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Archivos de: Diciembre 2007

Apuntes sobre Caliban

por joseleon71 @ Domingo, 30. Dic, 2007 - 09:21:45 pm

Notas sobre el libro
Todo Caliban
de Roberto Fernández Retamar (Fondo Cultural del Alba. La Habana, 2006)

“A Norteamérica sajona le toca coronar y cerrar la civilización capitalista. El porvenir de la América Latina es socialista”

José Carlos Mariátegui

“No hay más que un mundo, donde luchan opresores y oprimidos, y donde estos últimos obtendrán más temprano que tarde la victoria”

J. F. R

Una pregunta desató Caliban (1971), respuesta airada que ya lleva 36 años, y “…nada hace pensar –se lamenta Fernández Retamar- que la dolorosa aunque fiera imagen de Caliban tienda a ser innecesaria, porque se hubiese desvanecido la temible imagen de Próspero” (9). Ante la continuidad del proyecto colonizador e imperialista surge la necesidad de seguir afirmando que la humanidad “no es otro experimento fallido de la Naturaleza” (9). De ahí, todas las ediciones y múltiples traducciones, hasta abrevar en este libro compendio, preparado por el propio autor para una edición de la Editorial Letras Cubanas del año 2000, y retomada en el 2006 por el Fondo Cultural del Alba.

La pregunta (hecha por un periodista y en la que supura la respuesta, no la de Retamar por supuesto, sino la dictada por el imperio: no existimos); es: “¿Existe una cultura latinoamericana?” (11). Dudar de ello, responde Retamar, era “poner en duda nuestra propia existencia” pero sobre todo, y he aquí el corazón de este poderoso libro, “estar dispuestos a tomar partido a favor de nuestra irremediable condición colonial” (11).

¿De dónde viene Caliban? El de Fernández Retamar viene de Shakespeare, de La Tempestad. Viene de la palabra caníbal, de caribe, de Montaigne. De Tomás Moro. Viene de vuelta de cinco siglos de miradas fascinadas y aterrorizadas, de planteamientos utópicos y racistas. De Ernst Renan, para quien Caliban era el pueblo “presentado a la peor luz” (21). De John Wain, para quien Caliban “produce el patetismo de todos los pueblos explotados” (29). De Martí, quien sentía correr por sus venas “sangre de caribe, sangre de Caliban” (42).

Dos imágenes llegaron a Europa: el taíno, manso y dulce, y el caníbal terrible, antropófago. Las dos imágenes alimentaron proyectos antípodas: para la izquierda el “buen salvaje” supuso la posibilidad de una “sociedad perfecta” poblada por criaturas edénicas (18) (utopismo). Para la derecha, produjo la “versión degradada que ofrece el colonizador del hombre que coloniza”, imagen que justificó(a) el genocidio y el pillaje (18).

¿Qué busca Fernández Retamar? “Asumir nuestra condición de Caliban”, que implica “repensar nuestra historia desde el otro lado, desde el otro protagonista” (37). No desde Próspero, el colonizador, no desde Ariel, el que vive en el aire, el intelectual, el ingrávido. En otras palabras con fondo martiano: reinterpretar “nuestro mundo, a la luz exigente de la revolución”.

“Hay que objetar la ideología de Próspero” (154), al tiempo que debemos proclamar, desafiantes, “los valores no occidentales en la América Latina” (181).

Reconoce el poeta cubano que “sólo leemos con respeto a los autores anticolonialistas difundidos desde la metrópolis”, condición que su libro desde hace más de treinta años, y esta edición del Fondo Cultural del Alba, han tratado de desafiar, desmentir, renegar. Sabe que hemos cultivado –y por eso la energía y la rabia confesa del libro- que tenemos una “perspectiva colonizadora de la historia” (42).

En un punto me parece que Fernández Retamar ofrece una bisagra, celosía, torreón: la visión de modernidad de José Martí. Un pensamiento que la derecha imperial (más allá de Dos Ríos…) no permitió que cuajara (en nosotros), permitiéndonos apenas su costado menos punzante, su roma estampa de mártir, de poeta. Pensamiento y acción que mantuvo dispersos, que obliteró a cambio de pensamiento colonial, europeo, eurocéntrico, manteniéndonos alejados, quietos, desconocidos de nosotros mismos. Revolución, dignidad del pensamiento y de la acción, que la revolución cubana abrió – viene abriendo- hasta nosotros.

Aunque hablamos la lengua de los colonizadores, con ella misma los maldecimos.

Es el colonizador quien nos unifica y nos hacer ver “nuestras similitudes profundas más allá de accesorias diferencias” (19). Aquí las similitudes profundas aluden a un mestizaje no accesorio ni circunstancial, sino central, lo que llevó a José Martí a hablar de “nuestra América Mestiza”.

La lucidez martiana pertenece a nuestra tradición. No de otra manera entiendo su periferia central, su estar en el corazón de América con plena conciencia del imperio, de la arrogancia y peligrosidad del capitalismo, con plena conciencia, además y tan raigalmente, de su raíz mestiza, de su raíz europea, indígena y negra. No de otra manera debemos leer la totalidad que nos ofrece Roberto Fernández Retamar cuando nos invita a descubrir “al múltiple ser humano «ondulante y diverso»: el ser humano total, hombre, mujer, pansexual; amarillo, negro, piel roja, carapálida, mestizo; productor (creador) antes que consumidor; habitante de la humanidad, la única patria real («Patria es Humanidad» dijo Martí retomando una idea de los estoicos), sin Este ni Oeste, sin Norte ni Sur, pues su centro será también su periferia…” (177)

Corresponde a nuestra más íntima tradición el pensamiento mestizo de Martí, concepto de mestizaje el suyo, por cierto, que “no puede ser homologado con el que tienen de él no pocas oligarquías del continente y sus amanuenses” (92). Su mestizaje se funda en su antirracismo (93-94).

Pensamiento mestizo, el de Martí, que le permitió comprender un fenómeno que sólo en nuestros días comprendemos, intentamos comprender: la “descentralización de la inteligencia” (una lectura anticolonial de la llamada “era del conocimiento” se ha de parecer a esta penetrante idea martiana), noción desde la que se puede explicar la contextura líquida y difusa del pensamiento latinoamericano, que ha debido filtrarse, intersticial, por las hendijas que deja nuestra intelligentsia, vicaria de occidente, empleando discursos indómitos como la poesía o el ensayo, ignorados en los ambientes académicos donde la tercera persona, la impostura axiológica y el capital curricular pavonean su alejamiento de la realidad. Decía Martí “Sólo cuando son directas [naturales y no artificiales, recordemos que también proclamó que “el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural” (45-46)] prosperan la política y la literatura” (43). Pensamiento latinoamericano, nuestro, mestizo, que se sistematiza y conceptúa no en cuerpos (a no ser en los “cuerpos del sueño”, tomando prestada una metáfora de José Balza), doctrinas o sistemas al modo positivista europeo, sino de ese otro modo que, como en la literatura, permite la “captación profunda de la realidad” (118). El latinoamericano piensa en (a través de) su literatura. Mejor, a través de su lenguaje hecho palabra liberada, poesía.

Logos (razón, palabras, discurso) frente a la i-lógica (irracionalidad, sin palabras, elipsis) del capital.

Somos periféricos en lo económico y en lo político, pero no en lo literario (131). Con cuanta razón exclamaba Gabriel García Márquez: “¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambios sociales?” (123).

Pensamiento mestizo (¿post-moderno?) de Martí, si atendemos a la definición de George Yudice cuando se refiere a la postmodernidad como conjunto de “respuestas-propuestas estético-ideológicas locales ante, frente y dentro de la trasnacionalización capitalista” (136).

Tal mestizaje sólo puede nacer de la “interpenetración de las matrices culturales originarias de unos y otros”, la cual se logrará cuando no haya explotación (96). Está claro que una ética del diálogo, un encuentro libre y creador de dichas matrices sólo puede ocurrir en libertad. El capitalismo y sus modos de producción hacen imposible el diálogo porque nada pueden las palabras antes las razones (sin razones) del capital. Las minorías privilegiadas no están dispuestas a poner en discusión sus prerrogativas. De más está decir que el diálogo cultural en esas condiciones es y ha sido imposible.

¿Qué es la civilización para Martí? El “nombre vulgar conque corre el estado actual del hombre europeo” y pretexto del hombre europeo para ejercer el “derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea” (47). Como vemos su proyecto es antípoda del de Sarmiento, como antípoda de todos los que siguieron por cien años más arrasando nuestros países.

“La inteligencia americana es un penacho indígena”, dijo el Apóstol. Dijo más: “¿No se ve cómo del mismo golpe que paralizó al indio se paralizó a América? Y hasta que no se haga andar al indio, no comenzará a andar bien la América” (43-44).

El “inventamos o erramos” de Simón Rodríguez se conjunta con la previsión martiana de que no se pueden “regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas” (45), de EEUU, de Francia, de Inglaterra. “La universidad europea ha de ceder a la universidad americana” (45).

Frente a la conquista, frente a la expoliación, frente a la dominación, “ha ido forjándose nuestra genuina cultura” (71), “que sólo puede ser hija de la revolución, de nuestro multisecular rechazo a todos los colonialismos” (73).

“Queremos la revolución caribe…” (188), anunciaba en un temprano siglo XX el manifiesto antropófago de Oswald de Andrade, que devuelve a Occidente su (nuestro) caníbal liberado.


 
 

Venezuela y el Estado de Derecho

por joseleon71 @ Domingo, 30. Dic, 2007 - 05:18:28 pm

Notas sobre el libro
Comprender Venezuela, pensar la democracia. El colapso moral de los intelectuales de occidente
De Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero (2006). Editado por El Perro y la Rana. Caracas, Venezuela.

