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Archivos de: Enero 2008

¿Adónde estamos huyendo?

por joseleon71 @ Martes, 29. Ene, 2008 - 03:32:34 am

Ver: Sólo es irreal lo que se puede medir
Tiempo y Poder

Texto de
Leonardo Boff*

Tomado de Adital-

Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?
La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros. Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior. En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía satélite. La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas. Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro, teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca antes, "el tiempo es oro".
Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que tiene sus tempos y sus ciclos. El impacto no es menor sobre las mentes de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.
¿Vale la pena esta carrera imparable? ¿Hacia dónde estamos huyendo?
¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados precozmente envejecidos, o simplemente atrasados. Lo cual puede ocurrir incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser países emergentes.
¿Adónde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente, pasa despacio, o acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.
Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta... El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.
Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.
Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar... hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran...
¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.


 
 

Levantamos juntos una casa

por joseleon71 @ Domingo, 27. Ene, 2008 - 07:56:27 am

Corintios 13

Levantamos juntos una casa
con vigías que en la tierra son eternos

A las piedras muy grandes
las someten al frío y al calor
y se quiebran
Los pedazos se tornan manejables
Un niño puede cargar pequeños bloques

A los ojos de Dios una montaña es tan grande
como la piedra que cabe en mi mano
Con ella hicimos una casa

A los ojos de Dios no importa
que la casa quede vacía

_____________________________

Al lado de la jaula de los pájaros
el paño de la noche

De día un paño, sólo un paño

_____________________________

Las cosas eran por ti, sin ti no hay cosas
He preparado un plato exquisito
Para Dios y las moscas

_____________________________

Ojos tan desvariados los del hombre solo
a donde mira nada y nada lo que mira

Ese jarrón con flores y sin flores
que no importa el color
que no tienen

Flores traslúcidas que la luz atraviesa
y no se detiene

La luz cuando el hombre está solo
Pasa de ráfaga y todo lo oscurece

_____________________________

No tiene tiempo y lo tiene todo
no ve cuando acabársele
pues no tiene tiempo

El tiempo es para el cuerpo
Dios no tiene tiempo

El hombre solo está en guerra con Dios

Demasiado tiempo sin cuerpo
sin Dios ni cuerpo para el tiempo

PADRE
POR QUÉ ME HAS ABANDONADO

Dios
es el cuerpo del hombre solo

Sobre los problemas

por joseleon71 @ Viernes, 25. Ene, 2008 - 08:46:55 am

El misterio regula todo acceso a la verdad
Rafael Lara-Martínez

A Juan Carlos Sotillo

edipo_little Puede resultar extraño pero no recuerdo haber manifestado alguna vez, en una institución u organización en la que me encontrase, estar en problemas o tener problemas. Escribo esto porque, al contrario, tal vez lo más común es que no dejemos de escuchar diariamente expresiones que contengan diversos grados de argumentos problemáticos, para llamarlos de algún modo. El asunto es que cuando escucho que alguien afirma cosas por el estilo de “observamos en la institución muchos problemas”, y de seguidas profiere una enumeración -a veces- caótica (expresada regularmente no por escrito sino de vivísima voz) de los “problemas”, observo no esos problemas sino el problema de expresarse de ese particular modo; sobre este problema es que voy a pronunciarme sotto voce, per escriptum viam. Procedo. Quien enuncia que los problemas existen no se precave (o sí, depende de la conciencia y de las ansias) de que sólo existen para él. Los problemas son sólo nuestros, no de todos, por la sencilla razón de que opera un elemental sentido de las perspectivas. Cada quien observa los problemas desde su única y distinta posición. Esto elemental se estrella contra el entendido general de que en efecto el “problema” cuando lo es nos afecta a todos. Mas lo cierto, pero se nos escapa (porque es más fácil cerrar que abrir, al cerrar –los ojos, las puertas, la razón- nos damos la ilusión de que el peligro se aleja), es que el “problema” denunciado es sólo un aspecto de una serie continua de situaciones problemáticas, complejas, plurales, multifactoriales, en las que estamos ciertamente inmersos todos, imposible de manejar desde un solo punto de vista, por lo que requieren lo que se dice el concurso de todas las miradas posibles. Lo denunciado es sólo un aspecto del problema y acaso no de ese general, total y verdadero problema, sino ese asunto que nos preocupa en particular y que queremos hacer total, hacerlo extensivo a todos. El asunto que observo es que quien enuncia que existe tal o cual problema lo hace no desde el conocimiento del mismo (de su solución ni hablar), sino desde una instancia de poder inaugurada por su manifestada y evidenciada denuncia. Veo el problema, luego existo (existe lo que yo veo, como aquel le dio existencia a lo pensado por él, ¡incluso a sí mismo!). Lo que se escapa o no se quiere reconocer o el atolladero sin más al que llegamos más o menos siempre, es que los problemas bajo esta lógica formulados no tienen solución, todo porque responden a la mirada única del enunciador de problemas, la arquetípica esfinge en espera de su Edipo. (¿Está de más afirmar a secas que los problemas no tienen solución?) Toda esfinge (al enunciador de problemas le vamos a dar este mote, aunque desborde ciertamente o sea excesivo ante la calidad de los planteamientos, acertijos y enigmas reducidos hoy a su mínima expresión, a su írrita profundidad) se distancia, se coloca en las afueras, en el límite de la razón, en un más allá donde la vida y su confusión no llegan, un lugar de preclaridad, en todo caso un claro en el bosque de las confusiones, de los embrollos. Desde esa señera distancia y altura se pronuncia no un edicto sino un enigma. Como sabemos, no es la ciudad asolada la que resuelve el enigma sino un otro individual –único- que asciende por eso mismo a rey. Asunto pues, de poder, éste de enunciar los problemas. Ahora bien, los problemas humanos no se resuelven unívocamente, como ocurre en la mitología, (bueno, la verdad es que ni ahí se solucionan, pues a la vista está y de ahí aprendimos que sólo se aplazan, que el ejercicio de la fuerza lo que logra es correr la arruga, aplazar para después la solución que no llegará jamás, pero que se empeñará en cubrir, sepultar bajo resmas de planes y proyectos.) Afirmo entre paréntesis que los problemas del poder no son los de la ciudad asolada, los problemas del Poder no son los del Pueblo. El Poder ve los problemas desde una única perspectiva –la suya-. Si otros participaran en la construcción del avistamiento del problema aparececían “problemas”, no uno sino muchos, no una solución o un conjunto de ellas, sino muchas o un conjunto de conjuntos. Cuando el Pueblo se plantee los (sus) problemas el Poder se disolverá en el todo(s). (En descargo de la propia esfinge ¿no será por eso precisamente que el enigma que le propuso a Edipo se respondiera con “el ser humano”?, ¿que la respuesta contuviera de alguna manera todas las respuestas?). Hemos visto como el provisional Edipo ascendido a rey posterga la solución del conflicto, pasada la ilusión de que su sola (alta y señera presencia) sería capaz de una absoluta solución (de ahí que el poder no solucione sino que absuelva). Desvanecido este ensueño la conflictualidad emerge y otro nuevo Edipo surge para enfrentarse cara a cara con el enigma. Como a las claras resulta que enunciar el problema es un asunto de poder, el interés (evidente) de quien enuncia el problema es tomar el poder (pero el problema por lo que hemos visto –insito- no existe y si existiera no pudiera solucionarlo. Sólo tiene solución –y existe- el problema, sería en todo caso los problemas, enunciados por todos y resueltos por todos, resolver que no se traduce en solución de continuidad sino problematización de la continuidad, manera un tanto perifrástica de nombrar la vida. Se enuncia el problema con la intención de tomar el poder, luego lo toma y todo lo demás se borra. Su problema no existe, pero tampoco puede acceder al problema de todos, negado precisamente por la absolutización de su problema, del problema visto por él. Toma pues, el poder, pero se trata de un poder absurdo, que se sostiene sobre la negación de los problemas de todos. Estamos ante la evidencia de un poder necesariamente absoluto, que devendrá -por qué no- autoritario, despoótico. La única manera de escapar a esta absolutización es renunciar al poder, esto es, renunciar a ser Edipos y Esfinges, optar por la ciudad asolada, por ser los invisibles. Está visto que el enunciador de problemas se eleva en su atalaya para suspender el transcurso del tiempo y pronunciar su secreta admonición, pretendiendo la detención del tiempo mientras desfilan por su voz los “problemas”. La esfinge no existe, pero Edipo sí. Edipo crea le esfinge y el enigma; sabe la respuesta porque el enigma es su espejo. Los problemas (enunciados desde una visible posición de poder) no existen pues la vida (para nosotros, los invisibles) es el único y verdadero problema, y la solución es vivir, vivir todos. Sólo que en esto de vivir muchas cosas se complican, sobre todo porque existen los pocos que quieren vivir a despecho de los muchos. En un planeta con cada vez menos, los pocos quieren todo, naturalmente. (Para justificar esta naturalidad volvieron natural lo que no lo era, las leyes que protegen los privilegios, por ejemplo). De ahí que cuando escucho a una esfinge no puedo dejar de ver al aspirante a rey, a Edipo.

