuela “no eran los partidos ni el pueblo, sino las élites”. ¿Cómo conciliar esto, con el punto anterior? Esto es, ¿cómo decir que no había clases si quienes ejercían la política eran las élites? Lo interesante es que esto está en la misma página 79.
22. Si no puede ver El Caracazo, tampoco podrá ver la violencia de Estado que le permitió a la democracia venezolana “superar sus escollos iniciales y convertirse en la darling de América Latina, al no pasar por una ruptura del orden democrático y no experimentar una crisis económica generalizada” (84). Esta misma miopía se aplica en lo internacional, por ejemplo, cuando califica de “fracaso” el –así lo llama- “experimento sandinista en Nicaragua” (156). Para Romero ese experimento sucumbió porque sui destino era el fracaso, como fracasó el “socialismo real”, adjetivo que torna utópico –por cierto- cualquier proyecto socialista. Para Romero entonces no hubo Contras, ni Irangate, ni diez años de guerra fratricida impulsada y financiada por EEUU.
23. Por cierto, considera al Caldera de 1993 un candidato “antisistema”. Debemos fundar esa temeraria afirmación en el hecho de haber roto lanzas con su partido de origen COPEI (y con el “sistema” Pacto de Punto Fijo), del cual desde entonces no queda nada, sino la costumbre, la nostalgia, las alianzas, y analistas “objetivos” como Carlos A. Romero.
24. Otra vez recitando la “información oficial” Romero miente: cuando se refiere al referéndum consultivo convocado por la extinta Coordinadora democrática, dice como es cierto, que se encuentra en la Constitución, sólo que (pero no lo dice y no lo dirá) que querían convertir el consultivo en un revocatorio (¡qué también está en la Constitución!), sólo que, para éste era exigente cumplir con los tiempos estipulados por el Constituyente, que no suelen coincidir con los de CNN.
25. Romero afirma en la página 105 que Chávez “ha reiterado su oposición a la búsqueda de una democracia interna en la isla” de Cuba. Esto es, se ha opuesto al bloqueo norteamericano.
26. Veamos el eufemismo (o cinismo) con el que se refiere a las “maquilas”: al referirse a los constantes avances en las comunicaciones tecnológicas globales y al incremento de los “servicios impersonales”, como impulsores del “traslado de industrias y de centros de servicios a países fuera del circuito desarrollado”. O sea, mientras los desarrollados se dedican a lo intangible (marcas, por ejemplo), los que están fuera del “circuito” se dedican a los tangibles. Cuando comamos intangibles, supongo que el capitalismo habrá resueltos sus problemas.
27. Romero nos describe sucintamente la naturaleza de la agenda hemisférica de la integración (la de EEUU, se entiende, ALCA o acuerdos bilaterales): “más comercio y menos ayuda” (118), el trade but not aid, el cual se aplica hasta a sus propios habitantes como lo atestiguan las víctimas del huracán Katrina. Y es interesante reseñar con él las “variables que limitan el crecimiento económico”: el cambio demográfico, la inmigración indocumentada, los movimientos migratorios circulares, las redes de inmigrantes, las remesas (que influyeron por la vía del chantaje en la votación de las pasadas elecciones en el Salvador), y las catástrofes humanitarias. Según esto, necesariamente hay que concluir que el propio capitalismo, sus consecuencias, desde la migración hasta el calentamiento global, son “variables que limitan el crecimiento”. No veremos, en definitiva, a Romero dispuesto a aceptar que el capitalismo es una variable que limita el crecimiento capitalista.
28. En otro orden de ideas, para Romero Colombia no está al borde del colapso: el Estado funciona (no se refiere, claro está, al Estado narcoparamilitar que ha salido a flote y del cual se tenían noticias desde mucho antes de 2006, sólo que no manejadas por la prensa oficial de donde se nutre la experta información de Romero), también la democracia formal (sí, los formalismos de la democracia con su parapeto de Estado de Derecho), y las Fuerzas Armadas se han equipado (con la ayuda de EEUU).