“No puede haber hoy quien pretenda con razón que deben haber clases ignorantes y pobres”
Simón Rodríguez

“En una sociedad que no está edificada con palabras y con medios políticos sino con euros y medios económicos, la libertad, por muy absoluta que se pretenda, no tiene capacidad para poner nada en libertad”

"...la amenaza más peligrosa se produce cuando los grupos izquiredistas "renuncian al uso de la violencia" y se implican en el proceso democrático"

C. F. L y L. A. Z

“Walter Benjamin (…) pone el acento sobre el papel fundador de juricidad de la violencia de las masas, y el temor que ello despierta en el poder (no por la violencia misma, sino por la posibilidad de generar otro poder”
Eduardo Grüner. El fin de las pequeña historias

En el enmarañado paisaje de las definiciones, ésta que nos ofrecen Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en Comprender Venezuela, Pensar la democracia, sobre el Socialismo del Siglo XXI, es de una tentadora sencillez. Es de ese tipo de respuesta (sobre el socialismo “a la venezolana”, respuesta que muchos quieren embrollada para que no responda, no aclare ni despeje) cuya obviedad (y por eso acaso su invisibilidad) debía reducir a los comentaristas, a los opinadores, a las estrellas de televisión de nuestra política, por lo menos, a un breve y modesto silencio, no importa que luego lo espanten con más arduos y retorcidos espantajos, apelando al socialismo real, al científico, a lo inédito del proceso (fórmula retórica cada vez más vacía), a las teorías del valor que requieren de sofisticados ordenadores para calcular lo incalculable. No. La respuesta que dan Fernández Liria y Alegre Zahonero brilla por su sencillez y larga y dolorosa historia: de socialismo hablamos, dicen, cada vez que se intenta poner las cosas a derecho, cuando se logra que las leyes dirijan el curso de las cosas, cuando la razón gobierna y no los privilegios: “El Socialismo del Siglo XXI consiste, ante todo, en tomarse el proyecto ilustrado muy en serio e intentar que, por primera vez quizá en la Historia de la Humanidad, se realice hasta el final” (97). Por otra parte, advierten, si se renuncia al Derecho, si se instituyen o generalizan vías de hecho “en nombre de la eficacia contra el capital, es casi seguro que algún particular intentará ocupar el lugar de las leyes y no habrá ya medio de impedirlo” (105-106).

Es una ventaja histórica, qué duda cabe, el hecho de que haya un “Presidente que se empeña en que las leyes las deciden los ciudadanos”, como atestiguan las elecciones que nos llevaron al marco legal que hoy existe, el único que hemos tenido los venezolanos –y el único con posibilidades ciertas de triunfo, por eso según los autores la atención mundial y los desafueros de la oposición nacional e internacional- que garantiza corregir legalmente las malas leyes. Pero esta posibilidad y la garantía de su cumplimiento es, ciertamente, posible en el marco de la Revolución Bolivariana, “garantía –precisan- de que se van a respetar las decisiones de los ciudadanos” (89), como ocurrió recientemente con los resultados –adversos aunque por muy escaso margen- en el referéndum por la Reforma Constitucional.

Intentan Fernández y Alegre redefinir el famoso y tan mentado Estado de Derecho. No se trata, advierten, de “superar el derecho burgués”: los intentos de “ir más allá del derecho”, ensayados por el fascismo y el comunismo, terminaron “empantanados en un asfixiante más acá en el que era imposible la ciudadanía” (21). Sobre el “hombre nuevo” afirman, con razón, que se trata de uno de “los capítulos más siniestros de la historia del llamado “socialismo real” (21), porque en efecto, el “verdadero hombre nuevo, incesantemente anhelado por las tradiciones comunistas, no es otro, después de todo, que el ciudadano ilustrado de toda la vida” (22-23). Dicen más: “El protagonista de la sociedad comunista del futuro puede y debe ser el ciudadano exigido por el proyecto político de la Ilustración” (47), partícipe de esa “especie de milagro por el que los papeles, las palabras, en definitiva, el logos, consigue ponerse manos a la obra y colocar ladrillo sobre ladrillo hasta que se edifica una casa…” (73).

De lo que se trata, pues, para llegar al Estado de Derecho o “derecho a secas” es de “arrancar de las manos de las burguesías el control del espacio de la ciudadanía” (23), y para ello se precisa una revolución toda vez que bajo condiciones capitalistas de producción la ciudadanía es imposible, como incompatible la democracia con el capitalismo. ¿Pero ciertamente se precisa una revolución para “conseguir lo más normal del mundo” (23)? Se preguntan, y se responden: “…bajo condiciones capitalistas de producción, eso de tener un “Estado de Derecho normal” es algo que exige precisamente una revolución (…) claro, siempre que hablemos de un verdadero Estado de Derecho y no de una estafa a la que solemos referirnos con el mismo nombre (estafa a la que hemos denominado “ilusión de ciudadanía”) y que consiste, como hemos explicado ya, en esa situación en la que las leyes son tan sumisas al mandato de los poderosos, se adaptan a él con tal obediencia y precisión que, al resultar ambos idénticos, puede incluso parecer que son las leyes (en vez del mandato de los poderosos) las que han configurado efectivamente la realidad” (78-79). Dicen más: por Estado de Derecho nos vendieron, medios e intelectuales, una vasta “ilusión de ciudadanía”.
El modo capitalista de producción, y por ende su incompatibilidad con la democracia y la construcción de la ciudadanía “depende por entero de que la población le vaya la vida en encontrar un trabajo asalariado y, por lo tanto, lo busque desesperadamente” (104), desesperación que la llevará la mayor de las veces sin darse cuenta (ceguera que alimentan y robustecen los medios y la educación) a naturalizar (aceptar sin cuestionamientos, y mejor sin extrañeza) la dominación y la exclusión. Fernández Liria y Alegre Zahonero entenderán que existe Estado de Derecho cuando existe un marco legal que permite “corregir legalmente las malas leyes” (29).

Ante las leyes no queda otra sino obedecer o persuadir, no patear la mesa, no la política de las cañoneras y el garrote. Obedecer o persuadir, argumentar y contraargumentar, fue según los investigadores españoles el proyecto de la Ilustración, ello con el fin de erradicar “la violencia en el ámbito de la vida política”, y por tanto, someter el “poder a la ley” (28-29). Entre el “vacío inhumano del mercado” y la “densidad demasiado humana de las sociedades cerradas”, la Ilustración “ha depositado en los sentimientos universales de Humanidad, Fraternidad y Solidaridad, todas sus esperanzas de conseguir fraguar, precisamente, sociedades de ciudadanos” (100).
Pero este proyecto, eminentemente político, ha sido avasallado por el poder económico, por la “mano invisible” del mercado, que supo convencer o persuadir a los remisos de las ventajas del liberalismo, como aconteció, para poner una fecha olvidadiza, en 1864, cuando el capital inglés consiguió aliados en Brasil, Argentina y Uruguay para destruir Paraguay en lo que se conoce en los anales de la ignominia como la “Guerra de la Triple Alianza”. El capitalismo no está dispuesto, y el siglo XX es harto testigo de ello, “a aceptar correcciones de leyes que afecten al capitalismo” (36), y por supuesto, actitudes, políticas, programas, que pongan por delante los intereses y necesidades de las mayorías antes que los privilegios de los minorías. Estos privilegios son imposibles de defender en una “discusión cívica” señalan los autores, antes bien precisan de una guerra civil y “hacen lo que sea por intentar desencadenarla” (93). La ley cuando se ajusta a la razón “no se convence ante los privilegios” (75), ni ante la fuerza. “Los privilegios, ciertamente, pueden darse de hecho, pero jamás podrán convencer al derecho” (74).

No pueden poner, dicen Fernández y Alegre, “ni un solo ejemplo de una victoria electoral anticapitalista que no haya sido seguida de un golpe de Estado o de una interrupción violenta del orden democrático” (38).
Esta intemperancia del poder económico (y por supuesto militar) avalado por una caterva de intelectuales vendidos al poder y por medios propaladores del liberalismo, torna una estafa el Estado de Derecho, que existe sólo cuando puede amparar a la población cuando ésta decida (si lo decide, si le da la gana) “cambiar el estado de cosas existente” (53), sin sufrir como Panamá, como Grenada, como tantas veces y hoy Haití una invasión militar; es decir, cuando “el derecho obra sobre la realidad” (54).
El Estado de Derecho debe ser construcción, pues, del derecho, y no de la historia. No existe Estado de Derecho cuando el margen de acción política es “irrisorio” (59), cuando el mercado y sus leyes están por encima de la población y sus necesidades o cuando los argumentos económicos “tienen la última palabra” (61). No existirá, mientras los parlamentos estén secuestrados por los ministerios de economía, toda vez que los beneficios capitalistas no tienen en absoluto la necesidad o el interés de “coincidir con las necesidades sociales” (102).

Con Polanyi nos recuerdan los autores que las “sociedades que han sobrevivido lo han hecho precisamente a base de defenderse del mercado y no de profundizar en él” (98). Mas acaso lo esencial consista en que la propiedad privada –tan defendida por los propietarios (que defienden menos lo que tienen que el sistema que garantiza el derecho exclusivo de poder tener- “está abolida para las nueve décimas partes” (101) de los miembros de la sociedad.
Y como nos dicen Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, sin propiedad, no sólo de los medios de producción, sino de hasta la propia identidad, además sin tierras ni vivienda, sin educación ni salud, sin voz ni rostro [se precisan “sujetos” de derecho, con un cuerpo que es el soporte de todos los derechos amén de condiciones materiales (comida, ropa, vivienda, salud… etc.) “para el ejercicio de cualquier derecho” (84)], aspectos que el gobierno bolivariano ha ido cubriendo pese a la campaña desestabilizadora, con golpe de Estado incluido y tres meses de sabotaje a la mayor industria del país, con medios de comunicación terroristas, con boicot en la producción y distribución de alimentos, perpetrados por una oposición nacional, aplaudida y alentada por capital y figurines extranjeros. Cuando, en fin, de lo único de que se es propietario es de la “propia capacidad de trabajar para otro” (103), la ciudadanía es poco menos que una ilusión, es una estafa.

