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Archivos de: Junio 2007, 12

Memoria y Maracaibo

por joseleon71 @ Martes, 12. Jun, 2007 - 08:35:43 am

En la pintura de Luis Urdaneta

Puertas y ventanas

Acaso ocurre en todas partes, pero en nuestro país y en particular en Maracaibo, han quedado al descubierto algunos modos de construir la desmemoria, el desarraigo. Sabemos lo decisivo que es para el poder esta construcción que lleva aparejado el signo de la destrucción, sabemos que el desarrollo y el progreso según las claves de Occidente requieren borrar los referentes y, más que los referentes, los elementos constitutivos de la memoria de los sujetos, esos que le permiten el ser y el arraigo, para, sobre la base de este arrasamiento, montar las tiendas de su discurso globalizador.
Mosaicos
El progreso tiene, pues, una forma muy particular de sembrar sus bases: arrasa la superficie construida y aventa a los pobladores a su suerte, rotos los contextos de vida que los hacen ser y hacer. Como sabemos, el trabajo cuando es liberador, está hecho a pulso con el contexto, en un escenario cotidiano y familiar. Trabajo productivo vinculado a necesidades reales de subsistencia y articulado a una red de mercados locales. El trabajo del capitalismo requiere despersonalización y deshumanización, y sabe el capitalismo que una persona sin arraigos está lista para hacer lo que sea porque ha quedado en el aire, sometida a los vaivenes del mercado laboral, a las inclemencias de la flexibilidad y la inseguridad social, sin posibilidad de resistir ni capacidad para rescindir ningún contrato (cuando ocurre) aunque establezca condiciones leoninas o simplemente perversas, en otras palabras, sin fueros para reclamar derecho a vivir y trabajar en dignidad.
En Maracaibo, dos barrios tradicionales fueron destruidos, hace 37 años. El Saladillo y El Empedrao. Buena parte de la imagen que se tiene hoy de la ciudad y de su gente, se debe a esos dos barrios que ya no existen.

Mapa de almagre

La imagen de una Maracaibo conversadora, hospitalaria, de buen reír y buen comer, sienta sus bases sobre territorios sometidos a la picota del progreso, a esa fábrica impersonal y abstracta de intemperie.
Un momento de la pintura de Luis Urdaneta revela los trazos de la escritura de esta destrucción, su sintaxis estallada. Mosaicos, rosetones, gárgolas, restos, escombros. Están dispersos los fragmentos de aquel sueño que fue el Saladillo, que fue El Empedrao. Los pedazos podemos recogerlos casi en cualquier parte de Maracaibo, y el proceso político que hoy vivimos se detiene en la reconstrucción, la reconfiguración de esa memoria cortada, ansiosa de unidad. La modulación de una unidad que nos permita vencer al progreso de Occidente ofreciendo nuestras memorias sometidas al aluvión del desplazamiento pero en diálogo y en construcción.
Ya no son posibles esos barrios, pero sí una memoria que nos permita construir una Maracaibo religada al Puerto, al Lago, a las piraguas. La ciudad de la brisa y el sol, de la plaza, del frente, del patio. Una memoria que nos reencuentre luego de la diáspora para construir una ciudad al margen del capitalismo desmemoriado, que nos quiso nadie, sin nosotros, tachados. Esa Maracaibo es posible y la escuchamos y sentimos en los barrios periféricos de la ciudad. La escuchamos al interior de las barriadas construidas de la noche a la mañana, lejos del Centro, a veces en paisajes inhóspitos, montaraces, abandonados pero con alambre de púas, en casas sin más fundación que la necesidad de un techo y cuatro paredes.
Han pasado cerca de cuarenta años. Los niños del Saladillo son hoy hombres y mujeres, muchos ancianos han muerto, otros viven y rumian el pasado. Ahí está Santa Lucía, ahí están pese a todo, las casas que rodean al viejo Hospital de Niños, Veritas, Belloso, ese pedacito de las Antillas que ofrece su rostro a las lanchas que hoy vienen de Los Puertos de Altagracia, El Malecón, Los Haticos… como rodeando la ausencia.
Hace poco mi hijo –hoy de cinco años- nos pidió que le contáramos la historia de la destrucción del Saladillo, de las casas altas y de las grandes ventanas. Un azar de callecitas y vericuetos (per angostam viam) nos condujo a las construcciones sobrevivientes que miran de frente al Caribe, absortas de sol.
“Me gusta pensar en eso”, nos dijo.

Detalles

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Ver:
http://www.serbi.luz.edu.ve/portal/proyectos/portal/el_saladillo/galeria_del_saladillo.htm


 
 

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