Búsqueda blog.com.es

sobre mí

joseleon71

joseleon71

Calendario

<<  <  Septiembre 2007  >  >>
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

Subscribirse por correo

Puedes recibir los posts de este blog por correo.

Archivos de: Septiembre 2007, 09

"Sarita Cartonera"

por joseleon71 @ Domingo, 09. Sep, 2007 - 09:34:38 pm

Transcripción de la conversa sostenida con Jaime Vargasluna en La Paz, durante la Feria del Libro 2007

“…lo que nosotros decíamos era escribe lo que te de la gana siempre y cuando sea algo tuyo, honesto, algo que le puedas regalar a alguien que valga la pena.”

“…ese es un principio del trabajo, no obligamos a nadie a nada”

“Hemos descartado por completo la idea de que hay que leer para ser mejores personas o que hay que leer para educarte. No. Hay que leer porque es divertido, si no quieres, no leas.”

“Pero con estos chicos es interesante el trabajo ahora, porque sí están leyendo, han mejorado muchísimo, uno de ellos ahora está escribiendo un libro que va a publicar Sarita, es un chico que cuando entró a trabajar con nosotros la lectura y los libros no tenían nada que ver con su vida…”

“…uno de los principios del trabajo era que la estética no sea propuesta por nosotros sino por el que fabrica el libro, el que hace el libro lo hace como le da la gana…”

“No queríamos decirle mira, oye, así se hace, sino bueno, hazlo como quieras, ya encontrarás un modo propio de construirlo.”

“Entonces a partir de ahí comenzamos a trabajar con algunos artistas que han venido, por ejemplo, a enseñarle a los chicos teoría del color, para enseñarles herramientas básicas, por ejemplo, serigrafía.”

“Imprimimos 50 y con 50 empezamos”

“…hay un par de propuestas que intentamos aplicar y que funcionaron pero que las abandonamos por falta de plata y tiempo. Una, que a mí me parece interesantísima y que yo espero retomar, era crear bibliotecas comunitarias...”

“…La idea, el proyecto era o es, que ellos sigan trabajando ahí, que sigan creando más libros, que empiecen por la tradición oral, por la memoria local, pero que después vaya siendo sobre los que se les de la gana, y luego que ellos vayan a otro barrio, al principio con nosotros, pero después ya no, y ellos sean los que les enseñen a los del otro barrio, el otro barrio construya también una biblioteca y luego compartan, y entonces ya no se hace un ejemplar sino dos, entonces un ejemplar se queda en esta biblioteca y el otro en la otra biblioteca, y así se va multiplicando…”

