Búsqueda blog.com.es

sobre mí

joseleon71

joseleon71

Calendario

<<  <  Marzo 2008  >  >>
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31

Últimos comentarios

Subscribirse por correo

Puedes recibir los posts de este blog por correo.

Archivos de: Marzo 2008, 20

Desarrollo y Planificación

por joseleon71 @ Jueves, 20. Mar, 2008 - 11:52:07 pm

Clase inaugural del 1 de marzo de 2008
Del Programa de Estudios Avanzados en Estudios Estratégicos para el Desarrollo
De la Universidad Bolivariana de Venezuela, sede Zulia

Por el Dr. Alexis Romero

Desarrollo y Planificación
El papel de las intersubjetividades

(Transcripción)
______________________________________

“Por eso, a mi juicio, a pesar de la diferencia entre la perspectiva científica y la perspectiva crítica en revolución y en su actualización en el ejercicio gubernamental es posible encontrar una coincidencia básica, el interés por la creciente racionalización de la vida social. Vale decir, la necesidad de inducir el cambio desde el Estado y la valoración del papel de la planificación como instrumento privilegiado al respecto.”

“Lo primero que se considera en la perspectiva crítica entonces, es que los países de América Latina se hallan insertos en el sistema capitalista mundial y por lo tanto no es posible comprender los fenómenos que en ellos ocurren sin referirlos a las leyes fundamentales del capitalismo. Y ese es el elemento esencial de su esquema, la inserción de las sociedades latinoamericanas en el sistema capitalista mundial”

“Yo tengo la convicción de que es necesario adelantar la construcción de un modelo cualitativo de planificación que incluya también variables de las dimensiones socioculturales y socio-sicológicas. Asumiendo que tales dimensiones vinculadas a la subjetividad social son los aspectos más dinámicos, a continuación presento algunas ideas en torno a su naturaleza.”

“Es necesario que en la planificación el complejo tejido cultural de variedades de mundos de vida constituidos en relación con culturas indígenas, con occidentales, africanas y orientales, sea, más que una referencia teórica, una entidad cuyas expresiones y manifestaciones definen cada una de las fases del proceso planificador.”

“La planificación, si se plantea la captura de la subjetividad de la sociedad en la que opera tiene que comprometerse con la descripción y análisis de la identidad social o cultural nacional, regional o local, puesto que podría propiciar la anticipación de la solución de conflictos y proponer reformas.”

