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Archivos de: Septiembre 2007, 04

Carlos Aguirre titiritero

por joseleon71 @ Martes, 04. Sep, 2007 - 09:33:13 am

(Testimonio)

Son muchas cosas las que yo creo que poco a poco tuvieron presentes en mi desarrollo humano para que yo tuviera un acercamiento al títere y después lo tomara inclusive como oficio. Cuando niño estudié en una escuela llamada San Martín de Porres, yo creo que ya esa desapareció, y tuve una maestra que recuerdo a través de los años a pesar de la distancia. La señora Amador, así le decíamos, eso fue en kinder, me inscribieron mis padres en ese kinder y yo recuerdo los cuentos que nos contaba la señora Amador y las canciones, es como si te dijera ahora…

Había una vez un niño
que iba caminando y de pronto escuchó tantos ruidos
de armas
eran cañonazos lo que escuchaba aquel niño
Mambrú se fue a la guerra qué dolor qué dolor qué pena
Mambrú se fue a la guerra no sé…

El niño llegó poco a poco caminando…

Allí estoy uniendo dos lenguajes, el del cuento y el de la canción. Yo tuve esta maestra que me contó muchos. Y además de esa maestra yo tuve una tía que me contaba historias. Ella ni sabía y yo tampoco, qué era un títere, jamás de niño la escuché hablar de títeres, y cuando yo llegué a ser titiritero entonces le contaba qué era un titiritero. Cuando yo era niño ella hacía un muñeco con costura, con trapos, y ella lo movía y me decía tienes que comer si no el muñeco te lleva a algún lugar.

El pesebre de los Medina
Al lado de mi casa y al fondo, había dos casas donde hacían pesebres. Yo digo que la navidad tuvo mucha influencia en mí, en ser titiritero, yo me la pasaba en los pesebres viendo ese mundo de muñecos, de casitas, de hechos. Y yo construía con mis primos las historias de cada casita. Eran pesebres grandes. El pesebre de los Medina, el pesebre de los Hernández. Eran pequeñas casitas equivalentes a la sala de una casa, no eran pesebritos chiquiticos, no eran nacimientos que a veces uno hace en el rincón de una casa. No. Era una pieza completa y allí había infinidad de muñecos. Yo solía contarle la historia a cada muñeco.
A los nueve años mis padres me regalaron para un diciembre una Biblia, una Biblia para niños, muy linda, grande, con muchas ilustraciones y yo leía la Biblia y la comparaba, lo que leía en la Biblia lo contaba en lo pesebres a mis primos, los iba guiando, no con los muñecos en la mano pero con el dedo índice le guiaba lo que cada casita podía decir.
Tuve también la dicha de ser público y de observar los pesebres vivientes allí en casa de la familia Medina Castro. Hacían pesebres vivientes, creaban escenas del nacimiento de Jesús, con los pastores, el niño, José, la virgen, los reyes magos, eso era anualmente, y yo era el público número uno en las escenificaciones. Allí me quedó la chispa del teatro, porque yo me inicié como actor. Es más, estudié teatro en la escuela de artes escénicas de La Universidad del Zulia que estuvo hace muchos años, allá por el 68. Antes de ser titiritero, fui actor, y eso influyó también en el titiritero.
De niño me iba también [a ver] cuando empezó el pesebre de la Clínica San Rafael, sería a finales de los 50. Es una lástima que ya este año no lo pusieron, me contaron, porque secomió el comején todas las figuras, un pesebre de muchos años. Me dio mucha tristeza saber eso, me lo dijeron unas primas que viven por allá cerca, por esa barriada.

Yo quiero mover los títeres como esa gente
Cuando era un adolescente vi una película con unos títeres, una película china donde salía un teatro de títeres. Yo decía yo quiero mover los títeres como esa gente, yo quiero ser el que mueve los muñecos. Te digo, no hablaba de titiritero, no conocía ese vocablo todavía hasta que ya fui un jovencito, después de los 17 años vine a conocer el vocablo, antes no.

A las puertas de un palacio…
Pero es en la niñez donde están todas las cosas, las canciones y los cuentos de mis maestras. Después tuve la dicha de estudiar en un colegio, La Milagrosa así se llamaba, y las maestras de primero, segundo y tercer grado hacían siempre actos culturales y yo que era un niño avispado y que me gustaba mucho eso, eso del teatro, siempre era el actor que de primero en las audiciones quedaba para un personaje. Recordaba en estos días el primer parlamento que tuve en una obra de teatro donde hice de juglar… A las puertas de un palacio de una señora de bien llegaron tres caballeros corriendo a todo correr. Era un romance español y lo actuábamos en partes. Todo eso influyó en que yo haya tomado a los 22 años el oficio de titiritero.

