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Archivos de: Septiembre 2007, 06

Red cartonera

por joseleon71 @ Jueves, 06. Sep, 2007 - 09:51:31 pm

Interés social y amor por la literatura
(Charla brindada por Jaime Vargasluna en el marco de la Feria del Libro de La Paz 2007. Transcripción)

Ver: "Sarita Cartonera" por Jaime Vargasluna

"Yo siento un poco que este proyecto y el proyecto cartonero en general, porque la red cartonera como dije funciona de distinto modo, cada editorial funciona de distinto modo… nos articula un interés social y un interés por la literatura, pero hasta ahí no más, después cada uno va desarrollando sus propias líneas."

"La ventaja de proyectos alternativos –y la desventaja- es que siempre tienen que ser alternativos, y es fácil dejar de ser alternativos..."

Tenemos muy poco tiempo y en verdad quería decirles un montón de cosas, me he pasado algún tiempo pensando qué les podría decir. Así que voy a hablar de tres cosas. Antes de eso quería solamente decir que Los Diez Mandamientos de “Yerba Mala” nos los tienen que pasar porque nosotros hemos violado varios, así que sería interesante verlos…
Bueno, yo quería hablar de tres puntos que me parecen importantes. Es sobre el proyecto de Sarita Cartonera. Yo no les voy a contar mi historia porque la pueden ver en la web o en algún lugar, pero resumo un poquito como a finales de 2003, en Buenos Aires, en medio de la crisis argentina generada por el cacerolazo, el cartonero, el reciclador de cartón se convirtió en una especie de símbolo, de icono de la crisis, y un grupo de gente allá decidió usar esa excusa para crear una editorial que llamara la atención a la clase media sobre la… –no tenía que llamarle la atención porque sabía muy bien de la crisis- pero era generar un producto que les evidenciara que la crisis era mucho más profunda, que había algo más grande y que el cartón no era sólo un defecto, o sea, el libro de cartón no era un producto mal hecho y por lo tanto defectuoso, sino que reflejaba que la perfección a la que aspirábamos, una perfección estética, era falsa. Más o menos esa era la idea inicial.
Entonces se creo Eloísa. Nosotros en Lima nos enteramos muy poquito tiempo después y cuatro o seis meses después decidimos impulsar un proyecto hermano en Lima, de hecho primero se llamaba Eloísa Cartonera del Perú, felizmente nunca sacamos un libro con ese título. La idea fue simple: si ellos habían usado ese proyecto como símbolo de la crisis argentina pues los peruanos viven una crisis permanente por lo cual tenía un proyecto así mucho más sentido en un país como el Perú.
Entonces fue así como comenzamos. Con el tiempo, del 2004 para acá se ha creado “Yerba Mala” aquí en La Paz, se ha creado Mandrágora, que es una editorial (…) que sé que funciona en Cochabamba, Animita Cartonera en Santiago de Chile y en Sao Paulo, Brasil. Cada una de estas editoriales tiene particularidades y hoy voy a hablarles de tres puntos, de tres particularidades de Sarita Cartonera.
Primero, uno de los objetivos básico fue y sigue siendo, la discusión, después la horizontalidad en el trabajo y tercero, la flexibilidad. Voy a hablar poquísimo, pero a ver cómo se enganchan.
El tema de la discusión tenía que ver inicialmente con que cuando empezamos había muy pocos espacios editoriales para que los autores peruanos nuevos publicaran sus trabajos, entonces nosotros quisimos crear un espacio de difusión de la obra de estos autores y así comenzamos el primero año. Pero después del primer año aparecieron otras editoriales que comenzaron a hacer lo mismo y entonces nosotros dijimos estos autores ya no necesitan a Sarita Cartonera, así que ahora vamos a difundir autores de otros países, autores latinoamericanos que, por razones de precio o equis razones no podían llegar al Perú o llegaban muy caros.
Pero eso nos envió a la segunda parte del término, del concepto, y era que no solamente íbamos a difundir la obra completa de (…) sino que lo que nos interesaba profundamente era difundir el hábito de la lectura, para eso pusimos los libros baratos, íbamos a ir a la periferia de la ciudad a venderlos allí, a lugares donde no había librerías, y, la verdad, un fracaso. Y nos dimos cuenta de que si tú le das un libro a alguien que no lo quiere leer, no importa que se lo regales, no importa que le pagues, incluso, no lo va a leer, es así de simple. Entonces, tú tienes que generar otras cosas para que la gente lea. Estos libros como los que hacemos nosotros, como los que hace Yerba Mala, tienen sentido para la gente que quiere leer y no tiene la capacidad adquisitiva, la ayuda, la oferta, qué sé yo, entonces esto es una opción. Pero para el que no quiere leer no sirve.
