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Archivos de: Octubre 2007, 15

Reforma y oposición

por joseleon71 @ Lunes, 15. Oct, 2007 - 06:37:42 pm

Hay una manera de explicar el comportamiento de la oposición que a mí al menos me aclara buena parte de su proceder, me permite anticipar sus decisiones y verlos antes de despeñarse, despeñarse. Es sencilla y muchos la repiten: la oposición venezolana no admite la existencia del Gobierno. Desde esta posición se entiende que nieguen la institucionalidad bolivariana. Cuando el Golpe de Estado esto se vio con claridad meridiana: desconocimiento absoluto de la Constitución de 1999 y restitución de la del 61 (eso decían conspicuos abogados antes, durante y después). Ninguna decisión o acción tomada en el marco de la Constitución bolivariana tiene validez o legitimidad, dicen. Su rechazo a las elecciones pasa igualmente por la principal negación ya comentada, y explica también su no participación en estos procesos, toda vez que ir a elecciones es aceptar o convalidar la institucionalidad vigente. Cuando han ido y perdido, se consuelan diciendo que no tenían como ganar pues estaban perdidas de antemano, de modo que ir a elecciones simplemente confirma lo que ya la opinión internacional (léase CNN) sabe, que Chávez tiene el control del CNE, por tanto todo el proceso está viciado. Esta situación legitima, de paso, la salida violenta pues no hay manera de ganar así elecciones en Venezuela, las elecciones son un fiasco, una comparsa, un circo, no importa que sean las elecciones acaso más “observadas” del mundo.
Como no voy a llover sobre mojado me parece sumamente interesante –a la luz del planteamiento hecho con respecto al proceder de la oposición- el debate actual sobre la Reforma. Se trata, en efecto, de votar sí o no por una profunda reforma de la Constitución del 99, la misma que la oposición no encuentra legítima, que no reconoce. Se ve claro entonces que la oposición no puede llamar al No porque esto legitimaría la actual Constitución, pues no se reforma (o se pide que no se reforme) lo que no existe. Si llamo al No estoy participando justamente dentro del marco y cauce político que la Constitución del 99 ha abierto y preserva. Y lo que la oposición necesita es precisamente salirse del cauce constitucional vigente, porque de reconocerlo, todo acto inconstitucional que cometiesen sería castigado. La “guarimba” es desde este punto de vista un acto patriótico. Voltear la bandera es tener “otra bandera” y cantar el himno con otra música y hasta con otra letra es tener un himno propio, distinto a la bandera que iza y el himno que canta la institucionalidad “chavista”.
Sin conocer la constitución y actuando bajo una suerte de “vacío de poder” continuado, se entiende que cualquier acción –violenta e inconstitucional- que procure la restitución del poder anterior al 98 sea aceptado y “bien mirado” por la policía política del mundo, EEUU.
Esto es así, todavía. Pero han pasado 9 años y mucho agua bajo el puente. La oposición sigue –sordamente, por abajo, rumiando- sin conocer la actual constitución y por lo tanto se encuentra en una trampa. La salida de Chávez fuera de la Constitución bolivariana está lejana, e ir a elecciones es convalidar la institucionalidad. Aceptar las normas del juego es encauzar su accionar político y reconocer a Chávez como presidente. Pesa actualmente el despliegue internacional de Chávez, con un ingrediente bien particular: la mediación en el conflicto colombiano, específicamente en el acuerdo humanitario. Esta novedosa posición logró a mi parecer que en la pasada asamblea de la ONU Shannon y Maduro chocaran manos “cordialmente”.
No necesitamos, ciertamente, el pláceme de EEUU, pero la oposición se ha quedado provisionalmente sin pared donde proyectar su sombra. Si EEUU convalida al gobierno venezolano, entonces debemos ir a elecciones –parecen decir- y aceptar la institucionalidad bolivariana.
No ocurrirá, no obstante, porque la semántica es más poderosa –más honda- que la política (como ellos la entienden), y el gesto televisado es más fácil de borrar que la matriz de los discursos. EEUU y la oposición venezolana necesitan negar al Gobierno de Chávez, zapar la realidad y levantar su realidad (su ficción) mediática. Chávez es un dictador y su destino es –para la miopía política del Pentágono- morder el polvo de los que osan contravenir los intereses del mercado.
____________________________________
Ver:
La Constitución hecha pedazos, por Ramón Escobar Salom


 
 

El Pentagonismo

por joseleon71 @ Lunes, 15. Oct, 2007 - 05:14:26 pm

Tesis de Juan Bosch

Ver: La vida diaria militarizada, la economía civil ‘pentagonizada’, y el Pentágono privatizado

“…el pentagonismo es una amenaza para todos los pueblos del mundo debido a que es una máquina de guerra que necesita la guerra en la misma forma en que los seres vivos necesitan aire y alimento para no perecer”
J. B.

