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Archivos de: Junio 2007, 25

UBV: Compromiso con las comunidades (I)

por joseleon71 @ Lunes, 25. Jun, 2007 - 02:10:59 am

(En un post anterior (del miércoles 13 de junio) publiqué la totalidad de un texto-borrador titulado Aportes para la discusión del Proyecto UBV. El texto ha ido creciendo y ahora pienso que es mejor irlo publicando por partes)
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Si algo distingue a la UBV* de las universidades tradicionales es su vinculación con las comunidades. A pesar de este enunciado que sin lugar a dudas se ajusta a la verdad, es exigente una redimensión del concepto “universidad”, en lo cual hay que insistir toda vez que la referencia inmediata corresponde al mundo universitario clásico o tradicional. Sin irnos más lejos, fue hace ya 40 años que la vieja estructura académica se vio sacudida por vientos de renovación. Con el Mayo Francés (1968) y la Renovación Universitaria (1968-69) (sin duda un eco de aquel) los estudiantes de entonces intentaron abrir el claustro a la realidad, a la sociedad plural y diversa. La universidad mal se aviene con la realidad y con cualquier proyecto de transformación. Predicar una misión transformadora como principio axiológico para una institución como la universitaria es un contrasentido histórico. Como lo afirma cáusticamente Enzo del Búfalo (2002), la universidad es una

institución surgida inicialmente de las prácticas mercantiles que el despotismo papal utilizó para regimentar la producción del saber, que empezaba a proliferar fuera de la escuela catedralicia, con el propósito de asegurar su funcionalidad para el orden teocrático que quería consolidar (…)
A decir verdad, la universidad nunca fue un centro de creación de nuevos conocimientos. La universidad fue creada para controlar la transmisión de los nuevos saberes asociados a las prácticas mercantiles y ponerlos bajo el dominio de la fe. Desde el principio, fue un centro de legitimación y normalización de aquellos saberes que venían empleados en la educación de las élites dirigentes: la eclesiástica en primer lugar, pero también la aristocrática y la burguesa. Casi siempre la creación y el desarrollo de saberes nuevos se hizo –al margen y con frecuencia en oposición a la universidad- en el seno mismo de esas prácticas sociales de las cuales surgen y son expresión directa (pp.168-170)

Esta cita de Del Búfalo nos pone en situación de mirar la UBV como contrapoder o vasto dispositivo contracultural. La UBV como espacio para crear conocimiento pero desde prácticas académicas marginales, esto es, la Universidad convertida en un espacio de construcción de las prácticas de investigación y educación que la universidad tradicional soslaya e incluso persigue y castiga. La UBV ha de convertir en central lo que para las Universidades tradicionales es marginal, sospechoso e incluso peligroso, pero ello requiere nuevamente, por nuestra parte, de un esfuerzo de redefinición de los clásicos postulados sobre educación, investigación, conocimiento. En el año 1983, José Manuel Briceño Guerrero, en un texto que luego será citado, afirma que en las universidades sobrevive un hecho milagroso que cura de todo pesimismo radical:

en medio de ese océano de circunstancias adversas hay una micronesia de humanistas y científicos que, exiliados en su propia casa de estudios, mantienen en lo individual las virtudes y las prácticas correspondientes a la esencia de la universidad (124).

De lo que se trataría entonces es que la UBV fuera una suerte de patria hospitalaria para esos exilios, tierra fértil donde lo extraño y la excepción fueran cotidianos. Debemos recordar, además, como Enzo del Búfalo, que

la universidad nunca fue un centro de creación de nuevos conocimientos. La universidad fue creada para controlar la trasmisión de los nuevos saberes asociados a las prácticas mercantiles y ponerlos bajo el dominio de la fe. Desde el principio, fue un centro de legitimación y normalización de aquellos saberes que venían empleados en la educación de las élites dirigentes: la eclesiástica en primer lugar, pero también la aristocrática y la burguesa. Casi siempre la creación y desarrollo de saberes nuevos se hizo –al margen y con frecuencia en oposición a la universidad- en el seno mismo de esas prácticas sociales de las cuales surgen y son expresión directa (pp. 169-170)

Además, las universidades clásicas o tradicionales, devinieron “centros de mercadeo de servicios educativos y en un laboratorio de investigaciones cada vez más integrado a la máquina corporativa” (170). Este pragmatismo condujo a que aquellos conocimientos que no aportaban de manera significativa a dicha máquina se vieran reducidos y obliterados a la hora del financiamiento para investigaciones, y en definitiva calificados de inútiles. Aquellos saberes –afirma Del Búfalo- “que no pueden ser integrados a la producción tecnológica se reducen a simples pasatiempos de individuos particulares sin ninguna relevancia social” (170). No obstante, estos saberes excluidos se resisten a la homogeneización “y con frecuencia plantean la mayor posibilidad de cuestionamientos a los axiomas operativos vigentes” (171).
Además, la universidad tradicional “privilegia el postgrado como la actividad que mejor la conecta con el laboratorio corporativo; mientras que el pregrado se convierte en extensión de la educación media caracterizado por la misma superficialidad y simpleza” (173). Es evidente que dicha simpleza repercute negativamente en la capacidad noética del individuo, quien ve así dilapidada su soberanía. Afirma Del Búfalo que
Mientras mayor sea el espesor noético de una persona, más profunda es su capacidad conceptual, más rica y variada su emocionalidad, más fina su sensibilidad, más amplio su mundo y mayor el dominio de sus circunstancias” (173).