I. Los inicios. Primero talleres. Participación en la Feria del Libro de Lima. Sarita.

Nosotros comenzamos… más que tener una práctica definida, lo que tenemos es un proceso. Como principios de trabajo. Cuando empezamos a trabajar… los que nos encargamos de esto tenemos la misma formación, estudiamos literatura, no educación sino literatura. Bueno, habíamos estudiado esto y vimos que muchas de las cosas que nosotros sabíamos, de teorías, de cosas de ese tipo, no funcionan en la escuela, no las sabe un lector, no le importa, y empezamos a cuestionarnos, qué sentido tenían y si servían para algo, cómo podíamos trasladar eso a la calle, al lector común o al que ni siquiera es lector. Cómo estrategias de lectura teóricas pueden servir para crear lectores. Entonces lo que hicimos fue un primer taller para profesores. Con ellos cogimos un texto narrativo, un cuento, y comenzamos a leerlo, a desarmarlo en personajes, en tiempo, en espacio, en cosas de ese tipo, pero todo a través de dinámicas de juego y conversación. Por ejemplo, se juntaban tres profesores que habían leído el mismo texto y uno de ellos tenía que describir un personaje, se lo describía a otro, el otro dibujaba la descripción del personaje, no el personaje tal como él lo había visto sino como el otro lo había descrito, entonces si para él el personaje era rubio, pero el otro le decía que era pelirrojo tenía que dibujarlo pelirrojo, y el tercero era el que explicaba o describía el personaje ante todos los demás. Entonces ahí lo que hacíamos era que todos se iban cuestionando, porque otro de otro grupo decía oye, pero no era rubio era pelirrojo. Uno lo que no podía hacer era defender su propia postura, o sea, si para mí era rubio yo tenía que dibujar a tu pelirrojo, yo no podía decir sí yo también pensaba que era rubio sino que tenía que defender mi postura. Eso era complicado, porque cómo defiendes una postura que no compartes. Pero, al intentar eso es que surgían nuevas preguntas. Cada quien tenía que comenzar a responder más cosas. El resultado fue que todos iban volviendo al texto sólo para confirmar si era rubio, si tenía tal o cual cosa, si había ido o venido. Jugábamos con los límites de la interpretación, jugábamos a interpretar descabelladamente.
Esto lo hicimos en un museo, en el Museo de Arte de San Marcos, de la Universidad. Convocamos a profesores de un barrio de Lima. Eran profesores de secundaria la mayoría, fueron como 8 de secundaria y 3 ó 4 de primaria. Y entonces hicimos esto y al final cada quien escribió un texto a partir del texto que habían leído. Fue interesante por las preguntas que salieron, que aparecieron ahí, y luego una de estas profesoras, que era coordinadora académica de un colegio nos dijo oigan, yo quisiera que ustedes hagan esto pero con los alumnos. Entonces fuimos ahí, trabajamos con chicos como de 14 años más o menos, y con estos chicos que no eran lectores la cosa fue un poco distinta. O sea, hubo mucho menos conciencia, no explicitábamos lo que queríamos hacer, que sí lo hacíamos con los profesores, sino que simplemente llegamos con varios libros, de los que hacemos que son estos de cartón, se los pusimos allí y les dijimos bueno, miren, léanlos, o lean el libro que quieran -eran breves- para después trabajar ¿no?, hacer un taller y tal. Y entonces los chicos comenzaron a preguntarse ¿esto es un libro?, ¿por qué esto es un libro?, ¿qué fácil es? Entonces, a partir de eso comenzamos a cuestionarnos la noción misma de libro ¿no?, con ellos. Entonces empezamos a ver cuáles podían ser las definiciones de libros, entonces también empezaban a inventar cosas, y, paralelamente, fuimos convirtiendo este texto escrito en una maqueta, en una cuestión visual, tal como a ellos se les iba dando la gana, y a partir de ahí, también de la discusión entre ellos, es que se iban reformulando y cada quien iba construyendo su propio cuento, y luego terminaron escribiéndolo, y eso se expuso en este museo y salió muy bien.

A partir de allí nos llamó la Cámara Peruana del Libro, que iban a organizar ellos una feria infantil y juvenil y querían exponer lo que habíamos expuesto en el museo. Lo que hicimos fue un taller abierto, cada persona que quiso llevó… lo que tenía era un libro ya cortado, cartón cortado, papel, témperas e instrucciones en desorden de cómo armar un libro cartonero, que era básicamente cómo pegar, cómo fabricar el objeto, y diciéndole qué clase de cosas queríamos que escribiera… lo que nosotros decíamos era escribe lo que te de la gana siempre y cuando sea algo tuyo, honesto, algo que le puedas regalar a alguien que valga la pena. Y, si quieres, puede dejar el libro acá o te lo puedes llevar a tu casa.
Mucha gente se llevó los libros a su casa pero hubo algunos que los dejaron. Fue muy interesante porque por ejemplo habían estas mujeres mayores, amas de casa, que contaban la historia de sus vidas, probablemente desde la frustración, o cuestiones así, o sea, mucha gente lo usó como una suerte de confesionario, de testimonio de vida, pero también la mayoría lo acompañó de ilustraciones, de dibujos. Eso se quedó ahí, lo dejaron y entonces eso se expuso, y a partir de eso luego comenzamos a trabajar con más colegios, en más ciudades, planteando que todos los que trabajaran, niños, adultos, los que quisieran, tenían que trabajar horizontalmente porque… no los separábamos en grupos… porque cada uno buscaba en el libro algo distinto, pero eso era una cuestión personal.
Entonces los ejercicios de interpretación casi suceden solos. Si tú tienes algo adelante te vas a formar una idea de eso, necesariamente. Si tú tienes el objeto adelante y determinadas preguntas, que nadie te pide que respondas, pero que están planteadas allí, tú te las vas a hacer a ti mismo, y eso va a mejorar tu interpretación, pero no se las respondes a nadie; ese es un principio del trabajo, no obligamos a nadie a nada. Eso lo pasamos después al taller de trabajo de “Sarita”, de los cartoneros, porque inicialmente nosotros leíamos con ellos los libros.

