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Archivos de: Septiembre 2007

Reforma e Ilustración

por joseleon71 @ Sábado, 29. Sep, 2007 - 05:06:23 pm
Nota del libro
Reforma e Ilustración, de Andrés Monares, editado por la Universidad Bolivariana de Chile (2005)

“A estas alturas es obvio que la Ilustración no fue la época del avance del saber por medio de la razón. Tampoco se podrá sostener que tal postura habría dado inicio a un infinito camino hacia el conocimiento progresivo y pleno de la verdad (y menos todavía de la verdad entendida como Dios). Por el contrario, durante dicho período se argumentó sobre la limitación de la mente y, basados en tal premiosa religiosa, sus intelectuales construyeron sus sistemas filosóficos”.

“…más que irónico, es patético, que la legitimación del imperialismo se sostenga por los propios dominados”
A. M.

“En América Latina, el color no es un detalle” (7), afirma Andrés Monares. Descubrir la complejidad que se esconde detrás del impulso de hombres y mujeres a “blanquearse”, y en general a adoptar el modo de vida globalizado por el occidente anglosajón forma parte de las intenciones del autor, y para hacerlo baraja, repite, insiste, en pocas y muy básicas ideas, que se remontan a la Reforma, precisamente a las ideas de Juan Calvino. Expone Monares cómo actuaron en el pensamiento de Isaac Newton, en Locke, en Adam Smith, en Rousseau, esto es en lo que se conoce como Ilustración.
Las ideas:
1. Dios creó el mundo y lo gobierna “de forma constante”.
2. El pecado original provocó la corrupción absoluta de los individuos. (De ahí a “El hombre es el lobo del hombre” o el hombre es malo por naturaleza, no hay efectivamente ni un paso)
3. La vida está predeterminada por Dios y no es un fin en sí misma.
Estas tres ideas hacen imposible el libre albedrío, por no decir la libertad, y replantean la noción de autonomía. En efecto, si Dios es absoluto entonces habría creado el mundo de una vez y para siempre. Así, nada ni nadie tiene libre albedrío porque Dios todo lo mueve. Nadie necesita la razón, no elige ni decide, el concepto de autonomía que entienden los calvinistas es el conducirse de acuerdo a una ley interior dictada precisamente por Dios, llámese más claramente conciencia. La autonomía es pues, conducirse de acuerdo a las “leyes de Dios” que ya están con y dentro de nosotros desde la creación. Las élites (los elegidos) son celosas –advierte Monares- de que la autonomía sea contradicha, porque se trataría de contradecir el “sentido común”, lo normal, lo establecido, el absoluto status quo. Las instituciones económicas y políticas serán pues, inalterables “entes suprahumanos, autónomos, abstractos e impersonales” (165).
Y como todo ya fue creado y dado desde siempre, es por lo que nada debe ser modificado. Las condiciones de vida, las injusticias, la inequidad, el orden del mundo, no puede ser trastornado con cambios y revoluciones. Siguiendo y citando a John Locke, Monares explica que toda “la administración y gobierno del género humano” estaría “predestinado por Su sabia, justa y arbitraria voluntad y sería llevado a cabo por Su Providencia. Cada acontecimiento de la vida de una persona, su rango su propesperidad o pobreza; las costumbres de una sociedad, su estructura social, las formas de gobierno y de subsistencia; el poder de una nación, su decadencia o destrucción. Todo ya estaría decidido a favor de los pocos elegidos de la Deidad y sólo cabría esperar (y, de ser elegido, cooperar a) ese inexorable devenir” (58).
Si no existe libre albedrío y al mundo lo gobierna enteramente Dios, asuntos como la economía son sencillamente divinos. De aquí a la “mano invisible” de Adam Smith no hay ni un solo paso, pues se trata del mismo movimiento reformado que interpretó el orden del mundo desde la teología de Calvino. George Soros, en Globalización (Planeta, 2002) dice sin apartarse un ápice de la economía reformada descrita por Andrés Monares, que: “La visión dominante, al menos en el mundo angloparlante, es la siguiente: el capital siempre ha estado encantado de zafarse de impuestos y regulaciones, de manera que es fácil interpretar que la tendencia actual a reducir los impuestos y las regulaciones es una manifestación eterna y universal del las leyes económicas (naturales y, por tanto, válidas). Llamo a esto fundamentalismo de mercado. Esta postura –sigue el mgnate ensayista- sostiene que la distribución de los recursos se debe dejar en manos de la dinámica del mercado y que cualquier interferencia con esos mecanismos reduce la eficiencia de la economía” (22). La “mano invisible” de Smith, por supuesto, pero Calvino en el fondo, profundamente.
Otras ideas que rondan a las tres arriba citadas, es que el hombre (de la mujer ni hablar) no puede valerse de la razón para gobernar su vida porque ésta se encuentra destruida por el pecado, a lo sumo empleará sus instintos para “hacer cosas útiles” que le permitan sobrevivir, crecer y multiplicarse, como lo manda Dios en el Génesis.
La paradoja que nos divierte y alerta es que los señores arriba mencionados son considerados los fundadores de la modernidad, de las ciencias naturales, políticas, económicas, trazaron además la ruta que conduce a las ciencias positivas y objetivas, y todo ello fundamentado en la razón o la racionalidad. Pero Monares dedica su libro a demostrar(nos) que en realidad fueron teólogos, y que no hicieron otra cosa que teología, lo cual no estaría mal si no fuera porque el principio de realidad, el de ciencia y conocimiento que, por ejemplo, nuestras universidades manejan, funda sus bases precisamente en la Ilustración. De modo que al aceptar los principios de las ciencias naturales estamos aceptando los principios que les valieron a estos científicos-teólogos para demostrar la existencia de Dios -según Calvino. “Lo que el prejuicio moderno ha visto como una actividad filosófica profana, siempre fue en realidad teología” (10). La investigación tenía pues, fines religiosos o en otras palabras su ciencia era religiosa, fenómeno éste “peculiarmente inglés” (Willey).
Una de las ideas que se desprende de las anteriores es que a Dios no se le puede conocer con la razón, esto es, que lo infinito no puede ser conocido con lo finito, de modo que sólo resta “reconocer la existencia y los atributos de la Deidad en la naturaleza, “cosa terrena” posible de investigar” (20). Luego, esta corriente de pensamiento evidentemente se separa de la tradición griega y de la metafísica (a la que aborrece como a toda especulación sobre cosas “inútiles”) que alimentó por ejemplo la tradición de pensamiento católica y latina. “La recta razón medieval –afirma Monares- será reemplazada, y con ella toda la tradición moral y racionalista griega que siguió vigente en la interpretación que de ella hizo del Cristianismo medieval, por una especie de simple reacción mental” (82). La ciencia ilustrada modificó “la definición de ser humano que por siglos sostuvo Occidente” y, consecuentemente la idea de política, dejó de ser asunto humano, racional y consciente. (Invadir un país tras escuchar la voz de Dios es comprensible en este ámbito teológico.) Veamos además, lo que pensaba Rousseau sobre la política y la autonomía, según Andrés Monares: “…basado también en sus creencias calvinistas, dice que esa intervención divina es necesaria pues, por el pecado original, los individuos están corruptos en su entendimiento y sólo tienden al mal. De ahí que afirme lo “impracticable” de una teoría que proponga que el gobierno político se deba fundamentar y guiar por la “mera razón”: sería un sistema para “seres imaginarios” (147-148) (No creo después de ver esto, que los calvinistas de hoy, EEUU e Inglaterra a la cabeza, entiendan, acepten, comprendan lo que significa “poder popular”, e instituciones como los Consejos Comunales. Corresponde a nuestra tradición el sentido de pertenencia que “conlleve una autogestión de carácter fraterna y solidaria en todas las esferas de la comunidad, a partir de una racionalidad capaz, y efectivamente de cada sujeto y realizada por cada sujeto” (169) “Todo es bueno –decía muy al contrario el ginebrino- cuando sale de las manos del Autor de todas las cosas; todo degenera entre las manos de los hombres” (148).
Para Adam Smith por ejemplo, la vida en común (que en buena parte según la entendemos nosotros, tiene que ver con la política) no es posible apelando a la bondad humana ni al consenso racional, y si acaso llegamos a ayudarnos no será de manera desinteresada sino por “un intercambio mercenario de buenos oficios” (111). La solidaridad y la cooperación no tienen sentido para los ilustrados anglosajones, movidos como se mueven por el egoísmo de atender a sus propios y exclusivos intereses. Para el apóstol del neoliberalismo todos los miembros de la sociedad deben perseguir sólo su interés privado, y sólo esta pujanza egoísta –que no debe ni puede ser interferida- creará la “armonía”, la misma a la que nos tiene acostumbrado el (discurso sobre) libre mercado. Para Smith los seres humanos son “egoístas por naturaleza”, sentimiento en sumo grado productivo pues es el que nos mueve a perseguir el lucro. “De ello depende que la sociedad pueda existir y que “progrese” al enriquecerse o difundirse “una general abundancia en todos los rangos” (151). Para Aristóteles el ser humano ha de buscar consciente y racionalmente el bien y la felicidad, para Smith “la naturaleza nos ha dirigido (…) mediante instintos originales e inmediatos” (113).
Por otra parte, si la razón es defectuosa y precaria a causa del pecado original, de la perversión, de la maldad, no es posible razonar de forma adecuada sino apelando a una “serie de pasos dados” para lograr el “objetivo de investigación: el dominio tecnológico del mundo. Pues, no puede alcanzar otro” (27). De ahí que Bacon, quien fuera el primero que dijera con estas mismas letras (pero en inglés) “el conocimiento es poder” (¿les suena?), propuso un método “no una filosofía”, “que desemboca irremediablemente en la mera aplicación práctica de ese entendimiento limitado a fin de mejorar la condición humana”; “en adelante la prueba de si algún conocimiento es verdadero radicará en su posibilidad de aplicación (…) Ese particular criterio de lo verdadero se validó además socialmente, al ser acorde con la tendencia utilitaria inglesa de los ambientes profanos de la época” (27).
Con Newton comienza la ilustración una vez que logró con la matemática medir la existencia de Dios, esto es “reconocer a la Deidad y sus atributos” (28) en la naturaleza. La realidad y lo que vale la pena conocer será lo cuantificable, no se requiere conocer la esencia de los hechos o las cosas, simplemente “se medirán sus atributos’ (los que hoy se definen como índices” (177). Desde entonces las palabras serán consideradas demasiado subjetivas y viajarán en ellas, no así en los números, las imprecisiones, lo a-científico, incluso lo poco serio. Argumentar será oficio de sofistas trasnochados.
Existe pues, una diferencia sustancial entre la ciencia anglosajona (ilustrada) y la que se rezagó, fue aplastada, negada, desconocida, con el relegamiento y desprecio a que fue sometida por el impulso expansionista, imperial de Inglaterra y, por supuesto, de todos los países que cayeron bajo su influencia (y la de Calvino) y que continuaron acaso más agresivamente sus políticas. EEUU, por ejemplo.
Locke declaraba “razonable y justo” –dice Monares- tener derecho “a destruir aquello que nos amenaza con la destrucción” y que aquellos violadores de la ley natural “merecen ser tratados como animales de presa, como criaturas peligrosas y nocivas” (91). “Se requiere destruir –explica Monares más adelante- las formas culturales no modernas para que no estorben o imposibiliten la transformación hacia lo que se ha dado en llamar progreso. El cual en este contexto tiene dos sentidos: uno explícito y otro implícito: El primero se refiere a una condición sociocultural en sí (anglosajona o globalizada neoliberal) valorada como superior; por tanto deseable, y que conlleva un estatus superior. El segundo, el tácito, a las condiciones socioeconómicas y políticas que les permiten a los grupos privilegiados seguir acrecentando y asegurando su riqueza, poder y estatus” (168). (Para tener una imagen concreta de este pensamiento ilustrado remitirse a Abu Ghraib, Guantánamo y a cualquier noticia de los periódicos de hoy –hoy continuo cuya percepción oscila entre la desfachatez y la desesperación- sobre matanzas de mujeres y niños iraquíes.)
A nuestra tradición nos corresponde la “posibilidad cierta de la razón para alcanzar de forma progresiva la verdad” (46). Camino infinito “durante el cual se podrán y deberán ir mejorando paulatinamente las herramientas racionales y técnicas para lograrlo”, como lo afirmara Nicolás de Cusa (1401-1464). “Tomar conciencia –nos dice Monares- de que se puede partir de otras bases para elaborar sistemas en realidad racionales y consensuales o revitalizar algunos tradicionales, no es otra cosa que el hermoso desafío a que da lugar un entendimiento capaz y en realidad propio” (169).
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Algunos artículos de Andrés Monares
¿Neoliberalismo con rostro humano?
El ladrón detrás del juez.
Y yo soy de izquierda.
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/newton.pdf
¿Quién podría ser neoliberal?.
Modernidad y crisis ambiental: en torno al fundamento de la relación naturaleza - ser humano en occidente
Evolución de la economía en Occidente.
De la ética del trabajo al afán de lucro.