En este mismo orden de ideas, Ramón Reig (2004) afirma que entre las estrategias para el control de las masas por la clásica operación romana del divide et regna, se encuentra, precisamente:

Debilitar todos los planes de estudios. La enseñanza debe ser ante todo técnica, y cuando se trate de enseñanzas sociales y de humanidades, debe ofrecerse sin metodología sincrónica sino, sobre todo, diacrónica. De esta forma, la sociedad termina siendo acrítica (149).

Esto trae a colación una acotación hecha por J. M. Briceño Guerrero (2002), cuando distingue entre Ciencias y Humanidades:

La investigación en Humanidades difiere dimensionalmente de la investigación científica. Mientras ésta busca el aumento del conocimiento en áreas específicas, aquélla busca desentrañar el sentido de la vida (333)

De donde se deduce que existe una tendencia en la educación universitaria tradicional a buscar menos el desentrañamiento de la vida que la especialización en áreas específicas, con el severo inconveniente en que o se pierde el sentido de la ciencia (deja de ser por de pronto “ciencia para la vida”) y a nada responde su aumento, o el sentido es el sinsentido, la irracionalidad. Perdidos el sentido de la vida y de la ciencia, la universidad se desnaturaliza. Se pregunta y se responde el mismo Briceño Guerrero:

En el mundo actual ¿cuáles son los centros de conocimientos, reflexión y autocomprensión que iluminan al estado y al pueblo? Sin duda aquéllos donde se cultivan las ciencias y las humanidades. Entre nosotros ¿qué institución se encarga de ese cultivo? La universidad primariamente, se supone. ¿Qué ha pasado con la universidad? Durante los últimos veinticinco años, para limitarnos a lo vivencial , dos circunstancias han influido sobre ella: el sostenido crecimiento de la matrícula estudiantil y el aumento gigantista de los recursos financieros. ¿Qué ha hecho ante esa situación? Adaptarse pasivamente a la mecanicidad del estado. Ha sido canal selectivo para el ascenso socioeconómico, sus símbolos habilitan para una mayor participación en el reparto. Ha sido efebofrura, su ámbito contiene, retiene y entretiene a jóvenes que en su mayoría no obtendrán patente porque la movilidad vertical no es ilimitada ni mucho menos. Ha sido sinecura para la ociosidad estéril. Ha sido retaguardia logística y centro de reclutamiento en aventuras políticas, paramilitares y hasta hamponiles. Ha sido campo de entrenamiento para los cachorros del sistema. La habitan sectas dogmáticas anti-intelectuales, roscas burocráticas, gremios insaciables, clubes políticos, asociaciones de compadres, cofradías de borrachos –su nombre es legión- la parasitan golosamente, en disputa, la empujan en todas direcciones y ella se agita como un pelele sin ritmo ni concierto. Nadie toma decisiones, las decisiones son la resultante mecánica de las fuerzas en juego a través de una inextinguible polisinodia laberíntica donde se diluye homeopáticamente toda responsabilidad (123)

A esta visión dolorosa, que aunque expuesta para una realidad de hace tres décadas todavía se ajusta a casi la totalidad de la realidad de hoy, debemos responder los implicados en el Proyecto UBV –insisto- con una reformulación del concepto universidad que rompa la tendencia a la tecnologización suicida y comprenda la importancia de encontrar en colectivo, en el marco de una nueva ética, un nuevo sentido a la vida.
Pesa la sentencia aún más anterior del maestro Simón Rodríguez (2004) cuando recuerda, con su ritmo sincopado (escritura para leer y ver, escritura visual, pensamiento grafológico):

INSTRUIR no es EDUCAR
ni la instrucción puede ser equivalente de la Educación
Aunque Instruyendo se Eduque

En prueba de que con acumular conocimientos, extraños al arte de vivir, nada se ha hecho para formar la conducta social –véanse los muchísimos sabios mal criados, que pueblan el país de las ciencias (41)

Más de 150 años después Del Búfalo escribirá: “El objetivo de la universidad corporativa es el de entrenar sin educar” (174)

Simón Rodríguez se refirió también a la hoy llamada Sociedad del Conocimiento, cuando afirmaba a mediados del siglo XIX: “hoy no son pudientes los que TIENEN, sino los que SABEN más: estos deben ocuparse en enseñar, ó en proteger la enseñanza, para poder disponer de masas animadas, nó de autómatas como ántes” (45)… y como ahora, si atendemos a la caracterización del “americano ingenuo” que describe Enzo del Búfalo (2002):

la «ingenuidad» del americano actual manifiesta esencialmente su unidimensionalización, consecuencia necesaria para la homogeneización democrática según el poder de la mayoría. El americano ingenuo de ayer es hoy el zombi que piensa libremente de acuerdo con las pautas del poder corporativo (167)