Los que publica Sarita normalmente se los dábamos a leer, los leíamos en el taller y la verdad no funcionaba, se aburrían, entonces cuando empezó a funcionar esto otro con los colegios, lo que hicimos fue llegar y decirles simplemente, mira, tal escritor o tal escritora que ha escrito esto, y que habla de esto y de esto, ha escrito este libro y allí está. Luego empezamos a trabajar con ellos para el diseño de las tapas, con recortes de periódicos, con información que tenía que ver directamente con el tema del libro, pero indirectamente, entonces ellos iban recortando, iban pegando en las paredes, haciendo estas cosas, y, a veces, eso hacía que abrieran el libro y buscaran y leyeran, pero era la idea del libro por el placer del libro. Hemos descartado por completo la idea de que hay que leer para ser mejores personas o que hay que leer para educarte. No. Hay que leer porque es divertido, si no quieres, no leas. No leas porque eso te va a convertir en mejor persona; eso puede ser un resultado pero no es el resultado que buscamos.

II. Materiales.
En Lima hay un barrio que se llama “Materiales”, es una zona muy pobre, que de hecho nació de gente que llegó a ocupar el lugar, o sea, que invadieron y comenzaron a construir sus esteras y que allí se quedaron, y todo este barrio son recicladores de basura, o sea, es gente que ha ido comprando carretillas y que sale por las madrugadas por toda la ciudad recogiendo basura y la vende a empresas o a alguien más grande.
De este barrio salieron… o fuimos a este barrio a buscar la gente que trabajara con nosotros, entonces les compramos el cartón y los invitábamos a quedarse con nosotros.
Tuvimos muchos problemas y la mayoría de los que trabajaba con nosotros tenía un hermano o un primo de una zona aledaña a Materiales, pero que no es exactamente Materiales, que también es una zona pobre, pero, digamos, de los hijos de recicladores que están tratando de hacer una vida mejor ¿no? porque ellos vienen de una sociedad muy lumpen, de un espacio muy violento, muy complicado. Y estos son los chicos que fueron llegando al taller y se han quedado hasta ahora. Son chicos que, por ejemplo, han vendido cartón en la calle, pero casi ninguno lo ha recogido en las noches, porque el proceso es más o menos que en las noches van, recogen y en la mañana siguiente se paran en alguna avenida y lo venden. Bueno, los que trabajan con nosotros han vendido cartón, pero no son recicladores, no son los que recogen el cartón, justamente porque el trabajo de los recicladores es un trabajo nocturno, es un trabajo que los pone en una situación de riesgo, entonces la mayoría de ellos tiene problemas de alcohol, drogas, violencia, fuertes. Entonces, estos otros chicos tienen los [mismos] problemas sociales y económicos, pero no tienen esos otros problemas. Como nosotros no tenemos la logística para tener un sicólogo o toda esa cuestión, no podemos complicarnos la vida, no podemos ayudar a gente si no tenemos la capacidad para ayudarla. Pero con estos chicos es interesante el trabajo ahora, porque sí están leyendo, han mejorado muchísimo, uno de ellos ahora está escribiendo un libro que va a publicar Sarita, es un chico que cuando entró a trabajar con nosotros la lectura y los libros no tenían nada que ver con su vida, entonces ahora está mucho más involucrado porque los fabrica, porque vamos a muestras de arte, porque conoce a artistas plásticos, ellos han dictado talleres ahora.