Llegó un titiritero checoslovaco
Cuando hacía los cursillos introductorios de Letras, porque antes se hacía el cursillo introductorio, después se estudiaba la carrera en cuatro años (cuando tú estudiaste era en 10 semestres la carrera), haciendo el curso introductorio llegó un titiritero checoslovaco. La Facultad de Humanidades quedaba en la actual sede de Secretaría de Cultura, allá en El Milagro, diagonal al Hospital Central, y él buscaba voces para grabar en español La Caperucita Roja. Era un marionetero. En el grupo de personas estaba Laura Antillano, Enrique Romero, Emperatriz Nava, Emilse Leal, pues, por citarte algunos que recuerdo en este momento, y grabamos las voces, pero no le agradaron a este titiritero porque las hicimos en tonos muy reales, yo creo que ninguno había visto lo que eran los títeres, salvo Laura, Luz Marina, Hernán Alvarado, que habían jugado a hacer títeres e hicieron algunos muñecos con la profesora Carmen Brett de Figueroa, la esposa de Natividad Figueroa, la mamá de Hugo Figueroa Brett.

Laura, Hernán, Enrique hacían títeres…y tenían en la casa del profesor Sergio Antillano, en el sótano un localcito y tuvieron la intención de crear el grupo La Mandrágora, pero no llegó a feliz término, no se creó nada, hicieron algunos muñecos, El Chivato Volador, de Aquiles Nazoa, ese fue el inicio, eso estaría entre los precursores… Si se hiciera la historia del teatro de títeres en Maracaibo ese sería parte del movimiento precursor. Y Laura que estudiaba conmigo me llama “mira que viene este señor que viene a hacer esta audición”, pero como te dije nos raspó, no le agradaron las voces, después cuando ya supe ser titiritero descubrí que lo que no habíamos hecho era crear voces caricaturescas para el teatro, hablamos con nuestras voces normales y el espectáculo que él hacía era caricaturesco (…) La falta de caricatura de nuestras voces nos impidió hacer títeres en esa oportunidad.

Chímpete Chámpata
Cuando empezamos en Letras, ya eso fue allá… en el segundo año de Letras, en el 69, Laura y Luz Marina convocan a algunos compañeros para que hiciéramos títeres y es ahí cuando nace el Chímpete Chámpata. Eso es parte de la historia de cómo nací como titiritero. Cuando comienzo la primera función conseguí que ese era mi mundo, me gustaba más que el teatro, me gustaba actuar más con los títeres que como actor. Desde entonces he venido haciendo títeres y no he dejado de actuar tampoco, nunca he dejado la actuación, pero lo duro en mí –como dicen popularmente los jóvenes- es el teatro de títeres, lo que más me gusta, lo que más me agrada, donde me siento con mayor soltura, sea manipulando, escribiendo…

Hacer títeres era mi limitante
Este año, hace apenas dos meses, empecé a cubrir mi debilidad en el teatro de títeres, mi debilidad como titiritero fue hacer los muñecos, yo escribo para títeres, puedo dirigir una pieza, manipulo bien, creo, creo que lo he hecho bien, me agrada, me gusta, pero hacer títeres era mi limitante, no tenía esa habilidad con las manos. A finales de octubre [comencé], pasé noviembre y diciembre haciendo títeres, he hecho ya cien cabezas de títeres y he logrado un poco fortalecerme en esa debilidad que era hacer los muñecos, algo que me ha provocado mucha alegría. Eso es una técnica, un proceso, una costumbre y uno en la vida va aprendiendo cada día; cada vez; es parte del progreso, y así como hay ese progreso material también está el progreso espiritual, progreso vivencial, la vida es un cúmulo de cosas, pero repito y volviendo al tema inicial de la conversación, esa niñez está presente en todo momento, en el progreso de cada día está presente la niñez de uno…