Electricidad en las costillas, los pies en la tierra
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Dios destruyó las viviendas
Este mes el gobierno de Bush dio la aprobación a la Autoridad de Vivienda de Nueva Orleáns para demoler los cuatro complejos que incluían 4.500 viviendas públicas dañadas tras el huracán Katrina. La sensibilidad social de algunos gobernantes republicanos estadounidenses se puede apreciar en estas declaraciones del congresista Richard Baker poco después del huracán, pero que difundió la televisión Democracy Now el pasado 25 de septiembre: "Finalmente eliminamos las viviendas públicas en Nueva Orleáns. Nosotros no pudimos hacerlo, pero Dios lo hizo".
Pascual Serrano en Perlas informativas del mes de septiembre 2007

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Ver:
- Profesor universitario despedido por poner en duda el carácter divino de la Biblia
- El fundamentalismo cristiano y su influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Próximo
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POBREZA Y LITERATURA

por joseleon71 @ Lunes, 24. Sep, 2007 - 09:49:55 pm

Hacia una lectura desde la basura

mandragora cartonera
http://mandragorac.blogspot.com

Escrito por
Iván Castro Aruzamen

Para José Martí, la verdad, se devela mejor a aquellos que padecen necesidades. “¡Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores, [los cartoneros] los que se juntan frente a la iniquidad hombro a hombro y echan a volar, con sus alas de plata encendidas...!” Sin embargo, la pobreza es un “escándalo y contradicción” (Puebla 28). De cara a este flagelo para millones de latinoamericanos, se hace urgente articular desde la polifonía de nuestras culturas, una opción radical, hacia la liberación integral. Nuestras culturas en América Latina han sufrido, en los dos últimos siglos, un severo golpe de la revolución industrial (Puebla 417), inspirada por la mentalidad científico –técnica (Puebla 421) y marcada por un secularismo galopante (Puebla 434-435).

El capitalismo y su ideología, tras la caída del muro de Berlín, se ha constituido en una amenaza seria y permanente para las culturas. No es un secreto que el responsable de tanta injusticia y pobreza, a través de su cultura de muerte y exclusión, sostenida en nuestros países por gobiernos pro-imperialistas, gendarmes de intereses transnacionales, sea el capitalismo. La mano invisible del mercado, arrasa toda posibilidad de generar, proyectos basados en la lógica de la satisfacción de las necesidades básicas (pan, vivienda, educación, salud), que integren a todos en una sociedad donde quepan todos. La exclusión cultural, política, económica y social, es inhumana para inmensos colectivos. Miles y miles viven en la vorágine del submundo de la pobreza, entre cartones, plásticos, latas, y todo tipo de desecho sólido. Bajo ese manto de la miseria, lo que no ha podido subyugar el capitalismo económico, en su estado de desarrollo más salvaje, el neoliberalismo, es el único bien que todavía poseen los pobres: la esperanza; aunque para el cubano Pedro Juan Gutiérrez, autor de la Trilogía sucia de la Habana (Anagrama 2001), los tentáculos del capital, les han despojado a los pobres hasta de este último bien, porque “ellos [los pobres], no tienen esperanza, les ha sido arrebatada”.

La literatura latinoamericana ha sabido con mucho tino recoger y guardar, ese interminable río de esperanza que guardan hombres y mujeres a lo largo y ancho del subcontinente americano. Luis Pagan Rivera, dice, que no es posible acercarse a la narrativa latinoamericana del siglo XX sin tener en cuenta el caudal de esperanza depositado en ella, sino “¿cómo discutir Pedro Páramo (1955), de Juan Rulfo, Las Buena conciencias (1959), de Carlos Fuente, Hijo de Hombre (1955), de Augusto Roa Bastos, Todas las sangres (1964), de José María Arguedas, o Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, sin analizar la presencia acuciante en las angustias de los seres humanos y sociedades ahí descritos, de la religiosidad cristiana y su intrincada red de símbolos, creencias y ritos, su caudal de temores y esperanzas?”. Ese caudal de esperanza es el que exuda la literatura latinoamericana del siglo XX por todos sus poros. En contraste a este cuadro en el que literatura y realidad, esperanza y pobreza, se hacen eco del dolor y miseria de un pueblo aplastado por élites transnacionales, el poder político y económico, han sembrado desesperanza, desencanto y frustración por doquier. Los más golpeados y desfavorecidos, han sido las víctimas de la historia, aquellos que no han participado, no participan, de la toma de decisiones: los pobres... pobres indigentes, indígenas, afroamericanos, perseguidos y torturados políticos, desocupados, en suma, todos ellos tienen la esperanza destrozada, hipotecada.
Pero, el grito de liberación, ante esta situación de injusticia institucional, estructural, no se dejó acallar y mucho más aún en un continente, de la Esperanza, como lo llamó el papa polaco, Juan Pablo II. Entonces, no es una casualidad, que la cultura literaria latinoamericana del boom y la Teología de la Liberación latinoamericana, hayan surgido simultáneamente en los años sesenta del siglo XX. Obras como El siglo de las Luces (1961), de Alejo Carpentier, La muerte de Artemio Cruz (1962), de Carlos Fuentes, La ciudad y los perros (1962) de Mario Vargas Llosa, Rayuela (1963), de Julio Cortázar, Oficio de Tinieblas (1962), de Rosario Castellanos, Paradiso (1966), de José Lezama Lima, y Cien años de Soledad (1967), de Gabriel García Márquez, entre otras novelas, abonan sentimientos y perspectivas no muy distintas a los escritos de los teólogos de la liberación. Y uno de esos vasos comunicantes, para el diálogo entre Literatura y Teología, pobreza y creación literaria, es la esperanza, como un bien irrenunciable de todo ser humano. Hoy, a principios del siglo XXI, ese encuentro, diálogo, intersección, que ha sido fecundo, desde José Martí, pasando por José María Arguedas, la encontramos -en su esencia- en el cubano Pedro Juan Gutiérrez, el argentino Washington Cucurto, o el boliviano Claudio Ferrufino.

