Consciente de su tradición hispanista, la posición de Úslar ante el mundo, ante el conocimiento y la realidad, parece provenir del estoicismo. Varias líneas de pensamiento confluyen en esa dirección, pero sobre todo una suerte de fresco escepticismo que le permite delinear el panorama más aterrador en lo económico, en lo social, en lo político, ofrecer soluciones y esperar con sabia resignación que no se haga nada para remediarlo. En su larga y lúcida vida debió observar con apagado pasmo como una a una sus advertencias, sus proyecciones, entraban en el panorama de la historia, escapando del a veces iracundo territorio de su escritura analítica, especulativa. Como Cecilio Acosta, imbuido de una cultura clásica pero ofreciendo cátedras de economía, Úslar, que escribió con relajado, distendido delirio sobre la poesía de Arthur Rimbaud o Edgar Allan Poe, presentó sus tiradas estadísticas, sus cifras para el escándalo (acercándose a "esos problemas que los humanistas han mirado con desdén") donde anunciaba la bancarrota del país de no tomarse los correctivos a tiempo. Cuando habló, comenzaba a ser tarde.
Un rasgo que sobresale al leer sus perfiles biográficos, sus rasgos de época o históricos, es el amor por la vida, la intensidad, más bien la vivacidad, que en cierta manera pone su espíritu ante la belleza más allá del bien y del mal. Hay un Úslar-Pietri ensayista que sin duda encontró la medida y el tono del frenesí. Léase el ensayo dedicado a Lope de Aguirre, terriblemente conmovedor, el de Juan Vicente González, el atormentado, o el rumoroso brocado que tejió para hablar de Ifigenia, de Teresa de la Parra.
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Una de las propuestas de mayor trascendencia hecha por Arturo Úslar Pietri fue la de «sembrar el petróleo». En su momento, escribió con una claridad meridiana en torno a un tema que ya era y lo es aún, determinante para el país entero. Las crisis económica y social que habrían de llevar al colapso el país en las décadas del 80, que se prolongó durante prácticamente todo los 90 y protagonizó diversos enfrentamientos entre "pobres y ricos" en los primeros años del siglo XXI, confirman la claridad del análisis que sobre esta materia desarrolló Úslar Pietri, ante un país ensordecido por la abundante riqueza espontánea y que todavía tendría que esperar alrededor de veinte años para ganarse con pleno derecho el nombre de "Venezuela saudita", momento éste culminante y acaso la última oportunidad que tuvo la generación que ocupó el poder desde 1936, a la que perteneció Úslar Pietri, de aprovechar los recursos petroleros para el desarrollo del país.
Su alma de criollo lo llevó también a reflexionar extensamente sobre la educación venezolana, lo cual le permitió elaborar una ley de educación que el Congreso -según sus palabras- se encargó de distorsionar en su contenido, pero que paradójicamente niega lo afirmado sobre el mismo tema en una buena cantidad de ensayos. En efecto, la ley se cuidaba de reglamentar una educación selectiva y excelente, según el modelo de ensoñación del campus universitario norteamericano que el mismo Úslar disfrutaba entonces. El Congreso decidió, en cambio, la educación pública y para todos, lo que precisamente apoya Úslar en muchas oportunidades. Si bien no habla expresamente de educación pública, habla sí de una educación para todos, apegada a la realidad, a las circunstancias propias. La ley -la suya- promovía en cambio una educación necesariamente elitesca, encerrada en los gruesos muros del conocimiento, ajena a la realidad del país, pero puesto a ensayar sobre la educación legada por Simón Rodríguez e incluso Andrés Bello, sugiere que ésta no puede sino enseñar lo necesario para elevar la patria hasta su propia y particular grandeza. Cita de Simón Rodríguez, por ejemplo, que hay que cambiar la educación, pero también el sistema de propiedad y de trabajo.
Otro aporte, poco o nada atendido, es el de la reescritura civilista de la historia, esto es, atender a la gesta la mayoría de las veces anónima de los hombres y mujeres que reflexionaron e imaginaron un país, incluso cuando en las calles hacía fuego y sombra la muerte. La historia, dijo innumerables veces Úslar Pietri, no es un encadenamiento de fechas y lugares de heroicas batallas; la historia no puede seguir siendo sólo la militar, la heroica, la épica, la gesta de la independencia. Proponía escribir nuestra historia a partir, por ejemplo, del maíz. No una historia para la celebración de los llamados días patrios, sino para la comprensión del presente y la edificación del futuro.