Sólo es irreal lo que se puede medir

por joseleon71 @ Lunes, 21. Ene, 2008 - 07:21:08 pm

hopper2

(Recomendaciones inútiles para la planificación de clases)

“La realidad de lo real es una cuestión de vida o muerte (y no de la objetividad de las cosas, como se la concibe desde Descartes)”
Fraz J. Hinkelammert

“¡Apresúrate, apresúrate, pues los momentos vuelan! ¡Oh, aprisa, aprisa, valiente joven, pues los crueles cascos de nuestros caballos también se apresuran. Los momentos huyen de prisa; más rápidos son los cascos de nuestros caballos… Golpe de vista, pensamiento humano, ala de ángel, ¿cuál de éstos tenía bastante rapidez para volar entre la pregunta y la respuesta y separar la una de la otra? La luz no pisa sobre las huellas de la luz de forma más indivisible que nuestra llegada avasalladora sobre los esfuerzos del quitrín por escaparse…” (146). El fragmento corresponde al relato de Thomas de Quincey cuando narra su experiencia en un viaje nocturno en un coche a “trece millas por hora” con el conductor dormido y por el canal equivocado, enfilado contra una calesa –separada apenas de la eternidad por minuto y medio- en la que viaja a una milla por hora una pareja tiernamente ocupada. Del texto Ítalo Calvino afirma: “El relato de esos pocos segundos no ha sido aún superado, ni siquiera en la época en que la experiencia de las grandes velocidades ha llegado a ser fundamental en la vida humana” (53). Importa aquí advertir el hecho de que la velocidad, su vértigo, ingresa a la conciencia humana en época reciente, de la mano de la tecnología y la industrialización. Los caballos por supuesto alcanzaban altas velocidades antes del siglo XVIII, pero la conciencia que advierte la velocidad como un factor visible y luego predominante en la realidad, hasta determinarla, es lo que digo acá que es reciente. Y no puedo dejar de unir esto al capitalismo, y a la industrialización que comenzó a evaluar la productividad por la cantidad producida en el menor tiempo posible al más bajo costo. A la riqueza que se precisa para acumular más rápido más riqueza, más capital.

El primer producto industrial fue el reloj (“el cronómetro hace posible –dice Jacques Attali-, acompaña y acelera la revolución industrial” (151). La medición del tiempo impulsa la identificación pragmática y teórica de los conceptos “de orden, de trabajo, de producción y de dinero. Y también los de desorden, de descanso, de diversión, de consumo, se funden en una nueva designación del fin de ciclo” (170). Todo instante de no-trabajo debe existir para ganar fuerzas para el trabajo. “Es necesario desalojar la ‘vagancia obrera’ de la fábrica, en los transportes a domicilio y en la taberna’. Es necesario reducir los lugares de resistencia del obrero y, más tarde, sus asociaciones y sus sindicatos; en fin, ahí donde no pueda alcanzar la mirada del amo, confiscarle toda capacidad de controlar su tiempo y de reflexionar en él” (176). Por ello “Una vez más las pausas (el tiempo de no-trabajo, el fin de semana, las vacaciones, la noche cuando se llega del trabajo, la jubilación, etc.) se llenan con productos industriales. Desaparecen los tiempos de pausa y de comunicación del lavadero y de la vela. Aparecen los del almacenamiento y del uso, de las máquinas lavadoras y de la televisión” (219).
Recordamos estas citas porque el concepto capitalista de velocidad trae implícito el de acumulación. Se aceleran los procesos de producción al mismo tiempo que se abre paso el valor de la acumulación; acumulación de riquezas, luego acumulación de poder. Como afirma Heilbroner (1990) “el impulso de acumular riqueza es inextricable del poder, e incomprensible si no es como forma de poder (…) El capitalismo es el régimen del capital, la forma de liderazgo que encontramos cuando el poder toma el aspecto de dominación, de los que controlan el acceso a los medios de producción sobre la gran mayoría que debe ganarse un «empleo», -el sustitutivo capitalista del derecho tradicional del campesino a consumir una parte de su propia cosecha” (43-44).
La velocidad permite entonces una acumulación acelerada, luego, la velocidad comunicará formas de poder. Se estudian “carreras”, se acumulan títulos. Aquí los primeros siempre serán los primeros, y los últimos los últimos. Está incluido en el sistema productivo el que está en movimiento. Detenerse es insubordinarse contra los flujos de capital. Ay del que se detenga, ay del detenido.

Cuando nos paramos todos, el capital se conmueve. Cuando se para el capital (como ocurrió en diciembre de 2002 y como ocurre hoy con el acaparamiento y la escasez creada), busca la desestabilización política, con fines económicos. Mientras el Estado (pero no cualquiera, sino uno que se precie de revolucionario) esté ahí, el mercado hará lo posible para sacarlo del juego (económico). “En la medida en la cual los estados obstaculizan el flujo del capital (la huida de la insubordinación), se forman lazos entre capitales específicos y estados nacionales específicos” (Holloway, 2005: 117).

Todos somos testigos de la “velocidad” urbana necesaria para ir al ritmo de los acontecimientos. Si se avanza lentamente se corre el riesgo de no llegar a tiempo, de que otro se adelante, tome la delantera, te supere. Ya un valor como la cautela, se desprecia por el de la agilidad aunada al riesgo. La paciencia riñe con el estrés, la parsimonia, con la elegancia desenfadada. Todo lo light es rápido, y la ropa casual, lo primero que nos pongamos encima, se asume cada vez más como norma y etiqueta, prevaleciendo sobre las formas clásicas, graves y que suponen consumo inestimable de tiempo de preparación. Andar peinado hoy es andar despeinado. Ser es no ser.

El problema adviene cuando aplicamos estos criterios a la planificación de clases. Acumulación de contenidos, en el menor tiempo posible. ¿Qué valores, creo, en cambio, debemos introducir en una planificación que rompa el circuito de la velocidad y la acumulación? Vaciar los programas, detenernos, avanzar pacientemente.

Como dice Nicols Fox: “La idea de obtener lo máximo de lo mínimo (esta misma es un resultado de la filosofía del utilitarianismo de Jeremy Bentham del siglo 18) fue un preludio a la revolución industrial. A principios de la década 1900-1910, Frederick W. Taylor llevó la idea más allá. Fundador de la administración científica de las fábricas, Taylor dividió las tareas en acciones específicas y usó análisis de tiempo fraccionado para obtener lo mejor de los trabajadores. El soñó con llevar la eficiencia afuera de la fábrica y aplicarla a cada aspecto de la vida para incrementar la producción a través de toda la sociedad. "Nuestros mayores desperdicios de esfuerzo humano", dijo él, "que ocurren cada día gracias a tales de nuestros actos como son equivocarse, mal encaminarse, o ser ineficiente... son menos visibles, menos tangibles... pero vagamente apreciados". Eramos flojos y podríamos hacerlo mejor. En gran medida Taylor tuvo éxito. La eficiencia se mudó de la fábrica al hogar. Se ha convertido en el mantra de la época, produciendo la presionada vida moderna, en la cual escurrir cada gota del tiempo del día parece razonable. Cuestionar la eficiencia empieza a sonar como herejía.”

La acumulación “es la base organizativa de la vida sociopolítica (…) el proceso acumulativo es un agente de cambios sociales, no sólo económicos” (126-127) dice Heilbroner. Necesitamos, al contrario, organizarnos sobre la no acumulación, algo difícil de pensar toda vez que ésta supone que los procesos son lineales, sucesivos, acumulativos, que se suceden superando etapas en el tiempo y en el espacio. Pero sabemos que la lectura lineal de los procesos es una ficción que lejos de facilitar el análisis y su comprensión, la dificulta, la niega. Los procesos sociales, donde intervienen múltiples factores, no aceptan y más bien rechazan lecturas lineales del tipo causa efecto. La racionalidad medio-fin es irracional, dice Hinkelammert, cuando niega la reproducción de la vida. “Ninguna acción calculada de racionalidad medio-fin es racional, si en su consecuencia elimina al sujeto que sostiene dicha acción” (44). En otras palabras, si de capitalismo hablamos cuando de lo que se trata es de acumular riquezas hasta agotar todas las riquezas: “La racionalidad medio-fin aplasta la vida humana (y de la naturaleza)” (49).
Se precisa producir de tal manera que la producción no agote las posibilidades de reproducción. Si al producir (y acumular) se niega progresivamente (se acumula) hasta desaparecer la posibilidad de producir, esto es, si la reproducción es imposible, y por ende la vida, si de producir para vivir se trata (y no para el mercado y sus fauces), entonces la producción es irracional en términos humanos, aunque racional para el mercado, que “invisible” como es, no necesita de la vida de los sujetos para existir. El mercado cuando nos niega en tanto seres humanos se afirma. Es, cuando nosotros no somos. Nos toma por capital, no somos personas sino fuerza de trabajo, y por eso el trabajo es negación de la vida.
El trabajo afirma la vida sólo cuando se trabaja para vivir, esto es, para producir lo que necesitamos para vivir sin destruir las posibilidades de su reproducción. En el sistema de producción actual, la acumulación sólo supone una resta, disminución incesante de la posibilidad de vivir. “El fin es ahorrar, y dejar de vivir es el medio” (63). “Si no se vive, no hay realidad” (65). “La afirmación de la vida no es un fin, sino un proyecto: el de conservarse como sujeto que puede tener fines” (66), murmura Hinkelammert.