Entonces esto nos llevó a trabajar un proyecto que se llama “El libro es un modelo para armar” (…) que trabajamos en colegios, y que es básicamente lo siguiente: queremos convertir a los estudiantes, a los escolares en lectores haciéndoles la trampa de que ellos empiezan siendo escritores y artistas plásticos; es mucho más fácil. Llegamos con el cartón y hacemos una especie de taller cartonero. Autores, artistas plásticos, va todo el mundo y todo el mundo trabaja muy horizontalmente; esto es parte del segundo punto que trataré ahora.
Entonces los chicos… les damos un cuento de los que nosotros publicamos para que lo lean; normalmente lo leen con tedio, con odio, pero empiezan a hacer algunos ejercicios, a jugar, básicamente. Y la idea es que esa serie de ejercicios que no tiene sentido detallar aquí… ellos terminan escribiendo sus propios cuentos, y toman como punto de partida el cuento que leyeron, pero realmente se van por direcciones absolutamente distintas. Un ejemplo es que un niño con un personaje de un ser humano como cualquiera lo convirtió en un perro para su versión del cuento que además era un perro que era astronauta… los vuelos de su imaginación son alucinantes y es genial, porque, como no somos profesores no tenemos que evaluar la lectura, la idea es simplemente que creen, y luego además construyen el libro, lo pintan y luego terminamos haciendo una exposición de los libros como objetos de arte, en un museo de arte. Desde la primera vez era impresionante porque los chicos de trece, de catorce años, muchos de ellos nunca habían ido a un museo, e iban al museo como escritores y como artistas plásticos y entonces en el libro de visitas firmaban ellos mismos, yo soy Fernandito autor del libro tal, y entonces notabas que empezaban a ir al museo, se acabó la muestra de ellos, y seguían yendo al museo, y después en su colegio comenzaban a leerse. Si trabajamos con treinta chicos producían treinta libros… (…) en la biblioteca escolar estaban los libros de los otros compañeros (…) al leer esos treinta libros, sin darse cuenta ya estaban leyendo, y como por el formato estaban metidos los nuestros, pues, terminó yéndonos muy bien.
A una escala muy chiquita porque es un proyecto que con muy poca gente, etc., hemos trabajado con muy pocos colegios, en todos nos ha ido muy bien y sentimos que para ellos está pasando algo ¿no? con la generación de lectores.
Este era un punto del que quería hablar, el otro es el de la horizontalidad. Tiene que ver con que desde el principio tal como se había planteado el proyecto en Argentina (…) trabajar con los recicladores de cartón, es decir, comprarles el cartón por un sobrepecio a los recicladores, y que ellos mismos con el asesoramiento de un artista plástico elaborasen el libro.
Cuando nosotros empezamos a aplicar esto en Lima tuvimos una barbaridad de problemas. Problemas desde que uno de estos recicladores, uno tenía como 23 años, una mujer de 14 y una hija de 12, que vivían en la misma casa, se pueden imaginar el conflicto para una mujer de 14, una niña, teniendo una hijastra de 12 años, o sea, y nosotros teníamos que actuar ahí como sicólogos, cosas que no éramos, eso nos complicó un montón, pero además de esa clase de problemas estaba el hecho de que no les interesaba, eran gentes que llegaban ahí y que quería trabajar con nosotros solamente por la plata, y no les interesaba leer, no les interesaba el trabajo plástico, no les interesaba nada, entonces durante bastante tiempo, alrededor de un año, no sabíamos como resolver el asunto, pero ellos mismos nos fueron dando la solución. La mayoría de estos recicladores vivían en un barrio específico de recicladores de cartón, de basura, que hay en Lima, pero tenían hermanos, o primos, que trabajan indirectamente en el reciclaje pero que eran menores, que estaban todavía en edad escolar, y ellos tenían muchas ganas de entrar al taller para aprender, para formarse, y entonces fuimos incorporándolos a ellos, y de a poco fueron saliendo los verdaderos recicladores. En realidad nosotros desde hace dos años ya no trabajamos con recicladores, sino con gente vinculada al mundo del reciclaje, con chicos que empezaron con 14, 15 años y ahora tienen 16, 17. Algunos han acabado el colegio, algunos han abandonado el colegio, cosas de ese tipo.
Pero ha sido muy interesante porque en el principio sin que nosotros lo planteáramos conscientemente la relación era vertical, éramos nosotros los editores, que les pedíamos a ellos los cartoneros que hicieran lo que nosotros queríamos que hicieran. Aunque nunca lo planteamos así eso era lo que pasaba efectivamente. Entonces cuando fueron yendo los hermanos, yendo los primos, y ese otro grupo que se ha ido consolidando, al principio también fue así, pero después ellos fueron asumiendo un rol y nosotros los fuimos dejando, al punto de que hay un nivel ya horizontal, que realmente es muy bacan, que llega al punto de que a veces tú llevas a un artista plástico a trabajar con nosotros porque necesitas talleres de serigrafía, de ese tipo, teoría del color, y les hablas de tú a tú y ellos también porque no saben que ese artista plástico gana o quizá tiene mucha más plata que ellos, y no les importa tampoco, y entonces esa relación horizontal nos ha enseñado mucho a todos, al punto de que ahora los editores estamos retrocediendo en nuestro trabajo y les estamos dando mucho más espacio a ellos, ahora mismo están aprendiendo, uno de ellos está aprendiendo a diagramar los libros, por ejemplo, la idea es que termine siendo un diagramador, otro de ellos que abandonó el colegio ahora trabaja en una editorial más grande por lo cual sentimos que si bien queremos que vuelva al colegio, por lo menos tiene un oficio que antes no tenía, y cosas así.