Del Chímpete Chámpata para acá…Hay muchas historias que se pueden contar, hay gente que ha sido fuertemente marcada por los títeres, te señalo un poeta, creo que fue tu profesor en la universidad, Carlos Ildemar Pérez. ¿De dónde sale Carlos formado, por decirlo así, si se quiere? Del Chímpete Chámpata, siendo un niño de 10 u 11 años llega al Chímpete y su primer matrimonio lo realizó en el escenario. Es uno de los buenos poetas de esta ciudad. De allí sale Richard Uscátegui que ahora es el presidente de Arepa y Cacao, un teatro que yo fundé allá en 1976 y que está por reinaugurarse. Arepa y Cacao queda allá al lado del centro comercial Santa Bárbara, frente a la iglesia Santa Bárbara, hacia un lado de la iglesia Santa Bárbara. Cuando pases por allí verás que dice La Casa de los Títeres Arepa y Cacao. Carlos es doctor en Letras, sigue haciendo títeres, escribe para niños, ese mundo del títere lo marcó en su escritura. Y Richard es técnico superior en obras civiles, está sacando ahorita la licenciatura en educación en la Unica y es titiritero, lo marcó esté proceso, y así a mucha gente.

Cuando yo era niño…
-La niñez se recuerda por las anécdotas que cuentan tus padres más que por el recuerdo que una pueda tener- pero mi madre contaba mucho y hablaba mucho de mis anécdotas, me las contaba a mí o se las contaba a mi familia, a los amigos, que yo era un niño muy travieso, que era un niño muy delgadito, que yo era un niño muy tremendo, todo eso lo contaba mi madre y yo la escuchaba y a través del recuerdo que tengo de esas anécdotas me he podido encontrar a mí mismo en la niñez.
Cuando tenías dos meses de edad mis padres se mudaron a Caracas y regresaron a Maracaibo casi cuando cumplía seis años, que empiezo en el Kinder. Esa primera etapa yo la pasé en Caracas y recuerdo que ya en esa primera infancia obtuve una marca, mi marca cultural, la penetración cultural por decirte así, de un sistema cultural que penetró en mí y fue lo español. Lo español produjo una gran influencia en mí, a mi me fascinan las canciones de Lola Flores, de Carmen Sevilla, esas canciones de castañuelas, El Zapatero a mí me agrada mucho, el flamenco, te estoy hablando de ahora, todavía, a mi me gustan todas las obras de García Lorca. Después lo estudié más que como poeta como titiritero porque él escribió para teatro de títeres, fue titiritero Federico García Lorca, se conoce más como poeta que como titiritero, de allí que en el teatro de títeres de Lorca podemos conocer el Retablillo de Don Cristóbal, Los Títeres de Cachiporra, por citarte algunos.

Los poemas de Lorca me gustaron desde niño
Al lado de mi casa vivía una española, Teresa García. Fíjate que recuerdo su nombre, las fotografías también ayudan mucho, esa memoria fotográfica y mamá guardaba muchas fotos, yo las fui viendo cada vez y las registraba, las miraba con mamá, y ella me iba hablando y eso quedó en mí, ese conocimiento. Pero al lado de mi casa vivía la española Teresa García, y en algunas épocas ella se ponía las castañuelas y cantaba y bailaba, y en aquellos días de fiesta llegaban otros españoles a su casa, tocaban la guitarra y eso eran parrandas de flamenco. Imagínate un niño en sus primeras edades escuchando eso, viendo eso, yo era muy pegado con Teresa. Allí tuve una primera influencia. Los poemas de Lorca me gustaron desde niño, quizá me acercaron mucho al lenguaje rimado, a pesar de que no escribo propiamente con la rima asonante o consonante, ¿verdad?, esas rimas perfectas de las cuales habla la academia (…) pero me gusta mucho esa parte rítmica que te provoca el sonido de la rima y de hecho hay veces [que] cuando hablo a los niños o cuando escribo algo suelo hacer rimas, tengo la ventaja de rimar al conversar…la lagarta está llorando, el lagarto está llorando, míralos como lloran, se les perdió su anillo, su anillo de desposados… no sé si te acuerdas de ese poema de Lorca. Es una gran influencia para mí.

San Bartolo con San Benito
A los seis años regreso a Maracaibo y me inscriben en el Kinder, eso ya lo registraste, la historia de esa maestra que me contaba, que jugaba con los creyones, que cantaba, eso influyó sobremanera, pero yo viví de niño al llegar de Caracas en San Bartolo con San Benito.
San Bartolo con San Benito es una vecindad que queda allá cerca de Bella Vista. San Benito con… no recuerdo ahora si es la calle 66… como punto de referencia te digo que es la calle donde está la clínica San Rafael, ese es San Benito, por ahí cerca de lo que fue el teatro Maracaibo, que quizá tú lo conozcas, antes de ser Teatro Maracaibo eso se llamó Cine Valencia. Ahora es un estacionamiento de este centro venezolano americano, del CEVAZ. Pues San Benito con San Bartolo estaba allí a escasos metros de lo que fue el Teatro Maracaibo. Al final de San Bartolo quedaba un matadero y quedaba el manicomio.