Hopper

Acumular cosas se toma por riqueza, de ahí la depreciación de la experiencia y la sabiduría (acumulación de nadas). También la de la memoria como dadora de sentido; de ahí el recurso moderno de acumularla en museos donde deja de ser memoria para convertirse en conjunto de objetos clasificados, ordenados, dispuestos según la racionalidad del mercado (capitalista) de la memoria. Memoria privada (de sentido).

Con la velocidad se pierde el sentido del tiempo. Por no perder tiempo, perdemos el tiempo. “…la economía del tiempo –ironizaba Calvino- es algo bueno porque cuanto más tiempo economicemos, más tiempo podremos perder” (58).
Velozmente acumulamos cosas, objetos, riquezas, pero no tenemos tiempo para disfrutarlas, usarlas, consumirlas, contemplarlas. La vida actual está reñida con la contemplación, con el disfrute prolongado, con la paciencia, con la espera tranquila, con la morosidad. Debemos, en cambio, contra corriente, incorporar en nuestros programas de clase la solidaridad, el respeto a la vida propia y a la de los otros, “incluyendo a la propia naturaleza”, el cuidado y la sabiduría, valores que, como dice Hinkelammert “relativizan la racionalidad medio-fin y la transforman en racionalidad secundaria” (66-67)
Todo actualmente pugna por ser consumido rápidamente, usado y desechado sin pausa. Un producto capitalista por excelencia: el helado. Las amistades, el trabajo, el amor, un vértigo de contactos y relaciones transitorias. Espuma. Nada permanece, y nada es permanente. “Todo lo sólido se disuelve en el aire”, dijo el viejo Marx.

Introducir, pues, la detención (no la parálisis). Construir programas con silencios, con momentos para el diálogo, para la reflexión, para la construcción colectiva paciente y constante. Sin ser místicos, necesitamos incluir la vida en nuestra programación cotidiana. No el quietismo, sino el curso de la vida.

La acumulación de contenidos prevé una férrea planificación, que garantice el consumo de “todo” el programa. Un manejo, pues, rígido del tiempo. Pero el tiempo público está sometido a los imprevistos -a lo desconocido y a la posibilidad del fracaso (Hinkelammert, 66)-, mientras que el tiempo privado circula por encima del tiempo real, en su propia pista, por sus propios conductos, en su propia “realidad”. Lo imprevisto en el tiempo privado no existe, por eso se crea una realidad otra donde ni la muerte existe. Salvo rarísimas excepciones, la vida detiene el flujo del tiempo privado. El tiempo privado no se puede dar el lujo de “perder el tiempo”, porque esto se traduce o se expresa en detención parcial o total del capital. La vida privada necesita el flujo ininterrumpido del capital. Necesitamos, pues, programas de clase desprivatizados, con un manejo público del tiempo, porque su interés no es el interés del capital. Debemos “perder el tiempo” para ganar el tiempo, para contemplar, para pensar. El flujo del capital es irreflexivo, por eso lo facilita todo reduciéndolo a su mínima expresión. “Sólo lo difícil es estimulante”, dijo José Lezama Lima.

Planifiquemos en función de un solo contenido, la vida, y cuando nos ocurra encontrarnos, bastará decir “…cómo veníamos diciendo…” No acumular sino continuar, no sumar sino ser, simplemente. La racionalidad reproductiva (la producción que no destruye la posibilidad de seguir produciendo) “no es reducible –dice Hinkelammert- al cálculo de costos”. Sólo es irreal lo que se puede medir.

Hemos abandonado todo, a las cosas, a los objetos, a la acumulación. Nos hemos perdido y en el lugar vacío pusimos un yo que ansía para ser, cosas, objetos; nadas. Estelas, ráfagas, arrebato, todo en permanente estado de fuga. La obsolescencia planificada qué es, sino la marca del futuro en el objeto recién adquirido; la manifestación de su desaparecer que nos ahorra el tránsito demasiado vivo de la descomposición, la vejez, la corrupción. Presente de vértigo en pos de un futuro que se manifiesta hoy, aquí, allá.

Necesitamos llevar a nuestras clases el asombro sosegado de estar vivos. Acumular tiempo, no cosas. Darnos tiempo.

Bibliografía

- Franz J. Hinkelammert (2006) El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido. El Perro y la Rana. Caracas
- Italo Calvino (2001) Seis propuestas para el próximo milenio. Siruela. Madrid, España
- Jacques Attali (2004) Historias del tiempo. Fondo de Cultura Económica. México
- John Holloway (2005) Keynesianismo. Una peligrosa ilusión. Un aporte al debate de la teoría del cambio social. Vadell Hermanos Editores. Caracas
- Robert L. Heilbroner (1990) Naturaleza y lógica del capitalismo. Ediciones Península. Barcelona, España
- Tomás De Quincey (1966) El asesinato, considerado como una de las bellas artes. El Coche Correo Inglés. (Colección Austral) Espasa Calpe S. A. Madrid
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Ver: Tiempo y poder

Lo camp en Azul Petróleo

por joseleon71 @ Jueves, 17. Ene, 2008 - 10:01:34 am

La realidad representada en una piscina de espuma donde cuerpos anónimos se buscan y se pierden, nos ofrece una muy sugestiva metáfora de la obra de Boris Izaguirre. Un aire visible encubre u oculta superficies que se deslizan, cuerpos insujetables. Y en ese ambiente donde los cuerpos se relajan, aflora el anonimato que desinhibe y arrastra al crimen.
El crimen perfecto –afirma novelescamente Izaguirre- es un producto del azar, y ocurre de manera gratuita y desinteresada. Y como si el azar extendiera un manto de protección, el crimen resulta rodeado por circunstancias también azarosas, como si el Universo se plegara a los dictados surgidos de la nada.
Esta gratuidad de la nada que adquiere una forma para luego desaparecer, pasa a los personajes, a las circunstancias, pero también a los objetos, a las cosas. En realidad, es como si todo estuviera en franca vía de cosificación. Un cuerpo es bello si los rasgos que lo componen tienden a lo estatuario, a la inmovilización.

Este es el auténtico encanto de la belleza. Cuando la descubres plenamente, sólo puedes aceptar la belleza total. La absoluta. Por eso cada jueves ves entrar ocho, diez jovencitos maravillosos. Y de ésos, la mitad, y a veces sólo uno, permanece: el que posee los labios que no necesitan hablar, los ojos que quiebran cualquier espíritu, las pestañas que se abaten como persianas, las manos que pueden abarcar pero que jamás apretarán, las piernas como columnas, los pies extensos de dedos largos, el vello púbico perfectamente dibujado sobre los genitales y el falo reposando como un animal cansado.