Así nuestra mandragora cartonera y su lectura desde la basura, desde los arrabales del mercado, desde (y con) esos que “carecen de los más elementales bienes materiales, en contraste con la acumulación de riquezas en manos de una minoría, frecuentemente a costa de la pobreza de muchos” (Puebla 1135, nota), busca insuflar esperanza, haciendo del cartón, material de desecho, un vehículo de difusión cultural, con el sello y huella de la narrativa, poesía y ensayo (filosófico, político, social, derechos humanos). De esta forma el movimiento literario, socio-cultural, sin afanes de lucro de las editoriales cartoneras suramericanas, siguiendo esa rica tradición de la literatura latinoamericana, se hacen Esperanza para aquellos, “los pobres [que] no sólo carecen de bienes materiales, sino también, en el plano de la dignidad humana, carecen de una plena participación social y política” (Ibid).

Por esa razón, el movimiento cartonero ancla sus fines y propósitos en la afirmación del ser humano, sujeto viviente y corporalmente necesitado. Práxis y literatura, se abrazan para buscar el reconocimiento de ese otro excluido y marginado. La liberación cultural debe comenzar por el reconocimiento mutuo entre personas, sujetos de derechos y obligaciones comunes, pero mientras se mantenga la brecha de la desigualdad injusta, no hay reconocimiento alguno; y la cara visible de esta disparidad social entre unos (privilegiados) y otros (carentes), para el ecuatoriano, David Sánchez Rubio, “la pobreza es expresión de la negación real del reconocimiento como seres corporales y naturales necesitados”. Los planteamientos centrales, insertos en la lectura desde la basura, arrancan, además, desde un horizonte nuevo, el problema ecológico que genera la basura. La lógica nefasta del sistema dominante de acumulación y organización social, no sólo es causante del empobrecimiento de la humanidad, sino también de la depredación de la naturaleza. Por tanto, hacia una lectura desde la basura, es una respuesta a esa lógica perversa, que genera un régimen de explotación y cruel exclusión. Literatura y práxis, trabajo y difusión, esperanza y cumbia, garantizan un proyecto de vida, un soplo de dignidad elemental: sobreviviencia.

Desde la literatura, bastión y salvaguarda de aquello que no se les puede negar a los pobres, la esperanza, queda encauzar desde los de abajo, diría Mariano Azuela, la dimensión social y política de la liberación. Ignacio Ellacuría, la llamaba “realidad histórica o práxis histórica liberadora”. Ahí, en la realidad que nos trasciende está nuestra lucha a favor de los más necesitados, porque, como afirma Sánchez Rubio, “es en los sucesos de la vida social y en los contextos históricos donde se dan los espacios de lucha a favor de la dignidad humana y, en cuanto que son espacios de lucha social, radica su importancia e interés”. El sujeto cartonero (y como él muchos), es el rostro demacrado y castigado por un sistema que limita la vida humana, al limitar la vida busca minar la esperanza; pues, “el actual sistema capitalista globalizado resulta que limita la capacidad de acción de grandes colectivos, no sólo para que puedan participar en los asuntos públicos, sino también impidiéndoles acceder en igualdad de condiciones equitativas a la distribución de los bienes materiales que forman parte del producto social” (Ib.), normalmente en manos de poliarquías y grupos minoritarios.

La literatura, comprometida con la existencia humana, --no la que responde a una ideología o sistema--, jamás surgirá desde la academia o desde una cómoda cátedra universitaria, ni mucho menos de escritores elitistas, voz y bandera del neoliberalismo, hoy esa literatura, amparada en centros académicos, no es más que elucubración mental fallida, intentos errados de aprehensión de lo cotidiano. En cambio, la literatura nacida al calor o sin sabor de la vida, agitada por una y mil contradicciones, es mordaz, porque nace de un espacio real, vedado y oculto para los academicistas, como es la cotidianidad. Un texto cartonero viaja cómodo en un trufi o táxi trufi, espera paciente en una estación o terminal de buses, puede ser releído... ¿Acaso, Noches Vacías, en pocas páginas, no exhala, sufrimiento, frustración, pero al mismo tiempo, esperanza, baile y una realidad atolondrada por la exclusión social?

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*Este texto fue leido en diciembre del 2005 cuando mandragora cartonera presentó sus primeros 3 titulos
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Ver:
1. "Sarita Cartonera"
2. Literatura cartonera y gestión cultural
3. Red cartonera
4. "Sarita Cartonera" por Jaime Vargasluna

Oración por la paz

por joseleon71 @ Jueves, 20. Sep, 2007 - 08:31:08 pm

De Jorge Eliécer Gaitán.
Es un lugar común, pero Gaitán (nos) sigue hablando hoy. El nos no quiere ser una intromisión, de cualquier modo perdónenme los colombianos, es sólo que nuestras historias hoy se cruzan, nuevamente, de manera crucial.
Amanecerá y veremos.

“Excelentísimo señor Presidente de la República, doctor Mariano Ospina Pérez:
Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia sabiendo que interpreto el querer y la voluntad de esta inmensa multitud, que cobija su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo este silencio clamoroso, para pedir que haya piedad y tranquilidad para la patria.
En todo el día de hoy, excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que llegaron de todo el país, de todas las latitudes –los llanos ardientes y las frías altiplanicies, como las de esta capital– han venido a congregarse en esta plaza, cuna de nuestra libertad y de nuestra historia, para expresar su irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que ellos desembocan en esta plaza y no hay sin embargo un solo grito, porque en el fondo de sus corazones se agolpa la emoción; pero como en las tempestades violentas la fuerza subterránea es mucho más poderosa y ésta sabe que tiene el poder de imponer la paz cuando los obligados a imponerla no la imponen.
Señor Presidente: Aquí no hay aplausos sino millares de banderas negras que se agitan. Excelentísimo señor: Sois un hombre de universidad y por lo tanto os debe llamar la atención este hecho sin precedentes en la historia de Colombia.
Señor Presidente: Aquí están presentes todos los hombres que han desfilado y demuestran una fuerza y un poderío no igualados y sin embargo, no hay un solo grito. Aquí hay una contradicción a las leyes de la psicología popular. Un pueblo que es capaz de contrariar las leyes de la psicología colectiva es un pueblo que os demuestra que tiene un espíritu de disciplina capaz de superar todos los obstáculos. Ningún partido en el mundo ha dado una demostración como ésta. Pero si esta manifestación sucede es porque hay algo grave y no por triviales razones. Y esto obliga a los hombres universitarios a escucharla y oírla. Somos la mejor fuerza de paz en Colombia. Somos los sustentáculos de la paz en Colombia, y mientras en las veredas y en los municipios fuerzas minoritarias se lanzan al ataque, aquí están las grandes mayorías obedeciendo una consigna. Pero estas masas que así se reprimen también obedecerían la voz de mando que les dijera: Ejerced la legítima defensa.
Dos horas ha gastado esta gente entrando a esta plaza para colmarla. El comercio ha cerrado sus puertas y le debemos gratitud por este noble gesto.
Porque somos fuertes somos serenos. Esta es la significación más exacta de que con nosotros no puede abusarse. Hay un partido de orden capaz de realizar estas manifestaciones para evitar que la sangre se derrame y para que las leyes se cumplan, porque son la expresión de la conciencia colectiva. Yo quisiera que todo el país contemplara este espectáculo. No me he engañado cuando he dicho mi concepto sobre la conciencia popular, ampliamente ratificada en esta manifestación, donde los aplausos desaparecen y sólo se oye el rumor emocionado de los millares de banderas negras que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres tan villanamente asesinados.
Señor Presidente: serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los hombres que llenan esta plaza, con esa emoción profunda os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, en favor de la tranquilidad pública. Todo depende de vos; sabemos que quienes anegan en sangre este país cesarían en su pérfida siega. Esos espíritus de mal corazón cesarían al simple imperio de vuestra voluntad.
Amamos hondamente a esta patria nuestra y no queremos que nuestra nave victoriosa navegue sobre ríos de sangre.
Señor Presidente: No os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no siga por caminos que nos avergüenzan ante propios y extraños. ¡Os pedimos tesis de piedad y de civilización!
Señor Presidente: Os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Pedimos pequeña cosa y gran cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia.
Impedid, señor Presidente, la violencia. Sólo os pedimos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta ola de barbarie, podéis aprovechar nuestra capacidad laborante para beneficio del progreso de Colombia.
Señor Presidente: Esta enlutada muchedumbre, estas banderas negras, este silencio de masas, este grito mudo de corazones, os pide una cosa muy sencilla: que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como querríais que os tratasen a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos, a vuestros bienes.
Os decimos, excelentísimo señor Presidente:
Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia”.