29. Con respecto al Plan Colombia afirma Romero que los países andinos no lo comparten, no por sus posibles negativos efectos, “sino más bien por la incapacidad política de las sociedades y los gobiernos regionales de abocar agendas comunes” (139). En poquísimas palabras: «conmigo o contra mí». En otras palabras, por no compartir la agenda de seguridad impuesta por Bush, su “lucha contra el terrorismo” y el narcotráfico. El gobierno de Bush ha desarrollado lo que Romero llama “diplomacia preventiva”, o torniquete diplomático que consiste fundamentalmente en «no se te ocurra contradecirme ni chistar», “que no deja espacio a políticas exteriores no comprometidas con los nuevos temas del combate al terrorismo y al narcotráfico” (149, 164).
30. Descripción sintética (y lacrimosa) de la Venezuela apegada al Consenso de Washington: “A Venezuela se la definió hasta hace poco años como una nación democrática moderada, con una política exterior propia (la de Chávez no lo es, según esto) y un comercio internacional orientado fundamentalmente hacia el mercado estadounidense. Asimismo, Venezuela nunca cuestionó la supremacía estadounidense, ni la importancia de la democracia representativa y de la empresa privada en el desarrollo nacional e incluso en el hemisférico” (162)
31. Interesante observar cómo para un analista como Romero, el Caracazo no tuvo relación con las políticas económicas neoliberales, aplicadas según las recetas impuestas por el FMI como brazo económico de EEUU, y que surgió de la nada prácticamente sólo para poner en entredicho la estabilidad del sistema democrático. Llega a decir que desde 1958 hasta 1989 no hubo ningún problema que afectara la relación con EEUU, y que fue a partir de la “revuelta social” (entonces nacida de la nada) y de los golpes de Estado, que éste país comienza a castigarnos con su indiferencia, a considerar poco importante nuestro petróleo y a vernos como inestables y zona de riesgo para sus inversiones (163). Y con la llegada de Chávez al poder, Venezuela pasó de ser un país seguro a ser “un país sospechoso” (168)
32. Según Romero, que tiene rato mirando para otro lado, “la política estadounidense ha sido la histórica posición de “esperar y ver” (164), sólo que para eso también emplea espías, financia ONG, convierte en plataforma política su embajada en Venezuela y últimamente nos sobrevuela con aviones de guerra, amén de los “indicios de interferencias” durante los sucesos del 11 al 13 de abril (166). Además, según Romero el problema en definitiva es el díscolo Presidente venezolano, porque EEUU “ha respondido de diversas maneras y con variados niveles de tolerancia al reto que significa el Gobierno del presidente Chávez”.
33. Para Romero, Chávez se opone a las intervenciones por causas humanitarias (como la ocurrida en Afganistán), a las “acciones colectivas de protección, defensa y promoción de la democracia (como en Santa Cruz, Bolivia), y a la “reconstrucción democrática de países que presentan una crisis interna” (como en Haití, supongo) (169). Porque es que EEUU –todo esto según la objetiva visión de Carlos A. Romero- “ha hecho del tema democrático un instrumento de su política exterior” (175).
34. La tesis de Romero es ecuánime: la democracia representativa está en descrédito, el Estado-Nación no alcanza a explicar la complejidad del mundo actual, ya la toma de decisiones no pasa por los actores políticos tradicionales, y el sistema se debate entre la democracia participativa o la tecnodemocracia (179 en adelante). Dicho esto, ya está listo para afirmar que la democracia promovida por el “oficialismo” y la debilidad de la oposición han “deteriorado” el tejido político venezolano, y lo que podía ser interesante, ha devenido “un proceso frustrante” (185). ¿Conclusión?
