Antonio Pasquali publica Bienvenido Global Village (Monte Ávila, 1998) en el año en que llega al poder Hugo Chávez. El estancamiento del país y la desesperanza en todos los sectores era evidente y palpable. El tono del libro que citamos es cáustico y demoledor, la molestia por la situación del país trasluce en todas sus páginas, y la necesidad de un cambio era agitado con infinidad de argumentaciones. Pero la desmemoria es un atributo del sistema, y Pasquali, en otrora lúcido, es ahora un lamentable repetidor de las opacas consignas de la derecha mediática. La operación de citar algunos pocos pasajes de aquella reflexión suya es algo más que un traer a la memoria sus puntualísimas precisiones. Intento contribuir al esclarecimiento de lo que esconde la campaña contra Venezuela y su gobierno, el orquestamiento de fuerzas que se niegan a aceptar las razones que ya expuso lúcidamente Pasquali y que nacían de una lectura desaprensiva de la realidad de entonces. Se han cometido errores, sin duda, pero buena parte del programa democratizador que sugirió apasionadamente el comunicólogo venezolano se ha ido cumpliendo y adelantando, y si tuviera la modestia de mirarse, de leerse a sí mismo, se encontrara con una realidad que viene a revalidar y confirmar los argumentos suyos de hace apenas una década.
Veámoslos de cerca, y hagamos la necesaria pero tan difícil –según parece para algunos sectores, no importa el nivel de acercamiento a la materia- extrapolación, esos mutatis mutandi que son el fruto de un pensar sereno, objetivamente.
Por ejemplo, Pasquali creía que la ola privatizadora era un destino terrible pero irreversible y casi inevitable, de modo que no había mucho que esperar, toda vez que la plutocracia sabe velar por sus intereses y no por los de la sociedad mayoritaria. De ahí que
“Aunque todas las concesiones son reversible (como está ocurriendo precisamente hoy), este efecto perverso de las privatizaciones debe ser puesto, hoy por hoy, en la lista de lo que podemos esperar: se nos darán las telecomunicaciones mínima necesarias, en condiciones aceptables de funcionamiento y productividad, y en estricta simetría contable con nuestro nivel de riqueza o pobreza; pero no habrá esfuerzos adicionales para poner más telecomunicaciones a generar más desarrollo.”
Pasquali erró levemente. La ola privatizadora la detuvo Chávez, y recientemente nacionalizó CANTV, tristemente vendida en su momento. No se equivocó en nada cuando argumentó sobre lo difícil que sería hacer entrar en razón la sinrazón del mercado neoliberal, su intrínseca irracionalidad. Contra el capitalismo depredador es que en Venezuela estamos luchando, amplios, diversos y plurales sectores. Y sabemos como lo supo y olvidó Pasquali, que sólo democratizando los medios es posible construir una Venezuela más justa.
Luego de una descarnada descripción del estado deplorable de las telecomunicaciones venezolanas y latinoamericanas, que sin embargo enriquecían año con año a los dueños de los medios vía escandalosas sumas por concepto de publicidad, inversiones y ganancias que crecían nada paradójicamente a un ritmo inversamente proporcional a la debacle económica de los países, sometidos a ajustes y paquetes neoliberales, decía:
“El esbozo hasta aquí trazado de un subcontinente incomunicado revela carencias, imprevisiones, irresponsabilidad y complicidades de tal magnitud (en nombre de la globalización) que el llamado a algún tipo de deber pareciera insoslayable. Si el término ha de evocar una reacción ética, será justo en el sentido de una praxis ético-socio-política que niegue el presente-real, que lo declare irracional y que luce por la utopía concreta de comunicaciones suficientes, dignas, abiertas con reciprocidad, útiles a un progreso y bienestar de definición endógena, generadoras de autoestima, sin confiscadotes ni acaparadores. No hay recetas universales: cada quien, desde su país, sociedad o grupo, enfrentado a obstáculos disímiles cargados de fuerzas inerciales propias, habrá de precisarse a sí mismo el orden de prioridades y las estrategias de una praxis sensibilizadota, social o abiertamente política. La reciente historia mundial ha exacerbado las arrogancias y allanado el camino a los mariscales de un nuevo orden global. Las comunicaciones, hoy más controladas que nunca, son su punta de lanza. Quienes luchan por liberar la comunicación, por una pluralidad de voces, ocupan la línea del frente” (pp. 234-236).
A buen entendedor…
(…Continuará)