Contribuyente norteamericano

¿Qué es?
Argumenta Juan Bosch en El Pentagonismo (Aguilar, 2005)*, que el imperialismo fue sustituido por una “fuerza superior”. Si el imperialismo responde a la lógica del capitalismo (extracción de materia prima de las colonias para ser procesada y comercializada por la metrópolis), esta fuerza superior, el “pentagonismo”, responde a la del capitalismo sobredesarrollado (extracción de materia prima de materia prima, aplicación de la más altas ciencia y tecnología a la producción): “para decirlo de manera más gráfica, el pentagonismo se parece al imperialismo en la cualidad de sus efectos, no en las dimensiones, así como el cañón que se usó en la guerra franco-prusiana de 1870 se parece a la bomba atómica lanzada en Hiroshima en que los dos producían muerte, pero no el mismo número de muertos” (43).
Por otra parte, y es acaso lo esencial, el pentagonismo no explota colonias, “explota a su propio pueblo” (43), el cual paga o cubre (con el pago de impuestos y con su trabajo y alto nivel de consumo) los gastos que significa llevar la guerra lejos de su país: “es él (el ciudadano pentagonizado, “drogado” por la propaganda patriota) quien paga a través de los impuestos los aviones de bombardeo que enriquecen a sus fabricantes” (45). ¿Quiénes?: “un pequeño grupo de banqueros, industriales, comerciantes, generales y políticos” (53), “la crema y nata del poder económico-social-político de los Estados Unidos” (62).
Esta situación debía generar diversos sentimientos en el pueblo pentagonista, entre otros, el de una frustración creciente toda vez que el esfuerzo de su trabajo está dedicado a enriquecer a las corporaciones de la muerte, no obstante existe porque el pueblo la respalda, acción en la que el Pentágono tiene mucho que ver en cuanto a gastos e inversión. Buena parte de estos gastos se van en propaganda, necesaria para convencer al pueblo pentagonizado de que está en peligro y que debe atacar para defenderse. “Es más, se les hace creer (a los soldados y a la población civil y al mundo) que están yendo a la muerte para beneficiar al país atacado, con el fin de salvarlo del mal” (53).
Para el pentagonismo importa la producción de máquinas de guerra, balas, bombas, medicinas, ropas, cemento, equipos de construcción de cuarteles, caminos, puentes, bebida y comida, productos que serán “depositados” en el país atacado, aunque en términos económicos “daría lo mismo tirarlos al mar que usarlos en operaciones de guerra” (51), mas no es términos económico-militares, cuando estos diseñan los movimientos geopolíticos, como el de controlar, por ejemplo, el Oriente medio, o segar los avances de gobiernos alternativos al consenso de Washington en América Latina.

EEUU y el pentagonismo
El pentagonismo es un producto de la sociedad de masas en que derivó la sociedad norteamericana, institucionalmente individualista: “…el pueblo está encuadrado –dice Bosch-, sin su consentimiento y sin su conocimiento, en una sociedad de masas; su idea es que él es parte de una sociedad individualista” (58).
El pentagonismo requiere de altas dosis de propaganda utilizada para convencer al pueblo pentagonizado de la necesidad de sostener guerras sin fin en cualquier parte del mundo, contra los comunistas, contra la subversión, ahora contra el terrorismo, que al decir de George Soros es el enemigo perfecto “porque es invisible y, por lo tanto, puede no desaparecer jamás”. Los jefes de estas masas no son los funcionarios públicos elegidos sino “los que pagan a esas masas organizadas a través de sus industrias, negocios y comercios, y estos señores son, junto con los jefes militares, los líderes del pentagonismo” (63-64). No hay individuos, personas, hombres y mujeres, sino “sentimientos y actos masivos” (64).
Por otra parte, la gran masa norteamericana sentía –según Bosch- los efectos benefactores del pentagonismo, esto es, de la sobreactivación de la productividad. A la expansión de los gastos militares seguía el crecimiento en todos los ramos, “se instalaban nuevas industrias, subían los salarios, crecía la demanda debido a esa alza de salarios, y crecía también el número de los ocupados” (77). La destrucción de un país se convertía en trabajo, alimentación, confort, bienestar. La propaganda patriota hacía el resto.

