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Archivos de: Abríl 2008, 18

Déjà vu

por joseleon71 @ Viernes, 18. Abr, 2008 - 03:25:20 pm

Se abre o cierra una puerta en el sueño y el sonido de la puerta en la realidad nos despierta: alguien entra o sale, o fue el viento, o fue en otro cuarto, en otra habitación. Esto último complica las cosas, sin duda. Porque la pregunta que cabe, una de las tantas, es ¿cómo ocurre que las dos puertas se acompasen?, ¿cómo ocurre que sean la misma puerta, o el mismo sonido? Para que eso ocurra es evidente (si cabe la evidencia) que el sueño nos permite pre-ver lo que está o estaba por ocurrir, en el caso del ejemplo, que la puerta se iba a abrir o a cerrar y esta acción iba a producir un ruido que sería el de despertar, abruptamente. (Hablé hace un momento de una dificultad si la puerta estaba en otra habitación, es decir fuera de la vista del durmiente; dificultad que amerita administrar nociones de cuerpo astral, por ejemplo, de las que carecemos ostensiblemente).
Esto es lo evidente, es decir lo inaceptable. Otra posibilidad, menos plausible pero más hermosa, es que recreamos en el sueño la escena de la puerta (en cualquier caso el escenario) simultáneamente al ruido. Suena la puerta, pero en el momento (en ese mismo instante y lo que dura el sonido y el despertar) soñamos la puerta que se abre o cierra, el lugar y –he aquí lo excepcional- el sentido de su cerrar o abrirse. Porque a todas estas, resulta que la acción en el sueño tiene sentido, tiene un contexto, y por lo que entendemos en esta chata realidad, para que el sentido pueda ser necesita tiempo. De modo que, el escenario de la puerta en el sueño requiere de una escena, una composición de actos y de actores, y todos sabemos que el sueño puede ser lo que sea, pero siempre todo cuanto en él ocurre es plausible. El sueño es relatable y por lo tanto se compone de unidades de tiempo que, si desarrollamos la hipótesis propuesta, se compondría de unidades íngrimas, imponderables, pero al fin y al cabo, medibles, duraderas. En todo caso, experimentamos su duración.
Otra solución: acontece que soñamos la escena y el escenario, en un instante (lo que dura el abrir o cerrar la puerta de la realidad con estruendo), pero, al regresar o al despertar, lo que fue un golpe o duró un instante, se relata -para nuestros adentros o en murmurante y pesada voz, con la baba de la noche escurriéndose por entre las comisuras del amanecer- en unidades de tiempo secuencial, un evento tras otro, como nos tiene acostumbrados la prosaica realidad.


 
 

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