Sin vicios comunicacionales para el 2008

por joseleon71 @ Viernes, 21. Dic, 2007 - 10:17:52 am

Tomado de aporrea.org
Sin vicios cocomunicacionales 2008

Texto de
Israel Colina

Los aspectos contrarrevolucionarios que determinaron la derrota del 2D incluyen también, la ineficiencia e ineficacia de los medios del Estado; es decir, de los medios con los cuales cuenta el Gobierno Bolivariano, para difundir, promover y debatir los grandes problemas, retos y políticas a aplicar y cumplir en toda la nación.

Un diagnóstico sensato es impostergable. Con todos sus errores y las críticas que puedan hacerse en su contra, Telesur es el único canal internacional de noticias con el cual contamos en la región suramericana. La campaña en su contra si bien pasa por la crítica constructiva, no infiere la necesidad de su extinción, sino de su revisión y fortalecimiento. En caso contrario, CNN en Español nos “representará”, “hablará por nosotros” y eso, sí sería una derrota mediática internacional antelada.

El caso VIVE es similar. El discurso audiovisual no puede estar reñido con la calidad que debe proponerse al público nacional. La visibilización de los invisibles no puede seguirse debatiendo sobre sillas blancas de plástico en escenarios comunitarios estáticos. La comunidad tiene su dinámica afuera de esa conversa trillada y aburrida. Hay que levantarse y poner a caminar entre sus calles y con su gente a los equipos de grabación. La buena intención, no basta. Aparte, los trabajos suelen montarse a machetazos y así usted tiene la posibilidad de recibir su Valium audiovisual a cualquier hora del día. Nadie puede calarse un documental tras otro con ese ritmo que dista tanto del ser latinoamericano; un ritmo que increíblemente adormece al más ávido espectador.

VTV es un canal con serias y perceptibles deficiencias. La programación no tiene nada que envidiarle a Vive, salvo aquellos que sirven para las entrevistas y el desmontaje de matrices de opinión de la derecha, como La Hojilla y Contra Golpe, con todos sus desaciertos; pero recae en sus conductores un peso que es de todo el Gobierno y el pueblo progresista venezolano. Los programas infantiles son enlatados añejos y no macerados. Son imposibles de apreciar o a fin de cuentas, despreciables. Los avances y los noticieros son gobierneros. Aquí todo marcha bien. Debería servir para la contraloría social. No hay corresponsalías de VTV en todos los estados del país, por lo cual los canales privados nos llevan una delantera en difusión de mentiras y manipulaciones. Aparte, no tenemos un canal de noticias nacionales las 24 horas que se haga desde una perspectiva respetuosa de los venezolanos para contrarrestar a Globovisión.

TVES sufre aún de dolores de parto con todas sus contradicciones. No obstante, puede apreciarse, la búsqueda rápida de un lenguaje eminentemente cultural que se enfrenta a la industria comunicacional venezolana –lo cual es encomiable-, muy enraizada en los tuétanos del público ignorante que padeció a RCTV, que padece al canal “sensacional” y a otros que irrumpen con descaro en el espectro radioeléctrico nacional con el aval del Estado y las ineficaces instituciones que lo representan y encargadas de actuar ante sus desmanes cotidianos. No cometan el error de propulsar enlatados de VIVE. Muy pocos de sus programas han logrado captar público masivo y eso a estas alturas, es imperdonable. El nuevo perceptor no puede esperar por la caligüeva que los define.

Las radioemisoras comunitarias. ¿Existen las radioemisoras comunitarias? ¿Cómo es su programación? ¿Quiénes hablan tras sus micrófonos y cuál es la música que allí suena? Cuando aparecen por allí, hablan los “dueños” de las mismas y no la gente del pueblo o la comunidad y lo que se escucha es la música de moda: ¡Tremenda revolución, nojoda! Usted llega a algunas y bueno, afiches de Shakira, Chayanne, Alejandro Sanz y Juanes en las paredes. ¿Y Venezuela? Al coño de la madre. ¿Y la comunidad? A la mismísima mierda. ¿Qué pasa CONATEL? ¿Qué pasa Ministerio de Telecomunicaciones? ¿Qué pasa MINCI? Ya hace rato de esta situación. Todo el proceso de nacimiento y degeneración de las mismas, no ocurrió días antes del 2D. Es de vieja data ya el gran asunto, porque es un gran asunto. No lo menospreciemos.

Vale también, no generalizar y reconocer el trabajo de aquellas radioemisoras comunitarias que pese al poco respaldo de estas instituciones, siguen la vertiente revolucionaria bolivariana y socialista, así como los circuitos de RNV. Rebelión y Aporrea en la red, siguen dando la batalla.

A propósito del Minci. Las publicidades en medios impresos y audiovisuales privados no pueden seguirse regalando a mansalva a los monopolistas de los mass media. Las obras en las comunidades hablarían por sí solas y le gente conciente las agradecería si estos trabajaran en sintonía con esos sentimientos de construcción de patria y ciudadanía; si incluso ayudaran a la conformación de los Comités de Usuarios previstos en el Artículo 12 de la Ley RESORTE, una de las leyes más irrespetadas desde su promulgación en diciembre de 2004.

A los ineptos gobernadores y alcaldes “revolucionarios” hay que recordárselo: ustedes no existen sin Chávez. Por eso algunos pensaron: “Me fotografío con Chávez, luego existo”, “Chávez me nombra a dedo, luego existo”. Sus liderazgos son de vallas publicitarias, de eslogans, de pacotilla. No son líderes naturales, son coyunturales; pero tampoco han hecho el esfuerzo por aprender a construir ese liderazgo en las comunidades. Andan embriagados por esos sueldos de pequeños burgueses, el botox, las depilaciones laser y el aire acondicionado de sus casas y vehículos personales. Sus campañas comunicacionales dan vergüenza: engañan al pueblo con programas y publicidades de planes y proyectos virtuales. Su vagancia de asco.

Así que los medios del Estado se ponen las pilas o el proceso revolucionario puede acentuar su descalabro el año entrante, debido a que los encargados de orientar masivamente el camino hacia la consolidación del proceso y todas sus posibilidades futuras, andan distraídos tragándose los productos de las cestas y “baúles navideños” (Una perla de derroche decembrino del IVSS) y apiñando las salas de sus casas con luces, san “nicolases”, arbolitos y otras huevadas. El closet está a reventar con la ropita de moda para el 24 y el 31. Y el resto del Pueblo, el que no cobró utilidades ni prestaciones por su mediocridad, ineficiencia e ineficacia, que se joda. El 2008 es un año de elecciones de gobernadores y alcaldes. Será la nueva avanzada de la oposición, para ocupar los escaños perdidos con “liderazgos” bien conocidos y de una ultraderecha que viene cabalgando por la baranda. Y no lo harán con campañas de “Amor” y “Frenesí”. Será más sucia que la del 2D, aberrante, cochina y si no lo impedimos: exitosa.

¡A trabajar!

israelcolina@yahoo.es

Israel Colina en Aporrea.org

El triunfo de la Ilustración

por joseleon71 @ Jueves, 20. Dic, 2007 - 08:10:40 am

Tomado del libro Comprender Venezuela, pensar la democracia. (El Perro y la Rana. Caracas, 2006), de Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero.