Pentagonismo y medios de comunicación
El pentagonismo es expresión del capitalismo sobredesarrollado, el cual requiere de un mercado igualmente ampliado. Esta ampliación es imposible sin medios de comunicación masivos, y entre éstos ninguno como la televisión. “La televisión se convirtió en el rey de los medios de propaganda de la gran industria” (94). Para Bosch el pentagonismo se encarga de colonizar el propio país, tarea imposible sin propaganda de masas, y, por supuesto, sin eliminar masivamente la conciencia y la crítica. Mantener a la población en paz, e idiota, Simpson dixit. En ello el televisor resultó el gran aliado. Afirma Bosch: “La televisión libró al norteamericano medio del trabajo de escoger; le acostumbró a obedecer, en el sentido de motivaciones profundas, y por tanto le acostumbró a no plantearse dilemas” (94). De aquí sólo se está a un paso de convencer a la población de que le acechan peligros y debe defenderse o, como hoy, que la nación deba atacar preventivamente. Es interesante resaltar un aspecto de la población que observa Bosch, el hecho de que a la masa ignara no le interesa la política de guerra y el destino de las bombas si sus beneficios no se ven mermados, de modo que una administración que les prometa y cumpla con un mínimo de seguridad social contará con su respaldo, más bien con su inopia política.

El poder militar
Según Juan Bosch EEUU pretendió sustituir al imperio inglés reteniendo el poder en las antiguas colonias “a través de gobiernos y ejércitos indígenas, pero no ocupar los países con fuerzas militares norteamericanas y ni siquiera mantener allí autoridades civiles; bastaría con las misiones militares de “adiestramiento” (74). El pentagonismo pronto entendió la necesidad de “moverse libremente” en el ámbito internacional, toda vez que era preciso mantener la productividad y, para ello, controlar la economía de los conflictos sustituyendo su política exterior con una economía de guerra a escala global. Fue necesario tener pues, altos contingentes del ejército norteamericano repartidos en el mundo, configurando una red de suministros a la sombra de conflictos de baja y alta intensidad. También se buscaba la “uniformidad de equipos a fin de que la mayoría de los ejércitos extranjeros fuera equipada por la gran industria de guerra de los Estados Unidos” (84). De ahí que hoy dispongan seguir o no dotando de piezas, repuestos y mantenimiento a dichos ejércitos (entre ellos el de Venezuela), e incluso penalizar y prohibir que otros países lo hagan sobre el entendido de que la tecnología militar norteamericana está repartida y atomizada en el mundo. “El gobierno de cualquier nación –recuerda Bosch- reside en el control de sus fuerzas armadas (…) Al tomar por vía indirecta el control de las fuerzas armadas de otros países, el pentagonismo trasladó la sede del poder de esos países a la sede del poder pentagonista” (84).
Monopolizar la guerra y controlar los ejércitos se convertiría en una manera de controlar las economías locales –tendencialmente globales-, hasta garantizar el flujo ininterrumpido de capitales de guerra reinvertidos en otras áreas de producción (del petróleo a las telecomunicaciones, pasando por el narcotráfico y la farmacéutica), sólo que manejados por las mismas manos. “El pentagonismo fue un hijo no esperado que nació del vientre de la economía de guerra en una sociedad enormemente desarrollada en el campo económico y sin embargo sorprendentemente subdesarrollada en el terreno de las ciencias políticas” (81).
Alertaba Bosch entonces que EEUU estaba siendo dirigido por el poder militar mientras el civil se encargaba de políticas domésticas que no perturbasen empero el flujo del poder militar. De ahí que la política exterior, la diplomacia, el diálogo no tengan razón de ser, porque el propósito del pentagonismo es mantenerse en guerra en cualquier parte del mundo, “en suma, asegurarse el mercado militar a través de la guerra permanente” (107). Pero, para estar en guerra permanente se requiere un enemigo permanente, así el pentagonismo llegó a una fórmula perfecta: “toda pretensión de cambios revolucionarios en cualquier lugar del mundo es contraria a los intereses de los Estados Unidos” (128).
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(*) La primera edición es del año 1967, fecha a considerar a la luz de los actuales acontecimientos.

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