III. Estética. Feria del Libro de Lima. Todo de cartón. Autosustentabilidad
Cuando empezamos, uno de los principios del trabajo era que la estética no sea propuesta por nosotros sino por el que fabrica el libro, el que hace el libro lo hace como le da la gana. Más o menos. Y la verdad es que era un trabajo sucio, era un trabajo… ellos pintaban muy feo, cortaban mal el cartón, hacían un trabajo de muy mala calidad, pero para nosotros estaba bien, porque de hecho ¿por qué tenía que ser de otra forma? Si ellos lo hacen así, está bien, y si ellos de a poco van descubriendo que pueden hacerlo de otro modo, pues ya lo irán mejorando. Fue un poco abierto. Que hubo igual que regular porque los libros se venden, y entonces el comprador decía muchas veces oye, yo no voy a comprar esto, esto está mal cortado, esto está así o asá. Entonces, eso nos obligó a ir cambiando y a ellos también, ir mejorando, etc. Pero lo que queríamos es que eso fuera descubierto por ellos, y no que fuera impuesto por nosotros. No queríamos decirle mira, oye, así se hace, sino bueno, hazlo como quieras, ya encontrarás un modo propio de construirlo.
La cuestión es que cuando participamos por primera vez en la Feria del Libro de Lima hasta entonces todos los stand de la feria eran como los de aquí [en Bolivia], cuadrados, blancos, prefabricados, donde tú pones tus estantes con libros, y punto. Pero cuando nosotros fuimos la primera vez tuvimos nuestro primer stand. Uno que trabajaba con nosotros dijo tenemos que hacer algo distinto, nosotros no somos iguales, nosotros trabajamos con cartón y eso tiene que ser evidente, así que hagamos cartón. Entonces compramos cajas de refrigeradoras, de cocinas, cajas enormes y empezamos a armar planchas, las paredes, estas paredes blancas, las cubrimos con paredes de cartón, y sobre las paredes de cartón comenzamos a hacer repisas de cartón, y pegamos muchos afiches, recortes de periódicos, cosas de ese tipo, y muchas cosas visualmente estridentes que pertenecen a la cultura popular limeña, esa estética, fabricamos una mese de cartón, ya una mesa de cartón corrugado, con bases de cartón, era completamente de cartón el stand, y eso fue estupendo. El stand fue muy visitado durante la feria, en los suplementos de periódicos cuando se hablaba de la feria el stand más llamativo era el nuestro, nos sirvió muchísimo para visibilizarnos, pero además generó dos consecuencias bien interesantes. Una es que desde el año siguiente la Feria del Libro de Lima tiene un equipo de diseño, entonces tú puedes tener stand diseñados, y entonces eso ha hecho que Alfaguara, Planeta, tengan stand alucinantes y nos han dejado chiquititos a nosotros, porque claro, tienen la plata para hacerlo, pero eso nos parece interesante porque es ya romper… o sea, es romper ese cuadradito que para nosotros es horrible, y eso funcionó.
La otra cosa interesante es que vinieron artistas plásticos a buscarnos, porque eso lo habíamos hecho nosotros sin ser artistas plásticos, fue una idea que la hicimos y punto. Entonces después de eso se nos empezaron a acercar algunos artistas y a decirnos oye, yo quiero colaborar con ustedes, me gusta la propuesta, pero les falta, no conocen. Entonces a partir de ahí comenzamos a trabajar con algunos artistas que han venido, por ejemplo, a enseñarle a los chicos teoría del color, para enseñarles herramientas básicas, por ejemplo, serigrafía. Uno de ellos… como nosotros trabajamos con ellos cuando tenemos plata para darles, entonces trabajamos un día a la semana, solamente los sábados… entonces el resto del tiempo uno de ellos, ahora que aprendió serigrafía, está haciendo polos (camisetas), nos pidió un poco de plata prestada, se la dimos, compró los insumos y ahora él hace sus polos y los vende. Está súperbien, porque la idea es que van aprendiendo algunas cosas.
Igual, donde todavía tenemos un problema que no sabemos cómo resolver es que nosotros les pagamos a cada uno de ellos por cada libro hecho. Entonces ellos tienen esta idea de la velocidad, porque mientras más libros hagan más les pagas. Entonces para hacer más libros tienen que dedicarles menos tiempo a cada libro. Entonces ellos quieren encontrar fórmulas para cada libro, y eso es un problema, porque lo ideal para nosotros es que miren el libro como un objeto, como un lienzo, digamos, y hagan allí lo que se les de la gana, pero para eso necesitan tiempo, pero eso a ellos no les conviene económicamente. Entonces nosotros estamos buscando todavía la fórmula para poder pagarles, que se sientan cómodos con esto, pero que el pago no se defina por cada libro hecho porque si no va a ser un círculo que no se va a romper. Todavía no hemos encontrado el modo, estamos en eso.