“Frente a esta impotencia de lo político y esta superfluidad del derecho, lo que encontramos en el proyecto bolivariano de Venezuela es la firme decisión de tomarse radicalmente en serio el concepto de ciudadanía ilustrada. Es imposible describir mejor lo que está ocurriendo en Venezuela que aludiendo al espectáculo inigualable de un pueblo que ha comenzado a confiar en que “las leyes pueden servir para algo”. En Venezuela, millares y millares de personas están aprendiendo a leer para enterarse de cuáles son sus derechos en la Constitución. Se trata, sin duda, del texto constitucional más leído en la historia. Es impresionante contemplar la alegría generalizada con la que ser humano celebra el descubrimiento de su ciudadanía. Porque, en efecto, igual que Kant, Hölderlin, Hegel o Schelling saludaron en su momento lo que fue el aparente triunfo de las aspiraciones ilustradas en la revolución francesa, con esa “emoción sublime” que se despierta ante “el espectáculo de ver a la realidad obedecer a las exigencias de la razón”, es imposible, hoy día, dejar de admirarse ante la visión del proceso bolivariano. No hay espectáculo más asombroso que el poder legislativo de la ciudadanía, ahí donde se dan unas condiciones en las que el curso real de las cosas no tiene otro remedio (pese a los paros patronales, los intentos de golpes de Estado, las mentiras mediáticas, las injerencias extranjeras y los llamados al magnicidio) que plegarse a las exigencias de la ley.
No sólo la izquierda, la humanidad entera debería estar boquiabierta y expectante frente al proceso bolivariano en Venezuela. Lo que se está celebrando en Venezuela es la fiesta del Estado de Derecho. Y hay motivos para creer que en esta ocasión, por una vez en la historia de la humanidad, la fiesta puede salir bien. Una correlación de fuerzas muy anómala, un ejército dispuesto a defender el orden constitucional (en lugar de defender a las corporaciones económicas contra el orden constitucional), unos recursos petrolíferos que permiten al Estado poner medios para volver eficaces las leyes, la sucesión de varios fracasos que han puesto al golpismo de la oposición en evidencia, todo ello ha permitido recolocar a Venezuela en unas condiciones históricas en las que puede ensayarse libremente el programa político con el que la Ilustración quiso modelar la sociedad moderna: la aventura de la ciudadanía. Quizás por fin, como quiso toda la historia de la filosoía, desde Sócrates Hegel, pueda mostrarse que es posible lo que decía Anaxágoras: que la razón rija el mundo. O, si se quiere decir así, que lo que ocurra en el curso histórico de la sociedad pueda ser decidido políticamente por una ciudadanía dispuesta a argumentar en un marco legal. La más mimada de nuestras ilusiones, hecha realidad.
Lo que tenemos en Venezuela es una sociedad, que, en una especie de anomalía de la Edad Contemporánea, depende a vida o muerte de sus buenas o malas leyes, de su Constitución, de su Derecho. No ya una sociedad lo suficientemente privilegiada para poderse permitir decretar los derechos ciudadanos ahí donde estos son ya superfluos, sino una sociedad que, para escapar del océano de miseria infrahumana en la que se encuentra sumida, ha puesto todas sus esperanzas en los derechos de su ciudadanía, bajo un marco legal, la Constitución, que garantiza que mediante la ley, los ciudadanos tienen derecho a cambiarlo todo en la realidad.
Esto es, en efecto, lo que nosotros decimos que es un Estado de Derecho. Nunca hasta hoy el ser humano había estado tan cerca de poder contemplar ese espectáculo inigualable por el que en el curso del Tiempo se abre un espacio para la obra legislativa de la Libertad. Ese claro en el bosque de la historia, no está hecho de palabras, sino de leyes armadas con el ejército, el petróleo y un pueblo cada vez más mayoritariamente comprometido a defenderlo. Todos nuestros intelectuales mediáticos tendrían ahora una excelente ocasión para seguir el ejemplo de Giovanni Vattimo y despertar de su sueño dogmático, destruir el espejismo de la ilusión de ciudadanía, y sumarse a la fiesta del Estado de Derecho que el pueblo de Venezuela está brindando a la humanidad. Al tiempo que se redimirían así del racismo trascendental en el que se encuentran sumidos, tendrían, además, una buena ocasión para profesar un sano antirracismo empírico. Pues el hecho de que la fiesta del Estado de Derecho por la que la humanidad lleva clamando siglo tras siglo haya venido, por fin, de la mano de un hombre del pueblo, un negro, un indio, un mestizo, vuelve aún más bello este espectáculo.” (pp. 64-65)

______________________________________________
Ver: Contra el capitalismo: estado de derecho y constitucion, de Santiago Alba Rico

Cubagua

por joseleon71 @ Miércoles, 19. Dic, 2007 - 07:38:21 pm

“Todos buscan oro. Hay, sin embargo, una cosa que todos olvidan: el secreto de la tierra”
E. B. N. Cubagua

I
Leer Cubagua (Monte Ávila, 1996) de Enrique Bernardo Núñez (1895-1964), desde la óptica de la inserción de nuestro país –territorio y población- en el capitalismo mundial, provee de algunos datos de interés. Ya lo decía Franklin Pease en el prólogo a Nueva Crónica y buen gobierno de Felipe Guamán Poma Ayala: “desde el siglo XVI, una de las mecánicas de la colonización ha sido, hasta nuestros días, la imposición de patrones geográficos y toponímicos”.
Con la belleza de Cubagua, con el tono, con ese ritmo que por momentos recuerda la prosa de José Antonio Ramos Sucre, con ese acompasado delirio, Bernardo Núñez nos dice entre otras cosas, que perlas y petróleo se engarzan y entrecruzan, que tiempos y espacios, sensaciones y paisajes se yuxtaponen, configurando(nos) un mismo destino. La emoción de Leiziaga (el personaje que vive en su interior el trasiego de los siglos, obsedido por la presencia de Nila, la hija de un cacique asesinado, que había ido a estudiar a Europa y a Norteamérica “donde siguió un curso en la Universidad de Princenton” (20-21), que tocaba el órgano y todos salían a verla para después callar “porque era demasiado bella y altiva” (7), metáfora de la plenitud de la tierra, de lo indígena u original que persiste secretamente) cuando ve el petróleo, es la misma –dice Bernardo Núñez- que la que sintió Colón ante “las indias adornadas de perlas” (26). Perlas y petróleo se cruzan en una suerte de tiempo mítico, ese tiempo de “escombros sumergidos” (25).
Nila es Diana, la Cazadora, la que siente pasión por la cetrería, por la danza, por el dormir al aire libre, por el galopar horas y horas, “su cuerpo tenía la prístina oscuridad del alba” (7). Bernardo Núñez curiosamente vincula estas pasiones con las aspiraciones de la “vida moderna”, y está claro que sólo caben en el ocio, ese tiempo que cuando es de verdad, cuando responde a la autonomía, al tiempo individual –propio- del individuo, se emancipa de la producción capitalista. El ocio es posibilidad de tiempo mítico, absoluto, cuando el trabajo no puede mancillarlo, cuando se instala en otro tiempo y lugar al socaire de las limitaciones humanas. El ocio en este caso no es tiempo residual sino absoluto, plenitud.
Ese tiempo absorbe a Leiziaga, lo enceguece. Nila es encarnación de ese tiempo que comulga con el primordial, cuando el trabajo (capitalista: perlas, esclavitud, petróleo, explotación) no existía.
Llega Colón y, con él la sed de perlas; después, la sed de petróleo. A “La isla de Cubagua, que sólo la codicia hizo habitable” (32). El progreso “entrará a la fuerza” (19); “ahora tendremos carreteras” (18), fácil comunicación por todos lados (27); velocidad: “Los hombres que se mueven como dormidos desaparecerían” (26).
Con el petróleo vendría el progreso y con él una idea distinta, occidental, capitalista, de la velocidad, la distancia y el tiempo. Los sujetos modernos comienzan a sentirse incómodos en la lentitud, en la morosidad de la vida, comienzan a desear el vértigo: “Deseo huir de todo esto, porque hoy (en el mundo moderno, global, capitalista que comienza a configurarse) años son días y aquí (en Cubagua, en la periferia atrasada, no-moderna) los días son años” (10).
Pero igual como el tiempo absoluto de los orígenes comulga con el ocio (esa forma secular de la eternidad), en los mitos indígenas un tiempo distinto se vislumbra, un país con “ciudades opulentas surcadas de canales, descollando entre palmeras y jardines”, en “la que los hombres se remontaban en máquinas y se comunicaban a grandes distancias por medio de las señales de sus torres”. El mundo, murmura sabiamente Bernardo Núñez “se hace y se deshace de nuevo” (68).
El tiempo del maíz, de la fiesta, del trabajo, del amor; ese en el que “Una y otra vez –como sueña Bernardo Núñez- desgranarían las mazorcas”, donde “una y otra vez cuajaría el racimo de mayas, y aquel beso suyo continuaría encendido en otras bocas” (49-50), ese tiempo eterno y como detenido que compartimos con la mirada nostálgica hacia el pasado indígena, será desplazado por el tiempo aherrojado de los blancos: “Morid todos, hijos míos. Es preferible”, dice un cacique “empalado, sangriento, acribillado de insectos, con el aspecto de un crucificado de piel cobriza” (51). A lo que (nos) puede responder con desdén un personaje: “El pasado, siempre el pasado. Pero, ¿es que no se puede huir de él? Sería mejor que hablásemos ahora del petróleo” (30). “En breve la isleta estaría llena de gente arrastrada por la magia del aceite. Factorías, torres, grúas enormes, taladros y depósitos grises: “Standard Oil Co. 503” (26).
Después de la destrucción de los ostrales y ante la escasez de agua “las labranzas fueron “abandonadas y los que podían emigraban a los campos de petróleo o al Orinoco” (14).

II
La agricultura precolombina –como sabemos- fue destruida por la voracidad minera de los conquistadores y condujo a la nación una pobreza histórica y estructural. Esa pobreza definió nuestras ciudades y nuestras poblaciones. Además, lo que pasó en Cubagua pasó de algún modo en Latinoamérica:

“La perla es la vida de todos (…) No caía gota de agua en la isla. Las labranzas quedaban abandonadas y los que podían emigraban a los campos de petróleo o al Orinoco…” (14).

Llega, pues, a Cubagua, como decir al país, el capitalismo internacional:

“Aquí se dan excelentes uvas. Las piñas son las más ricas y la variedad de pescado es infinita. Hay para sutir al mundo de conservas. ¡Si hubiese iniciativa! En nuestro país se puede hacer todo y todo está por hacer. Pero la isla es tan fértil que no necesita agua” (9)

Llega la desigualdad, el reparto inequitativo: “a la ciudad van las riquezas de la isla” (14); llega como imposición: “El progreso entrará a la fuerza” (19); llega con y como vías de penetración: “Ahora tendremos carreteras” (18).
Pero hay un dato que me parece esclarecedor. Vemos la destrucción de los ostrales, el desplazamiento de la labrantía por la explotación petrolera y la destrucción, en fin, de la posibilidad de vida, la posibilidad de reproducción. Pero aparece un cruce casi siniestro entre explotación, tecnología y “mano de obra”, una operación de control y vigilancia social por y a través del trabajo y la explotación que suele quedar oculta. En efecto, el trabajo masivo se traduce en control masivo de la población. La tecnología, que pudiera traer liberación de mano de obra, es despreciada a la hora de la necesidad de ejercer este control, toda vez que así se requiere para garantizar -menos la producción- que la “tranquilidad”, la seguridad, la “gobernabilidad” de los explotadores.
“Cada quien pedía diez mil indios para remediarse” (46). “Se necesitan diez mil indios y un látigo” (84) no una máquina que hiciera innecesaria la “mano de obra” indígena. Luis de Lampugnano, por su parte, ofreció a Carlos V

“para la pesca de perlas, un aparato de su invención que hacía inútil el empleo de esclavos. El Emperador concedió el privilegio por cinco años, a condición de reservar la tercera parte a beneficio de la Corona. Lampugnano, que estaba ya arruinado, armó una expedición y se vino; pero los vecinos de Nueva Cádiz, al tener noticia de la novedad, se rebelaron contra la orden imperial. El aparato era la ruina. Ya no iban a poder emplear indios en la explotación del mar. Esta razón suprema privó en los ánimos. Reclamaron a César, quien anuló el privilegio” (34).

