(Texto del Taller dictado en el marco de la Feria del Libro de Venezuela 2007, en su capítulo regional Maracaibo, en la Plaza Baralt y el Lía Bermúdez)
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Ver: La realidad, la poesía
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Yo vengo sosteniendo que existen, básicamente, dos discursos. Uno que refiere a la “realidad”, por ejemplo, el periodístico, y otro a la “ficción”, entre ellos la literatura. Sin embargo, he observado que el que asumimos como discurso sobre lo real, se caracteriza por empobrecer la realidad. La realidad, lo que vemos, siempre sobrepasa ese discurso. Y esto ocurre porque su marco de acción es muy limitado.
Plantea este discurso que todo tiene un principio, un desarrollo y un final, un principio fijo y establecido que llama origen (sin pasado), un desarrollo por etapas y un final absoluto. La ficción, en cambio, afirma que todo origen es desconocido, que el desarrollo es imprevisible y que el final no existe, mas se pierde en el infinito. Por otra parte, el discurso sobre la realidad, en su marco de acción temporal limitado, se mueve en un espacio también limitado. Este discurso no se entrega con tranquilidad a las transparencias, a las superficies atravesables, a los límites imprecisos. No así la literatura, que ha hecho suya la transparencia, lo invisible, lo ilimitado. Veamos algunos ejemplos:
Los senos de mi mujer
son
dos hogazas de pan tibio
dos semillas de avellana desnudas
miel cremosa de ParísDos lunas sedientas
son
para mis noches de taciturno vueloEn ellos
me gusta quedarme rezagado
hasta escuchar
el profundo
primigenio compás de su cuerpoluego puedo dormir
dormir
sin miedo a despertar(Hernán Zamora)
A la ficción (en este caso poética) le interesa que las palabras digan más de lo que dicen, algo que no está en los planes del discurso de la realidad. A este le vale uno y sólo un sentido para sentirse satisfecho, y no puede pensar que los senos de una mujer tengan algo que ver con el pan tibio. Para un enamorado, del pan y de su mujer, sus senos pueden ser, por qué no, hogazas de pan, tibio. O dos lunas sedientas. Y si pone la cabeza entre aquellos senos, no escucha (sólo) el corazón sino el profundo, el primigenio compás de su cuerpo. Y luego viene lo que ya hablábamos: la frontera del fin (en este caso la muerte) se borra, desaparece. Y el enamorado que se ha dormido en aquellos senos ya no teme morir (como diría un realista poco enamorado) sino que ya no teme despertar, esto es, ya no le da miedo vivir. ¿Qué ha ocurrido? Que lo normal se ha invertido, cambiado de signo: la muerte se ha vuelto vida y la vida muerte. Estos cambios de signo son los más buscados por el discurso de ficción. Estemos atentos a estas metamorfosis. Sigamos con otro ejemplo:
MARGEN DE ERROR
Nunca he tenido claro
los próximos cinco segundosAnte cualquier situación
siempre he creído en la bondad de los diosesAunque hubiera deseado las cosas de otro modo
no me quejoBusco la liviandad del vuelo
a pesar de una cuantas culpas y otros tantos temoresEn estos días abro los brazos
como queriendo respirar el azul de los cielos de EneroCreo que ya nada podrá hacerme daño
He vivido siempre
en eso que las estadísticas llaman
el margen de error.(Gonzalo Fragui)
¿Qué tenemos aquí? Incertidumbre, cuando el poeta alude a esos cinco segundos nada claros. Y ante la poca certeza, se ofrece la confianza en los dioses. No se queja y busca la liviandad, el vuelo. Otra clave importante: la ligereza, el aire. Y a esa imagen aérea le sigue la plenitud, respirar el cielo del comienzo. En estas circunstancias, a qué se le puede temer. ¿Recuerdan al poeta anterior cuando decía que ya no tenía miedo de despertar? Pues aquí tenemos una imagen semejante. Luego el poeta asume una posición: su forma de libertad es leída estadísticamente (lenguaje matemático que se jacta de conocer la realidad) como un error. Y yo pregunto ¿ganar la libertad, la plenitud, será un error? Veamos ahora la plenitud desde otro poeta:
Estoy pasando el tiempo
a orillas del mundo
Rosmari viene a la casa con mi hijo y mi nieto
a verme la vida y le digo
Oiga me volvió a encontrar vivo
Este cuero curtido de sol
tiene su entereza
Ahora quiero estar en el patio
con los animales
y no saber en qué pienso
Ya no oigo bien
No veo
El olfato me recoge sabana
en el viento
chicharras la sequía
Si van al campo traten de ver cosas
y me las traen(Adhely Rivero)
En los primeros versos tenemos otra forma de la plenitud, dada ahora por una forma espacial que también es una clave: la orilla. Y el poeta afirma que se encuentra a las orillas del mundo, adonde le llegan, pese a que ya no ve ni oye bien, la sabana en el viento, por el olfato, y la sequía por el canto de las chicharras. Y aunque ya no pueda por sí mismo, ¿renuncia a ver? No, le basta y pide a sus seres queridos, su hija, su nieto, que vean por él, que él se llenará de campo a través de sus ojos, como si fueran los suyos propios.