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Ver: Acuerdo Humanitario
Y la noticia más reciente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56522

Sobre el escepticismo

por joseleon71 @ Martes, 18. Sep, 2007 - 06:13:01 pm

Ciertas críticas, creo que con razón, se pueden interpretar como propias de un nihilista o un escéptico. Entiendo sin recurrir al diccionario que el nihilista sencillamente cree en nada (aunque si cree en nada cree en algo, como en aquella paradoja del mentiroso que nunca dice la verdad) mientras que el escéptico ha elevado su capacidad de dudar hasta un límite que se confunde con la lucidez, casi con la iluminación, de la que sólo puede jactarse el cínico o aquel sabio que más allá de la resignación enceguece: el estoico.
Por ahora me quiero detener brevemente en el escéptico. Porque, repito, cierta actividad crítica se puede confundir con esta posición, la cual se comprende a partir de que se reconozca un ámbito de creencias y valores ante los cuales el escéptico reacciona con su endurecida distancia. Ahora bien, ese ámbito es, digamos, compartido por él y por los que tienen fe o creen. Pero visto de cerca observamos que el ámbito existe más allá o más acá del escéptico y que éste le opone su condición, de modo que, lo reconozca o no, se maneja dentro de este ámbito.
Mas existe una forma de crítica que está más allá de este simple dualismo y se funda en el hecho de que no se considera al mencionado ámbito como totalidad, puesto que existen otros ámbitos de creencias y valores a los que el crítico puede corresponder y con respecto a los cuales no ser ni parecer escéptico. Lo que intento decir es que no existe tal escéptico ni escepticismo cuando se atiende a otros valores y creencias, en oposición, por ejemplo, a los que la industria cultural o el sistema capitalista irriga planetariamente.
Me explico, se es escéptico –al menos como conocemos habitualmente el concepto- dentro del ámbito de la cultura y la civilización occidental. Y a lo que me refiero es que no existe tal condición cuando la crítica se hace respondiendo a los valores y creencias de otra cultura y civilización que busca su rostro, su nombre, su encarnadura, que está en(tre) nosotros con su piel, sus huesos y su sangre, con su tierra y su cielo, con su cuerpo, su risa y su gente.
Hay crítica escéptica, claro, pero al menos a mí no me interesa. Hay crítica hobbesiana, quién lo duda, mas lo que pienso, en cambio, está cargado de esperanza y del hondo convencimiento de que nuestro natural es ser y querer ser humanos. La insistencia en la maldad y la crueldad, como signos distintivos del ser humano, es propaganda. No es que no exista, es sólo que es magnificada y amplificada por todos los medios (literal y metafóricamente) para intentar convencernos de que nos queremos, porque nos odiamos, perseguir y matar. Y como no lo hacemos de motu propio con la intensidad con que lo afirman (como lo evidencia la historia y sólo los miopes o perversos niegan, todos los genocidios y masacres tienen a un Estado como responsable. En ningún pueblo adviene la violencia como de la nada –ni en los mitos, porque la violencia fundacional siempre procede de dioses enloquecidos u hombres y mujeres entusiasmados –etimológicamente: endiosados), nos persiguen y matan, organizan policías y ejércitos –dentro del estado y para estatales- para controlar las industrias del robo, el secuestro y la extorsión (con la mampara de políticas de seguridad ciudadana), planifican y ejecutan con los aparatos del Estado sobre el principio del monopolio de la violencia legítima, diversas formas de terrorismo (el terrorismo es, pues, siempre, terrorismo de Estado. Los ejemplos son legión y están asquerosamente a la vista).
Con violencia defienden sus propiedades de los que nada pueden tener. Ya lo dijo en su momento el apóstol Adam Smith: "Los ricos se hallan interesados en mantener aquel orden de cosas que sirve de manera eficaz para protegerlos en la posesión de sus privilegios (...) El gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico y al pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna" Con la violencia de las leyes, esencialmente redactadas por el Estado (un Estado a la medida de los (sus) propietarios) para salvaguarda de sus intereses. Ya lo dijo Tomás Moro en el siglo XVI: “…un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por malas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen que sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes” (Tomás Moro, citado por Andrés Monares en Reforma e Ilustración, Universidad Bolivariana. Chile, 2005).
Luego, el terror que provocan lo propalan a través de sus medios de comunicación pues los tienen y controlan todos, al menos los que tienen el alcance necesario para esparcir las esporas de la policía imperial, zarandeando al televidente del sexo a la violencia, de la violencia al sexo, hasta convertir toda forma de sexo en violencia y la violencia en sexo. (Acabar y morir, claves de un erotismo bizarro.) Porque la violencia y la propaganda de la violencia, en definitiva, les da torcidos dividendos.
Esta crítica, volviendo al asunto, no es escéptica porque sé que nada se puede esperar de un sistema que así se conduce, que necesita de situaciones terriblemente injustas y excluyentes para seguir funcionando. ¿Avanza o no el proyecto demencial de someter millones y millones de hectáreas a la siembra de maíz para producir combustible, siendo que millones y millones de personas están condenadas a morir de hambre? Cierto que muchos sectores se pronuncian, pero las corporaciones (que han trasnacionalizado el poder económico, militar y político) que dominan el mundo, continúan obstinadamente en la misma dirección, la que ha llevado al genocidio (no de ahora, sino por más de 500 años), a la destrucción de bosques y mares, contribuyendo a la desertificación y progresiva destrucción del planeta. Como escribe Andrés Monares en el libro citado: “Son las sociedades insertas en la Modernidad, con su específica ideología del progreso que mezcla el cientificismo con el economicismo depredador para la total instrumentalización del mundo, las que están poniendo seriamente en peligro la vida sobre el planeta al ser causantes de la actual crisis ambiental” (p. 48)
En fin.
No es una crítica escéptica porque nada se puede esperar –dentro de ese ámbito, en ese modelo cultural civilizatorio occidental.
Otro mundo es posible.
Y sobre y desde la base de ese otro mundo posible es de donde intento (permítaseme esta primera persona) hacer crítica, sondear el desastre, otear la esperanza.
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Ver:
Esta prohibido soñar, de Frei Betto

Y en torno a las ideas expuestas pero aplicadas a un problema en concreto, ver este artículo de César Hildebrandt "El Apra y la minería"

Las Torres de la mentira

por joseleon71 @ Viernes, 14. Sep, 2007 - 05:27:53 pm

(Con breves incisos sobre la realidad venezolana)

"...Es un contexto que algunos considerarían divorciado de la realidad, pero con la capacidad estadounidense de proyectar su poderío militar a todo el globo, tal vez la realidad de Washington D.C. es la que importa más que cualquier otra". Citado por Juan Gelman en su artículo "Tres días y ya", en Rebelion.org