Es bello, según esta lógica, lo que por un instante que aparece eterno, no se mueve. El movimiento es cambio, y el cambio una representación del tiempo. Y el tiempo (su paso) es el enemigo de Julio González. Le importa al personaje lo que “permanece”, no obstante nada corporal, físico, material puede permanecer, sólo su huella, la marca de su paso, un perfume, una sensación, una atmósfera, el conjunto de elementos que, transformados en una imagen, se condensan en la memoria y que surgen, por azar, en cualquier momento.
La idea que mueve a Azul Petróleo es que la belleza misma sólo puede ser convocada por el azar. Lógicamente, el sujeto convocante es una pieza del mismo azar que, abandonada de sí, aguarda su aparición fuera del tiempo ordinario, vale decir, fuera de los imperativos de la necesidad. Esta idea de belleza transfigura la realidad puesto que la dota de un algo mítico o sobrehumano, que dramatiza las relaciones de los personajes y los ambientes en los que se desarrollan las acciones.
Consecuencia de ello, el criminal perfecto es aquel que se ciñe al azar, que actúa de manera gratuita, sin otro interés que el desinterés de la belleza. Bello el criminal, colocado en un fuera de tiempo a-circunstancial y eterno, bella la víctima y bella la escena del crimen. Es fácil advertir que los tres elementos han sido podados de circunstancias temporales y espaciales específicas. Fijar un día –el 23 de enero es sacarlo del continuo de los días, hacerlo extraño y desrealizarlo como tal. Un día que deja de ser día. En efecto, la fecha devora su sustancia concreta, por lo cual deja de ser un día para convertirse en un símbolo. Y los personajes que se encuentran (o concurren, para emplear el verbo en su acepción borgeana) en esa fecha (en ese día trascendido y trascendente), víctimas y victimario, pierden sus nombres, su especificidad, dejan de ser tales, se convierten, a su vez, en símbolos.
Si la fecha aparece simbólica y son símbolos los personajes, cabe preguntar ¿símbolos de qué? El 23 de enero lo es de la Venezuela que el discurso hegemónico llama “democrática”, y las víctimas y el victimario lo son de una Venezuela oculta y visible, que transcurre en un registro soterrado al mismo tiempo que en uno espectacular, exactamente mediático o propio de la cultura de masas. La novela se hace eco de este doble discurso, el privado y el público, el de las vidas de los personajes y el de los actores que se deslizan en las páginas sociales. Las vidas en la trastienda, sórdidas, crueles, plagada de detalles que el pudor oculta y que el show debe mantener tras bambalinas.
Mas lo que este show necesita para seguir su curso es que no aparezca ninguna complicación y esta novela está llena de complicaciones. Entre las más interesantes está la de complicar lo que se pretende y espera superficial. Lo gay, por ejemplo. Boris Izaguirre lo complica. Esta novela acierta según lo veo cuando somete al orden de cosas, acabado pero en circulación, casi inercial, o sometido a la inercia del mercado, a una crítica que busca reinterpretar el canon gay, desmontarlo y traducirlo a un modo integral de ver el mundo completo y no desde un reducto (visión reducida o miope) de minorías desadaptadas.
En este momento Boris Izaguirre es plenamente camp, en el sentido desarrollado por José Amícola cuando afirma que el nacimiento del camp “dentro de una subcultura conocida con el eufemismo de “gay” indica, hoy en día, que ella ha tenido especialmente la función de disparadora de impulsos venidos de un territorio marginal que pasan a ser adoptados por la cultura en general” (51). El esfuerzo de Boris de construir una visión de Venezuela desde lo camp se traduce en re-contar la historia reciente de la nación desde las claves que ofrece la cultura popular o de masas. Nos descubre un país superficial, detenido en lo efímero, o haciendo de lo efímero una permanencia. La permanencia de la moda, según lo entiende Lipovetski.
Pero a esta permanencia de lo que se evapora, a esta duración (de la) espuma, el narrador ofrece una vida en pos de la permanencia estética, para lo que se vale de la generación de atmósferas, esto es, casi de escenarios entre inmateriales y concretos donde un color y un perfume se conjugan para crear y sostener en el recuerdo una imagen, una suspensión del tiempo. La atmósfera, entonces, como un momento epifánico, exactamente la urbanización de un momento sublime, sugiere un acuerdo de tiempo y espacio que promete y vislumbra la eternidad, sólo que la eternidad pasajera de esta modernidad en deslave, en fuga; la eternidad de lo pasajero, de lo que aparece en el curso del tiempo para desaparecer de inmediato pero que, mientras duró, fue eterno. Una eternidad mediática o construida en los medios. Como la eternidad efímera de las páginas sociales de los periódicos o las revistas.
No es casual que la forma ideal de eternidad entrevista por el narrador en su captación de atmósferas provenga y aspire al cine, pero no de y a cualquier cine, sino precisamente al que se especializó en la construcción del tipo de atmósferas que privilegian la ensoñación, el viaje interior, perspectivas de profundidad que atisban al misterio: el cine clásico de Holliwood, que inmortalizó, por ejemplo, a Grace Kelly o Greta Garbo. Un cine amante de la estilización, de someter las superficies a un baño de lejanía y sopor, de distancia y quietud .
Este paradigma de la ensoñación y la quietud es contradictorio o paradójico. Se construye lo que permanece con lo que huye o se fuga. La ensoñación se reduce a un golpe de ojos, pero el dios a que aspira está envuelto en una espesa voluta de humo. La quietud se construye con un paso gatuno, lentísimo, en una pasarela virtual, pero se sueña cinematográficamente en un gesto detenido en equilibrio frágil, de cristal, como de algo que está a punto de romperse. Se puede decir que, si occidente traduce el instante como la unidad de tiempo para su concepción de la eternidad, la unidad de tiempo que emplea para la eternidad de lo efímero es, por ejemplo, esos quince minutos que otorga la fama, en realidad indiferente a lo que ocurre a su alrededor, inconmovible ante los desvelos de quienes la procuran a costa de lo que sea. De lo que hablo es de una forma del tiempo que se lee desde la mirada camp del mundo. Un tiempo que promete durar, insisto, lo que dure la espuma o la fama.
En la novela el crimen ocurre precisamente durante ese tiempo eternizado: los brazos anónimos que estrangulan bajo la espuma, el azar, la confluencia temporal (23 de enero) que convierte a todas las víctimas en la misma, amén de los mismos ojos verdes. Pero este tiempo y mirada camp tiene el ingrediente de ser una ética y una estética, un ethos y un pathos. Una forma de ser y dar cumplimiento a un destino.
Es por eso que veo en Azul Petróleo un proyecto épico. Y como tal, una parodia camp de la seriedad clásica del género, seriedad masculina y heterosexual, sometida a la carcoma de lo que no es masculino pero tampoco femenino, de lo homosexual como apuesta multilateral contra el sexo hegemónico. Una mirada, entonces, fundada desde el territorio de la libertad. O bien, que la funda, admite y construye desde el lado no convencional, no admitido, desrregulado. Libertad fuera de la paz (descomplicación) del sistema. Esta novela de Boris es, en este sentido, violenta. Y no sólo arremete contra lo heterosexual (que no aparece, además y parece negarlo de nacimiento, como si el mundo todo fuera esa versión bizarra del mundo que ofrece y despliega y arropa todo lo conocido), sino contra lo propiamente homosexual, al colocarse en algunos momentos críticos más allá de la prácticas sexuales interhombres, porque aspira a una plenitud que la realidad no asegura. Suerte de amor sexual místico, casi desencarnado, aunque necesite de la carne. Sólo que necesita de una carne transfigurada, olímpica, “musculosa”, ficticia, irreal, construida. Una carne que disfraza el cuerpo, que lo complica, que lo saca de lo natural y por ende, lo desnaturaliza.
Este sentido místico traza también su territorio del dolor, del padecimiento. La violación aparece como la crisis del mártir. Y a cada violación, se asciende como por una escala a una santidad que limpia el cuerpo y lo prepara para el cielo. Aunque en este mundo doble (espejo del conocido), la promesa sea lo subterráneo en su visión mundana del infierno. El mundo es el mismo pero al revés. O más complicado aún: no es exactamente el revés del mundo como una nueva y vigorosa opción donde participa un género distinto, que debe ser construido, un género que no es hombre ni mujer, que no es biológico, que no es de este mundo sino de otro, que depende de un tipo hombre que complejiza la relación hombre-naturaleza, y de su relación con las cosas para ser o existir. Un mundo cultural, sólo que de una cultura que es como el resultado crítico de un mundo cansado ya de producir signos y símbolos.
Justo entonces en ese momento de agotamiento surge la propuesta de mundo camp, como un asalto a la producción cultural de masas, como una apuesta que ofrece su “sin solución de continuidad” al curso de las cosas. Hablo de un mundo donde la ficción, la trama de signos producidos por la cultura, teje un discurso que postula y construye sus propios referentes, su realidad, sus dioses, su mitología.
En ese discurso alterno pero que se asume como único capaz de existir, se mueve o circula Azul petróleo, y en sus páginas nos dice que este país tiene ascendencia en ese modo de ver las cosas, toda vez que se ha construido sobre la superficialidad, lo insubstancial, lo perecedero mas sin embargo eterno, en la tramoya y en la farsa. Una economía petrolera y por ende ficticia o falsa, la belleza de la mujer venezolana como único producto no petrolero de exportación, y una población atenta, fija, concentrada en los requiebros de amor de una joven desgraciada. Un país, para decirlo con Cabrujas, compañero de guión de Boris en culebrones de éxito, “del disimulo”, recordando aquella frase feliz que endilgó al Estado venezolano. Un país de la farsa, de la tramoya, del escenario, del espectáculo. Un país camp: “una forma representativa teatral sobrecargada de gestualización” (50).
Y hete aquí la opción política del discurso camp en Boris Izaguirre, su no tan ambigua posición, como cuando declara con todas sus letras en Morir de glamour, que éste es un arma secreta de la CIA y que escribe el libro para, precisamente, dejar al descubierto ese discurso de poder. O bien, cuando afirma que la homosexualidad es de derecha y que las dictaduras prefieren la estética gay, la masculinización del sexo, la entronización del falo. Y contra este discurso se enfrenta lo camp, no desde la neutralidad o neutralización del sexo sino desde la construcción de un sexo transbiológico, cultural, urbano, civilizado y civilizatorio, en tanto oferta de mundo posible para un mundo condenado a desaparecer. Oferta muy a propósito en tiempos en que la vida del planeta ostenta una fragilidad incontrastable. Sexo y cultura diseñados desde esta fragilidad y para la consumación de los tiempos. Un tipo de sexo y un modelo de mundo que es una afrenta a la civilización occidental, al mundo conocido. Según José Amícola:

El camp se origina, así, en una percepción gay masculina de las imposiciones que la sociedad coloca sobre la sexualidad (…) poniendo el acento no tanto en la arbitrariedad de este fenómeno, como en el hecho de que ella no está biológicamente determinada, y que, en cambio, representa una construcción social. (2000: 53)

Desde la minoría, en un mundo descentrado y desregulado, crece un discurso coherente con la destrucción y que a ella se anticipa, diciendo también, al mismo tiempo, que existe en la especie humana la voluntad estética de sobrevivir aun en un último gesto a la muerte vulgar. Por eso hace de la muerte, de lo fenecido, de lo que está condenado a desaparecer, una fiesta, una celebración. Por eso la algarabía, el grito, el colorido, el disfraz, esa sublimidad histérica, como lo definió Jameson , la forma que asume un discurso “lúdico-estético-hedonista-psicologista-mediático” (Lipovetski, 279), determinado por los media, y caracterizado por la turbulencia, la ruptura y la confusión sistemática. Es además el discurso y la mirada camp una parodia del discurso gay y desde ese lugar, somete a la sociedad entera al cuestionamiento y a la sátira (Amícola, 55). La exageración es teatral, mentira e invención puesta en evidencia, más bien demasiado expuesta. Esa sobresaturación de rasgos gay en el discurso de Boris, el hecho mismo de recurrir a “lugares comunes” gay para construir pasajes y personajes, crea un espacio de sentido donde cabe pensar en Venezuela como un país definido por el Miss Venezuela y el petróleo.
La mirada camp apuesta contra la unidimensionalidad del mundo hetero, y desestabiliza la relación entre las cosas. En efecto, la juntura de las cosas, su sentido y su orden los han proveído el hombre y la mujer definidos, localizados, según quedan definidos por la tradición, pero he aquí que las relaciones se controvierten toda vez que surge una mirada y un sentido enunciados desde un lugar cuya territorio está sometido a la desterritorialización, un lugar de enunciación precario en cuanto a localización espacio-temporal, pero poderoso en tanto (se) asume (desde) la des-localización. Esta mirada surge desde un punto dinámico, abierto, flexible, que presentifica el presente, que sustrae del pasado lo que recicla y lee el futuro como un presente inmediato. ¿Tiempos simultáneos? No, más bien un tiempo donde confluyen lo imprevisible y lo arbitrario, a una velocidad cuya unidad es el segundo a segundo de los media.

