"...uno de los efectos de la difusión masiva de computadoras, que es al mismo tiempo otra demostración del carácter profundamente irracional de la ciencia y la tecnología occidentales, sobre todo luego de quedar encadenadas al mercado y al cálculo de rentabilidades, son los horrorosos daños producidos sobre la salud de los habitantes de aquellos sitios convertidos en cementerios de computadoras desechadas. Se sabe que la obsolescencia planificada es uno de los mecanismos utilizados por las grandes corporaciones para garantizar la venta permanente de equipos “nuevos”, que de nuevos sólo tienen a menudo detalles irrelevantes o accesorios inútiles. Debido a ello, la vida útil promedio de una computadora en los países centrales no sobrepasa los dos años. Diariamente, 163.500 computadoras, equivalentes a 3.513 toneladas, son echadas a la basura en los Estados Unidos; una pequeñísima cantidad se utiliza para reciclar repuestos y del resto, menos del 15% se desarma o entierra en ese país, lo demás es vendido a intermediarios que las transportan a desarmaderos en la India, China y Paquistán sobre todo. Allí ejércitos de niños y desocupados rompen a martillazos el tubo catódico del monitor para rescatar el alambre de cobre de la bobina. El revestimiento interno del tubo, hecho de plomo, es tirado a la tierra o al agua, produciendo esterilidad total y envenenamiento para quien la consuma. Los circuitos son asimismo fundidos en precarias fogatas a cielo abierto para rescatar cantidades ínfimas de oro de los conductores. Los gases desprendidos por el PVC ocasionan índices geométricos de aumento de cáncer, tuberculosis y enfermedades respiratorias casi siempre mortales. De hecho, en los sitios donde se “recicla” la basura cibernética, el promedio de expectativa de vida ha descendido en cerca del 40%, todo ello para generar un ingreso diario promedio por familia de un dólar veinte, mientras los intermediarios se benefician con treinta dólares por computadora trasladada a esos botaderos de la periferia." (pp. 421-422)
Tomado de: La Diversidad Asediada, de Pedro Susz. Editorial Plural. La Paz, Bolivia. 2005. Pág. 777