Y eso además me conecta con el tercer y último punto del cual quería hablar y es el de la flexibilidad. Yo siento un poco que este proyecto y el proyecto cartonero en general, porque la red cartonera como dije funciona de distinto modo, cada editorial funciona de distinto modo… nos articula un interés social y un interés por la literatura, pero hasta ahí no más, después cada uno va desarrollando sus propias líneas. Y eso tiene que ver con la flexibilidad. Para nosotros nunca estuvo planteada una red cartonera, por ejemplo, pero ahora es algo que está sucediendo, nunca estuvo planteado el trabajo con artistas plásticos sin embargo en la última feria y en la feria anterior, para pagar el stand de la feria del libro que es carísimo, les pedimos a algunos artistas plásticos peruanos que en lugar que fueran los recicladores de cartón, los chicos los que hicieran la tapa, fueran los artistas plásticos, que hicieran una tapa, que cada uno de los artistas hiciera una, y entonces (…) pensamos vender esos libros un poquito más caros que el promedio para pagar con eso el stand, y salió tan bien que terminamos subastándolos el año pasado, y la verdad fue una locura, salió tan bien que nos cancelaron los organizadores de le feria, llegaron con la policía y nos dijeron “se acabó” porque estábamos haciendo demasiado escándalo porque nos estaba yendo muy bien. Este año quisimos repetir la torta y no nos fue también porque yo creo un poco que, quizás, la ventaja de proyectos alternativos –y la desventaja- es que siempre tienen que ser alternativos, y es fácil dejar de ser alternativos, es fácil solidificarte, aburguesarte. Hicimos una subasta espontánea el año pasado y nos fue bien, la convertimos en fórmula y nos fue mal y entonces aprendimos que no podemos crear fórmulas, que una de las cosas básicas para nosotros en Sarita es reinventarnos constantemente. No tenemos la menor idea de qué viene. El primer año estaba clarísimo que íbamos a publicar literatura peruana joven, al segundo año habíamos publicado a un mexicano, a un chileno, a un brasileño, dijimos que literatura latinoamericana contemporánea y ahorita estamos traduciendo a dos escritores de la India. No tengo idea de verdad de hacia dónde vamos, y por ejemplo también estamos pensando en… hasta abrimos hace poco una edición de literatura paraguaya que sí nos interesaba mucho porque Paraguay no existe literariamente en Perú y creo que en ninguna parte fuera de Paraguay.
Y lo que nosotros teníamos en algún momento claro es que como queríamos formar lectores nuestros libros tenían que tener un nivel… tenían que ser libros buenos pero no muy difíciles. Y acabamos de lanzar en la colección de ensayos dos libros de dos académicos muy importantes, que están llenos de notas al pie y cosas así, lo cual es una contradicción de lo que habíamos dicho antes, pero está funcionando.
Algo que nos pasó –de verdad con esto termino- hay una escritora mexicana que probablemente alguno de ustedes la conozca que se llama Margo Glantz. Margo Glantz fue durante muchos años especialista en Sor Juana Inés de la Cruz, una académica mexicana importante, etc., es miembra de la Academia Mexicana de la Lengua y también hace novelas, fue finalista de Herralde hace algunos años, pero hay escritores difíciles, que escriben difícil, y entonces nos dio a nosotros, nos cedió los derechos para publicar un libro suyo que se llama Saña, que son digresiones, un libro con textos muy eruditos, cada uno de una página, que no van a ninguna parte, no es una novela, no es un cuento, que además Anagrama no le había querido publicar el libro por difícil, le dijeron “sabes qué, nadie va a leer esto, es muy bueno pero te lo publicamos después que hayas publicado cuatro novelas en Anagrama”. Pero como nosotros no somos Anagrama, y no le podemos decir no te publicamos, se lo publicamos nosotros, y entonces lo alucinante es que ya nosotros no presionamos a los chicos para que lean, si les da la gana leer que lean, si no, asunto suyo, pero les dejamos los libros cerca, siempre les hablamos de los libros, les comentamos, les resumimos, qué sé yo, y nos sorprendió que tres de los chicos leyeron Saña y les gustó y ahí decidimos que podemos hacer un libro académico con (…) notas a pies de páginas porque no tenemos ni idea, porque no puedes medir, o un poco nosotros no sabemos medir por eso hacemos lo que nos da la gana. Yo creo que esa es la ventaja si tenemos alguna…