Bibliografía
- AMÍCOLA, José. Camp y posvanguardia. Paidós. Buenos Aire, 2000
- LIPOVETSKY, Gille. El imperio de lo efímero. Anagrama. Barcelona, 1999
- COMPAGNON, Antoine. Las cinco paradojas de la modernidad. Monte Ávila, 1993
- KANT, Immanuel. Crítica del juicio. Ed. y trad. Manuel García Morente. Madrid:Espasa Calpe: 2004, 10ª. Ed.
- WALLIS, Alan. “La urbanización de lo sublime o una historia general de los conceptos estéticos relacionados con la epifanía literaria”, en Modernidad y epifanía en Miró y Azorín. Universidad de Alicante, 2003

El día de la ley y la noche sin límites

por joseleon71 @ Miércoles, 16. Ene, 2008 - 08:08:35 am

La tela de Penélope reescribe el cuento de Juan Rulfo
“Díles que no me maten”

Tal vez ocurra que no existan verdaderas nuevas historias sino replanteamientos de las mismas, de nuevo los mismos cuentos, echados una y otra vez. Acaso Las mil y una noches nació de la ilusión de que el mundo y las cosas del mundo pertenecían a una red de cuentos que se lanzaba por las noches y se recogía al amanecer, como quien pesca y confía a la Providencia una pesca abundante.
Y a ese libro de cuentos infinitos pertenece el que cuenta que existió una tela que, por el día se tejía y por la noche se destejía. La famosa tela de Penélope. En el día, prometía casarse cuando terminara de tejer, cuando cesara de esperar, en la noche destejía lo tejido, deshacía la promesa, que volvía a empezar por la mañana. Tejer de día y deshacer en la noche es una forma de eternidad, la misma que dan las olas que van y vienen, el mismo sol que se va y que regresa. Sensación de eternidad porque supone tiempo detenido, que llega a un punto y se regresa, tiempo limitado a un número mínimo de acciones que no romperán por ello ningún límite. Cuando esta forma de eternidad se rompe, cuando se abren las esclusas, cuando el tiempo como agua irrumpe, entonces ya no hay límites y comienza la vida, aparece el tiempo que trascurre sin límites y, por ende, las acciones sin límite.
Eso ocurre en aquel cuento de Penélope: Teje para esperar a su marido, lo hace durante el día mientras es cortejada por muchos pretendientes. Promete que se casará apenas termine la tela (como ello transcurre en la eternidad tal tela es velo de novia y mortaja a un mismo tiempo), pero por las noches desteje. Gran metáfora del tiempo y de la vida, de la noche y de la muerte. La noche que desteje lo tejido durante el día, que deslía lo que se ata por el día, que desata, que libera, que suelta los hilos. La noche y el sueño como desatamiento, como liberación. El día para los compromisos, la noche para olvidarlos.
En el cuento de Juan Rulfo es la cerca que sostiene el ganado la que se teje durante el día y se rompe en la noche. De día la ley, el cerco que dispone lo propio y lo ajeno. De noche, lo común. De día el peso de la ley, de noche el peso de lo indiferenciado, de lo que no tiene límites, de lo que no se sabe ni se puede determinar hasta donde llega. De ahí que la noche se confunda con la libertad y esa otra forma de libertad que es el amor, el amor como desceñimiento, soltura de hilos, desamarre.
Ahora bien, Penélope al tejer y destejer hacía tiempo para aguardar la llegada de Ulises. ¿Qué esperaba Justino, cuáles eran sus promesas, cuál era la oculta y cuál la evidente? En el caso de Penélope la oculta era la promesa de esperarlo que le hacía a Ulises, la evidente la que hacía a los pretendientes por la mañana y deshacía por las noches. Justino respetaba la ley de día, como todos los seres diurnos, apolíneos, prometía cumplir con la ley, mas en las noches destejía lo prometido, borraba los límites de la propiedad, abatía la frontera entre lo propio y lo ajeno, alisaba la superficie del mundo, lo allanaba.
Mientras Penélope teje y desteje, Ulises se enfrenta a una y mil cosas. Todo le impide regresar hasta que por fin arriba a Ítaca. Justino se enfrenta a una y mil cosas, pero ya no son los dioses los que le impiden regresar, llegar a Ítaca. Hombre moderno al fin, abandonado de los dioses, hace las veces de Dios y se impide la muerte, huye, se esconde. No tenía otro destino, no era otro su tejido… aunque lo desatara nocturnamente, el día se encargaba de volverlo a tejer. Huía pero ahí estaban los perros del asedio, la persecución.
Y como no hay Dios en la tierra de Justino, es una voz de hombre, un Coronel sin rostro, la voz que truena su destino, que le echa encima la red tejida en el día de la justicia. Dios sin rostro que le borra el rostro.
En el cuento griego, Ulises lanza la red del día sobre el cortejo de pretendientes y los borra de la faz de la tierra. Un gran momento diurno sigue a la noche del destejer, de la espera, de la eternidad. El día es para la acción, para lo que sucede sin retorno, sin aplazamiento, para lo que ocurre en el tiempo.
Como se ha visto, el día y la noche son dos dimensiones muy distintas, y esto se tratara de una obviedad si no fuera porque no son exactamente complementarias sino Universos aislados que podemos o no poner en relación de complementariedad. Podemos advertir que de día acontece un cuento y de noche otro, muy distinto. Al cruzar los dos cuentos se obtiene una estructura en la que en el ámbito del día se construye la discursividad de la ley y en el ámbito nocturno la anulación de la ley, lo ilimitado. Por eso se puede afirmar que Penélope era antes de la llegada de Ulises una forma de la ley ella misma, mientras que Ulises vivía en lo ilimitado. Al llegar a Ítaca la cosa se invierte, y para el tránsito de inversión Ulises toma el cuerpo de otro, ocupa un cuerpo en transición. En el cuento de Rulfo, Justino destejía en la noche lo que la ley tejía diurnamente; hasta que el día llegó para siempre para Justino, y ya no hubo más tejido nocturno. Vistió Justino su cuerpo de transición, el ebrio, ese que revela el yo escondido, mientras la muerte, ese terrible fogonazo de luz –la luz definitiva- borraba el testimonio de lo anterior, los restos de una vida, de una situación caduca: a los pretendientes, al rostro de Justino.

La esperanza y la desesperanza en dos poetas modernistas

por joseleon71 @ Lunes, 14. Ene, 2008 - 07:11:51 pm

Ver: Cuerpo y mujer en dos poetas modernistas

Elías David Curiel sólo parece mirar con ojos desasosegados lo que no tiene cuerpo; mejor, las ideas, los conceptos. En un poema donde plantea sus dudas acerca de si el alma es o no es “la forma del movimiento celular” - aunque creyera que se trataba de “una forma sin forma real ni vida”, o bien, una “pura substancia intensa que en infinita/ reducción pierde sus dimensiones dentro su plano” -, descubre para él que no tiene futuro ni sentido “pensar que vivas células somos” porque el velo de los “porqués y cómos” no sería descorrido por Isis. Entendemos entonces la necesidad de nuestro poeta de deshacerse del cuerpo, de sus células, de su materia orgánica, para acceder a la Verdad y al Santuario de la Diosa. De ahí la reducción de todas las noticias del mundo (hacia adentro y hacia fuera) que establecerían contacto con su cuerpo:

-Las cosas contempladas y escuchadas
son aparentemente evanescidas.
Por inconsciente evocación tocadas
despiertan las imágenes dormidas

Latentes realidades del ensueño,
en las que amorfias en la emoción exilia…
De verdades anímica diseño….
Claro-obscuro de sueño y de vigilia.