______________________________________

He venido hoy a reunirme con ustedes para expresarles mi congratulación por la instalación de este importante curso de postgrado y además para reflexionar acerca de algunos aspectos relacionados con su tema de interés como Programa de Estudios Avanzados en Ciencias para el Desarrollo Estratégico, reflexiones que he recogido en esta presentación a la cual le he colocado el título de Desarrollo y Planificación en el papel de las intersubjetividades.
No obstante la variedad de concepciones y los recortes producidos en cada disciplina, el tema central en las ciencias sociales siempre ha sido y continúa siendo el del desarrollo. Así, con una gran diversidad de objetivos y métodos, todas se han ocupado del análisis, del cambio y del desarrollo. Cada una de ellas considera centrales ciertos aspectos sobre los cuales reflexionan los distintos autores que participan de esa orientación. Sin embargo, puede observarse bastante coincidencia en torno a cuáles son los problemas por grandes que sean las diferencias sobre su significado.
Resulta útil exponer los elementos fundamentales de las posturas académicas aparentemente más contrapuestas, que desde siempre han sido conocidas en la sociología como perspectiva científica y perspectiva crítica. Esta es una separación tan vigente que aún nosotros en la Asociación Latinoamericana de Sociología nos agrupamos alrededor de lo que hemos dado en llamar el pensamiento crítico latinoamericano.
Claro que al interior de cada concepción se han producido innumerables desarrollos teóricos y metodológicos y mucho apropiamiento masivo organizado, pero el esquema básico de explicación es el mismo.
Por ejemplo, en la denominada perspectiva científica el cambio que se llama desarrollo se asume como un fenómeno total y se considera el crecimiento económico como lo principal. Entonces, el desarrollo económico es un proceso orientado a la expansión constante de la capacidad productiva de un orden social. Para decirlo en palabras de uno de los principales representantes “el desarrollo económico es un proceso continuado cuyo mecanismo esencial consiste en la aplicación reiterada del excedente de nuevas inversiones y que tiene como resultado una explosión así mismo incesante de la unidad productiva de la que se trate. Esa unidad puede ser, desde luego, una sociedad entera.” Por eso, habría que ocuparse de estudiar los factores sociales del crecimiento económico, es decir las condiciones que lo favorecen y los obstáculos que lo dificultan. Se trata de señalar algunos elementos de valor estratégico sobre los que sea posible actuar para acelerar el proceso de desarrollo.
Esos factores que tienen carácter dinámico son, en primer lugar la orientación económica, la capacidad ejecutiva, la capacidad directiva y la movilidad social. Las transformaciones en la estructura social, según la orientación científica, requieren cambios en la sociedad política y también los produce. Por lo tanto, el desarrollo político y el Estado juegan un importante papel en el impulso de la racionalización creciente del cambio, inducido a través de la planificación.
Por otro lado, la perspectiva crítica postula la integración de las ciencias sociales y la historia, desde la concepción materialista dialéctica asume la historia como un proceso resultante de la praxis del hombre que, para dar satisfacción a sus necesidades actúa sobre su entorno produciendo y reproduciendo las condiciones de su existencia. Pero, los hombres hacen su propia historia en circunstancias dadas, preestablecidas y trasmitidas. Por eso esta perspectiva se centra en el análisis del funcionamiento de las sociedades específicas en determinadas condiciones particulares, y en la caracterización de grupos sociales específicos que controlan las decisiones fundamentales sobre la producción y el consumo.
Lo primero que se considera en la perspectiva crítica entonces, es que los países de América Latina se hallan insertos en el sistema capitalista mundial y por lo tanto no es posible comprender los fenómenos que en ellos ocurren sin referirlos a las leyes fundamentales del capitalismo. Y ese es el elemento esencial de su esquema, la inserción de las sociedades latinoamericanas en el sistema capitalista mundial. De modo que en la perspectiva crítica el tema político y el papel del Estado también se tornan cruciales pues se trata de determinar cuales son las condiciones para la transformación. Por eso, a mi juicio, a pesar de la diferencia entre la perspectiva científica y la perspectiva crítica, en revolución y en su actualización en el ejercicio gubernamental es posible encontrar una coincidencia básica, el interés por la creciente racionalización de la vida social. Vale decir, la necesidad de inducir el cambio desde el Estado y la valoración del papel de la planificación como instrumento privilegiado al respecto.
El problema aparece cuando en la práctica planificadora al intentar racionalizar la vida social, quedan al margen importantes elementos de una subjetividad o intersubetividad que se expresa en singulares expectativas, motivaciones, identidades, representaciones y hasta temores. La indiferencia ante estos elementos ubicados en la esfera cultura, hacen a la planificación ineficiente, ineficaz e inútil al quedar reducida a una formalidad en la cual se involucran importantes recursos humanos y materiales.
Veamos las cosas en detalle.
El origen de la planificación está vinculado a la satisfacción de las necesidades sociales eligiendo entre recursos escasos, y por lo tanto casi siempre se ubica en el campo de las decisiones económicas y asociada a variables de esta naturaleza como la producción, la distribución. la inversión y el consumo. En este contexto la función de la planificación se concreta básicamente en el proceso de acumulación, destacándose de esa forma la importancia del Estado como ente planificador.
En América Latina la convicción era que la planificación constituía básicamente un instrumento del desarrollo económico. Por ello se le señaló como propósito casi exclusivo el estímulo al crecimiento y la ordenación de la inversión de capitales. El asunto quedó reducido a una relación entre inversión y producción. La planificación fue asumida como una técnica a través de la cual se señalan soluciones alternativas, entre las cuales las autoridades gubernamentales seleccionan, así la actividad planificadora se satisface en la medida en que puede ofrecer elementos de juicio para la toma de decisiones, sin tomar ella misma partido. Esta neutralidad exige la exaltación de la objetividad y el rechazo de los elementos subjetivos que podrían desvalorizar el trabajo del planificador. Por ello lo social no aparecía por ningún lado, ni siquiera en términos de variables complementarias. El enfoque planificador no parecía interesado en la definición de un tipo específico de sociedad, ni en aspectos particulares de lo social.
Se pretendía estar en coherencia con la racionalidad científica que abandona los valores mediante operaciones neutras, garantes de la objetividad, porque la consideración de las dimensiones socioculturales, sociopolíticas y socio-sicológicas enturbiarían el proceso y lo tornarían subjetivo.