Sospecho que la realidad está en crisis. Pero ¿cuál realidad? Sin duda que la creada a través de los medios, la realidad mediática. Luego, no podríamos decir que la realidad está en crisis, puesto que la mediática no es la realidad, no obstante, la realidad no mediática puede pasar desapercibida o no ser leída (no sé si tampoco experimentada) como realidad. Con la destrucción de las llamadas Torres Gemelas se ha llegado a un momento culminante, a una vuelta de tuerca decisiva con respecto a la realidad real y la realidad mediática.
Desde el momento en que ocurrió voces de muy distintas direcciones se plegaron a la versión estadounidense –no necesariamente la de Bush- de que había sucedido un ataque terrorista de signo islámico. De aquí a la historia de Ben Laden sólo había un paso. E igual como pasó con la Perestroika y la Caída del Muro de Berlín, los historiadores, sociólogos, estudiosos y críticos de la sociedad repitieron de una y mil maneras distintas que con la caída de las Torres se debía hablar –y hablaron y hablan- de un antes y un después. (Cuantos libros comienzan hoy con estas palabras: “Este libro estaba ya escrito, y entregado a la implacable fatalidad de la imprenta, cuando ocurrió lo que ocurrió el 11 de septiembre pasado, en Nueva York. Era inevitable, casi prescripto que el autor se preguntara en qué medida ese acontecimiento fulgurante, atroz, descomunal, del cual probablemente se dirá, en un futuro no muy lejano, que partió en dos la historia, modificaba las modestas hipótesis sostenidas en este libro a propósito de un “fin de las pequeñas historias”…)* Muchos libros que estaban en imprenta fueron rápidamente actualizados con algún párrafo corregido en galeras donde se hacía mención a la noticia que inauguraba el siglo XXI. Desde entonces, todo pasó a ser observado desde la óptica unicolor del 11S.
Seguro que habrá que esperarse más tiempo para estudiar lo que ha acontecido en las conciencias de quienes vivieron y pensaron en torno al ataque al World Trade Center y al Pentágono, pero me atrevo a asegurar que buena parte de la tinta que ha corrido responde a los intereses de la propaganda (realidad mediática sin más) que sirve plenamente a los intereses de las corporaciones que fabrican hamburguesas, etanol, guerras, programas humanitarios, y armas.
En otras palabras, elevar el 11S a fecha axial es parte estelar del régimen propagandístico al que ha recurrido EEUU para “posicionarse” en el actual escenario simbólico de la cultura occidental como víctima, luego, como poderosísimo agente de vindicación de la civilización occidental frente a la amenaza de la barbarie islámica. Guerra Santa, sin más ni más. En ese marco surge Afganistán e Irak, recientemente el conflicto iraní.
Vale la pena preguntarse en qué grado y a quién importa que las razones que llevaron a España, Inglaterra y a EEUU a atacar a Irak fueron rotunda, sin equívocos, -¿cómo decirlo?- confirmadamente falsas. Fue mentira lo de las armas de destrucción masiva, lo dijo la CIA incluso antes del conflicto, lo dijeron los inspectores, todos, menos los informes falsos que leyó Colin Powell. Ya lo decía Juan Luis Cebrián (miembro de la Real Academia Española y ex director fundador del diario El País, en el prólogo al libro de Juan Bosh El Pentagonismo (Aguilar, 2005): “Probablemente será difícil encontrar en toda la historia de América un cúmulo de mentiras semejante al que fueron capaces de pronunciar Bush, sus colaboradores y sus amigos, a la hora de querer justificar la invasión de Irak” (24). Y el mismo Juan Bosh, afirma: "Hay apariencias que todo gran país debe mantener. Poner al Presidente de los Estados Unidos a decir mentiras es degradar el país ante el mundo, y eso ha hecho el pentagonismo; poner a los más altos funcionarios de la nación a decir hoy lo contrario de lo que dijeron ayer es colocar al gobierno en una posición ridícula y de mal gusto, y eso lo hace constantemente el pentagonismo" (136).
(Como la carta de renuncia de Chávez falsa que leyó Napoleón Bravo el 12 de abril durante el golpe de Estado o el proyecto falso de reforma constitucional que la oposición puso en circulación y del cual hablan y discuten los opinadores y políticos como si perteneciera al orden de la realidad y no al desquiciado de los medios).
Todo eso fue una farsa pero hoy existen miles de muertos y millones de vidas destrozadas, aparte de un cadáver colgado en un mal video (propio de la estética a la que nos han ido acostumbrando los reality shows pero que en este caso puede elevar su ascendencia a The Blair Witch Project) tomado desde un celular.
Se sabía que era una farsa, sabían que no había razones –las esgrimidas al menos- para atacar, pero se llevaron a cabo los ataques, se ordenó el arrasamiento del país. "El discurso de Bush, -afirmó Walter Martínez- con sus simplificaciones minimalistas, se ha vuelto un gigantesco y peligroso lugar común. Por enésima vez: No importa la ONU ni Bagdad." Hoy las noticias hablan de una posible reducción de las tropas y, otras, que el ejército puede ocupar Irak por una década. Eso en realidad poco importa, porque en la realidad mediática sólo aparecen los intereses en alza o menoscabados de EEUU, no de los iraquíes, no de los afganos, no de los libaneses, no de los iraníes.
La realidad es persistente, no obstante, como la vida. Y las torres de la ficción serán demolidas, ya lo están siendo.
¿Quién se traga el cuento de Ben Laden? Sobrevive la versión sobre todo en los medios de comunicación ya declaradamente propagandistas de los intereses norteamericanos (regados en todo el mundo, como sus bases militares), los que son consumidos por desinformados ciudadanos globalizados, y en especial, los más desinformados, los propios estadounidenses, aunque las encuestas repitan que un 30% apoya la gestión de Bush con respecto a Irak, salvando el escollo no menor de que buena parte de ese supuesto 70% que la detesta sepa al menos donde queda Irak o de qué guerra le están hablando.
(Lo de la desinformación es proverbial y no importa la clase social o el nivel adquisitivo. Hace poco en una clínica especializada en problemas de la vista –paradoja estúpida -la estupidez es mía que confundo un chiste malo con una paradoja- presencié esta conversación entre un médico y una pareja en la sala de espera. El médico sale del consultorio y el caballero lo saluda imitando el acento napolitano. El médico se acerca y comienzan a hablar a todas luces de automóviles preparados para correr, luego pasan a hablar –todo sucedió en menos de dos minutos- de un amigo común que por esos días se encontraba en un evento en Estocolmo –si mal no recuerdo-, a lo que el médico responde que él ha preferido asistir a uno en una universidad de EEUU, más cercano, más cómodo, más especializado. De seguidas y sin que se lo preguntaran, advirtió que estaba haciendo sus maletas pero no para el congreso sino para irse del país y, señalando a mi hijo, afirmó con una sonrisa complacida, como quien está más allá del bien y el mal, que no podía soportar que con la aprobación de la reforma constitucional el gobierno le quitara a sus hijos. La ignorancia, como se ve, no escatima e impresiona ver la facilidad con que personas con presumibles probabilidades de acceder a información persistan en permanecer desinformados, pero eso sí aguerridamente convencidos de que no lo están, y de que CNN o Globovisión o cualquier cadena de noticias y de tele-reportajes teledirigidos, dicen la verdad y los mantienen al día.)
En contextos (sociales y mentales) como el descrito sobrevive la versión de que Ben Laden está detrás de la caída de las Torres, y cosas como que existe un antes y un después del 11S.
Mientras, videos, testimonios, imágenes que circulan, además de la acumulación de recelos, minan por su parte las torres de la ficción que, pulverizadas en sus bases, amenazan con desplomarse. Como verdadera fecha axial, esta caída marcará el advenimiento de una realidad sin medios, más exactamente sin intereses corporativistas mediante, que lo mismo nos venden un par zapatos, cuelgan el último video de Rihanna, mandan cajas de comida para refugiados, construyen prótesis para las víctimas de las minas que construyen, dictan conferencias en Universidades que reciben financiamiento para programas militares y construyen y ordenan lanzar bombas racimo.
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* El libro citado es de Eduardo Grüner El fin de las pequeñas historias (Buenos Aires, Paidós: 2002)
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Sería bueno ver: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56071
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A propósito, un fragmento de una noticia publicada en Rebelion.org el 17 de septiembre, y más abajo el enlace para la noticia completa:

"La primera trampa en la que caen muchos escritores y analistas políticos es considerar que el 11 de septiembre supone una línea divisoria entre dos épocas históricas, que es un hito histórico, un hito que proporcionó el trampolín para un golpe político internacional. Una comparación entre septiembre de 1995 (el congreso de Fairmont) y los ataques de septiembre de 2001 no revelará una diferencia sustancial en la calidad de la política estadounidense en particular y la política capitalista en general; es, simplemente, una cuestión de cantidad. Este es el punto principal que se argumenta en las líneas que siguen."

11 de septiembre: La ilusión de un golpe histórico en el curso del imperialismo, por Hisham Bustani. En:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56320
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Y esta otra, de Harold Bloom:

Lo llamo ‘medios-cridad’. Es terrible la clase de medios que tenemos actualmente. Nadie se atrevió a sacar la cara y criticar a Bush cuando inició ilegalmente la guerra contra Iraq. Es deprimente, y muestra la dirección que ha tomado este país desde que él llegó al poder – un poder que no le corresponde legítimamente. Los medios no cumplen con su cometido. Los bushistas son matones y durante mucho tiempo nadie se atrevió a criticarlos y sólo se tragaron su propaganda y sus mentiras. La gente se ha atemorizado. En este tipo de clima, a nadie le interesa la voz crítica. Usted me pregunta por el papel del intelectual en EE.UU. de hoy y tengo que decir: ¿Qué papel? ¿Qué intelectuales? No hay sitio para ellos en el mundo simplificado y mentecato de los medios actuales. Solíamos tener un papel, y todavía quedan unos pocos, pero somos una especie en vía de exterminio. Parece que nadie se interesa por los matices.”

?En mis tiempos??

por joseleon71 @ Miércoles, 12. Sep, 2007 - 07:30:54 pm

… extraña expresión. Cuando la escuchamos, ¿qué entendemos? Inmediatamente, que el usuario se está remitiendo, no sin un dejo de marcada nostalgia, a los tiempos de su juventud. Se confunde esta expresión con aquella más explícita “cuando yo era joven”, o una que ya está en franco desuso “en mis tiempos de mozo”. Pero estas últimas por ser más explícitas no necesitan ser explicitadas, y estas líneas fueron provocadas por la expresión de marras toda vez que supone que hubo un “tiempo” en el que se estuvo vivo, en el que la vida era un desbordamiento. Mas ahora se habla de entonces, de antes, desde afuera, desde una suerte de limbo en el que el tiempo ya no es propio, en el que, tal vez, y eso es precisamente lo que apura este breve texto, tal vez, decía, ya no se tenga tiempo. Esto último nos abre sin quererlo ni buscarlo dos perspectivas del tiempo. Existe un tiempo en el que se lo siente propio y que coincide con el tiempo de la acción, de la transformación. (¿Sólo los pueblos jóvenes escriben su propia historia?) Existe otro desde donde se mira ese tiempo en el cual es posible la expresión “cuando en mis tiempos”. Sin duda es como un limbo, pero esta apariencia se la da el hecho de que la acción (sólo) se recuerda. Pero, ¿qué y cómo se vive, entonces? Porque con toda evidencia se está vivo. “Recordar es vivir”, decían, no sé si aún lo dicen, y tiene que ver con esto. Pero a lo que voy es que se está vivo, de lo contrario no es posible recordar. Es de Perogrullo pero recordar, la acción de recordar, es un estado del alma, de modo que se necesita tiempo y espacio para el despliegue del recuerdo. No sé si vuelva a vivir recordando, lo que sí es que se vive de forma diferente, en todo caso se advierte –fuera del tiempo de la acción- que hubo un tiempo que fue propio, tiempo además por el que se siente nostalgia, donde y cuando, sin duda, sentimos que vivimos, que valió la pena vivir.
Pero, insisto, y ahora, en ese tiempo donde nació la expresión ¿qué y cómo es la vida? No está plena seguramente de acciones que garanticen el recuerdo, esto es, nada ocurre acaso que posibilite que, dentro de diez, quince, veinte años a lo sumo, se emplee la frase: “en mis tiempos”, porque ésta aludirá a los tiempos de la juventud y no a estos otros fuera de tiempo. Serán pues acciones más bien al ras de los días, llanas, sin relieves, sin acentos. Lo interesante es que ocurren fuera del tiempo o en un tiempo que se siente ajeno (pero esto no importa, porque con la nostalgia viene el desdén), que ya no es ni será propio.
En algunos momentos he escuchado la expresión “vivir tiempo de prestado”. Creo que calza.