IV. Tiraje
Lo que hacemos es firmar un convenio con el autor, donde nos cede equis ejemplares. Normalmente es entre 300 y 500, alguna vez ha sido menos pero nunca ha sido más. Imprimimos 50 y con 50 empezamos. Entonces, una vez que se nos van acabando vamos reponiendo. Una vez que alcanzamos el número hablamos con el autor para, o reeditar, o para que se termine.

V. Diseño
Nos pasó que como cada tapa era echa a mano, original, distinta, tú podías tener el mismo título pero cada ejemplar era distinto, la tapa era distinta. En algún momento, justamente para que ellos le dediquen más tiempo a lo echo a mano, decidimos trabajar con serigrafía partes de la tapa, entonces eso se convertía en una fórmula que se repetía en varios libros, pero les daba un poco de espacio para hacer otras cosas. Entonces, cuando comenzamos a trabajar con eso quedaron muy bien los libros, pero algunos de los compradores nos dijeron oye, a mí me gustaba más cuando era totalmente a mano. Ahora lo que estamos haciendo es que conviven las dos cosas, algunos son con serigrafía, algunos van con grabados, estamos queriendo implementar pequeñas… que los chicos sean quienes diseñen… o sea, trabajando con artistas plásticos, aprendiendo, pero que sean ellos quienes diseñen, luego pegar eso allí ¿no?, armar por ejemplo dibujos y que vayan insertándose en algunas tapas cuando ellos quieran, que vayan combinando, que su labor no sea tanto coger una témpera y pintar, sino combinar elementos que ellos mismos ya han creado previamente.

