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Archivos de: Septiembre 2007, 14

Las Torres de la mentira

por joseleon71 @ Viernes, 14. Sep, 2007 - 05:27:53 pm

(Con breves incisos sobre la realidad venezolana)

"...Es un contexto que algunos considerarían divorciado de la realidad, pero con la capacidad estadounidense de proyectar su poderío militar a todo el globo, tal vez la realidad de Washington D.C. es la que importa más que cualquier otra". Citado por Juan Gelman en su artículo "Tres días y ya", en Rebelion.org

Sospecho que la realidad está en crisis. Pero ¿cuál realidad? Sin duda que la creada a través de los medios, la realidad mediática. Luego, no podríamos decir que la realidad está en crisis, puesto que la mediática no es la realidad, no obstante, la realidad no mediática puede pasar desapercibida o no ser leída (no sé si tampoco experimentada) como realidad. Con la destrucción de las llamadas Torres Gemelas se ha llegado a un momento culminante, a una vuelta de tuerca decisiva con respecto a la realidad real y la realidad mediática.
Desde el momento en que ocurrió voces de muy distintas direcciones se plegaron a la versión estadounidense –no necesariamente la de Bush- de que había sucedido un ataque terrorista de signo islámico. De aquí a la historia de Ben Laden sólo había un paso. E igual como pasó con la Perestroika y la Caída del Muro de Berlín, los historiadores, sociólogos, estudiosos y críticos de la sociedad repitieron de una y mil maneras distintas que con la caída de las Torres se debía hablar –y hablaron y hablan- de un antes y un después. (Cuantos libros comienzan hoy con estas palabras: “Este libro estaba ya escrito, y entregado a la implacable fatalidad de la imprenta, cuando ocurrió lo que ocurrió el 11 de septiembre pasado, en Nueva York. Era inevitable, casi prescripto que el autor se preguntara en qué medida ese acontecimiento fulgurante, atroz, descomunal, del cual probablemente se dirá, en un futuro no muy lejano, que partió en dos la historia, modificaba las modestas hipótesis sostenidas en este libro a propósito de un “fin de las pequeñas historias”…)* Muchos libros que estaban en imprenta fueron rápidamente actualizados con algún párrafo corregido en galeras donde se hacía mención a la noticia que inauguraba el siglo XXI. Desde entonces, todo pasó a ser observado desde la óptica unicolor del 11S.
Seguro que habrá que esperarse más tiempo para estudiar lo que ha acontecido en las conciencias de quienes vivieron y pensaron en torno al ataque al World Trade Center y al Pentágono, pero me atrevo a asegurar que buena parte de la tinta que ha corrido responde a los intereses de la propaganda (realidad mediática sin más) que sirve plenamente a los intereses de las corporaciones que fabrican hamburguesas, etanol, guerras, programas humanitarios, y armas.
En otras palabras, elevar el 11S a fecha axial es parte estelar del régimen propagandístico al que ha recurrido EEUU para “posicionarse” en el actual escenario simbólico de la cultura occidental como víctima, luego, como poderosísimo agente de vindicación de la civilización occidental frente a la amenaza de la barbarie islámica. Guerra Santa, sin más ni más. En ese marco surge Afganistán e Irak, recientemente el conflicto iraní.
Vale la pena preguntarse en qué grado y a quién importa que las razones que llevaron a España, Inglaterra y a EEUU a atacar a Irak fueron rotunda, sin equívocos, -¿cómo decirlo?- confirmadamente falsas. Fue mentira lo de las armas de destrucción masiva, lo dijo la CIA incluso antes del conflicto, lo dijeron los inspectores, todos, menos los informes falsos que leyó Colin Powell. Ya lo decía Juan Luis Cebrián (miembro de la Real Academia Española y ex director fundador del diario El País, en el prólogo al libro de Juan Bosh El Pentagonismo (Aguilar, 2005): “Probablemente será difícil encontrar en toda la historia de América un cúmulo de mentiras semejante al que fueron capaces de pronunciar Bush, sus colaboradores y sus amigos, a la hora de querer justificar la invasión de Irak” (24). Y el mismo Juan Bosh, afirma: "Hay apariencias que todo gran país debe mantener. Poner al Presidente de los Estados Unidos a decir mentiras es degradar el país ante el mundo, y eso ha hecho el pentagonismo; poner a los más altos funcionarios de la nación a decir hoy lo contrario de lo que dijeron ayer es colocar al gobierno en una posición ridícula y de mal gusto, y eso lo hace constantemente el pentagonismo" (136).
(Como la carta de renuncia de Chávez falsa que leyó Napoleón Bravo el 12 de abril durante el golpe de Estado o el proyecto falso de reforma constitucional que la oposición puso en circulación y del cual hablan y discuten los opinadores y políticos como si perteneciera al orden de la realidad y no al desquiciado de los medios).
Todo eso fue una farsa pero hoy existen miles de muertos y millones de vidas destrozadas, aparte de un cadáver colgado en un mal video (propio de la estética a la que nos han ido acostumbrando los reality shows pero que en este caso puede elevar su ascendencia a The Blair Witch Project) tomado desde un celular.
Se sabía que era una farsa, sabían que no había razones –las esgrimidas al menos- para atacar, pero se llevaron a cabo los ataques, se ordenó el arrasamiento del país. "El discurso de Bush, -afirmó Walter Martínez- con sus simplificaciones minimalistas, se ha vuelto un gigantesco y peligroso lugar común. Por enésima vez: No importa la ONU ni Bagdad." Hoy las noticias hablan de una posible reducción de las tropas y, otras, que el ejército puede ocupar Irak por una década. Eso en realidad poco importa, porque en la realidad mediática sólo aparecen los intereses en alza o menoscabados de EEUU, no de los iraquíes, no de los afganos, no de los libaneses, no de los iraníes.
La realidad es persistente, no obstante, como la vida. Y las torres de la ficción serán demolidas, ya lo están siendo.
¿Quién se traga el cuento de Ben Laden? Sobrevive la versión sobre todo en los medios de comunicación ya declaradamente propagandistas de los intereses norteamericanos (regados en todo el mundo, como sus bases militares), los que son consumidos por desinformados ciudadanos globalizados, y en especial, los más desinformados, los propios estadounidenses, aunque las encuestas repitan que un 30% apoya la gestión de Bush con respecto a Irak, salvando el escollo no menor de que buena parte de ese supuesto 70% que la detesta sepa al menos donde queda Irak o de qué guerra le están hablando.
(Lo de la desinformación es proverbial y no importa la clase social o el nivel adquisitivo. Hace poco en una clínica especializada en problemas de la vista –paradoja estúpida -la estupidez es mía que confundo un chiste malo con una paradoja- presencié esta conversación entre un médico y una pareja en la sala de espera. El médico sale del consultorio y el caballero lo saluda imitando el acento napolitano. El médico se acerca y comienzan a hablar a todas luces de automóviles preparados para correr, luego pasan a hablar –todo sucedió en menos de dos minutos- de un amigo común que por esos días se encontraba en un evento en Estocolmo –si mal no recuerdo-, a lo que el médico responde que él ha preferido asistir a uno en una universidad de EEUU, más cercano, más cómodo, más especializado. De seguidas y sin que se lo preguntaran, advirtió que estaba haciendo sus maletas pero no para el congreso sino para irse del país y, señalando a mi hijo, afirmó con una sonrisa complacida, como quien está más allá del bien y el mal, que no podía soportar que con la aprobación de la reforma constitucional el gobierno le quitara a sus hijos. La ignorancia, como se ve, no escatima e impresiona ver la facilidad con que personas con presumibles probabilidades de acceder a información persistan en permanecer desinformados, pero eso sí aguerridamente convencidos de que no lo están, y de que CNN o Globovisión o cualquier cadena de noticias y de tele-reportajes teledirigidos, dicen la verdad y los mantienen al día.)
En contextos (sociales y mentales) como el descrito sobrevive la versión de que Ben Laden está detrás de la caída de las Torres, y cosas como que existe un antes y un después del 11S.
Mientras, videos, testimonios, imágenes que circulan, además de la acumulación de recelos, minan por su parte las torres de la ficción que, pulverizadas en sus bases, amenazan con desplomarse. Como verdadera fecha axial, esta caída marcará el advenimiento de una realidad sin medios, más exactamente sin intereses corporativistas mediante, que lo mismo nos venden un par zapatos, cuelgan el último video de Rihanna, mandan cajas de comida para refugiados, construyen prótesis para las víctimas de las minas que construyen, dictan conferencias en Universidades que reciben financiamiento para programas militares y construyen y ordenan lanzar bombas racimo.
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* El libro citado es de Eduardo Grüner El fin de las pequeñas historias (Buenos Aires, Paidós: 2002)
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Sería bueno ver: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56071
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A propósito, un fragmento de una noticia publicada en Rebelion.org el 17 de septiembre, y más abajo el enlace para la noticia completa:

"La primera trampa en la que caen muchos escritores y analistas políticos es considerar que el 11 de septiembre supone una línea divisoria entre dos épocas históricas, que es un hito histórico, un hito que proporcionó el trampolín para un golpe político internacional. Una comparación entre septiembre de 1995 (el congreso de Fairmont) y los ataques de septiembre de 2001 no revelará una diferencia sustancial en la calidad de la política estadounidense en particular y la política capitalista en general; es, simplemente, una cuestión de cantidad. Este es el punto principal que se argumenta en las líneas que siguen."

11 de septiembre: La ilusión de un golpe histórico en el curso del imperialismo, por Hisham Bustani. En:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56320
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Y esta otra, de Harold Bloom:

Lo llamo ‘medios-cridad’. Es terrible la clase de medios que tenemos actualmente. Nadie se atrevió a sacar la cara y criticar a Bush cuando inició ilegalmente la guerra contra Iraq. Es deprimente, y muestra la dirección que ha tomado este país desde que él llegó al poder – un poder que no le corresponde legítimamente. Los medios no cumplen con su cometido. Los bushistas son matones y durante mucho tiempo nadie se atrevió a criticarlos y sólo se tragaron su propaganda y sus mentiras. La gente se ha atemorizado. En este tipo de clima, a nadie le interesa la voz crítica. Usted me pregunta por el papel del intelectual en EE.UU. de hoy y tengo que decir: ¿Qué papel? ¿Qué intelectuales? No hay sitio para ellos en el mundo simplificado y mentecato de los medios actuales. Solíamos tener un papel, y todavía quedan unos pocos, pero somos una especie en vía de exterminio. Parece que nadie se interesa por los matices.”


 
 

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