Laura Antillano (II)

por joseleon71 @ Martes, 11. Sep, 2007 - 03:29:23 pm

Ver: Laura Antillano (I)

Yo no tengo una noción del tiempo -porque los niños no la tienen- del tiempo que yo pasaba ahí [en casa de la abuela], pero yo creo que pasaba mucho tiempo. Quizá fines de semana, quizá, quizá como el preescolar quedaba ahí entonces mi mamá me dejaba ahí, porque mi mamá y mi papá, mis hermanos vivían en Chaguaramos, vivían en otro lado, Bello Monte y Chaguaramos, y El Silencio queda en otro sector. Yo tengo fotos mías de esa época, incluso de la pelota, porque me quedaron de la muerte de mi mamá, entonces he podido como reconstruir las imágenes que tenía ya dentro diciendo “este es el sitio”, “esta es la silla”, “esta es…”, viendo esas fotografías. Pero tengo como un recuerdo grato, cálido, de la presencia de ella, que ya era una señora bastante mayor, de su soledad, de su tranquilidad y su silencio, y había una cocina muy grande que yo recuerdo que ella siempre me llamaba la atención cuando abría el horno para que yo me pusiera lejos y quizá tengo una imagen del tamaño de la cocina engrandecida porque los niños ven las dimensiones de otro modo. Incluso ya de adulta me compré en Valencia una cocinita de juguete vieja porque me parece que esa era la cocina. La imagen de la cocina que tengo no es de las cocinas modernas sino de una cocina… vieja, con un horno raro, con esas cosas. Y recuerdo muy bien el sitio de la cocina porque ella siempre estaba cocinando u oyendo su radio…Era bastante solitaria. Hoy día me pregunto sobre lo bien que se llevaban ellos dos, pero mi abuelo tenía muchas mujeres, parece, y tuvo hijos en distintos sitios. Eso lo supe por mis tíos después, y ellos eran muy críticos con él, pero mi abuelo conmigo era muy abuelo, y la relación era distinta. Mi abuelo nos reunía estampitas de álbumes, ese álbum de Bolívar que después lo han reeditado, nosotros teníamos uno cada uno, pero cambiábamos con él porque él tenía el de él, y él buscaba los sobrecitos con las estampitas, con las figuras, y él me llevaba a las Torres del Silencio, le encantaba sacarme a pasear niñita, así chiquita, y a los vendedores de muñequitos de esos de cuerda les hacía darle cuerda a todos, no comprábamos ninguno, pero les daban cuerda a todos y yo pasaba mucho tiempo allí agachada viendo los muñequitos que saltaban. Para mí era especial.
Ellos fueron además mis padrinos, fueron mis abuelos y fueron mis padrinos. Yo tengo una foto del día de mi bautizo, que me tienen cargada, ya estoy grande, tendría como cuatro o cinco años, y están ellos dos, son los que me llevan. Entonces para mí la relación con ellos dos fue muy particular, muy especial, y yo recuerdo –eso está en Perfume de gardenia también- porque cuando muere mi abuela la cosa para mí fue así como… mi abuela se enferma y a mí me empiezan a llevar con más frecuencia a la otra casa, que era en los bloques, eran unos bloques del Banco Obrero, que quedan en Colinas de Bello Monte, quedan subiendo. A mí me hacía mucha falta la casa de mi abuela. Yo tenía mucha rabia porque no podía estar allá, entonces mi abuela… mi mamá era la que la cuidaba, la atendía… mi abuela tenía un cáncer, después supe, un cáncer de matriz, estaba siempre en la cama, ahora no se paraba, estaba siempre acostada en una cama. Entonces hubo un día… yo creo… hoy día pienso que a lo mejor mi abuela le planteó a mi mamá que ella tenía que despedirse… Bueno, yo lo recuerdo mucho porque me llevaron dentro del cuarto, mi mamá se salió, me sentaron en una silla y ella pidió la guitarra, ella tocaba la guitarra, entonces ella me cantó unas canciones sentada y en un momento la sábana corrió y a mí me asombró lo blanca que estaba, yo tuve una sensación de niña, yo tenía en ese momento ocho años, de la enfermedad, que no me la había dado ninguna explicación ni nada, pero la blancura de las piernas quizá me llevó a pensar en el tiempo que tenía que no se paraba, que no salía, que no tomaba sol, y ella cantando. Yo sabía que eso era especial, que eso que estaba sucediendo ahí, era como un corte pues, entonces ella me explicó que ella se iba a ir, que yo no la iba a ver más, pero que ella iba a estar muy bien, que ella no quería que yo me preocupara por ella, y que nunca la llamara, ella iba a un sitio muy tranquilo donde ella había querido estar hacía mucho tiempo y que todo iba a estar bien, que era un sitio bello, que iba a estar tranquila. Yo recuerdo eso como si lo viviera cada día, y después con los años he sacado las cuentas y tenía ocho años exactamente, entonces esa fue la última vez que yo la vi, yo no la volví a ver.

"Sarita Cartonera"

por joseleon71 @ Domingo, 09. Sep, 2007 - 09:34:38 pm

Transcripción de la conversa sostenida con Jaime Vargasluna en La Paz, durante la Feria del Libro 2007

“…lo que nosotros decíamos era escribe lo que te de la gana siempre y cuando sea algo tuyo, honesto, algo que le puedas regalar a alguien que valga la pena.”

“…ese es un principio del trabajo, no obligamos a nadie a nada”

“Hemos descartado por completo la idea de que hay que leer para ser mejores personas o que hay que leer para educarte. No. Hay que leer porque es divertido, si no quieres, no leas.”

“Pero con estos chicos es interesante el trabajo ahora, porque sí están leyendo, han mejorado muchísimo, uno de ellos ahora está escribiendo un libro que va a publicar Sarita, es un chico que cuando entró a trabajar con nosotros la lectura y los libros no tenían nada que ver con su vida…”

“…uno de los principios del trabajo era que la estética no sea propuesta por nosotros sino por el que fabrica el libro, el que hace el libro lo hace como le da la gana…”

“No queríamos decirle mira, oye, así se hace, sino bueno, hazlo como quieras, ya encontrarás un modo propio de construirlo.”

“Entonces a partir de ahí comenzamos a trabajar con algunos artistas que han venido, por ejemplo, a enseñarle a los chicos teoría del color, para enseñarles herramientas básicas, por ejemplo, serigrafía.”

“Imprimimos 50 y con 50 empezamos”

“…hay un par de propuestas que intentamos aplicar y que funcionaron pero que las abandonamos por falta de plata y tiempo. Una, que a mí me parece interesantísima y que yo espero retomar, era crear bibliotecas comunitarias...”

“…La idea, el proyecto era o es, que ellos sigan trabajando ahí, que sigan creando más libros, que empiecen por la tradición oral, por la memoria local, pero que después vaya siendo sobre los que se les de la gana, y luego que ellos vayan a otro barrio, al principio con nosotros, pero después ya no, y ellos sean los que les enseñen a los del otro barrio, el otro barrio construya también una biblioteca y luego compartan, y entonces ya no se hace un ejemplar sino dos, entonces un ejemplar se queda en esta biblioteca y el otro en la otra biblioteca, y así se va multiplicando…”