De ahí su poesía mental (“Existir es pensar”, afirma en “Psicogonía”), poesía interior, menos saga personal –y por eso no es la de Curiel una poesía intimista ni confesional-, que lugar de una conciencia, lugar desde donde un alma consciente canta al mismo tiempo que ausculta el mundo, objetivación tensa, máxima, de lo subjetivo, ciencia e investigación de lo interior:

Los ojos que se cierran, retromiran;
involuciona a la raíz la rama;
y, como el ícor en el dios, circula
en el cerebro ensoñador el alma

Y el cálculo geométrico y el numen
creador coherido por la eterna pauta,
como tiorbas angélicas, traducen
el timbre, el gesto y el color del alma

Y si es la vida sólo la materia y si “de la célula nerviosa herida/ sólo es el alma la vibración”, la psiquis, sin embargo, no es ilusoria “porque es santuario de su memoria/ tu corazón”. Y enfatiza:

No es ilusoria. No. Desherido
átomo en fuerza se ha convertido;
y se trasmuta la fuerza en alma…

Estamos ante una poética cuyos materiales de construcción son la argamasa sutil, etérea, órfica del alma y los sueños, incluida la propia realidad sólo que vista en escorzo. Poética cuyo afán consiste en modular (y pendular entre) lo visible y lo invisible, lo orgánico y lo inorgánico, la psique y el cuerpo, el tiempo y la eternidad, la vida y la muerte. De ahí el apartamiento, la retracción, la soledad, el progresivo afantasmarse, el deslizamiento hasta los bordes de la ciudad que fue su cuna y “en donde emparedada, como en una/ bóveda ardiente, se asfixia el alma”.
La diferencia con respecto a la realidad o el exterior, con Ramón López Velarde es total. El mexicano está volcado con todo su cuerpo hacia afuera (un afuera, hay que decirlo, tibio y murmurante como un seno y una matriz), todos sus sentidos tocan, palpan, huelen el espacio, las superficies, las texturas de las cosas del mundo y su “desdén manso” con una “emoción sutil y contrita que reza”:

Los muebles están bien en la suprema
vetustez elegante del poema.
Las arcas se conservan olorosas
a las frutas guardadas;
el sofá tiene huellas de los muslos
salomónicos de las desposadas…

O bien, este otro:

En el encanto de la humilde calle
sois a un tiempo, asomadas a la reja,
el son de esquilas, la alternada queja
de las palomas, y el olor del valle

Abundar en citas no haría sino confirmar una constante, de modo que lo esencial aquí es señalar el contraste con la poesía de Curiel, interior, que no íntima, sino ahincada en la especulación de un universo que acontece “ultra la sombra y el silencio”. En Curiel “Las cosas contempladas y escuchadas/ son aparentemente evanescidas”. Realidades de sueño y vigilia, fijadas “en la placa sensible de la mente”.

Además el afuera de López Velarde diseña una forma de esperanza, que lo acerca a Curiel al tiempo que lo distancia. En efecto, quien tiene afuera, vida exterior y comercia y dialoga con el mundo, cifra esperanzas, anhelos, y su deseo adquiere el cuerpo, la rotundidad de las presencias:

Y bajo la impostura virginal de la noche
que cobija al amor con un tenue derroche
de luceros, un mito saludable me afianza
y alabo al confesor de la santa Esperanza
y a la doncella verde en la misma alabanza

Afuera y esperanza se conjugan para construir el cuerpo de la realidad; lo contrario, la vida interior, construye la desesperanza y le confieren a la vida un sentido trágico. La poesía de López Velarde, como él mismo lo dice, resulta “sentimental y cómica”. Ciertamente, allí está la mujer como ausencia sagrada, virgen, hermana, la casta doncella de su “espíritu feudal”, pero no es menos cierto que las ventanas que se abren a esta visión mística descubren fragmentos, rasgos, dorsos de mujeres que colman las ansias del poeta y dan corporeidad a sus deseos:

y el casto lecho que pudiera ser
para las almas núbiles un nido,
nos invita a las nupcias incruentas
y es el mismo, Fuensanta, en que se amaron
las parejas eróticas de ayer

Tanto como la esperanza (no lo irrealizable sino lo posible saturado de imposibles), que es una suerte de proyección o anticipación de la vida –“¿Existirá? –se pregunta en un poema- ¡Quién sabe!/ Mi instinto la presiente;/ dejad que yo la alabe/ previamente” y por lo tanto una de las formas que adquiere el futuro, la nostalgia es, entre otras, una de las formas del recuerdo. En López Velarde, la nostalgia por el campo, la provincia, la vida rural crece en oposición a la ausencia total de nostalgia de Curiel, como es total en su caso la ausencia de futuro, y borroso y fugaz el presente. Espíritu saludable, López Velarde cuestiona la vida de la ciudad (desconocida por Curiel al menos en sus poemas) y ansía amores y atmósferas pueblerinas. La vida se refugia y concentra en estas formas tradicionales, desplazadas por la expansión del capitalismo a las márgenes de la conciencia. Insurge una nostalgia rebelde que comienza a interrogarse sobre el sentido de la existencia, apenas asoma el liberalismo y su cuerpo de creencias y valores:

Hambre y sed padezco: Siempre me he negado
a satisfacerlas en los turbadores
gozos de ciudades –flores de pecado.
Esta hambre de amores y de ensueño
que se satisfagan en el ignorado
grupo de muchachas de un lugar pequeño

El diálogo entre ciudad y provincia, o entre Centro y Provincia se verifica en el poeta mexicano con una intensidad desconocida por Curiel, cuyo hundimiento en la ciudad de Coro, y mucho más en sí mismo, le depara una poesía que no interroga el exterior ni cuestiona, salvo algunas esporádicas incursiones en un afuera que, por la forma en que aparece, resulta demasiado lejano e incapaz de perturbar y arrastrar consigo el cuerpo de pez y sueño de su obra poética. En López Velarde este diálogo entre el afuera y el interior, representado por la ciudad y la vida citadina y el interior o vida de provincia, asoma en muchos poemas y en todos, la provincia se convierte en el vaso de la pasión, el fervor, la serenidad:

Mi vida enferma de fastidio, gusta
de irse a guarecer año por año
a la casa vetusta
de los nobles abuelos,
como a refugio en que en la paz divina
de las cosas de antaño
sólo se oye la voz de la madrina
que se repone del acceso de asma
para seguir hablando de sus muertos…

Acaso sólo en uno, donde califica al pueblo natal de “edén subvertido”, se refiera menos con violencia que con tristeza profunda a la pasión política que habría de trastocar en los tiempos del porfiriato los modos de vida parroquiales, tierra adentro.

Sólo entonces, ante la destrucción grabada en las paredes “de la aldea espectral”, se deshace la esperanza… pero en el mismo poema la “sed de amar será como una argolla/ empotrada en la losa de una tumba”, de modo que “el amor amoroso/ de las parejas pares” y ciertas formas lánguidas y bucólicas del pasado comenzarán a desperezarse a la tibia luz de una “intima tristeza reaccionaria. Ante el mundo que huye opone la detención aldeana, la quietud, las formas consagradas del pasado. La ciudad nuevamente como representación de la violencia dirigida contra el poeta, que lo lleva a comprenderla hasta corresponder a su ritmo, a su violencia, al cariz de las demoliciones que inaugura con su canto de futuro y, por supuesto, a rechazarla íntimamente:

Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría el refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.

Conocer el otro hemisferio es lidiar con los cambios que trae aparejados la época. El López Velarde que se recibe de abogado y viaja a la capital, aunque su alma salmodie y sienta honda nostalgia por la provincia y sus amores, en el que las mujeres y todas las cosas están tocadas por la santidad. López Velarde, que no ocultó ni obliteró la provincia como se pudiera deducir de la poesía y el pensamiento de Rubén Darío, observa el tráfago citadino con ojos de turista, o de residente a disgusto, en todo caso, como alguien que está afuera y no pertenece sino como extranjero a esa dinámica extraña. La densidad de su poesía se asienta en el espacio y el paisaje familiares, en la “lúcida neblina del valle”, en “la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento” en “la familiaridad de las montañas” y el “cacerío de estallante cal”; y en la mujer de la provincia, del pequeño pueblo, fuente de santidad:

Vasos de devoción, arcas piadosas
en que el amor jamás se contamina;
jarras cuyas paredes olorosas
dan al agua frescura campesina…

(….)
Noble señora de provincia: unidos
en el viejo balcón que va al poniente,
hablamos tristemente, largamente,
de dichas muertas y de tiempos idos

Pero el discurso de la ciudad, que se torna imperativo, lo obliga a reevaluar su mirada, sus sentimientos y comienza a transformarse para hacerse de un cuerpo acordado con la realidad agresiva, dinámica, móvil. En cualquier caso, la provincia está vista a través de la mirada que prepara y dispone el escenario de la tensión entre la modernidad y las formas de la tradición. Así, cuando López Velarde recrea la lentitud y la paz neblinosa de la provincia, pone a contraluz la acedía de los espacios citadinos. Es en este momento cuando las formas de la ciudad, su diálogo cosmopolita, ingresa, desacomoda y repliega las formas, el ritmo, la textura de un lenguaje lúcido y somnoliento, que observa desde el remanso provinciano y con sus ojos, el deslizamiento del hombre y la realidad a un mundo de relaciones distintas, antípodas, violentas. El poeta asiste a una fractura en el ser y su discurso la resiente. Los ojos habituados a la sombra y al crepúsculo de las formas se sacuden el sueño, disipan la niebla, y sin párpados comienzan a mirar con un interés que poco a poco pierde el brillo y su fascinación para tornarse en melopea trágica. Mientras tanto, con López Velarde estamos en un momento de transición, justo cuando la Provincia es el tibio corazón de todas las renuncias y todos los anhelos, la única realidad posible, y, la ciudad, testigo y testimonio de la irracionalidad y el sin sentido:

Se distraen las penas en los cuartos de hoteles
con el etéreo concurso divertido
de yanquis, sacerdotes, quincalleros infieles,
niñas recién casadas y mozas del partido
(…)
Lejos quedó el terruño, la familia distante….