III
Leiziaga se pregunta, a raíz de la repetición de los nombres, en un letrero reciente: DIEGO ORDAZ-DETAL DE LICORES: “¿Y si fueran, en efecto, los mismos?” (34). Esa pregunta, que se va haciendo poco a poco y que es como la sustancia del libro de Bernardo Núñez, que está en la frase: “Para mucho hoy es lo mismo. Aún hay en América fidelidad monárquica (…) Salen los ocultos sentimientos, a pesar de la ascendencia caribe” (95); la pregunta y su respuesta intuida, que permite al final afirmar que “Todo estaba como hace cuatrocientos años” (103); que permite intuir pero no nombrar que “otras causas determinaron el abandono de Cubagua” (32), esa pregunta, que une al pasado con Nila y al presente de las perlas con el petróleo del capitalismo voraz, trastorna a Leiziaga, lo separa de los suyos, lo acercan al horizonte, al infinito que huye, a Nila, esa forma del pasado (que regresa) hecha carne fugaz del presente:

“Tendido en la arena, Leiziaga se olvida del petróleo, de los tesoros sepultados en Cubagua, de su misma vida anterior, y observa el jeroglífico que los cardones van trazando. El mar acumula en la orilla su nieve efímera, sus flores, sus algas. La imagen de Nila sobrevive” (86).

Leiziaga guarda las mejores perlas para ella, y ese gesto, profundo, el de retornar las perlas a su origen, lo pierde. Nila lo besa ante el gesto de desprendimiento, un beso largo y ardiente, “como en otro tiempo” (63-64), y luego desaparece. Las perlas son hurtadas del cuarto de Leiziaga durante ese limbo que se produjo luego que las perlas absolutas (absolutizadas por Leiziaga y la comprensión del tiempo y la historia de Cubagua, de su pasado y su presente todo en Nila) fueron dadas a esa diosa absoluta, mientras las físicas fueron a parar a un frasco y luego al bolsillo de la codicia del Doctor Mendoza. En ese mismo cuarto el Doctor observa unos papeles donde Leiziaga ensayaba un artículo sobre Cubagua: “¡Qué imbécil! Carece del sentido de la historia” (93).
Ahí comienza el proceso contra Leiziaga (¿ley aciaga?). Extranjero “En aquel momento su mirada tenía una rara semejanza con la de Nila” (82). Escapa de un proceso abierto con el ahínco con que las leyes persiguen al que se evade de Occidente. Leiziaga se pregunta y la respuesta lo pierde. Por ejemplo:

“¿Pero cuál es el alma de la raza? –pregunta Leiziaga-. ¿Es quizás la nostalgia, la gran tristeza del pueblo que se ignora a sí mismo, o son almas superpuestas, vigilantes para que ninguna cobre imperio sobre la otra? República, burocracia, todo les deja indiferentes. El negro y el indio toman la guitarra en sus manos del mismo modo que el rifle, cantan con una tristeza pueril y viven sin conocerse o se matan entre sí. Bailes y canciones, luz, palmeras, he ahí todo el sentimiento, el alma de la raza” (91).

Leiziaga llega a comprender y esa comprensión lo pierde… lo gana:

“…considera la dulzura de esas vidas (las de los lugareños), lo cual nunca le había ocurrido hasta entonces. No ser nada, no esperar nada. Ser ellos solos; vivir sobre un leño o en un pedazo de tierra con el alma en silencio” (81).

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Ver:
Cubagua: el ojo de la ficción penetra la historia, de Carlos Pacheco
NARRATIVAS CONTAMINADAS. TRES NOVELAS LATINOAMERICANAS: EL TUNGSTENO, PARQUE INDUSTRIAL Y CUBAGUA
Por: Alejandro Bruzual
Licenciado en Letras, Universidad Central de Venezuela, 1993
Master of Arts, University of Pittsburgh, 2003

Leer:

De Rafael Fauquié
DESCIFRAR EL SECRETO DE LA TIERRA

"¿Has comprendido, Leiziaga, todo lo que ha pasado aquí? ¿Interpretas ahora este silencio?". Enrique Bernardo Núñez: Cubagua

Varias veces he comentado que el silencio ha sido la peor consecuencia de cierta manera que tenemos los venezolanos de (des)entender el pasado del país. La memoria histórica venezolana se mueve entre el silencio y el ruido, entre el deslumbramiento y la sombra. Nunca auténtica comprensión; por el contrario: desconcierto, semiverdad, semiignorancia... Tan indescifrable es lo que ignoramos como lo que nos aturde. Tan incomprensible es el vocerío como el mutismo. Nuestra mirada sobre el pasado ha sido oficialmente dividida en muchos siglos de oscuridad y apenas poco más de una década de deslumbrante esplendor. Todo el largo -y fundamental- tiempo de la colonia y la casi totalidad de nuestro siglo XIX: cuatro siglos de tiempo, cuatro siglos de vida, son deformados o borrados ante el paréntesis de la Independencia. Contra esta desproporcionada partición de imaginarios enfrentados, se han rebelado algunos de nuestros principales escritores. Contra la sordera y el mutismo se han escrito muchos ensayos y algunas de las fundamentales novelas de la literatura venezolana... Páginas y páginas de palabras para alcanzar a descifrar el rostro de la historia en medio de la oscuridad de lo desconocido.

Nuestros escritores curiosos del pasado son indagadores de una memoria ausente; imagineros dándose a la tarea de entender, de escuchar, de distinguir... Saben que la faz del pasado refleja la del presente y también la del porvenir. Saben que en la historia están escritas algunas esenciales verdades, y que escucharlas es una manera de entender las circunstancias presentes que nos rodean y definen. La palabra literaria es acción y testimonio de creadores: acción de la fantasía y la inteligencia, testimonio de la lucidez y la curiosidad. Como toda creación, la obra literaria requiere de la fidelidad, de la autenticidad y de la entrega de un creador. Un creador que viva con y para su palabra. Al escribir, desde su íntima soledad, el escritor vuelca su mundo interior sobre la exterioridad. Convierte sus imaginarios en imaginarios de todos: referencias que siempre alguien en algún momento podrá compartir.

Toda la obra de Enrique Bernardo Núñez -novelas, cuentos, ensayos- parece dibujarse como un inmenso entretejido de evocaciones y hallazgos destinados a descifrar eso que él llamaba "el secreto de la tierra". Desentrañar el secreto de la tierra era lo mismo que escuchar su silencio: percibir el pasado en la evocación de posibles hechos cotidianos, intuir la intrahistoria adherida a las mañanas y a los atardeceres, escuchar el susurro del tiempo detenido en algún paisaje, rescatar algunas anécdotas de entre la desolada oquedad del olvido. La palabra de Núñez, exacta, a veces perfecta -como son todas las palabras que dicen lo justo, lo que no podría decirse de ninguna otra manera- fue conjuro de olvidos, fue dibujo en medio de sombras, fue búsqueda y hallazgo a partir de una sola e interminable pasión: Venezuela. Venezuela siempre: desde los tiempos remotos en que nuestro país no era sino una pequeña provincia dentro de la inmensa vastedad del imperio español, hasta la Venezuela contemporánea y petrolera de tantos sobresaltados cambios y tantos pasos indecisos...

Tras las lejanas y primeras novelas -quizá justamente olvidadas hoy: Sol anterior y Después de Ayacucho- vendrían Cubagua y, muy posteriormente, editada ya fallecido su autor, La galera de Tiberio. Junto a ellas, al lado de la ficción del novelista, convivió siempre la labor del articulista, del ensayista. Enrique Bernardo Núñez fue ensayista en el más preciso sentido del término: hacedor de una palabra que insinuaba la posibilidad de todos los temas y la mención de todas las reflexiones. Un ensayista -y recordemos a Montaigne, y, más cercanamente a nosotros, recordemos a Mariano Picón Salas- debe ser un individuo de conciencia independiente, un ser libre sometido sólo al acicate de su insaciable curiosidad, de su necesidad de interrogar la vida con una palabra que indague, que hable, que nombre, que delimite... La palabra del ensayista traza los linderos de un mundo que va haciéndose comprensible a partir de peculiares imágenes y particulares referencias. La palabra del ensayista, vasta y libre, dialoga con todas las palabras y las refleja a todas. La palabra del ensayista, como la del poeta, como la del novelista, vive e interminablemente escribe ese libro en que todo auténtico escritor va convirtiendo su vida.