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Ver: http://diagonalperiodico.net/article3566.html
http://baspotting.blogspot.com/2006/12/elosa-cartonera.html


 
 

Laura Antillano (I)

por joseleon71 @ Jueves, 06. Sep, 2007 - 11:55:07 am

Ver: http://www.laurantillano.com.ve/; http://www.um.es/cat_hisp/Conferencia.html; http://fmuc.umce.uc.edu.ve/personal/lista_cargo.htm?id=32; http://www.cenal.gob.ve/agencia/laura.htm

(Testimonio. Primera Parte)

San Antonio es un calvo que tiene cargado un bebé

Yo soy caraqueña o nací en Caracas, y viví allí hasta los once años. Yo recuerdo… en estos días por cierto volví a ver eso, que lo restauraron… El Silencio… la urbanización El Silencio… yo nací allí y crecí allí. Y el recuerdo que yo tengo es muy particular porque nosotros vivíamos allí en un apartamento y mi abuela vivía en otro, entonces yo tengo mucha relación con el espacio de mi abuela más que con el de mi casa, mi papá y mi mamá. Pero lo que yo más recuerdo de mi casa de niña es el piso porque era granito, y en estos días conversando con una amiga que tiene un bebé y que quiere que haga algo mientras ella puede realizar otras cosas me acordé de que mi mamá… como mi padre era periodista, le daban lo que quedaba de las bovinas de papel que quedaban en el periódico, lo pedía y lo llevaba para la casa… Nosotros éramos, en ese tiempo éramos cuatro, terminamos por ser siete, pero pienso que son dos generaciones de hermanos, los mayores éramos Pablo, Lucía, Sergio y yo, y los menores, dos de ellas nacieron aquí en Maracaibo que son Amanda y Diana, eran Gerardo, Amanda y Diana, para mí son la segunda generación. Nosotros los cuidamos a ellos. La primera vez son los mayores. Yo soy la segunda después de Pablo.
Bueno, mi mamá extendía en el piso la bovina de papel y nos daba creyones de cera y nosotros pasábamos horas dibujando en el piso, y quizá por eso recuerdo tanto el piso, porque uno se acostaba a dibujar en el papel extendido mientras ella hacía supongo que sus cosas, ya sea de pintora porque ella dibujaba, pintaba o, de mamá, que era lavar ropa y hacer otras cosas. Entonces yo tengo un recuerdo del piso.
Del apartamento de mi abuelita donde mi mamá me dejaba con mucha frecuencia recuerdo la terraza. Recuerdo una pelota grande donde yo me sentaba y mi abuela se reía mucho porque para mí era el mejor asiento, sentarme en la pelota cuando ella estaba hablando, entonces yo me sentaba en la pelota así que debía ser muy chiquita, bueno sigo siendo muy chiquita, pero mi imagen del tamaño que debí tener en esos años en preescolar… porque yo estudié en un preescolar que quedaba ahí en El Silencio que se llamaba “Gabriela Mistral”, imagínate tú… del espacio con ella, su balcón, su cuarto, su escaparate, que tenía muchas imágenes de santos, ella tenía un pequeño altar donde a mí me llamaba mucho la atención San Antonio, y recuerdo que mi abuelita se ponía brava porque parece que yo le quebraba siempre la imagen de San Antonio y mi abuelo salía y compraba otra en silencio. Entonces para mí es muy atractiva la imagen de San Antonio; hoy día me pregunto por qué me gustaba San Antonio, yo creo que porque tenía cargado un bebé, San Antonio es un calvo que tiene cargado un bebé. Eso era seguramente lo que yo veía. Entonces ella tenía como una mesita de noche llena de imágenes pero yo iba directo a San Antonio.