Pero la provincia nace precisamente de la observancia del tráfago citadino, sus penumbras se recuerdan porque fatiga la luz, la calma, en fin, se desea tanto como se repele la agitación, la multitud:

Hambre y sed padezco: Siempre me he negado
a satisfacerlas en los turbadores
gozos de ciudades – flore de pecado.
Esta hambre de amores y esta sed de ensueño
que se satisfagan en el ignorado
grupo de muchachas de un lugar pequeño

Aparece entonces la Provincia como la forma mejor acabada del recuerdo, del pasado. La memoria personal, aliada naturalmente a la historia misma del pueblo, personifica, pone nombre y apellido a una experiencia que, de lo contrario, queda reducida a meros datos generales en la historiografía oficial. La provincia será el lugar de la infancia, de los primeros ardores y dolores, lo enfrentará a la muerte y a las sombras de sus familiares; también a la guerra, la regurgitación intestina de una nación pariéndose a sí misma y cuyas arcadas sacuden todos los rincones del país:

Mejor será no regresar al pueblo,
al edén subvertido que se calla
en la multiplicación de la metralla

LIBERTAD O MUERTE

por joseleon71 @ Viernes, 11. Ene, 2008 - 05:48:05 pm

Ver:
http://redchem.entodaspartes.org/
Cuando la muerte tiene la palabra

ANTE LA DECISIÓN DE "LIBERTAD O MUERTE" DE LOS PRESOS POLÍTICOS MAPUCHE Y EL SILENCIO DE LAS AUTORIDADES CHILENAS

Quienes firmamos la presente carta (profesionales, intelectuales y artistas, mapuche y no mapuche) hacemos un llamado a personas, organizaciones e instituciones respetuosas del derecho a la vida a solidarizar con los presos políticos mapuche que permanecen desde hace 59 días en huelga de hambre, protestando por la injusta condena que los tribunales les han impuesto.
Exigimos, al mismo tiempo, a las autoridades políticas y judiciales del país la inmediata revisión y revocación del proceso que los ha condenado a 10 años y un día de prisión, proceso que ha tenido escandalosas irregularidades, tales como el uso de testigos sin rostro y el pago a los mismos de veinte millones de pesos por sus declaraciones.
Patricia Troncoso, Juan Marileo, Jaime Marileo, Juan Carlos Huenulao y sus familiares, todos campesinos mapuches que viven en comunidades indígenas acorraladas por empresas forestales y haciendas privadas, han visto atropellados sus más elementales derechos humanos, sufriendo persecuciones, torturas, allanamientos y vejaciones por parte de las fuerzas especiales de la policía y por el sistema judicial imperante.
La Ley Antiterrorista, herencia de la dictadura militar, se ha aplicado con especial saña a los mapuches durante los últimos gobiernos de la Concertación, situación que ha tenido como consecuencia el uso desproporcionado de la fuerza policial, la que ha violentado regularmente a ancianos, niños y mujeres mapuches, hechos que han sido ampliamente difundidos por los medios de comunicación y denunciados por el Dr. Rodolfo Stavengahen, Relator Especial de las Naciones Unidas.
Creemos que un gobierno democrático debe proteger los derechos de quienes han sufrido durante más de un siglo la discriminación, la violencia y la reducción de sus tierras, así como la negación de su cultura y forma de vida.
Exigimos, por lo mismo, consecuencia con las mesas de diálogo intercultural promovidas por los mismos gobiernos de la Concertación, como aquella que fuera denominada "Nuevo Trato y Verdad Histórica", instancia relacionada con el respeto, tolerancia y reconocimiento de los pueblos indígenas y sus aspiraciones.
Estimamos que el Estado a través de todos sus órganos - de manera particular sus tribunales y el ejecutivo- debe asumir los acuerdos internacionales respecto al derecho de estos pueblos, no criminalizando sus justas y legítimas demandas y respetando sus derechos humanos.
Creemos, por último, que sólo el reconocimiento real y concreto de la diversidad de etnias presente en nuestro país puede permitir avanzar en la reivindicación plena de nuestros pueblos originarios.
Firman :