Recapitulemos las claves encontradas hasta ahora:
- La inversión de los signos (la rotación)
- La ligereza, la levedad, el aire
- la orilla
Una variante de la orilla es la palabra fondo, y sus hermanas: profundidad, hondura, hondonada, sima. Veamos en el siguiente poema como el fondo, como la orilla, son lugares absolutos, asientos de la plenitud:
las goteras de Dios no suenan
tristes en el techo
ni en el canto de las ranas
ocultas entre el nardo
sólo en la olla que pongo
en el fondo de mi cuerpo.(Arnaldo Jiménez)
Pero tenemos un poema que es como una suerte de catálogos de claves poéticas. Lo voy a transcribir, las señalamos, y paso seguido, hacemos el ejercicio de identificarlas en nuevos poemas:
FIN DE LA HISTORIA
Tal vez sobrevivan los metales relucientes pero no las mariposas
los plásticos y los escombros pero no los pétalos bajo el rocío
los gremios de rufianes pero no los solitarios
los banquetes y los festines pero no la alegría
los ruidos y los estrépitos pero no la música del amanecer
las mesas servidas como nunca pero no los aromas
las estrecheces de espíritu pero no la compasión
los bandos del poder pero no los secretos del habla
las máquinas traganíqueles pero no el incrédulo azar
las meretrices y las zorras pero no las diosas de la noche
las acritudes y las ferocidades pero no las revelaciones
los circuitos integrados pero no el despertar de la hierba
los malos olores pero no la transpiración de los amantes
la estupidez y la vulgaridad pero no la evidencia de los sensible
lo redondo y lo cuadrado pero no lo indescifrable
los trajes y las joyas pero no la transparencia de las aguas
las metáforas pero no la poesía.(Gustavo Pereira)
Tenemos en orden las claves siguientes: mariposa, rocío, soledad, alegría, amanecer, aroma, compasión, habla, azar, noche, revelaciones, hierba, amantes, sensible, indescifrable, transparencia y agua, poesía.
Vayamos a nuevos poemas y activemos las claves ya mencionadas:
PENITENCIAL
Tanto leer
y no saber
Tanto existir
y no ser.Los sentidos puestos a prueba
lanzan redes de sensualidad
y no pescan sino peces virtuales,
formas evanescentes, desperdicios.A solas
Se oyen vibraciones sutiles
pisados, voces de seres ausentes
de aquí o del allá,
ecos de lo no oído; se ven
resplandores inauditos
entre chatarra y desiertos.¿La revelación no será la realidad verdadera?
Naturalmente en un poema no están articuladas todas las claves, y siempre encontraremos nuevas. En este caso, como vemos, falta una que refiera a los sentidos, a la sensualidad, al sentir. Pero vayamos a otro poema, a ver cómo nos va:
MIS MAYORES
Mis mayores me dieron la voz verde
y el límpido silencio que se esparce
allá en los pastos del lago de Tacarigua.
Ellos van a caballo por las haciendas.
Hace calor. Yo soy el horizonte
de ese paisaje adonde se encaminan.Oigo los sones de sus roncas guitarras
cuando cruzan el polvo y recorren mi sangre
a través de un amargo perfume de jobos.
Bajo mi carne se ven unos a otros
tan nítidos que puedo contemplarlos.
Y si hablo solo, son ellos quienes hablan
en las gavillas de sus cañamelares.
Hace calor. Yo soy el mundo tenso
donde está fija su hilera de retratos.Mis mayores van y vienen por mi cuerpo,
son un aire sin aire que sopla del lago,
un galope de sombras que desciende
y se borra en lejanas sementeras.
por donde voy llevo la forma del vacío
que los reúne en otro espacio, en otro tiempo.
Hace calor. Hace el verde calor que en mí los junta.
Yo soy el campo donde están enterrados.
Resulta evidente la aparición de nuevas claves: distancia, lejanía, sangre, ausencia. Y en el próximo, el pasado, la niebla.
SOBREMESA
A tientas, a nivel de la niebla
que cae de los remotos días,
volvemos a sentarnos
y hablamos ya sin vernos.
A tientas, a nivel de la niebla.Sobre la mesa el aire, el sueño
atraen a los ausentes. Viejos panes
donde invernaron musgos fríos
en el mantel ahora despiertan.Yerran vapores de café
y en el aroma, reavivados,
vemos flotar antiguos rostros
que empañan los espejos.Rectas sillas vacías
aguardan a quienes, desde lejos,
retornarán más tarde. Comenzamos a hablar
sin vernos y sin tiempo.A tientas, en la vaharada
que crece y nos envuelve,
charlamos horas sin saber
quién vive todavía, quién está muerto.(Eugenio Montejo)