¿Cómo comienza en América Latina el interés por los problemas sociales?
Ya para la primera fase de institucionalización de la planificación en América Latina la sociología llama la atención acerca de las consecuencias del predominio de la orientación economicista. En esa línea de pensamiento se mantuvo entre otros el sociólogo brasileño Floristán Fernández para quien el desarrollo dependía del cambio radical de la estructura sociocultural del hombre latinoamericano, lo cual se concretaría en la internalización de la idea de que no hay transformación posible sin unas disposiciones colectivas para el cambio: “El llamado umbral del desarrollo sólo podrá ser alcanzado desde el punto de vista sociológico en las condiciones en que se encuentran los países latinoamericanos cuando estas disposiciones tomen por objeto el orden social vigente”.
La intervención planificadora se justifica como parte de una reconstrucción social global porque Fernández entendía que la planificación es simultáneamente un instrumento y una expresión del cambio profundo que afecta a todas las esferas de la sociedad. Lamentablemente, este planteamiento no encontró mucho eco en las agencias gubernamentales de planificación cuyos funcionarios no captaron que solamente es posible intervenir el doble movimiento del proceso civilizador y el del proceso social en la medida en que se obtiene éxito en lo atinente al otro proceso, el proceso cultural, en el cual se expresan las preferencias y la libertad del hombre, porque hay la necesidad de examinar las implicaciones dentro del esquema de valores de la sociedad para el cumplimiento de la función económica.

¿Cuáles han sido los intentos más recientes por superar el economicismo en la planificación?
La consideración de las necesidades sociales se planteó inicialmente en términos del desarrollo de planes sectoriales que se creía podrían contribuir con el propósito fundamental del crecimiento del producto por habitante. Se comenzó a hablar de planificación integral al referirse a dos situaciones. Una, en la cual los objetivos sociales simplemente se agregan a los objetivos económicos. Y otra, donde la idea es que los objetivos económicos vienen subordinados a los sociales. En cualquier caso, la ampliación de los objetivos significaría el asumir la planificación como un mecanismo y una transformación que trasciende lo económico.
La sistematización de las ideas al respecto dio lugar a dos orientaciones esencialmente distintas, por un lado el llamado enfoque unificado y por el otro, la planificación estratégica. La primera orientación, la del enfoque unificado, era apoyada en la convicción de que el crecimiento económico no puede ser identificado con el desarrollo propiamente dicho, tal como se sostuvo en la reunión de la CEPAL en Quito de 1973: “El desarrollo integral no puede obtenerse mediante esfuerzos parciales en ciertos sectores de la economía o del sistema social, sino a través de un avance conjunto en todas los aspectos”. Es sumamente difícil realizar una evaluación del proceso de desarrollo definido en esa forma ya que no basta con referirse a uno o varios indicadores sino que es preciso apreciar en qué medida el avance conjunto en todos los sectores está promoviendo un nuevo tipo de sociedad, orientada hacia el rápido desarrollo humano. No obstante el propósito anunciado, con el enfoque unificado no se logró disolver en la práctica el predominio de los objetivos económicos.
Por otro lado, la planificación estratégica se propuso operar en un contexto de incertidumbre donde nada es predecible y donde predominan los problemas no procesados. En esa situación se requiere, luego de seleccionar los problemas, de un análisis estratégico político que permita construir la viabilidad a las soluciones posibles.
La aceptación de la existencia de oposición entre actores, la utilización de la noción de situación, y la consideración de la capacidad de los actores para producir hechos políticos, económicos, sociales, constituyen aspectos importantes de la obra de Carlos Matus, tal vez el representante principal de la planificación estratégica.
Esos elementos expresan en el plano teórico el desplazamiento de una normatividad técnico económica por una normatividad política. De modo, que también en este enfoque de la planificación estratégica, la planificación sigue siendo concebida como un instrumento de la razón para organizar el progreso, como una herramienta de racionalidad técnica. Eso, independientemente de la consideración de la dimensión política, puesto que las conductas de los hombres en las organizaciones no se concreta sólo con apego al cálculo económico, pero tampoco de acuerdo al interés político.
Es necesario entonces un modelo cualitativo de planificación que relacione variables de distinta naturaleza. Los modelos analíticos utilizados hasta ahora examinan las variables dejando de lado las relaciones que existen entre ellas. Los modelos cualitativos por el contrario, persiguen determinar tales relaciones basándose en un minucioso estudio del conocimiento empírico y su generalización en un nivel superior de abstracción.
Yo tengo la convicción de que es necesario adelantar la construcción de un modelo cualitativo de planificación que incluya también variables de las dimensiones socioculturales y socio-sicológicas. Asumiendo que tales dimensiones vinculadas a la subjetividad social son los aspectos más dinámicos, a continuación presento algunas ideas en torno a su naturaleza.
Refiriéndome a la naturaleza de un modelo cualitativo de planificación. El primer aspecto a considerar es la diversidad y la heterogeneidad estructural que constituyen el contexto de la subjetividad latinoamericana. Necesariamente, el reconocimiento de la heterogeneidad de la sociedad latinoamericana tiene que estar acompañado por la aceptación de que no existe en ella una cultura de diversidad. Es necesario que en la planificación el complejo tejido cultural de variedades de mundos de vida constituidos en relación con culturas indígenas, con occidentales, africanas y orientales, sea, más que una referencia teórica, una entidad cuyas expresiones y manifestaciones definen cada una de las fases del proceso planificador. Ello es demasiado importante sobre todo en la situación que refiere Fernando Calderón como característica de la cotidianidad latinoamericana: “La misma noción de individuo es culturalmente ambivalente y la ciudadanía no acaba de plasmarse ni como un valor central ni como un sistema institucional legítimo.” En esa situación, el otro no existe lo cual libera de compromisos sociales. No existe realmente el individuo ni la comunidad, ni se da el ejercicio de la razón moderna, lo cual tiene importantes repercusiones. Por eso hoy en la planificación tiene que producirse la aceptación de la existencia predominante de una subjetividad latinoamericana surgida de la historia del mestizaje, en la que se aprendió a negar al otro, y más recientemente de las aspiraciones desarrollistas de nuestras élites.
Por otro lado, las referencias a la diversidad cultural latinoamericana tienen que realizarse en consideración al enfoque de la heterogeneidad estructural, que abarca la homogeneización y la heterogeneidad cultural. El proceso globalizado opera por el método de la imposición de los valores y símbolos de la civilización occidental. A través de él se internaliza una racionalidad técnico instrumental cuya validez no se discute en tanto se asume que sólo mediante ella es posible el desarrollo. Las particulares formas de convivencia e interacción, además de las lenguas, creencias y hábitos propios, constituyen la heterogeneidad cultural. En general, se había referido a grupos étnicos y a las llamadas culturas subalternas. Más recientemente, de la inmigración, de la organización urbana y vecinal, y de la informalidad han derivado nuevos modos culturales que obligan a una ampliación de la categoría. La planificación no puede olvidar pues, que la diversidad y la heterogeneidad estructural constituyen el marco de la subjetividad latinoamericana y definen su naturaleza.