I. Los inicios. Primero talleres. Participación en la Feria del Libro de Lima. Sarita.

Nosotros comenzamos… más que tener una práctica definida, lo que tenemos es un proceso. Como principios de trabajo. Cuando empezamos a trabajar… los que nos encargamos de esto tenemos la misma formación, estudiamos literatura, no educación sino literatura. Bueno, habíamos estudiado esto y vimos que muchas de las cosas que nosotros sabíamos, de teorías, de cosas de ese tipo, no funcionan en la escuela, no las sabe un lector, no le importa, y empezamos a cuestionarnos, qué sentido tenían y si servían para algo, cómo podíamos trasladar eso a la calle, al lector común o al que ni siquiera es lector. Cómo estrategias de lectura teóricas pueden servir para crear lectores. Entonces lo que hicimos fue un primer taller para profesores. Con ellos cogimos un texto narrativo, un cuento, y comenzamos a leerlo, a desarmarlo en personajes, en tiempo, en espacio, en cosas de ese tipo, pero todo a través de dinámicas de juego y conversación. Por ejemplo, se juntaban tres profesores que habían leído el mismo texto y uno de ellos tenía que describir un personaje, se lo describía a otro, el otro dibujaba la descripción del personaje, no el personaje tal como él lo había visto sino como el otro lo había descrito, entonces si para él el personaje era rubio, pero el otro le decía que era pelirrojo tenía que dibujarlo pelirrojo, y el tercero era el que explicaba o describía el personaje ante todos los demás. Entonces ahí lo que hacíamos era que todos se iban cuestionando, porque otro de otro grupo decía oye, pero no era rubio era pelirrojo. Uno lo que no podía hacer era defender su propia postura, o sea, si para mí era rubio yo tenía que dibujar a tu pelirrojo, yo no podía decir sí yo también pensaba que era rubio sino que tenía que defender mi postura. Eso era complicado, porque cómo defiendes una postura que no compartes. Pero, al intentar eso es que surgían nuevas preguntas. Cada quien tenía que comenzar a responder más cosas. El resultado fue que todos iban volviendo al texto sólo para confirmar si era rubio, si tenía tal o cual cosa, si había ido o venido. Jugábamos con los límites de la interpretación, jugábamos a interpretar descabelladamente.
Esto lo hicimos en un museo, en el Museo de Arte de San Marcos, de la Universidad. Convocamos a profesores de un barrio de Lima. Eran profesores de secundaria la mayoría, fueron como 8 de secundaria y 3 ó 4 de primaria. Y entonces hicimos esto y al final cada quien escribió un texto a partir del texto que habían leído. Fue interesante por las preguntas que salieron, que aparecieron ahí, y luego una de estas profesoras, que era coordinadora académica de un colegio nos dijo oigan, yo quisiera que ustedes hagan esto pero con los alumnos. Entonces fuimos ahí, trabajamos con chicos como de 14 años más o menos, y con estos chicos que no eran lectores la cosa fue un poco distinta. O sea, hubo mucho menos conciencia, no explicitábamos lo que queríamos hacer, que sí lo hacíamos con los profesores, sino que simplemente llegamos con varios libros, de los que hacemos que son estos de cartón, se los pusimos allí y les dijimos bueno, miren, léanlos, o lean el libro que quieran -eran breves- para después trabajar ¿no?, hacer un taller y tal. Y entonces los chicos comenzaron a preguntarse ¿esto es un libro?, ¿por qué esto es un libro?, ¿qué fácil es? Entonces, a partir de eso comenzamos a cuestionarnos la noción misma de libro ¿no?, con ellos. Entonces empezamos a ver cuáles podían ser las definiciones de libros, entonces también empezaban a inventar cosas, y, paralelamente, fuimos convirtiendo este texto escrito en una maqueta, en una cuestión visual, tal como a ellos se les iba dando la gana, y a partir de ahí, también de la discusión entre ellos, es que se iban reformulando y cada quien iba construyendo su propio cuento, y luego terminaron escribiéndolo, y eso se expuso en este museo y salió muy bien.

A partir de allí nos llamó la Cámara Peruana del Libro, que iban a organizar ellos una feria infantil y juvenil y querían exponer lo que habíamos expuesto en el museo. Lo que hicimos fue un taller abierto, cada persona que quiso llevó… lo que tenía era un libro ya cortado, cartón cortado, papel, témperas e instrucciones en desorden de cómo armar un libro cartonero, que era básicamente cómo pegar, cómo fabricar el objeto, y diciéndole qué clase de cosas queríamos que escribiera… lo que nosotros decíamos era escribe lo que te de la gana siempre y cuando sea algo tuyo, honesto, algo que le puedas regalar a alguien que valga la pena. Y, si quieres, puede dejar el libro acá o te lo puedes llevar a tu casa.
Mucha gente se llevó los libros a su casa pero hubo algunos que los dejaron. Fue muy interesante porque por ejemplo habían estas mujeres mayores, amas de casa, que contaban la historia de sus vidas, probablemente desde la frustración, o cuestiones así, o sea, mucha gente lo usó como una suerte de confesionario, de testimonio de vida, pero también la mayoría lo acompañó de ilustraciones, de dibujos. Eso se quedó ahí, lo dejaron y entonces eso se expuso, y a partir de eso luego comenzamos a trabajar con más colegios, en más ciudades, planteando que todos los que trabajaran, niños, adultos, los que quisieran, tenían que trabajar horizontalmente porque… no los separábamos en grupos… porque cada uno buscaba en el libro algo distinto, pero eso era una cuestión personal.
Entonces los ejercicios de interpretación casi suceden solos. Si tú tienes algo adelante te vas a formar una idea de eso, necesariamente. Si tú tienes el objeto adelante y determinadas preguntas, que nadie te pide que respondas, pero que están planteadas allí, tú te las vas a hacer a ti mismo, y eso va a mejorar tu interpretación, pero no se las respondes a nadie; ese es un principio del trabajo, no obligamos a nadie a nada. Eso lo pasamos después al taller de trabajo de “Sarita”, de los cartoneros, porque inicialmente nosotros leíamos con ellos los libros.

Los que publica Sarita normalmente se los dábamos a leer, los leíamos en el taller y la verdad no funcionaba, se aburrían, entonces cuando empezó a funcionar esto otro con los colegios, lo que hicimos fue llegar y decirles simplemente, mira, tal escritor o tal escritora que ha escrito esto, y que habla de esto y de esto, ha escrito este libro y allí está. Luego empezamos a trabajar con ellos para el diseño de las tapas, con recortes de periódicos, con información que tenía que ver directamente con el tema del libro, pero indirectamente, entonces ellos iban recortando, iban pegando en las paredes, haciendo estas cosas, y, a veces, eso hacía que abrieran el libro y buscaran y leyeran, pero era la idea del libro por el placer del libro. Hemos descartado por completo la idea de que hay que leer para ser mejores personas o que hay que leer para educarte. No. Hay que leer porque es divertido, si no quieres, no leas. No leas porque eso te va a convertir en mejor persona; eso puede ser un resultado pero no es el resultado que buscamos.

II. Materiales.
En Lima hay un barrio que se llama “Materiales”, es una zona muy pobre, que de hecho nació de gente que llegó a ocupar el lugar, o sea, que invadieron y comenzaron a construir sus esteras y que allí se quedaron, y todo este barrio son recicladores de basura, o sea, es gente que ha ido comprando carretillas y que sale por las madrugadas por toda la ciudad recogiendo basura y la vende a empresas o a alguien más grande.
De este barrio salieron… o fuimos a este barrio a buscar la gente que trabajara con nosotros, entonces les compramos el cartón y los invitábamos a quedarse con nosotros.
Tuvimos muchos problemas y la mayoría de los que trabajaba con nosotros tenía un hermano o un primo de una zona aledaña a Materiales, pero que no es exactamente Materiales, que también es una zona pobre, pero, digamos, de los hijos de recicladores que están tratando de hacer una vida mejor ¿no? porque ellos vienen de una sociedad muy lumpen, de un espacio muy violento, muy complicado. Y estos son los chicos que fueron llegando al taller y se han quedado hasta ahora. Son chicos que, por ejemplo, han vendido cartón en la calle, pero casi ninguno lo ha recogido en las noches, porque el proceso es más o menos que en las noches van, recogen y en la mañana siguiente se paran en alguna avenida y lo venden. Bueno, los que trabajan con nosotros han vendido cartón, pero no son recicladores, no son los que recogen el cartón, justamente porque el trabajo de los recicladores es un trabajo nocturno, es un trabajo que los pone en una situación de riesgo, entonces la mayoría de ellos tiene problemas de alcohol, drogas, violencia, fuertes. Entonces, estos otros chicos tienen los [mismos] problemas sociales y económicos, pero no tienen esos otros problemas. Como nosotros no tenemos la logística para tener un sicólogo o toda esa cuestión, no podemos complicarnos la vida, no podemos ayudar a gente si no tenemos la capacidad para ayudarla. Pero con estos chicos es interesante el trabajo ahora, porque sí están leyendo, han mejorado muchísimo, uno de ellos ahora está escribiendo un libro que va a publicar Sarita, es un chico que cuando entró a trabajar con nosotros la lectura y los libros no tenían nada que ver con su vida, entonces ahora está mucho más involucrado porque los fabrica, porque vamos a muestras de arte, porque conoce a artistas plásticos, ellos han dictado talleres ahora.