Y mi abuelo, el esposo de mi abuela no vivía ahí, ellos ya tenían mucho tiempo separados, pero él la iba a visitar porque él vivía en oriente y venía a Caracas a visitarla. Yo lo cuento en Perfume de gardenia porque eso para mí es muy impactante, yo veía la visita de ellos dos y veía que era una pareja que hablaba mucho, que conversaba largamente, horas horas, ella le preparaba café y seguían hablando y hablando. Yo era una niñita, no podía saber de qué hablaban, pero él le traía hojas de tabaco y ella tenía una cajita y ahí tiraba las hojitas de tabaco y las envolvía y fumaba unos tabaquitos que ella se hacía muy delgados. Y mi abuela fumaba conversando con mi abuelo que no fumaba, él no fumaba. Y ese recuerdo para mí es muy lindo ¿no? de verlos a ellos dos. Y había un niño que iba y cantaba y mi abuela le tiraba monedas desde arriba, y le pedía… yo recuerdo una canción que se llamaba La barca de oro, yo le decía “cántame La barca de oro” y las dos nos encaramábamos a escucharlo desde arriba desde el balcón. Entonces esas son las imágenes que yo tengo sobre todo de esos primeros años de El Silencio. Y la plaza y el abasto, abajo había un abasto que se llamaba La Norteña y vendían “sorpresas”, unas cosas que se llamaban “sorpresas”, que era un cartoncito envuelto en papel de seda y que adentro traía unos caramelos redonditos y traía un juguete, una tontería, una cosa pequeñita, pero para uno… comprar una sorpresa… eso valía un centavo, era una maravilla obtener una sorpresa, y los chocolates Savoy, ese tipo de cosas, las galletitas Savoy. Entonces bajar al abasto era una cosa como especial y mi abuela tenía una perrita que ella paseaba entonces nos íbamos a pasear la perrita o íbamos a la iglesia, una iglesia al lado de El Calvario. Siempre que voy a Caracas me gusta pasearme por ahí porque El Calvario tiene para mí ese recuerdo, la cantidad de escaleras de El Calvario y una iglesia que queda lateral. Yo me pregunto por qué mi abuela –¿como te diría?- no me obligaba a oír la misa sino que ella entraba y me decía que si quería me podía quedar jugando afuera, no había una necesidad didáctica de que estuviera presente ni nada, y ella rezaba, ella rezaba el rosario frente a un radio grande que ella tenía, esos radiesotes viejos y yo me metía debajo a jugar, yo jugaba debajo de la mesa donde estaba el radio, y ella cosía, tejía, ella trató de enseñarme a tejer, pero yo estaba muy chiquita, era muy difícil, y tengo esa visión… y sus canarios que yo los solté, un día me encaramé en una silla y abrí todas las puerticas y los canarios se fueron, ella lo lamentó mucho, mi mamá estaba furiosa.

Ver: Laura Antillano y el libro en la Venezuela bolivariana

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