Veamos ahora algunas expresiones de la subjetividad social. Puesto que el propósito de la planificación no era trascender la dimensión económica, no profundizó acerca de las entidades en las cuales la subjetividad social se manifiesta, pero la definición de los rasgos y modelos cualitativos de planificación exige el tratamiento del asunto.
Varios enfoques han sido desarrollados con miras a capturar los elementos constitutivos de la subjetividad social, básicamente desde una perspectiva que se ha llamado psicología social sociológica que, como dice María Auxiliadora Banchs “Se plantea la reciprocidad entre el individuo y la sociedad, y tiene como objeto fundamental más que estudiar lo que sucede dentro de un individuo, estudiar lo que sucede en la interacción social”. En el marco del interaccionalismo simbólico, corriente para la cual actitudes y expectativas correspondientes a los roles no determinan la conducta del hombre, más bien esta conducta es el resultado de un proceso en el cual la persona interactúa con los demás y consigo misma.
A mi juicio, los enfoques de las interactividades sociales y de las representaciones sociales, asociadas al interaccionismo simbólico serían herramientas útiles para la planificación.

Veamos lo que corresponde a la identidad social y cultural. Ciertamente, el análisis de la identidad ha sido abordado desde diferentes disciplinas, desde el punto de vista de la sicología social que ubica al hombre dentro de los grupos sociales, lo que se destaca en la naturaleza subjetiva de la identidad, cuando se expresa cabalmente la naturaleza objetiva pero que influye fuertemente en el comportamiento humano.
Desde la sociología y la antropología, la identidad es asumida como un sistema simbólico producido socialmente, por lo tanto no heredado. Así mismo, se trata de una construcción de actores sociales específicos que consciente o inconscientemente seleccionan y recrean elementos culturales. En tanto estos actores ocupan determinadas posiciones sociales o ideológicas, el proceso puede provocar conflictos y tensiones. La movilización de grupos étnicos, de sectores populares y hasta de naciones enteras generalmente se ha producido apelando a las identidades. Igual ha sucedido con cambios sociales políticos a los cuales alguna identidad les ha dado sentido. Ello ha sido posible gracias al proceso de etiquetamiento que es un aspecto fundamental en la construcción de identidades. Algunas etiquetas pueden tener connotaciones positivas y pueden convertirse en factores movilizadores en un sentido positivo, pueden ser elementos constituyentes de una conciencia social recién adquirida o fortalecida y ser de gran importancia en el plano de la política.
La planificación, si se plantea la captura de la subjetividad de la sociedad en la que opera tiene que comprometerse con la descripción y análisis de la identidad social o cultural nacional, regional o local, puesto que podría propiciar la anticipación de la solución de conflictos y proponer reformas.