Esta ingenuidad o ignorancia (“Los jóvenes americanos –dice Del Búfalo- llegan a la universidad ignorantes de ómnibus rebus et quibusdam aliis” (165)), la unidimensionalización y la simplificación emocional, son necesarias para el Poder despótico y su máquina corporativa. Control en la producción de los saberes, manipulación mediática del deseo, y uniformalidad emocional al sernos programada la fantasía y la imaginación. Entre otros elementos, ello se deriva de que la “máquina corporativa”, científico-tecnológica, es refractaria a la poesía, cuando no desdeñosamente hostil, siendo que la poesía “es la entrada a la multidimensionalidad del ser” (Del Búfalo: 177), lo que ayudaría a cumplir la prerrogativa de J. M. Briceño Guerrero, cuando afirma que las Humanidades contribuyen a esclarecer el sentido de la vida. En este sentido, vale la pena observar que la poesía, que enfrenta su más dura batalla –histórica- contra el pensamiento único (ignorante y promotor de la ignorancia y fascista)

establece conexiones rizomáticas y coloca al individuo en una multiplicidad de relaciones que se resisten a ser reducidas a la uniformidad. La poesía es expresión de la riqueza noética del sujeto, de su creatividad en la apropiación de la realidad, de su soberanía sustentada por el deseo productivo, de su individualidad que disuelve su núcleo duro, personal, en la singularidad del acontecimiento (Del Búfalo: 177)

Es considerando esta dirección que habría de entender –y replantear- lo que se conoció en la UBV como componente “estético-lúdico”. En efecto, la dimensión poética implícita en este componente se practicó, según creo, siguiendo la dinámica de producción de conocimiento que impuso la racionalidad occidental científico técnica que antepone a la verdad de un saber, los “efectos pragmáticos”. Exigir a la poesía, a la música, al teatro, etc., “productos” es reducir a nada sus verdaderos efectos, los cuales apuntan precisamente a la multiplicidad. Simón Rodríguez advertía: “Lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa” (77). Al poder corporativo la poesía –y la filosofía- no pueden interesarle, porque son irreductibles a la unidimensionalización, de ahí que busquen como sea instrumentalizarlas de acuerdo al ideal positivista que persigue un vacío conceptual enmascarado en un formalismo riguroso. La inutilidad de la poesía y la filosofía se enfrentan a las aplicaciones tecnológicas efectivas, lo que implica excluir a priori

la posibilidad de toda revisión crítica de la axiomática; es decir, del recorte de realidad establecido y su vinculación con las prácticas sociales que sustentan ese recorte y de esta manera soslayar toda referencia a las relaciones de poder que tejen tales prácticas (171)

La poesía y la filosofía –desde la universidad corporativa- se reducen a “recortes” de la realidad, lo que significa recortarlas del “continuum fenoménico” y a dejarlas sin sentido. La poesía y el componente estético-lúdico deberían contribuir a que la cotidianidad, y en un sentido amplio nuestra realidad, se viva como poesía

es decir, como realización del deseo productivo en una multiplicidad de acontecimientos singulares en los cuales los individuos se individualizan. El acontecimiento es la singularización de una multiplicidad que tiene una intensidad afectiva, en el cual el sujeto se desdibuja y el ser se disuelve; el acontecimiento es una individuación de afectos y procesos.

Lo que redundará en el P-UBV-C, toda vez que

Para que el individuo soberano pueda llegar a apropiarse de toda la potencia social deberá convertirse en individuo social: una figura que se individualiza en los acontecimientos.

Con lo que la implicación de la comunidad de sujetos soberanos de la UBV dejaría de ser unidad trascendente al plano social, sino antes bien, inmanente. Lo estético-lúdico no debe consistir, pues, en actividades recortadas del continuum, “segmentadas por bloques distintos de prácticas”, sino en una perspectiva ante el conocimiento que nos conduzca a la multiplicidad (por la vía de la transversalidad y la integralidad), al conocimiento del ser y de la realidad, y a saberes integrados a prácticas sociales que los producen y determinan.

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* Algunas siglas empleadas:
UBV: Universidad Bolivariana de Venezuela
UC: Unidad Curricular
P-UBV-C: Proyecto UBV-Comunidad
C-IAP: Colectivos de Investigación Acción Participativa
CC: Consejo Comunal
CP: Calendario Productivo

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Bibliografía

- CARRERA DAMAS, Germán (1997) Una nación llamada Venezuela. Monte Ávila: Caracas
- DEL BÚFALO, Enzo (2002) Americanismo y democracia. Monte Ávila: Caracas
- DELVAL, Juan (2002) La escuela posible. Cómo hacer una reforma de la educación. Ariel: España
- LIPOVETSKY, Gilles (2000) El imperio de lo efímero. Anagrama: Barcelona
- REIG, Ramón (2004) Dioses y diablos mediático. Cómo manipula el Poder a través de los medios de comunicación. Urano Tendencias: Barcelona
- RODRÍGUEZ, Simón (2004) Inventamos o Erramos. Ministro de Estado Para La Cultura, Ministerio de la Cultura. Monte Ávila: Caracas


 
 

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