“¡Se soltó un toro!”Continuamente en el barrio se escuchaba “¡se soltó un toro!” o “¡allá vienen los toros!” o “¡hay un loco suelto!”, “¡un loco se acerca, está por la plaza de fulanito de tal!”, la gente gritaba porque se escapaban toros y locos, más toros que locos, porque las piraguas traían por el lago a los toros. Cuando los soltaban a los corrales muchos toros se escapaban y venían a dar acá por la casa, venían a dar por estos terrenos. En la casa había gran miedo a los toros, porque el papá de mamá lo mató un toro, uno de esos toros llaneros.
En días pasados hablaba con uno de mis primos mayores, él me decía “los toros llaneros eran los más arrechos, un toro llanero fue el que mató al abuelo”. Se había escapado un toro entonces mi abuelo fue a desamarrar el burro, tenía el burrito en el patio, y para que el toro si llegara no lo matara… cuando él estaba desamarrando el burro… que regresa… el toro lo sorprendió, lo corneó y murió. Entonces en mi casa siempre hubo miedo a los toros y recuerdo una vez, estaba yo comiendo, al mediodía, mamá traía… ella traía la mesa para comer y yo el plato con la ensalada cuando ¡pum! veo que mamá cae desmayada, inmediatamente yo brinco y grito, pero afuera al mismo tiempo era el grito ¡cuidao con el toro! ¡cuidao con el toro! y la gente corriendo. Era un toro negro, muy grande, y era un toro llanero, por cierto, decían, que estaba tratando de meterse a la casa, y como su tamaño era tan grande no pudo pasar por la puerta porque las puertas anteriormente, las puertas de las casas eran de dos hojas, no se utilizaba, no era común una sola hoja en la puerta, sino dos hojas. Mamá siempre tenía una hoja de la puerta cerrada, una hoja abierta y una cerrada, porque la costumbre en las casas, en las familias decentes era esa, no se explayaban todas las puertas porque eso era mala costumbre o eso sucedía en las casas –perdóname la expresión- en las casas de las putas, donde las puertas se abrían todas. Yo recuerdo que en la casa se abrían todas cuando había fiesta, un matrimonio, un bautizo, un cumpleaños, cuando era diciembre.
Recuerdo también a una prima de mi misma edad y a mi primo Humberto, vamos los tres caminando por San Bartolo y… ¡allá van los toros! Todo el mundo gritando y nosotros cuando ya vemos el toro casi encima lo que hicimos fue lanzarnos al estacionamiento que se llamaba el placelito, le decían así, era una plazoleta, un terreno pero profundo que había al lado del cine Valencia que después fue el teatro Maracaibo, había un terreno, muy alto, y nosotros nos hemos lanzado allí desesperados para que los toros no nos agarraran. Mi prima se partió una pierna, la recuerdo con su pierna enyesada. [Hay ] muchas anécdotas de mucha gente que agarraron los toros.

Me criaron en el sistema de la previsión
Ese miedo a los toros, ese miedo a los locos, me formaron a mí –menos mal que no soy una persona nerviosa, yo no soy nervioso ¡gracias a Dios!, ni soy miedoso, pero sí muy precavido. Me criaron en el sistema de la previsión, de la precaución, de tener cuidado siempre, de mirar bien, de tener en continuo movimiento la cara, como un ventilador dando vueltas para los lados, por temor a que apareciera un toro de golpe. Yo creo que después debo haber sido buen titiritero o buen actor porque la observación es muy importante, observar es muy importante para el teatro, para quien hace teatro, para quien hace títeres, es importante que tú observes porque tienes allí un punto referencial para imitar, para construir. Se construye a partir de lo que existe, de lo que ves, por más irreal que sea un proceso tú ves algo y a partir de allí construyes.

Toda mi gente se ha muerto o se ha ido
Entonces yo creo que ese pasado y ese niño tuvieron mucho que ver con mi vida, como adulto, fíjate que yo vivo solo actualmente, ya casi toda mi gente se ha muerto o se ha ido, vivo solo, y no me da miedo, pero soy muy precavido, doy vueltas en la casa continuamente, ahora no son los toros, no son los locos, ahora es algo peor, los malandros, pero me queda eso de despertar por las noches varias veces, ir a dar vueltas por la casa, ver como están los perros, ver si están las puertas bien cerradas, eso tuvo mucho que ver con la infancia.