VI. Proyecto y autosustentabilidad. Bibliotecas comunitarias.
Nosotros tenemos un par de proyectos… lo que pasa es que nosotros somos un grupo de amigos que empezó esto como hobby, cuando acabamos la universidad, hace unos cuatro años. Nos dedicamos a esto porque teníamos tiempo libre, qué sé yo. Entonces, gastamos con nuestra plata, y si se vendían los libros, bueno, recuperábamos lo que habíamos gastado, los vendíamos en la calle, en las entradas…bueno, también en librerías, pero íbamos a las puertas del teatro, o sea, nos parábamos como vendedores ambulantes, a veces. Pero de a poco, las exigencias de cada uno, económicas, laborales, qué sé yo, fueron complicándonos la vida. Entonces, es un trabajo que cumplimos en nuestro tiempo libre, pero que ha crecido tanto, allá, que ya deberíamos dedicarnos a eso como un trabajo real, formal, pero no podemos básicamente porque nadie lo financia, no es un proyecto autosostenible hasta ahora. Y entonces hemos recibido una vez un fondo pequeño de la cooperación española, ahorita acabamos de recibir un fondo de la cooperación belga, chiquito, que nos permite imprimir, que nos permite trabajar digamos, cuatro o seis meses, sabiendo que todos los sábados van los chicos al taller y que no les vamos a decir oye, este sábado no porque no tenemos plata, o cosas así, que pasaban mucho.
Pero entonces, hay un par de propuestas que intentamos aplicar y que funcionaron pero que las abandonamos por falta de plata y tiempo. Una, que a mí me parece interesantísima y que yo espero retomar, era crear bibliotecas comunitarias. Lo que hicimos en zonas donde la gente no lee… lo hicimos sólo en un barrio, llegamos al barrio este y trabajamos un taller que habíamos aprendido en la universidad, de recopilación de testimonio, recopilación de tradición oral, de memoria local, pero lo que hicimos no fue recopilar, no fue trabajar como antropólogos, sino enseñarles como se hacía, para que ellos lo hagan con ellos mismos. Fue estupendo, porque les contamos bueno, mira, esto es el gestor, esto es el testor, esto funciona así, tú grabas así, así se edita, así se redacta, y esto es así. Entonces fuimos trabajando. Como parte de ese taller ellos se grababan entre ellos, iban recopilando, nos iban pasando esa información, ellos iban escribiendo, transcribiendo, editando, qué sé yo, y finalmente elaborando un libro cartonero. O sea, lo iban… porque es mucho más barato, imprimíamos y se hacía en cartón, entonces así quedaba un ejemplar para la biblioteca de ellos. Al final sólo quedaron seis personas, en este primer barrio, fue el único barrio donde trabajamos, fueron seis libros los que se hicieron y se quedaron allí. La idea, el proyecto era o es, que ellos sigan trabajando ahí, que sigan creando más libros, que empiecen por la tradición oral, por la memoria local, pero que después vaya siendo sobre los que se les de la gana, y luego que ellos vayan a otro barrio, al principio con nosotros, pero después ya no, y ellos sean los que les enseñen a los del otro barrio, el otro barrio construya también una biblioteca y luego compartan, y entonces ya no se hace un ejemplar sino dos, entonces un ejemplar se queda en esta biblioteca y el otro en la otra biblioteca, y así se va multiplicando. El sueño final es que al haberse creado estas bibliotecas de libros cartoneros, producidos por ellos, se vayan sumando otros libros, que no son libros producidos por ellos, que no son cartoneros, pero que van entrando a este espacio de biblioteca y que van generando y trabajando con ellos como lectores. Esa vez funcionó, a mí me parece que funcionó muy bien, yo quedé muy contento, pero es mucho tiempo el que hay que invertir en eso, y es logística y es una serie de cosas que no hemos podido asumir.

VII. Impresión. Piratería.
Al principio, lo que hacíamos era [que] diagramábamos un texto como si fueras a mandarlo a imprenta, imprimíamos un ejemplar en una impresora casera, imprimías el ejemplar y lo fotocopiabas, en la cantidad de ejemplares que necesitáramos. Así empezamos.
Pero la Cámara Peruana del Libro, cuando empezamos a trabajar con esto y teníamos que hacer el depósito legal en la Biblioteca Nacional, nos dijo ¿saben qué? si ustedes fotocopian sus libros son piratas, aunque tengan la autorización del autor son piratas. Es absurdo, pero nos dijimos ¿qué camino tenemos?, no podemos ir a imprenta. Nos dijeron, si ustedes imprimen en impresora casera, impriman en impresora casera todos los ejemplares, y eso hacemos, y es carísimo. Y con un papel que, alguien que no sabe, piensa que es fotocopia, porque es un papel bond delgado, claro si uno conoce la fotocopia se da cuenta que no, es siempre un poco más grueso… detallitos, que la Cámara, bueno, sabe, y los acepta. Pero es absurdo, simplemente absurdo. Nosotros estamos ahora buscando el modo de comprar una duplicadora, una máquina de impresión de poco tiraje para imprimir allí porque nos cuesta, sumando los costos reales, cuatro o cinco veces más que una imprenta, lo que pasa es que no podemos ir a imprenta porque no podemos imprimir 500 ejemplares de golpe.


 
 

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.