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Archivos de: Octubre 2007, 09

La ciudad sitiada

por joseleon71 @ Martes, 09. Oct, 2007 - 04:43:40 pm

(Transcripción)
Reflexiones en torno a Cien años se soledad, por Miguel Ángel Campos
(Intervención en la Feria del Libro 2007 de la Universidad Cecilio Acosta)

Siempre he creído que la fortuna de una novela como Cien Años de Soledad se debe al tema, pero no es circunstancial que ese tema sea agrario, que sea rural, porque los grandes libros de la literatura hispanoamericana, básicamente los grandes libros del siglo XX, están centrados en torno a la problemática de la identidad, que ha sido resuelta, o la intención ha sido resolver el problema de la identidad, anclándose un poco en las civilizaciones de fundación; desde, digamos, el Facundo hasta… Pedro Páramo, y desde Don Segundo Sombra hasta Doña Bárbara.
Los libros representativos donde se resuelve la interpretación de una cultura y de imaginarios en Hispanoamérica, son libros agrarios. Y por supuesto Cien años de soledad organiza todos los mitos en torno a lo que sería el círculo exterior de la ciudad. Yo creo que el gran conflicto moral de Hispanoamérica del siglo XIX es justamente el de la ciudad sitiada, no es la oposición entre ciudad y campo que es más bien un problema de sociología del desarrollo, ni tampoco aquello de civilización y barbarie, que parece un problema falso creo yo, sino un asunto que tiene que ver con la fundación de los imaginarios en América Latina y esa fundación se produce en contra de lo que se llama el forjamiento. Es decir, lo real se forja afuera en alianza con los elementos, con los manes, con las fuerzas telúricas, regado con sangre, y la sociedad se organiza desde los escritorios, desde los protocolos civiles de la República. Efectivamente eso crea un conflicto, que es un conflicto moral y casi ontológico diría yo, que es este de ver cuál es el punto de partida, la naturaleza de los ruidos que va a organizar una civilización.
Es decir, esta pugna, que parece un poco en el Facundo, de la ciudad acosada por las fuerzas de los elementos rurales, que es más una visión de poder y mucho más que una intención de organizar el poder, es la determinación de unas fuerzas cósmicas, plantándose frente a una realidad que necesita ser retenida y propuesta como un modelo de intercambio. Me parece que es el modelo más claro, esto de Buenos Aires un poco atrincherada frente a la jauría caótica de los pampeanos, de los indios ranqueles, etc., que Sarmiento organizó muy bien en su libro.
De tal manera, Facundo es esa fuerza caótica, primordial, que sitia a la ciudad y la denuncia, y la niega, como un elemento fraudulento frente a lo que serían los elementos, digamos, originales de la alianza de los hombres con unas fuerzas caóticas que son las fuerzas de la naturaleza.
Es muy curioso que el asesinato de este hombre, Facundo Quiroga, se produzca en términos absolutamente radicales, es un asesinato por encargo, pero no tanto el encargo de un gobernador de provincia como el encargo de unas fuerzas que necesitan acabar con todo, es decir, matan a los hombres, matan a las mujeres, matan a los niños y matan a los caballos. Esto de matar a los caballos es curioso porque uno dice, bueno, ¿y por qué matar a los caballos? Seguramente el asesino no sabe por qué mató a los caballos, pero obviamente los caballos forman parte de la naturaleza, había que extinguir la naturaleza misma, los niños eran testigos, las mujeres eran testigos, los caballos también eran más que testigos, había que matarlos. Y, efectivamente, los caballos son muertos.
Entonces, la idea es ver como la fortuna de una novela que organiza mitos esenciales como Cien años de soledad, tiene que ver con una vanguardia, tiene que ver con una conciencia de puerta del hecho literario, de la escritura, pero también, fundamentalmente, es el acto de refundación de unas fuerzas que están en los orígenes de la organización de una cultura, de sus elementos mentales, imaginarios. Es decir, la fundación, que es una cosa raigal como la entiende [¿Murena?], que hace una interpretación de la cultura europea (eso está estudiado por los historiadores de la ciudad medieval) frente a la creación de los acuerdos de la cosa civil, del poder político, del Estado, de las instituciones. Un conflicto permanente que está allí y que en la novela aparece como la magnificación de unas fuerzas constructoras, caóticas pero raigales, donde muchos elementos del mito americano y los elementos del mito europeo medieval se enlazan para crear un cierto discurso de la naturaleza frente a lo artificial, en este caso la ciudad fraudulenta que debe ser sitiada por las fuerzas de la naturaleza, de las que se descree, que no se toman en cuenta para explorar la identidad digamos sustancial de una cultura.
Me parece entonces que no tenemos un gran libro en Hispanoamérica, de éxito quiero decir, de lectores, en el que generaciones sientan que hay elementos de identidad esclarecidos y que corresponda a lo fundacional civil, artificial, al acuerdo de las ciudades. Ahora mismo no recuerdo. He tratado de pensar así a punta de memoria, sin ir a los libros, pero creo que no hay ninguna gran novela, ningún libro repito, de imaginación, de ficción, donde se escudriñe, se explore la fuente del imaginario de una civilización y que constituya verdaderamente un libro de la identidad, que esté cuajada. Incluso los libros de análisis de la fundación de lo civil, de la república, de la fundación del proyecto de nación en el siglo XIX, todavía son tan pálidos frente a libros como los sertones de Euclides da Cunha o el propio libro de Sarmiento, Facundo. Es decir, frente a esos dos libros todo el esfuerzo de interpretación de la nación, de la república, de la civilidad del siglo XIX, parece no poco convincente sino ligeramente desmayado, casi sin tema.
Esa es la impresión que yo tengo de la novela, ya no… esto no es un análisis literario, obviamente, me interesa es ver cómo en los procesos de formación de los grandes núcleos del imaginario de una cultura hay puentes determinantes que ponen el peso sobre esquemas de identidad que tienen una clara recepción en el público y creo que esto tiene que ver con problemas irresolutos de una cultura, en este caso el problema de la ciudad que se crea, que se organiza, que se funda al margen del caos originario, que debía ser integrado –ya no es posible- a las interpretaciones iniciales, primordiales, de aquella fundación, de la fundación de lo civil, de lo urbano, del Estado en Hispanoamérica.


 
 

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