Me confieso: nada me cuesta más que planificar clases. Todo porque me parece sencillamente absurdo. Lo he intentado, planifico, pero cuando entramos en calor la planificación se borra. La actualidad, la contingencia, es más atrayente.
Pero veamos el asunto con un poco de detenimiento. Resulta que no concibo otro oficio para mí que la docencia, que para mí consiste en acompañar el crecimiento intelectual, ciudadano, estético y político de los compañeros estudiantes, sugerir, presentar, mostrar, hacer desfilar, detenernos en argumentos sobre puntos donde nuestros intereses por un momento se cruzan. También, propiciar, si lo puedo, asombros, preguntas. Me motiva el hecho de que las clases, los encuentros, las conversaciones, los temas abordados desde las perspectivas suscitadas en clases, o en los pasillos prosigan más allá de lo académico, y nos permitan sobre un café, peripatéticamente, comentar sus últimas incidencias. Cuando ello ocurre es porque he dejado a un lado la planificación, y he tratado de cabalgar sobre el momento. Pero el momento no es sólo lo que está ocurriendo en el país, en la universidad, en la calle, que también, sino lo que estoy en ese momento leyendo, los libros, revistas, artículos, páginas que me he ido encontrando y que, como virutas al imán, se van pegando a los varios intereses que la varia realidad acompasa con mi vario deseo. En otras palabras, me acosan ciertos temas, ciertas recurrencias, y leo (libros y lo que me rodea, porque trabajo con un concepto ampliado de lectura) como quien ata cabos o arma rompecabezas sin forma. Le digo a mis estudiantes que no soy un lector sistemático, me confieso pues ante ellos, y si les causa resquemor al inicio, me parece que después (me) entienden y acompañan. Creo que no es una virtud, pero la asistematicidad me permite husmear, huronear, profundizar aquí y allá en torno a un tema según creo y me convenzo, desde varias perspectivas. Eso lo siento y observo al adquirir libros, al conocer autores, guiado por un azar “que no logro comprender” como dijera el cronopio gigante. Planificar, entonces, se me hace cuesta arriba. Además, planificar responde a una lógica del tiempo discontinuo, que fragmenta y despedaza. Los fragmentos tienen inicio, desarrollo y final, y no responden sino a lógicas internas. Los fragmentos están, por principio, desconectados, y poco podemos hacer, como la realidad lo confirma obstinadamente, con nuestros esquemas y flujogramas.
Prefiero, entonces, clases continuas, pero como es imposible (en el tiempo que medimos con reloj), entonces la clase irrumpe, viene, aparece “desde donde sea”, precisamente como (cuanto quisiera que fuera con) los sucesos de la vida, que suceden en otro tiempo, en un tiempo que no consta de minutos, que en todo caso los trasciende, ese tiempo del que saben los enamorados y los que esperan, ese tiempo espeso, ágil, distinto, móvil, elástico, que la literatura conoce porque es el tiempo de la vida.
Para que algo aparezca donde sea, para que irrumpa como un sueño o una pesadilla, en cualquier circunstancia, debe obsedernos. Sólo cuando un pensamiento nos persigue sin tregua (a eso llamo “investigar”, pues lo que busco me busca) todo adquiere su esquiva presencia.
Un inicio es un corte en el continuo (es algo abstracto, teórico, ideal), busco entonces incorporar mi discurso al fluido cotidiano, sin rupturas, esto es, sin “iniciar”. Intento, pues, continuar, incorporando –término lezamiano- posibles e imposibles, realidades.
Estimo en mucho a mi manera, claro está, un proceso tan complejo como la docencia (tomando la frase de Borges me parece una forma de la felicidad porque es una forma de la amistad) y no puedo pretender con la planificación controlar su flujo, su dialéctica, su abismo. No podemos saber ni medir hasta donde llega nuestra “acción educativa”. Planificar supone que lo sabemos o que lo podemos saber, y como no me entiendo con ese tipo de soberbias, planifico (sí, planifico –e pur si muove) pero a sabiendas de que cuando esté con mis estudiantes haré todo lo posible para que la vida llegue de donde sea y nos lleve.
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Planificar clases
por joseleon71
@ Martes, 16. Oct, 2007 - 07:46:21 am