Ahí salían los fantasmas
Un lugar muy lindo, San Bartolo con Bella Vista. Recuerdo cuando no había agua, el agua la llevaban los aguadores, recuerdo las anécdotas de mis tías en La Pastora frente a mi casa, una fábrica, una envasadora de leche que se llamaba La Pastora, quedaba allí frente a mi casa, envasaban las botellas de leche. Allí había un molino de viento pero mis tías me contaban, me contaban nuestros primos que ahí salían los fantasmas, los fantasmas llegaban ahí para recluirse, para buscar momentos de tranquilidad, y que muchas veces los que por allí pasaban ellos se los llevaban, los mordían, les hacían cualquier cosa. Imagínate esos cuentos de unas tías tan serias… a uno le… Era la época de los cuentos de fantasmas, de las apariciones, era la época de las velas, de las sombras, la energía eléctrica… ah… ya había pero era muy tenue, se alumbraba mucho uno todavía con velas, con velones.

Mi tía Mercedes, Mema le decíamos
Esa parte, esa formación, esa niñez, tuvo que ver mucho también conmigo, con mis ficciones después de fantasmas, de hablar después de fantasmas. Esta tía que más me hablaba de fantasmas me hacía títeres también, ella me hablaba de historias, yo creo que esa parte… mi tía Mercedes, Mema le decíamos, una de las hermanas mayores de mamá, nos hablaba de todo eso y tuve allí un cuentacuentos natural, un cuentacuentos casi a diario, además me contaba los cuentos de los hermanos Grimm, de Andersen.

Los cuentos de Tío Nicolás
Yo escuchaba también -ahora que hablo de cuentos- los cuentos de Tío Nicolás. Esa imagen radial me alimentó sobremanera, el Tío Nicolás allá en los 50, creo que hasta los 60 se mantuvo, pero en esa primera etapa, en esa primera década de mi vida yo escuchaba mucho al Tío Nicolás con sus cuentos de hadas y con sus cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, con sus cariaquitos onomatopéyicos de animales, porque él preguntaba quién quiere que le de un cariaquito de chivo, “beeeee”, un cariaquito de perro, y él iba haciendo la onomatopeya del animal y daba el cariaquito a los que iban allá al estudio, porque las emisoras de radio antes tenían estudio y la gente visitaba a los conductores de los programas. Era poco la televisión, acuérdate que la televisión se acentúa un poco más acá. Por lo menos en Maracaibo llega a las barriadas -quizá las personas más pudientes la tuvieron por ahí en el 52- pero creo que fue después del 57 cuando empieza a llegar más la televisión acá a Maracaibo. Yo escuchaba las radionovelas que mamá escuchaba por la radio, entonces yo imitaba los personajes, ellos iban hablando, eran radionovelas, pero yo los iba imitando actoralmente en la casa y hay veces que yo movía las manos o los brazos diciendo que era un personaje, con mis brazos creaba un personaje, nunca agarré un muñeco ni nada por el estilo para moverlo como títere, no tenía esa imagen, esa capacidad, pero sí subía los brazos, que después moví tanto, que es el arma del titiritero, mover los brazos con los títeres. Eso es importante, eso influyó mucho en mi oficio de titiritero, los cuentos del tío Nicolás.

Radio Chiquita
Fíjate que yo del año 1991 al año 1998 hice la Radio Chiquita, un programa con LUZ FM, tuve la dicha de traerme para Venezuela la mención honorífica que se otorgó en la I Bienal de emisoras culturales que se realizó en México en 1996. México ganó el primer programa, Colombia el segundo y Venezuela la mención honorífica. [Yo estaba] muy contento, yo tenía apenas 5 años haciendo radio para niños, México tenía como 40, Colombia otro tanto tiempo, eso me dio alegría y yo contaba en esos programas muchos cuentos sin proponerme imitar al Tío Nicolás, pero de alguna manera en mi subconsciente, en mi estilo, quizá esos programas del Tío Nicolás de mi niñez marcaron mi estilo, y por eso es que cuando cuento por la radio de alguna manera aparecen las voces o los cuentos de Tío Nicolás, los cuentos de hadas, los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, del folclore venezolano, latinoamericano.

Ver: http://teatrinviajero.blogia.com/2007/032501-bibliografia-del-teatro-de-titeres-en-venezuela.php


 
 

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