1.-Pablo Marimán Quemenado ( Profesor e historiador)
2.-Elsa Maribel Mora Curriao ( Profesora y escritora)
3.-José Millalén (Profesor)
4.-Claudia Collín(Asistente Social)
5.-Jaime Huenún Villa (Poeta)
6.-Sigrid Huenchuñir (Psicóloga, FLACSO, Chile)
7.-Víctor Cifuentes P. (Artista Visual)
8.-Alejandra Cuevas A. (Bióloga Marina)
9.-Carmen Ñancuvil (Licenciada en Arte)
10.-Maya Arnao (Antropóloga)
11.-Leonardo Sanhueza (Poeta, periodista)
12.-Guido Eytel (Escritor)
13.-César Millahueique (Poeta, ingeniero en gestión pública)
14.-Fco. Javier Marín Ferreira (Infografista)
15.-Víctor Hugo Cachaña Cadín (Poeta)
16.-Ana María Oyarce (Antropóloga)
17.-Iván Carrasco (Académico UACH)
18.-César Cabello S. (Poeta, periodista)
19.-Oscar Barrientos B. (Escritor, académico U. de Magallanes)
20.-Elvira Hernández (Poeta)
21.-Juan Paulo Huirimilla (Poeta, académico U. de los Lagos)
22.-Luis Ernesto Cárcamo H. (Académico U. de Harvard)
23.-Verónica Zegers (Estudiante)
24.-Oscar Portela (Escritor, Argentina)
25.-Gaspar Neira Balboa (Empresario)
26.-Bernardo Reyes (Poeta)
27.-Regis Bonvicino (Poeta, Editor , Brasil)
28.-Eduardo Rapiman (Artista visual)
29.-José Osorio (Poeta, editor)
30.-Gregorio de las Heras (Poeta)
31.-Víctor Hugo Castro (Poeta)
32.-Miguel Angel Romero (Poeta)
33.-José Angel Cuevas (Poeta)
34.-Raúl Mansilla (Poeta, Argentina)
35.-Roxana Miranda Rupailaf (Poeta)
36.-Mario Casasús (Periodista, México)
37.-Jorge Hermosilla (Profesor)
38.-Fernanda Moraga (Profesora de literatura)
39.-Alejandra Grifferos (Historiadora y Docente U. de las Cs. de la Informática)
40.-Claudia Maldonado (Socióloga)
41.-Esteban Navarro (Poeta)
42.- José Miguel Varas (Escritor, periodista)
43.-Taty Hernández Durán (Poeta, República Dominicana)
44.-Miguel Alvarado Borgoño (Antropólogo, académico U. Playa Ancha, profesor en Alemania y España)
45.-Roberta Bacic Hepfzeld (Profesora , especialista en DD:HH, Irlanda)
46.-José María Memet (Poeta)
47.-Gerardo Quezada R. (Sociólogo, poeta)
48.-Carles Belda Conejero (Profesora, España)
49.-Joan Navarro (Poeta, editor, Barcelona, España)
50.-Sergio Reyes (Músico, EE.UU)
51.-Miguel Ängel de Boer (Poeta, médico psiquiatra, Argentina)
52.-Soledad Altamirano Murillo (Acádemica, Honduras)
53.-Yenni Paredes (Poeta, académica UACH)
54.-Bruno Vidal (Poeta, abogado)
55.-Oscar Aguilera (Escritor)
56.-Juan Jorge Faúndez (Escritor, académico)
57.-Heddy Navarro (Poeta)
58.- María del Carmen Beltrán (Psiquiatra)
59.-Oscar Hahn (Poeta, académico, EE.UU)
60.-Bartolomé Leal (Escritor)
61.-Roberto Arroyo (Artista Visual, investigador en DD.HH, Oregón, EE.UU 62.-Cristián Cruz (Poeta, profesor )
63.- Juventudes Comunistas de Chile (Comisión Nacional Pueblos Originarios y Medio Ambiente)
64.-Cristina Aldini (Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia, Buenos Aires)
65.-Patricio Manns (Escritor, músico)
66.-Mabel García Barrera (Académica, UFRO)
67.-Lenka Chelén Franulic (Pintora)
68.-Walter Garib (Escritor)
69.-Gladis Ancalaf (Profesora)
70.-Marco Pichunman (Ingeniero Agrónomo)
71.-Cecilia Jaramillo Becker (Licenciada en Arte, U. de Chile)
72.-María Violena Millahual (Antropóloga)
73.-Sergio Parra (Poeta, editor)
74.-Patricia Loredo (Psicóloga)
75.-Gísela Hernández Latorre (Periodista)
76.-Adrián Silva Pino (Coordinación Extensión. Dirección Museología Univ. Austral)
77.-Julio Pinto Vallejos (Académico USACH)
78.-Andrea Alvarez (Psicóloga)
79.-Anibal Barrera Ortega (Periodista)
80.-Sara Carrasco Chicahual (Profesora. Comunidad Gabriel Chicahual. Chol-Chol)
81.-Soledad Millacura Antilaf (Estudiante Mapuche. Medicina Cuba)
82.-Naín Nómez (Poeta, Acádemico USACH)
83.-José Aylwin Oyarzún (Abogado. Observatorio de derechos indígenas)
84.-José Espinoza (Escritor)
85.-Juan Cameron (Poeta)
86.-José Luis Ronconi (Escritor, Argentina)
87.-Verónica Jiménez (Poeta, periodista)
88.-Kurt Folch (Poeta, editor)
89.-Lorena Freire (Editora)
90.-Francisco Martínez (Diseñador)
91.-Mireya Seguel (Periodista)
92.-Carlos Ahumada (Periodista)
93.-Paula Navarro (Diseñadora)
94.-Javier Bello (Poeta, académico)
95.-Leonardo Aldaba (Psicólogo)
96.-Edurne Goicoechea (Profesora)
97.-Claudio Gaete Briones (Poeta, psicólogo)
98.-Lorenzo Peirano (Poeta)
99.-Marcela Saldaño (Poeta)
100.-Bruno Serrano (Poeta)
101.-Carolina Landsberg (Periodista)
102.-Max Berenfeld (Periodista, Formosa, Argentina)
103.-Irma Mercedes Pellegrini (Londres, Inglaterra)
104.-Cristina Castello (Poeta y periodista, Buenos Aires)
105.-Ricardo Dessau (Escritor y periodista, Buenos Aires)
106.-Marcos Arcaya Pizarro (Escritor)
107.-Rafael Farías Becerra (Poeta)
108.-Cristóbal Fuentes (Licenciado en Literatura)
109.-Verónica Zondek (Poeta)
110.-Bernardo Colipán (Poeta, profesor)
111.-Leonel Lienlaf (Poeta)
112.-Sonia Betancourt Sánchez (Académica, UFRO, Temuco)
113.-Rosamel Millamán Reinao (Antropólogo, Santa Fe, Nuevo México, U.S.A)
114.-Carmen Berenguer (Poeta)
115.-Juan Camilo Lorca (Bibliotecario, Biblioteca Nacional)
116.-Liliana Höet (Psicóloga Social, Argentina)
117.-Marisa Otero H. (Diseñadora, Argentina)
118.-Juan Manuel otero H. (Estudiante de Medicina)
119.-Miguel Torres Cortés (Ingeniero, economista)
120.-Daniel Torres (Maestro de español)
121.-Amado J. Lascar (Poeta,académico de la U. de Ohio, U. S.A)
122.-Gemma Rojo R. (Licenciada en Antropología)
123.-Victor Melt (Médico Cirujano, Perú)
124.-Héctor Nahuelpán (Profesor)
125.-María Angélica Huenchún H. (Trabajadora Social)
126.-Grínor Rojo (Académico, U. de Chile)
127.-Leonidas Morales (Crítico literario y Académico, U. de Chile)
128.-Andrés Cuyul (Asistente Social)
129.-Andrea Marihuan (Asistente Social)
130.-Hector Cumilaf (Profesor)
131.-Marcelo Hermosilla Jaramillo (Administrador público)
132.-Isabel Hernández (Antropóloga)
133.-Guadalupe Santa Cruz (Escritora)
134.-Elías Padilla (Antropólogo)
135.-Rodrigo Sepúlveda (Antropólogo)
136.-Ana Partal (Poeta)
137.-Julián Herreros (Músico)
138.-Isabel Ruiz (Actriz)
139.-Sebastián Ruiz (Bailarín)
140.-Graciela Elsa Benavides (Escritora, bibliotecaria,Argentina)
141.-Martín Almada (Premio Nobel Alternativo de la Paz)
142.-Elvira Córdoba (Periodista, Argentina)
143.-Liliana Forchetti (Argentina)
144.-Celina Vautier (Argentina)
145.-Gema Pascual Hoyuelos (Psicopedagoga, España)
146.-Nivia Zapata Herrera (Profesora)
147.-Gustavo Barrios (Profesor)
148.-Irmtrud König (Académica, U. de Chile)
149.-Ariel Dorfman (Escritor y académico residente en U.S.A)
150.-Leonora Vicuña (Fotógrafa)
151.- Alejandro Lavquén (Poeta)
152.-Dinko Pavlov (Poeta)
153.-Pavel Oyarzún (Escritor)
154.-Isabel Gómez (Poeta)
155.-Daniela Pizarro (Poeta)
156.-Cecilia Palma (Escritora)
157.-Eduardo Robledo (Poeta)
158.-Víctor Sáez (Escritor)
159.-Ángela Montero (Escritor)
160.-Marcelo Lira (Poeta)
161.-Magdalena Fuentes (Poeta)
162.-Edmundo Herrera (Poeta)
163.-Reynaldo Lacámara (Poeta, presidente Sociedad de Escritores de Chile)
164.-Óscar Aguilera (Poeta)
165.-Francisco Villa (Cantautor)
166.-Carlos Gaminao Kelempan (Artista Visual)
167.- Liliana Romero B. (Estudiante de Pedagogía en Castellano)
168.-Felipe Zavala Jara (Ingeniero Ambiental)
169.-Tania Salinas (Estudiante de Psicología)
170.-Claudia Fuentes (Estudiante de Psicología)
171.-Leonardo León (Historiador U. de Chile, Miembro de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato)
172.-Raquel Cerda Astorga (Psicóloga, FLACSO Chile)
173.-Luis Osvaldo Ríos (Asistente Social)
174.-Gloria Levil Chicahual (Periodista)
175.-Oriana Jara (Socióloga y Psicóloga, Brasil)
176.-Boris Cabezas Concha (Profesor de Castellano)
177.-Asociación de Artistas Visuales Indígenas
178.-Jessica Sandoval (Profesora de Historia)
179.-Eugenia Calquín Morales (Comunicadora)
180.-Mario García Alvarez (Poeta, profesor de Castellano y Filosofía)
181.-Carmen Capdevila (Actriz, Argentina)
182.-Ana Zabala (Psicoanalista, Argentina)
183.-Paola Guajardo Arrázola (Periodista)
184.-Juan Carlos Sánchez (Docente y escritor, Argentina)
185.-Cristina Castello (Poeta y periodista)
186.-Margarita Valenzuela Muñoz (Diseñadora)
187.-Concha García (Poeta, España)
188.-Hugo Antipani (Profesor)
189.-Osvaldo Sado (Médico, Argentina)
190.-Octavi Monsonís (España)
191.-José Antonio Bustos (Antropólogo, España)
192.-Eduardo Vilo (Artista Plástico)
193.-Lilian Elphick (Escritora)
194.-Manuel Jofré (Profesor de Literatura, U. de Chile)
195.-Jaime Ibacache Burgos (Médico)
196.-Daniela Picón (Licenciada en literatura)
198.-Jacqueline Caniguan (Poeta y profesora de Castellano)
199.-Alba Pereyra Lanzilloto (socióloga)
200.-René Inostroza (Cantor popular)
201.-Mario Parada Lezcano (Académico U. Valparaíso)
202.-Sergio Angeloni (Profesor de Lenguaje)
203.-Alejandra Bottinelli (Académica Depto. Literatura U. de Chile)
204.-Isabel Orellana (Profesora-investigadora, Université du Québec à Montréal (Quebec) Canadá)
205.-Marcelo Solervicens (Periodista, Canadá)
206.-Antonieta Muñoz (Periodista)
207.-Nancy Díaz Flores (Profesora)
208.-Gerardo Alvarez Méndez (Lingüista U. Laval, Québec, Canadá)
209.-Verónica De Negri (Activista DDHH, USA)
210.-Ximena cuadra Montoya (Licenciada en Sociología)
211.- Oscar Vázquez (Ingeniero en Negocios)
212.-Paulina Guevara (Profesora Diferencial)
213.-Heraldo Povea Pacci (Médico, Docente universitario)
214.-Edith Soza Romero (Artista visual)
215.-Roberto Pignoni (Profesor Asociado, U. La Sapienza, Roma)
216,-Luis E. Aguilera, Escritor, La Serena - Chile
217.- Susana Moya, Poeta. Coquimbo, Chile
218.- Partido Revolucionario Marxista-Leninista de Chile (PRML de Chile
219.-Nicole Salinas (Brigada por la Libertad - Radio 1 de Mayo)
220.-Katia Martinez (Brigada por la Libertad - Radioi 1 de Mayo)
221.-Bastian Araneda (Brigada por la Libertad - Radio 1 de Mayo)
222.-Patricio Rivera Moya (Periodista)
223.-Susana Huenul Colicoy (Periodista)
224.- Loreto Arias Osses (Trabajadora Social)
225.- Claudio Gárate Troncoso (Trabajador Social, ACtivisTa H2, Chile)
226.- Fernanda Guijuelos Sanhueza (Trabajadora Social)
227.- Natalie Veloso Núñez (Comunicadora Social)
228.- Marco Chandía (Profesor)
229.- Barbara Muñoz Porqué (Estudiante venezolana)
230.- Franklin Miranda Robles (Periodista, Ecuador)
231.- Pamela Fuentes Pradenas (Estudiante de Antropología y Sociología U-ARCIS Valparaíso, Chile)

Sobre shows, medios y verdades

por joseleon71 @ Viernes, 11. Ene, 2008 - 09:05:22 am

Ver: El show mundial contra Chávez se va de culo, de José Sant Roz

Hay shows y hay shows. Depende quien los monte y quien los pague. Depende, por supuesto, de los fines que persigan, porque el medio, como se ve, es precisamente el show. Para los que han seguido el caso de la entrega de los rehenes Clara y Consuelo por parte de las FARC al gobierno venezolano, la palabra show ilumina las complejas operaciones de manera muy distinta, todo depende de la banda desde donde se mire.

El canciller colombiano Fernando Araújo calificó de show el despliegue orquestado por el gobierno venezolano para acompañar la entrega de los rehenes. Intervinieron varios países