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* Citemos en extenso el análisis y comentario de Anneliese Fikentscher y Andreas Neumann (2006) publicado en Rebelión.Org :
“Arrasar Israel, asolar, destruir, aniquilar, liquidar, borrar a Israel, hacerlo desaparecer del mapa, eso es lo que exigió el Presidente de Irán o al menos es lo que leímos o escuchamos al respecto a finales del mes de octubre de 2005. La difusión de las noticias en los informativos fue muy eficaz. Dijeron que se trataba de una declaración de guerra. Obviamente, el gobierno y los medios compartieron la misma indignación. Estos rumores recorren el mundo. Pero vamos a analizar lo que dijo el Presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Podemos hacerlo gracias que el New York Times puso a nuestra disposición el discurso completo. He aquí un extracto de la publicación, fechada el 30 de octubre de 2005:
«Dicen no es posible tener un mundo sin Estados Unidos y sin el sionismo. Pero ustedes saben que son un objetivo y un slogan posibles. Retrocedamos en el tiempo. Nosotros teníamos un régimen hostil en este país, que era no democrático, armado hasta los dientes y con la SAVAK, el aparato de seguridad de la SAVAK [la agencia de inteligencia de Irán durante el gobierno del Sha] tenía bajo vigilancia a todo el mundo. Existía un ambiente de terror. Cuando nuestro querido Imán [el Ayatolá Ruhollah Khomeini, fundador de la revolución iraní] dijo que era necesario derrocar el régimen, muchos de los que afirmaban estar políticamente bien informados dijeron que no era posible. Todos los gobiernos corruptos estaban a favor del régimen cuando el Imán Khomeini comenzó su movimiento.[Todos los países, tanto de Occidente como de Oriente, apoyaban al régimen, incluso después de la matanza del 7 de septiembre de 1978] y dijeron que la eliminación del régimen no era posible. Pero nuestro pueblo resistió y ya hace 27 años que sobrevivimos sin un régimen sumiso a Estados Unidos. La tiranía que ejercen el Este y el Oeste sobre el mundo debe llegar a su fin, pero los débiles que no ven más allá de sus narices no pueden creerlo. ¿Quién hubiera podido imaginar que un día seríamos testigos del derrumbe del imperio oriental? Pero nosotros fuimos testigos vivientes de su caída.
»Y se derrumbó hasta tal punto que para estudiarlo tenemos que buscar en las bibliotecas, porque no ha quedado absolutamente ningún rastro de él. El Imán [Khomeini] dijo que era necesario deponer a Sadam, decía que se debilitaría hasta un punto inimaginable. Hoy, como pueden ver, ese hombre que hace apenas diez años hablaba con tal arrogancia que se hubiera podido creer que era inmortal, está siendo juzgado en su propio país, atado de pies y manos [o aquellos que creía que lo apoyaban y también por aquellos con cuyo apoyo perpetró sus crímenes]. Nuestro querido Imán dijo que el régimen de ocupación debía ser borrado del mapa y sus palabras fueron muy sabias. No podemos transigir en lo que respecta a la cuestión Palestina. Es posible crear un nuevo frente en el corazón de un antiguo frente.
»Esto sería una derrota y todo el que acepte la legitimidad de este régimen [Israel] de hecho ha firmado la derrota del mundo islámico. Nuestro querido Imán, en su combate, tenía en el punto de mira el corazón del opresor del mundo, es decir, el régimen de ocupación. No tengo la menor duda de que la nueva ola que se levantó en Palestina, y de la cual somos testigos en el mundo islámico, eliminará también esa vergonzosa mancha [en el rostro] del mundo musulmán.» (véase www.nytimes.com , basado en una publicación de la Agencia de Noticias de Estudiantes Iraníes ( ISNA por sus siglas en inglés). Los comentarios incluidos por el New York Times están entre corchetes.
Ahora queda claro: los medios han manipulado las declaraciones del presidente iraní. El Presidente de Irán presagia la eliminación de los regímenes que controlan el poder en Israel y en EEUU como el posible objetivo para el futuro. Eso es correcto. Pero nunca exige la eliminación o la aniquilación de Israel.”
Bibliografía
- Galdón, Gabriel (2001) Introducción a la comunicación y a la información. Ariel: España
- Reig, Ramón (2004) Dioses y diablos mediáticos. Cómo manipula el Poder a través de los medios de comunicación. Urano: Barcelona
- Roitman Rosenmann, Marcos (2007) Las razones de la democracia en América Latina. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana
- Susz, Pedro (2005) La diversidad asediada. Plural: Bolivia
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Ver una reseña del libro, por Frédérique Langue