Enrique Bernardo Núñez participó de uno de los diálogos intelectuales más importantes de nuestro siglo XX venezolano: el que oponía pasado y presente, tradición y cambio, continuidad y ruptura. Ese diálogo no ha concluido aún: continúa en medio de la incertidumbre de nuestro destino. Continúa por entre los vericuetos del miedo y la esperanza. A mediados del siglo XX, la totalidad de los intelectuales venezolanos tomaron partido por uno u otro de los extremos de ese diálogo. ¿Modernidad petrolera como panacea o maldición? ¿Riqueza como solución o conflicto? A la larga, terminaría por prevalecer el signo de la maldición. El imaginario del petróleo venezolano fue el de la condena. Nuestra modernidad petrolera fue codificada como un vendaval que con fuerza destructora nos convirtió en pueblo víctima de las más diversas alienaciones; pueblo sin norte, pueblo cada vez más alejado de ciertas y necesarias referencias. La modernidad venezolana empapada en petróleo pareció proponerse hacer tabla rasa con el pasado. Fue la nuestra una modernidad irracional y destructora que, a la vez que se esforzaba en construir avenidas, autopistas estacionamientos y urbanizaciones, destruía siglos de tiempo acumulado en casonas, iglesias, plazas, calles, conventos... El Estado hubiese sido el único que habría podido intervenir para evitar tanta absurda destrucción. Un Estado que, además, había comenzado a hacerse todopoderoso y entrometido gracias a la gran cantidad de recursos petroleros y que, en su deformado gigantismo, trataba de abarcar espacios de influencia cada vez mayores. Sin embargo, ese Estado no intervino en la asolación de Caracas y de algunas de las principales ciudades del país. Ilusionado por sus propios espejismos, nada hizo por proteger la memoria del pasado. Nada hizo por defender un patrimonio histórico que pertenecía al porvenir de todos los venezolanos.

Los escritores que en aquellos años se enfrentaron a la desidia oficial y a la indiferencia generalizada, hacen hoy figura de ilusos idealistas empeñados en enfrentar lo imposible; inútilmente oponiéndose a lo inmodificable. Enrique Bernardo Núñez fue uno de esos escritores. Con su obra tomó parte en un diálogo que oponía tiempos y enfrentaba ilusiones. Con su obra quiso contradecir a una nación absurdamente empeñada en ignorar, omitir, olvidar, borrar... El país rico que se deshacía de su memoria: ésa fue la circunstancia nacional en contra de la cual, con su palabra y con su voz, luchó Enrique Bernardo Núñez. No fue, sin embargo, escritor al que le cuadraría el epíteto de "nacionalista". Para un artista, el nacionalismo puede ser un sustituto a empobrecedoras carencias de la imaginación, un talismán con el cual contrapesar cierta propia insuficiencia. La palabra de Núñez escribía desde un profundo esfuerzo por recordar el tiempo desvanecido, por evocar escenas y personajes sepultados en el tiempo. Su relato Martín Tinajero, por ejemplo, es una bellísima reconstrucción de una época fabulosa: ese siglo XVI en que comenzó a originarse la realidad que hoy es Venezuela.

En los años en que fue Cronista de la ciudad de Caracas, Enrique Bernardo Núñez escribió su libro La ciudad de los techos rojos, publicado en el año de 1948. En sus páginas se transmite dolorosamente la imagen brutal de un presente apresurado absurdamente empeñado en reducir a escombros más de tres siglos de historia. Alguna vez dijo Núñez que el siglo XVIII venezolano semejaba a un mendigo al que nadie quería socorrer, un miserable harapiento que parecía molestar a todos. En ese incomprensible desdén se originó lo que hoy es esta Caracas que nos rodea: ciudad sin perfiles ni trazos propios, ciudad de indefinibles linderos vagamente dibujados en medio del caos y en la vertiginosa marcha de tantos sobresaltados días.

Nada es poético hasta que la poesía lo toca y, al tocarlo, lo vuelve innegable, importante, necesario... Con su novela Cubagua, Enrique Bernardo Núñez mostró que la memoria histórica podía ser poética y esencial. Mostró que hombres y ciudades y, sobre todo, el tiempo pasado, en este caso, el tiempo de la Nueva Cádiz, el tiempo evocado en la áspera supervivencia de indios y conquistadores dentro de la plateada y sedienta islilla de Cubagua, podía simbolizarse por ejemplo en el rostro oscuro y devastado de un anciano leproso. Y mostró, sobre todo, que el recuerdo de ese tiempo hermoso y terrible a la vez podía ser irrefutablemente necesario. Con Cubagua, su mejor novela, Núñez descubrió -y nos descubrió a los venezolanos- que el pasado no podía postergarse de la memoria del presente y que él formaba parte de la comprensión de un tiempo histórico proyectado sobre algunos símbolos: unas parcas y oscuras ruinas, un paisaje calcinado por el sol, una tierra sedienta y roja, unos cardones, y frente a todo eso, el mar azul e inmenso... La novela Cubagua escribe la historia desde la poesía. Escribe una historia que habla de supervivencia, lucha interminable, codicia, heroísmo, bondad, crueldad... Una historia ni buena ni mala ni justa ni injusta: sólo tiempo vivo en días ásperos, cuando grupos de hombres iniciaban un destino y erigían normas y gestos que perduran hasta hoy, perpetuándose en la desolada nada de un paisaje de leyenda.

Como escritor, Núñez trató de convertir su palabra en conjuro contra el silencio, contra el desinterés, contra el olvido... De su esfuerzo quedan estas palabras suyas del libro La ciudad de los techos rojos que siempre me conmovieron y estimularon: "Gentes de todos los países se apoderan de Caracas (...) Mañana, tal vez, algún escritor se cuente entre sus descendientes. La brisa esparcerá en torno suyo el secreto de las cosas, de las generaciones desaparecidas. Y movido por la ternura del cielo, por el amor a la ciudad que ha visto desde niño, acaso escriba un bello libro"... Palabras éstas de una nostalgia esperanzada; expectativa de que el porvenir pudiese rescatar lo que el presente había sepultado; confianza en que los venezolanos y los emigrantes y los descendientes de esos emigrantes que llegaron a Caracas en el tiempo de la convulsionada mitad de nuesto siglo, podrían detenerse algún día en la contemplación de un pasado desvanecido, y que sus futuras voces se encontrarían con su propia voz, la voz de Enrique Bernardo Núñez, para, juntas, nombrar lo olvidado y recuperar lo perdido.

Graduación de facto

por joseleon71 @ Domingo, 16. Dic, 2007 - 11:35:37 am

Ver: AUTORIDADES DE LA ULA CELEBRAN ACTO DE GRADUACIÓN DE NIXON MORENO EN LA NUNCIATURA Si no la consiguen, la pueden leer abajo en este mismo post.

"Según Mario Vargas Llosa, América Latina ha producido destacados artistas, novelistas y pensadores delirantes, "tan faltos de hondura y tantos ideólogos en entredicho perpetuo con la objetividad histórica y el pragmatismo", todos síntomas de la idiotez. Se hace implícito que en el único caso en que un escritor, un novelista latinoamericano es capaz de ver la realidad real y la objetividad histórica, en el único caso en que no estamos ante las observaciones de otro idiota, es en el suyo propio. De lo contrario sus afirmaciones se anularían a si misma, dada su supuesta condición de perfecto idiota.

No creo en absoluto que Vargas Llosa sea un idiota. Es sólo parte de una misma lógica. No es casualidad que él y los intelectuales funcionales condenen la "realidad ficticia", como producto de una "enfermedad mental" que impide aceptar la "realidad real". Porque realidad es lo que existe (el canibalpitalismo). Por lo tanto, si es difícil crear algo diferente al interés de un sistema dominante que crea esa realidad, más difícil aún será hacerlo si condenamos la libertad de la imaginación, como un atributo de la idiotez y el subdesarrollo. Esa misma imaginación que se venera en los revolucionarios y progresistas utópicos del pasado que no se resignaron a la "realidad real" del feudalismo o de los exitosos negreros del siglo XVIII o de la venta de carne humana en las fábricas del Progreso".
Jorge Majfud. Intelectuales, clérigos y bufones del canibalpitalismo

