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La retórica suicida de ?los recursos?

por joseleon71 @ Viernes, 02. Mayo, 2008 - 09:54:45 pm

…como Ibrahim dice, todo gira, todo rota, la energía proviene de ahí, nada escapa a este principio. Nada vive o se mueve al margen del magnetismo, ni en el pasado ni en el futuro, y nuestro porvenir como especie depende de que comprendamos a tiempo esto.”
César Chirinos (2005) De las mías de mío caribe. Monte Ávila, Caracas

A la luz del planeta, hablar de las riquezas de América del Sur en minerales, agua, bosques y petróleo resulta inconsecuente y muy peligroso. Se podría decir que por ser vistos así, como recursos, es por lo que el planeta está como está. El calentamiento global tiene vinculaciones directas con las emisiones de CO2, es decir las que se producen por combustión, por la explotación de minerales fósiles, por energía vinculada fundamentalmente al petróleo. Eso y la deforestación y los niveles alarmantes de desertificación, aparte de la polución y la contaminación de aguas subterráneas, ríos y mares, conforman un escenario que debería invitarnos al menos a la reconsideración –profunda, seria- de nuestra civilización, cuando menos del modelo de desarrollo. Para decirlo de otro modo, el desarrollo que conocemos (y que lideran los del G8 más China) está sostenido sobre los recursos que según abundan en América del Sur, pero también en el Oriente medio, y en África. Algunos se han detenido a superponer dos mapas y el resultado es interesante: donde hay conflictos armados de alta o baja intensidad, hay recursos o son el camino expedito a los mismos. Las bases de EEUU, país interesadísimo en controlar los recursos del mundo, están esparcidas por todo el planeta con objetivos militares que se confunden con objetivos geopolíticos y económicos, en el marco de la globalización del mercado controlado por las corporaciones, por los trust económicos y financieros.
De modo que, hablar de riqueza cuando se habla de estos recursos, es hablar (ojalá no sea remedar) la retórica que han impuesto intereses contrarios a la existencia de la vida misma en el planeta. Es obvio que sin bosques, sin agua, sin ríos, la vida no será posible, y que los niveles de contaminación que genera la industria petrolera y carbonífera son tan altos que el mundo posiblemente se agote antes que el petróleo.
Así las cosas, no escucho sino preocupado eso de los “recursos”. Ahora bien, “defender” los recursos sí es otra cosa, pero no exactamente, por ejemplo, de Exxon Mobil, que también, sino defenderlos del modelo de desarrollo impuesto por Occidente a partir del siglo XVIII fundamentalmente y acelerado en el siglo XX hasta un punto apenas atisbado por los futuristas italianos, acompañantes de Mussolini, por cierto. De lo que se trata pues, es de defender los recursos y con ellos al planeta. De alguna manera protegerlos de una explotación insensata, estrictamente irracional. Porque no puede ser racional cortar la rama del árbol donde estamos sentados, para decirlo con una imagen desarrollada por Hinkelammert. Defender los recursos de la voracidad de occidente, de los EEUU, insaciables, ha de ser una apuesta de los latinoamericanos, pero no podemos sino perdernos definitivamente si los protegemos de esa explotación para explotarlos nosotros, como si fuera posible explotarlos de otra manera (independientemente claro está, de los frutos e ingresos económicos por concepto de explotación, que "nacionalizados" o administrados soberanamente por el Estado, cuando éste tiene intenciones de administrarlos como recursos públicos y no sirviendo de policía a intereses privados, inciden en la calidad de vida de la población, dignificándola -a corto y mediano plazo-, que al largo, pues... en las mismas quedamos.)
Debemos defender nuestros recursos, no por ser recursos sino porque son la base de la vida, porque su explotación irracional, como la llevada a cabo por occidente, acaba la vida y con la posibilidad de toda vida. En sentido estricto no son recursos. Y por eso mismo, debemos evitar que caigan en manos de quienes así los tratan, y de quienes no tienen en mente sino su explotación con fines puramente económicos (aunque esa economía niega la raíz de la palabra, pues en griego oiko-nomia, era «la administración de la casa») a corto plazo.
Pienso con todo, que estamos en un momento de transición. El petróleo puede ser útil para mover las estancadas economías latinoamericanas, para darle sentido y alguna seguridad a la población joven que arriesga la vida como emigrante o en maquilas, esa neo esclavitud que llaman “trabajo”. La energía puede ayudar a los gobiernos a mover un aparato productivo autónomo, de cara a su población y para su beneficio. Pero sin recursos energéticos o sin capacidad técnica e industrial para explotarlos, es obvio que pasarán a manos y arcas extranjeras. Pero ello no puede ser asumido sino como transición mientras creamos fuentes de energía que hagan sustentable la vida en el planeta.
Cuando esto se dice, no falta quien que afirme –muy razonablemente según le parece, pero sin ver ante sus narices el disparate- que no es “económicamente rentable”, que la solar, eólica o marítima, por nombrar algunas, no son factibles por ser muy costosas. La irracionalidad salta a la vista, pero no son pocos los ciegos. Producir energía sustentable no puede definitivamente ser más caro que acabar con la vida en el planeta.
Entiendo pues la explotación de los "recursos" como transición, como un mecanismo para crear condiciones y bases para economías endógenas, propias, realmente re-productivas. Cuando hablo de economías propias hablo de economías a escala de país, a la escala de sus habitantes, sin exclusiones ni discriminaciones, contempladora de sus necesidades, no a la escala global que supone el capitalismo, que niega a los habitantes y por supuesto no puede atender sus necesidades al tiempo que los contabiliza como mano de obra barata (y mejor cada vez más barata) o como consumidores (por cierto, una cosa tiende a excluir la otra, como lo saben las trabajadoras de Malasia o Nicaragua.) No hablo tampoco de en-cerrarnos sino de economías que comparten escaseces, necesidades y que buscan en un marco de comprensión y diálogo complementación, no intercambio -siempre asimétrico y por definición injusto porque si no no hay negocio y si no hay negocio dónde está la gracia- de excedentes. Al capitalismo no le interesan las necesidades humanas, sino la libre circulación de capital. Que este circule sin trabas y si por un azar ciego satisface alguna necesidad pues viva Dios.) No entiende de necesidades sino de privilegios que deben ser salvaguardados con leyes que cerquen y electrifiquen sus sacrosantas propiedades, avenidas de despojos, de rapiñas que la historia (la contada por los mismos que escribieron las leyes) y no la razón explican y justifican.
Pensar que se pueden explotar indefinidamente los recursos es un postulado capitalista sin fundamento. Y esperar a que se agoten para cambiar, un suicidio.
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Ver:
Se ha exagerado el calentamiento global . No hay suficiente petróleo, gas natural y carbón