III. Estética. Feria del Libro de Lima. Todo de cartón. Autosustentabilidad
Cuando empezamos, uno de los principios del trabajo era que la estética no sea propuesta por nosotros sino por el que fabrica el libro, el que hace el libro lo hace como le da la gana. Más o menos. Y la verdad es que era un trabajo sucio, era un trabajo… ellos pintaban muy feo, cortaban mal el cartón, hacían un trabajo de muy mala calidad, pero para nosotros estaba bien, porque de hecho ¿por qué tenía que ser de otra forma? Si ellos lo hacen así, está bien, y si ellos de a poco van descubriendo que pueden hacerlo de otro modo, pues ya lo irán mejorando. Fue un poco abierto. Que hubo igual que regular porque los libros se venden, y entonces el comprador decía muchas veces oye, yo no voy a comprar esto, esto está mal cortado, esto está así o asá. Entonces, eso nos obligó a ir cambiando y a ellos también, ir mejorando, etc. Pero lo que queríamos es que eso fuera descubierto por ellos, y no que fuera impuesto por nosotros. No queríamos decirle mira, oye, así se hace, sino bueno, hazlo como quieras, ya encontrarás un modo propio de construirlo.
La cuestión es que cuando participamos por primera vez en la Feria del Libro de Lima hasta entonces todos los stand de la feria eran como los de aquí [en Bolivia], cuadrados, blancos, prefabricados, donde tú pones tus estantes con libros, y punto. Pero cuando nosotros fuimos la primera vez tuvimos nuestro primer stand. Uno que trabajaba con nosotros dijo tenemos que hacer algo distinto, nosotros no somos iguales, nosotros trabajamos con cartón y eso tiene que ser evidente, así que hagamos cartón. Entonces compramos cajas de refrigeradoras, de cocinas, cajas enormes y empezamos a armar planchas, las paredes, estas paredes blancas, las cubrimos con paredes de cartón, y sobre las paredes de cartón comenzamos a hacer repisas de cartón, y pegamos muchos afiches, recortes de periódicos, cosas de ese tipo, y muchas cosas visualmente estridentes que pertenecen a la cultura popular limeña, esa estética, fabricamos una mese de cartón, ya una mesa de cartón corrugado, con bases de cartón, era completamente de cartón el stand, y eso fue estupendo. El stand fue muy visitado durante la feria, en los suplementos de periódicos cuando se hablaba de la feria el stand más llamativo era el nuestro, nos sirvió muchísimo para visibilizarnos, pero además generó dos consecuencias bien interesantes. Una es que desde el año siguiente la Feria del Libro de Lima tiene un equipo de diseño, entonces tú puedes tener stand diseñados, y entonces eso ha hecho que Alfaguara, Planeta, tengan stand alucinantes y nos han dejado chiquititos a nosotros, porque claro, tienen la plata para hacerlo, pero eso nos parece interesante porque es ya romper… o sea, es romper ese cuadradito que para nosotros es horrible, y eso funcionó.
La otra cosa interesante es que vinieron artistas plásticos a buscarnos, porque eso lo habíamos hecho nosotros sin ser artistas plásticos, fue una idea que la hicimos y punto. Entonces después de eso se nos empezaron a acercar algunos artistas y a decirnos oye, yo quiero colaborar con ustedes, me gusta la propuesta, pero les falta, no conocen. Entonces a partir de ahí comenzamos a trabajar con algunos artistas que han venido, por ejemplo, a enseñarle a los chicos teoría del color, para enseñarles herramientas básicas, por ejemplo, serigrafía. Uno de ellos… como nosotros trabajamos con ellos cuando tenemos plata para darles, entonces trabajamos un día a la semana, solamente los sábados… entonces el resto del tiempo uno de ellos, ahora que aprendió serigrafía, está haciendo polos (camisetas), nos pidió un poco de plata prestada, se la dimos, compró los insumos y ahora él hace sus polos y los vende. Está súperbien, porque la idea es que van aprendiendo algunas cosas.
Igual, donde todavía tenemos un problema que no sabemos cómo resolver es que nosotros les pagamos a cada uno de ellos por cada libro hecho. Entonces ellos tienen esta idea de la velocidad, porque mientras más libros hagan más les pagas. Entonces para hacer más libros tienen que dedicarles menos tiempo a cada libro. Entonces ellos quieren encontrar fórmulas para cada libro, y eso es un problema, porque lo ideal para nosotros es que miren el libro como un objeto, como un lienzo, digamos, y hagan allí lo que se les de la gana, pero para eso necesitan tiempo, pero eso a ellos no les conviene económicamente. Entonces nosotros estamos buscando todavía la fórmula para poder pagarles, que se sientan cómodos con esto, pero que el pago no se defina por cada libro hecho porque si no va a ser un círculo que no se va a romper. Todavía no hemos encontrado el modo, estamos en eso.

IV. Tiraje
Lo que hacemos es firmar un convenio con el autor, donde nos cede equis ejemplares. Normalmente es entre 300 y 500, alguna vez ha sido menos pero nunca ha sido más. Imprimimos 50 y con 50 empezamos. Entonces, una vez que se nos van acabando vamos reponiendo. Una vez que alcanzamos el número hablamos con el autor para, o reeditar, o para que se termine.

V. Diseño
Nos pasó que como cada tapa era echa a mano, original, distinta, tú podías tener el mismo título pero cada ejemplar era distinto, la tapa era distinta. En algún momento, justamente para que ellos le dediquen más tiempo a lo echo a mano, decidimos trabajar con serigrafía partes de la tapa, entonces eso se convertía en una fórmula que se repetía en varios libros, pero les daba un poco de espacio para hacer otras cosas. Entonces, cuando comenzamos a trabajar con eso quedaron muy bien los libros, pero algunos de los compradores nos dijeron oye, a mí me gustaba más cuando era totalmente a mano. Ahora lo que estamos haciendo es que conviven las dos cosas, algunos son con serigrafía, algunos van con grabados, estamos queriendo implementar pequeñas… que los chicos sean quienes diseñen… o sea, trabajando con artistas plásticos, aprendiendo, pero que sean ellos quienes diseñen, luego pegar eso allí ¿no?, armar por ejemplo dibujos y que vayan insertándose en algunas tapas cuando ellos quieran, que vayan combinando, que su labor no sea tanto coger una témpera y pintar, sino combinar elementos que ellos mismos ya han creado previamente.

VI. Proyecto y autosustentabilidad. Bibliotecas comunitarias.
Nosotros tenemos un par de proyectos… lo que pasa es que nosotros somos un grupo de amigos que empezó esto como hobby, cuando acabamos la universidad, hace unos cuatro años. Nos dedicamos a esto porque teníamos tiempo libre, qué sé yo. Entonces, gastamos con nuestra plata, y si se vendían los libros, bueno, recuperábamos lo que habíamos gastado, los vendíamos en la calle, en las entradas…bueno, también en librerías, pero íbamos a las puertas del teatro, o sea, nos parábamos como vendedores ambulantes, a veces. Pero de a poco, las exigencias de cada uno, económicas, laborales, qué sé yo, fueron complicándonos la vida. Entonces, es un trabajo que cumplimos en nuestro tiempo libre, pero que ha crecido tanto, allá, que ya deberíamos dedicarnos a eso como un trabajo real, formal, pero no podemos básicamente porque nadie lo financia, no es un proyecto autosostenible hasta ahora. Y entonces hemos recibido una vez un fondo pequeño de la cooperación española, ahorita acabamos de recibir un fondo de la cooperación belga, chiquito, que nos permite imprimir, que nos permite trabajar digamos, cuatro o seis meses, sabiendo que todos los sábados van los chicos al taller y que no les vamos a decir oye, este sábado no porque no tenemos plata, o cosas así, que pasaban mucho.
Pero entonces, hay un par de propuestas que intentamos aplicar y que funcionaron pero que las abandonamos por falta de plata y tiempo. Una, que a mí me parece interesantísima y que yo espero retomar, era crear bibliotecas comunitarias. Lo que hicimos en zonas donde la gente no lee… lo hicimos sólo en un barrio, llegamos al barrio este y trabajamos un taller que habíamos aprendido en la universidad, de recopilación de testimonio, recopilación de tradición oral, de memoria local, pero lo que hicimos no fue recopilar, no fue trabajar como antropólogos, sino enseñarles como se hacía, para que ellos lo hagan con ellos mismos. Fue estupendo, porque les contamos bueno, mira, esto es el gestor, esto es el testor, esto funciona así, tú grabas así, así se edita, así se redacta, y esto es así. Entonces fuimos trabajando. Como parte de ese taller ellos se grababan entre ellos, iban recopilando, nos iban pasando esa información, ellos iban escribiendo, transcribiendo, editando, qué sé yo, y finalmente elaborando un libro cartonero. O sea, lo iban… porque es mucho más barato, imprimíamos y se hacía en cartón, entonces así quedaba un ejemplar para la biblioteca de ellos. Al final sólo quedaron seis personas, en este primer barrio, fue el único barrio donde trabajamos, fueron seis libros los que se hicieron y se quedaron allí. La idea, el proyecto era o es, que ellos sigan trabajando ahí, que sigan creando más libros, que empiecen por la tradición oral, por la memoria local, pero que después vaya siendo sobre los que se les de la gana, y luego que ellos vayan a otro barrio, al principio con nosotros, pero después ya no, y ellos sean los que les enseñen a los del otro barrio, el otro barrio construya también una biblioteca y luego compartan, y entonces ya no se hace un ejemplar sino dos, entonces un ejemplar se queda en esta biblioteca y el otro en la otra biblioteca, y así se va multiplicando. El sueño final es que al haberse creado estas bibliotecas de libros cartoneros, producidos por ellos, se vayan sumando otros libros, que no son libros producidos por ellos, que no son cartoneros, pero que van entrando a este espacio de biblioteca y que van generando y trabajando con ellos como lectores. Esa vez funcionó, a mí me parece que funcionó muy bien, yo quedé muy contento, pero es mucho tiempo el que hay que invertir en eso, y es logística y es una serie de cosas que no hemos podido asumir.

VII. Impresión. Piratería.
Al principio, lo que hacíamos era [que] diagramábamos un texto como si fueras a mandarlo a imprenta, imprimíamos un ejemplar en una impresora casera