Hace mucho tiempo un personaje en un cuento perdido le decía a otro: “la universidad es un proyecto histórico cancelado”. Era por la década del 90, momentos en los cuales nuestras universidades se abrieron sin recato a los aires neoliberales y aceptaron sin reservas (incluso internacionales) que sería una idiotez “no aceptar que los empresarios son la única y mejor fuente de riqueza y empleos, y que los consumidores de sus productos son los verdaderos reyes de la sociedad pues ellos son los que deciden lo que los serviciales empresarios deben ofrecerles para que satisfagan sus necesidades.” Ahora “Como esta verdad no es aceptada por la mayoría de latinoamericanos, eso hace que la idiotez sea una enfermedad generalizada, más que cualquier otra, entre nosotros”, dice Mario Roberto Morales.
Pero la progresiva privatización se detuvo de pronto (la visible, la administrativa, la “legal”, pero continúa solapada, sin prensa, sin luz pública porque los mismos privatizadores y sus adláteres siguen teniendo espacios de poder y toman decisiones en esa dirección) en 1998 cuando en la política venezolana se coló un personaje que no estaba en los planes. En efecto, Hugo Chávez ganó las elecciones y una amplia mayoría ha venido elección tras elección (el primer revés electoral ocurrió el pasado 2 pero entre los análisis no debemos desestimar éste de Pedro Antonio Honrubia Hurtado) sumándose al impulso transformador, no sólo por vía electoral, sino por las otras, las de más largo aliento, las más profundas, las que tienen que ver con el pueblo y su transformación. Las elecciones son una suerte de resabio de la democracia formal (en la que ganan las minorías económicas por los votos que les dan las mayorías engañadas, a menos que se requiera un fraude para enmendar la “voluntad” popular), la nuestra y la que necesitamos ha de tornar innecesarias las elecciones de ese tipo, masivas y personalistas (Ver: Poder popular y paisaje urbano, donde hay argumentos en la misma dirección). En cambio, el pueblo organizado debe tomar decisiones en conjunto, refrendará proyectos de transformación social, económica, política, y no proyectos personalizados y menos aún personalistas, proyectos pues colectivos, verdaderamente populares, frutos de discusión y debate, donde se conjuguen lo nacional con lo regional sin los imperativos del poder capitalista global que condiciona lo micro con disposiciones macroeconómicas. Que Chávez encarna la posibilidad de tomar por ese camino, lo sabemos nosotros aquí. Que alguien debe ser capaz de tomar el poder para cederlo al pueblo, es algo que entendemos aquí, en nuestro país y en nuestro contexto. Que el poder popular lo hace el pueblo no tiene discusión, pero en el marco de las relaciones políticas nacionales y sobre todo internacionales, sin la voluntad política de Hugo Chávez, jamás podrá abrirse camino el pueblo hasta el poder, por la vía pacífica, alegre y soberana como lo está (y estamos) haciendo.
Existen muchos problemas, sobre todo porque la burocracia y el burocratismo, el capital y el neoliberalismo (sus taras y sus vergüenzas) están instalados en lugares más sólidos, más irrenunciables que las oficinas y los organismos públicos, están en las conciencias y en las prácticas profesionales, académicas y cotidianas. De modo que la transformación ha de ser necesariamente lenta, si queremos que sea en paz. Con todo, ya la derecha ha revelado ser sumamente violenta. Planificó las muertes del 11 de abril y dirigió el sabojate petrolero del 2002 y 2003 (por cierto, la Episcopal no se pronunció ante los llamados de los dirigentes del golpe y el paro patronal a que el diciembre -con pesebre incluido- se celebrara en enero, es decir, sin Chávez), dispuso una bomba social (Chávez dejó que se mojara sin tocarles un pelo, hasta que un loco enloquecido por Globovisión –"Globovisón me violó" decía cuando lo llevaban detenido- se fue a hacer tiros en nombre de la violencia in asbtracto) en Altamira con un desfile de militares y armó “guarimbas” en algunas urbanizaciones, importó paramilitares colombianos y los entrenó en una finca I(con planes y planos de cómo matar a Chávez), hizo volar a un fiscal que seguía de cerca los delitos del 11A, de Chávez para acá ha asesinado a centenares de campesinos que luchan por el derecho a la tierra, por hacer verdad la Ley de Tierra, disparó a mansalva e intentó muertes masivas días previos a la elección del referéndum del 2D (todo ello con la ayuda que oculta la verdad y magnifica la mentira, de los medios de comunicación nacionales conectados al exterior); en otras palabras, activó lo que Fernández Liria y Alegre Zahonero llaman la “pedagogía del voto” capitalista, que busca sembrar el terror en la población hasta conducirla a las “urnas” (homonimia irónica como pocas, que viene a decir algo así: o éstas o las otras) a favor de la derecha. (Ver Medios y elecciones: 2D)
Es obvio que la violencia forma parte del plan desestabilizador, pero también lo forma –a ver si me logro explicar- esa suerte de disparate, de escándalo, de burla, de bofetada, de absurdo continuado en el que la oposición (Iglesia, empresarios y medios de comunicación, pero también la población teledirigida) se han venido deslizando, con el propósito (no se si lo entiendo bien) de tornar sus acciones contraargumentables a menos que caigamos en su misma “insania” mental, en su mismo nivel de argumentación.
Decía hace poco que la política opositora se “adolescentizó”, y creo que el acto de graduación de Nixon Moreno, esa especie de opera bufa que significó el traslado de autoridades rectorales a territorio consular del Vaticano (a todas estas, ¿qué dice Ratzinguer?) para graduar a un delincuente prófugo de la justicia (¡y de polítologo!) es uno de esos casos de agenda desquiciada que está tratando de promover una Venezuela absurda (ya no sólo virtual y que se homologue a la Venezuela de consumo dispara(ta)do que el mercado necesita) que suprima, solape, oculte la Venezuela real. Si el espectro noticioso se llena de mentiras y disparates que pasan por verdad, si se condena la verdad a resquicios, a grietas, a “resistencia”, si la mentira elevada a absurdo colma nuestra cotidianidad, los argumentos de los que requiere la revolución para hacerse no tendrán posibilidades de sembradura, de crecimiento. Extender como una peste la banalización, hacer de la idiotez y la insensatez una epidemia, ha sido política del estado imperial, llevada hasta sus extremos, por cierto, en los propios Estados Unidos.
La forma de hacer política de la derecha (ya lo sabemos) es la vía de hecho. Ya lo dijeron Fernández Liria y Alegre Zahonero en Comprender Venezuela, pensar la democracia (El Perro y la Rana): "Las corporaciones económicas han hecho política y la han hecho a lo bestia, es decir, de forma dictatorial y absolutamente ajena a la argumentación y contraargumentación parlamentaria, es decir, en realidad, al margen de la le ley, de forma alegal y, a veces, terrorista" (31). La graduación de Nixon es una graduación igualmente de hecho o de facto. Ante este hecho, quedan inanes los argumentos de que no terminó la escolaridad, que la academia se ve afectada, que se gastaron millones en los traslados y en los viáticos, que el acto se celebró en territorio extranjero, etc. Qué importan estas razones frente a la sinrazón. Es como darle razones a un loco que nos apunta con una pistola (cargada).
La Universidad es un proyecto histórico cancelado por el neoliberalismo, ahora lo es –de facto- por el terrorismo.

Ver:
Idiotez, saber y capitalismo,
Intelectuales, clérigos y bufones del canibalpitalismo,
Cómo definimos la idiotez ideológica y quiénes pueden hacerlo.

Leer:

Mundo
GENERACIONES DE IDIOTAS

Andrés Soliz Rada*

¿Es impensable que los plutócratas del planeta hubieran resuelto, por encima de sus divergencias, coordinar esfuerzos para dominar al resto de los mortales? Más allá de los clásicos de ciencia-ficción, escritos por George Orwell y Aldous Huxley, el inglés John Coleman, el norteamericano Jim Tucker y el canadiense Michel Chossudovsy han puesto en evidencia a los impulsores del Nuevo Orden Mundial (NOM).
El tema ha sido actualizado por el también canadiense Daniel Estulín, en "La Verdadera Historia del Club Bilderberg" y "Los Secretos del Club Bilderberg". El nombre de la sociedad proviene de la primera reunión realizada en el hotel Bilderberg, de la localidad holandesa de Oosterbeckl, entre el 29 y 31 de mayo de 1954. Desde entonces, dice Estulín, se han realizado reuniones anuales, en ciudades diferentes. No es una organización secreta, aunque actúa con gran reserva. De hecho, la BBC de Londres le dedicó un extenso reportaje el 27-09-05. Al cabo de 52 años, participan de ella los directores del FMI, Banco Mundial, Council Foreign Relations, Reserva Federal, Banco Central Europeo, Chrsler, Coca Cola, Ford, General Motors, British Petroleum, Shell, Chase Manhattan Bank, Kissinger Asociates, Nokia, Motorota, American Express, France Telecom, German Telecom, Xerox y entes similares. Asisten a los cónclaves los directores de la CIA, FBI y OTAN, Comisión Trilateral, Mesa Redonda, Club de Roma, Unión Europea, OMC, OCDE y G-8. Los Roschild y Rockefeller son figuras centrales en la organización, que también la integran, entre otros, George Soros, Mijail Gorbachov, los Bush, Bill y Hilary Clinton, Margareet Thatcher, Condolezza Rice, Rodrigo Rato, Leonel Jospin y los miembros de la realeza de Inglaterra, Holanda, Dinamarca y Bélgica. Dos tercios de sus integrantes son europeos y un tercio norteamericanos. Otro de sus pilares son los grandes medios de comunicación, como Financial Times, The New York Times, News Week, CNN, NBC, Fox o el Grupo Prisa, de España, y encuestadoras como "Gallup".
Su objetivo es convertir a la Tierra en un planeta prisión, en el que reinará la esclavitud total, mediante la ruptura psicológica del individuo, la mediocridad de la enseñanza y la disminución del coeficiente mental de los seres humanos. En la meta trazada, la TV y sus programas basura ya han producido la "generación de niños más degenerada de la historia", en tanto que los "comics" y juegos electrónicos acostumbran a aceptar que la violencia es el medio adecuado para resolver conflictos. El consumo masivo de drogas constituye un avance en lo que Huxley describiera como "una dictadura sin lágrimas en la que la gente ama sus cadenas", en tanto se busca generalizar el uso de microchips para el efectivo control social.
Los Bilderbeg usan la experiencia del Instituto Tavistock, de Inglaterra (a la que se sumó la Universidad de Standford, de EEUU) que, desde 1921, investiga, por ejemplo, la conducta de personas sometidas a tensiones extremas, como sobrevivientes de conflictos bélicos, recoge los aportes del psicólogo J. B. Skinner ("ingeniería del comportamiento"), la experiencia de la conmoción que originó Orson Wells, en septiembre de 1938, al transmitir por radio la supuesta llegada de marcianos a la tierra, o el brutal despoblamiento de ciudades camboyanas.
Se han nutrido, asimismo, de las avances del Instituto Rand, del FIB, en técnicas de "lavado cerebral". Con una mezcla de drogas, pornografía, música embrutecedora, TV, radios, periódicos y encuestadoras, el proyecto de "Gobierno Mundial a la Sombra" habría desviado las protestas de la juventud norteamericana por la guerra de Vietnam, hacia el cinismo, la impotencia y pesimismo. La evasión que caracteriza a sectas religiosas conduce a similares resultados. La desindustrialización, la "disminución de estómagos inservibles", el reemplazo de países por regiones y la desaparición de Estados nacionales forjarán una sociedad en la que todos podrán correr, pero nadie podrá ocultarse. Es indudable que los separatismos y los fundamentalismos indigenistas existentes en Bolivia son también un aporte a los Bilderberg.

*Ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia
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09:33 AM) Autoridades de la ULA celebran acto de graduación de Nixon Moreno en la Nunciatura

Caracas.- Las autoridades académicas de la Universidad de Los Andes (ULA) se trasladaron hoy hasta la sede de la Nunciatura Apostólica en Caracas para celebrar el acto de grado del estudiante de esa casa de estudios, Nixon Moreno, quien se encuentra en esa institución en espera de asilo político.

Moreno ha tenido un rol activo en protestas de la ULA y es acusado de violación de una funcionaria policial. Ha permanecido en la representación del Vaticano desde hace nueve meses.

Moreno recibirá hoy el título de Politólogo, de manos del rector Lester Rodríguez, luego de haber cumplido con todos los requisitos académicos, según afirmó el máximo representante de la ULA.

Rodríguez indicó que no se trata de "ninguna concepción graciosa" de la universidad para con Moreno, pues éste es un bachiller inscrito en la institución, que cursó todas sus materias y cumplió sus deberes académicos.

"Es un acto humanitario que las autoridades de la universidad se trasladen al sitio donde está, para en nombre de la República y por autoridad de la ley conferirle el título de politólogo", dijo.

Manifestó que el lunes pasado realizaron un consejo universitario en el que abordaron el tema de Moreno y acordaron enviar comunicaciones a diversas personalidades del gobierno para tratar de solventar su situación.

Rodríguez rechazó las acusaciones que pesan sobre Moreno.

Antonio Sánchez, consejero universitario de la ULA, señaló que Moreno "hoy está en las sombras" por "pensar diferente" y por "tener un derecho estudiantil que era el de optar a un cargo estudiantil".

Enfatizó que hacen un llamado al gobierno para que se le otorgue un salvo conducto.

En el acto se hizo presente el rector de la Universidad Simón Bolívar (USB), Benjamín Sharifker, quien manifestó que acudió para acompañar a las autoridades de la ULA en la tarea de conferirle el título a Moreno.

Sharifker sostuvo que repudia el hecho de que el estudiante "haya sido obligado a recluirse de esta manera frente a acusaciones que, hasta donde sabemos, no ha habido un debido proceso que clarifique si efectivamente son verdaderas o falsas".

En el acto de graduación participarán un grupo de graduandos, compañeros y amigos de Moreno, quienes se trasladaron a Caracas desde la ULA. Monseñor Baltasar Porras, arzobispo de Mérida, oficiará una misa.

También estuvieron presentes los dirigentes del movimiento estudiantil Yon Goicoechea, Ricardo Sánchez y Stalin González.

Desde las afueras de la Nunciatura, Goicoechea dijo que "esta graduación tiene que ser símbolo de que para todos los jóvenes de Venezuela tiene que haber un sueño".

Leda Piñero
www.eluniversal.com

Análisis social del 2D: Asambleas

por joseleon71 @ Jueves, 13. Dic, 2007 - 08:48:01 pm

ASAMBLEA DE ORGANIZACIONES SOCIALES
CELEBRADA EL 7 DE DICIEMBRE DE 2007 EN EL AUDITORIO DEL ICLAM
MARACAIBO.
HORA: 3.00 P.M.

El documento me fue enviado por Roberto López, uno de los organizadores de la actividad.
Roberto López en Aporrea.org

De acuerdo a las minutas de cada una de las cuatro mesas de trabajo, se elaboró el siguiente resumen, el cual intenta recoger las ideas más resaltantes expuestas como conclusiones de cada mesa.

CAUSAS DE LA DERROTA ELECTORAL EN EL REFERENDUM

El 2º bloque de artículos propuesto por la Asamblea Nacional generó confusión en la ciudadanía, y comprometió la propuesta de reforma hecha inicialmente por el presidente Chávez.

El desabastecimiento como generador de desasosiego y descontento social. El desabastecimiento revela deficiencias en el plan económico agroalimentario del gobierno, así como su incapacidad para enfrentar el sabotaje opositor (estamos claros que el desabastecimiento forma parte de la estrategia opositora contra la revolución).

La campaña mediática opositora tuvo efectos en el resultado electoral. Existieron debilidades en la campaña de propaganda impulsada por el gobierno. CONATEL demostró excesiva permisividad a las violaciones reiteradas a la ley que realizan los medios opositores, difundiendo informaciones falsas y manipulando la realidad.

Debilidades presentes en el PSUV y en el Comando Zamora. Poco desarrollo de foros y debates en barrios y comunidades populares (se hacían en el círculo militar). Escasa propaganda de los bolivarianos, en comparación con la desplegada por la gente de Rosales. Diputados y representantes de instituciones públicas no fueron capaces de contrarrestar el discurso de la oposición. Poco esfuerzo realizado.

Existe un debilitamiento de las organizaciones y movimientos sociales, a los cuales se les cercena su autonomía, y se les obliga a vincularse clientelarmente con instituciones públicas y dirigentes políticos. Esta situación ha debilitado a las propias organizaciones sociales, algunas han desaparecido, y otras han visto coartada su capacidad de trabajo, por tener que subordinarse a la “línea oficial”.

Existe descontento en la población por no haber sido satisfechas una serie de necesidades básicas, como vivienda, tierras, empleo, educación, seguridad social. En esto influye el burocratismo y la corrupción presentes en las instituciones del estado.

ENSEÑANZAS:

Exceso de confianza por parte del gobierno y de los bolivarianos en general. No se debe subestimar al enemigo.

Necesidad de revisar todos los planes y acciones de gobierno, para determinar su grado de eficacia, debilidades presentes y cómo superarlas.

PROPUESTAS:

Apertura de mesas de diálogo en cada institución del gobierno nacional, regional y local, con las distintas organizaciones y movimientos sociales, a fin de abordar las denuncias, críticas y propuestas que provienen de los sectores populares.

Todas las instituciones del estado deben constituir una instancia de participación social a través de la cual se pueda ejercer la contraloría popular.

Acelerar los procesos de transferencia de recursos, servicios públicos y competencias a los consejos comunales, desde las alcaldías y otras instituciones del poder público nacional, regional y local.

Promover los proyectos mancomunados entre diferentes consejos comunales.

Revisar cómo ha sido el proceso de conformación del PSUV, depurando la lista de inscritos, promoviendo el reconocimiento de los liderazgos y movimientos populares, ampliando el radio de acción a espacios sociales y no sólo al territorio de los batallones.

Fortalecer Moral y Luces como instancia de formación ideológica para las comunidades, creando escuelas de formación sociopolítica a través de los consejos comunales y/o de los batallones del PSUV.

La eventual remoción de autoridades burócratas y corruptas sólo tendrá efectividad si se promueve al mismo tiempo la transformación profunda de las instituciones, creando instancias más sencillas, flexibles y vinculadas a las comunidades.

A un día después

por joseleon71 @ Miércoles, 12. Dic, 2007 - 10:54:16 pm

Ver: La hora del pueblo, por Roland Denis

A un día del Referendum del 2 de diciembre, me atrevo a decir que buena parte de las comunidades organizadas llevaron a cabo una asamblea convocada por la urgencia, por la necesidad, por la importancia del momento, como ésta que quedó registrada, transparente y enérgica, con la lucidez de la rabia y su nerviosa mesura. Asambleas como la que redactó este documento del cual el contenido del post es fiel trascripción, recogen -estoy seguro, insisto- un análisis, pero sobre todo, un plan de acción, certero, emocionado, maduro. Venezuela cambió para siempre, aunque los medios (nacionales -con sede física en el país, digo- e internacionales) vociferen lo contrario.
El siguiente decreto apunta a lo medular, a la ineficiencia del Estado burocrático, y a la construcción del poder popular como única alternativa viable ante el capital.

DECRETO DEL CUJÍ
03-12-2007

EL PODER POPULAR CONSTITUYENTE
Con fuerza en sus Convicciones Revolucionarias Socialistas

Considerando:

1. Que el sistema burocrático del estado, se constituye como un aparato ineficiente y no produce respuestas oportunas a las solicitudes realizadas, para solucionar las necesidades de las comunidades.
2. Que la estructura de los consejos comunales, por sus propias particularidades desprendidas de las particularidades de cada comunidad, no se corresponden con las estructuras burocráticas.
3. Que, aun cuando nuestro marco constitucional se apega a los principios de igualdad, equidad y justicia social, en la práctica las instituciones no funcionan bajo estos principios.
4. Que los funcionarios públicos están en la obligación de trabajar por, en y para las comunidades, y no deben ser sujetos pasivos frente a la realidad venezolana, cumplidores de horario y sujetos limitados a funcionar dentro de cuatro paredes por un salario de quince y último.
5. Que interpretamos el sentimiento y el accionar del líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, como la voluntad de revertir el sistema burocrático, para configurar una estructura de redes sociales que se autosustenten, a partir de la práctica del poder popular, sin depender del Estado para satisfacer sus necesidades básicas.

DECRETAMOS:

1. Que aun cuando la reforma constitucional propuesta por el Comandante Hugo Chávez, con los aportes de algunos sectores sociales del país, no fue aprobada en el referéndum popular, nosotros estamos comprometidos a llevar a cabo en la práctica los principios socialistas contenidos en ella, tomando la iniciativa, como poder constituyente que somos, para ejecutar acciones concretas en función del fortalecimiento de las organizaciones populares, y a través de ellas, exigir respuesta a las instituciones del Estado.
2. Que no permitiremos la ineficiencia en los entes gubernamentales, que deben dar respuesta a las comunidades sobre sus p