En cuanto a las representaciones sociales. Las representaciones sociales son formas de conocimiento práctico que les sirven a los individuos para desenvolverse en su medio. Por lo tanto se definen por las condiciones de este medio, constituyendo entonces un modo de pensamiento social. Por lo tanto, están localizadas en el terreno de la ideología y de las intersubjetividades, pudiendo reproducir o cuestionar la situación social. De esta manera en términos de significados sociales las representaciones expresan estructuras sociales concretas. En nuestro caso, sociedades capitalistas periféricas. Así podrán ser asumidas con un sentido común útil al interés de sectores sociales específicos, pues generalmente justifican la situación de dominación. Pero el asunto no es tan simple, habría que considerar la fuerza movilizadora de las representaciones sociales, que es una construcción y una condición para los procesos de cambios sociales.
Consideremos por ejemplo objetos de representación social como el impacto de las medidas de ajuste de 1989, el aumento del precio de la gasolina, recuérdese también los acontecimientos del 27 y 28 de febrero de 1989, el comportamiento del pueblo durante el golpe de estado de abril de 2002, o el “paro petrolero”. De modo que la planificación como disciplina de intervención podría hacerse desde la perspectiva de las representaciones sociales para penetrar en una subjetividad social que tal vez determine o por lo menos condicione las transformaciones que se desean. Las dimensiones sociales, culturales, socio-sicológicas de la vida social, tienen que ser necesariamente tomadas en cuenta porque ahora el plan tiene que determinar intersecciones e intereses, pero también porque los individuos que forman la población hacia la cual se vierte el plan tiene determinadas expectativas, identidades, representaciones, esperanzas y hasta temores, que son algo más que la ideología a la que normalmente se hace referencia en la planificación. Muchas gracias.


 
 

El amor

por joseleon71 @ Jueves, 20. Mar, 2008 - 07:13:12 am

Tomado del libro de Michel Hardt y Antonio Negri (2007)
Multitud
Debate. Editorial Random House Mondadori

“Uno de los errores más graves que cometen los teóricos de la política es el de considerar el poder constituyente como un acto puramente político y separado del ser social existente, mera creatividad irracional, el punto oscuro de no se sabe qué expresión violenta del poder. Carl Schmit, como todos los pensadores fascistas y reaccionarios de los siglos XIX y XX, siempre trató de exorcizar así el poder constituyente, con un estremecimiento de miedo. Sin embargo, el poder constituyente es otra cosa totalmente distinta: es una decisión que surge del proceso ontológico y social productivo; es una forma institucional que desarrolla un contenido común; es un despliegue de fuerza que defiende el avance histórico de la emancipación y la liberación; es, en resumen, un acto de amor.
Nos parece que hoy día sea posible entender el amor como concepto político, aunque sea precisamente un concepto del amor lo que necesitamos para comprender el poder constituyente de la multitud. El concepto moderno del amor queda reducido, casi en exclusiva, al ámbito de la pareja burguesa y a los confines claustrofóbicos de la familia nuclear. El amor se ha convertido en un asunto estrictamente privado. Necesitamos un concepto del amor más generoso y menos restrictivo. Necesitamos recuperar la concepción pública y política del amor, común a las tradiciones premodernas. El cristianismo y el judaísmo, por ejemplo, conciben el amor como un acto político que construye la multitud. Amar significa exactamente que nuestros encuentros expansivos y continuas colaboraciones nos proporcionan el goce. No hay nada necesariamente metafísico en el amor a Dios de los cristianos y los judíos: tanto el amor de Dios hacia la humanidad como de la humanidad por Dios se expresan y encarnan en el proyecto político material común de la multitud. Debemos recuperar hoy este sentido material y político del amor, un amor que es tan fuerte como la muerte. Esto no significa que uno no pueda amar a su mujer, a su madre y a sus hijos; significa únicamente que su amor no termina ahí, sino que sirve de base para nuestros proyectos políticos comunes y para la construcción de una nueva sociedad. Sin ese amor, no somos nada” (398-399)

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.