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Consejo Comunal en Isla Dorada

por joseleon71 @ Domingo, 15. Abr, 2007 - 10:23:30 am

Isla Dorada
(Foto de Bárbara Muñoz http://www.bmfoto.blogspot.com/ )

I
El 12 de abril de 2002 nos encontrábamos reunidos en mi casa con la familia de mi suegro. Había en la ciudad una feria del libro y él había sido invitado. Pegados al televisor, observábamos cómo se sucedían los acontecimientos (los mediáticos, claro) y nos colmaba la indignación. Varias veces aseguré que lo teníamos bien merecido por estúpidos, y que ahora sí íbamos a saber lo que era una dictadura. En un momento salí al frente del edificio y coincidí con una señora que despreciaba y creo que todavía, el gobierno bolivariano y en especial a Chávez, y cruzamos amargas palabras, sobre todo cuando afirmó que por fin íbamos a tener un presidente responsable porque Carmona era un empresario. Existe un código de convivencia con estos vecinos, a los que mi esposa y yo queremos y respetamos, y es no tocar el tema de la política directamente, porque en muchos casos resulta que cuando nos vamos por la periferia nos encontramos y coincidimos (allí está la solidaridad, por ejemplo), sólo que con Chávez coincidir en la periferia es coincidir en el corazón, en el centro. De eso no se da cuenta el o la vecina, pero mi esposa y yo sí. El hecho es que ese día no coincidimos, los ánimos no estaban como para salir a dar una excursión por las márgenes, y cruzamos palabras innecesarias, vecinalmente torpes. No era fácil mantener la compostura, parecía que nos hundíamos en una barbarie política, una persecución desmedida, visible y mediática para los visibles, invisible y terrible para los invisibles (de más está decir que la primera, la visible, era para entusiasmar la invisible, para educar, para mostrar hasta donde se podía llegar, lo que deja a la imaginación cómo iba a ser la represión, que por cierto, ya había comenzado en Caracas, en Maracaibo y en otras ciudades, con allanamientos en oficinas públicas y casas, cacerías y muertos en las calles, con médicos y delegaciones cubanas diversas, aquí en Maracaibo, concentradas en un estadio, como en Chile.)
El 13 de abril comienza a cambiar el panorama. Y me veo llamando a mi madre de un teléfono público al pie del edificio, dándole para que se calmara el último reporte, que Chávez estaba bien, en una isla, y que ya habían salido a buscarlo. Los nuestros volvían a Miraflores. Lo demás es sabido.

II
Cuento esto porque vivo en Maracaibo, en un lugar que se llama Isla Dorada, un conjunto residencial construido sobre un islote artificial.

III
Lo cuento porque esos días la intolerancia y la violencia política habían alcanzado niveles preocupantes. En ese momento ser chavista y ser reconocido como tal era un asunto peligroso (en algunas partes sigue siéndolo.) Nuestra defensa era íntima: ojalá y lo tumben pa’ que sepan lo que es la mierda. Cosas así, expresiones de la rabia.
Los cacerolazos eran continuos, aunque como la residencia está definitivamente aislada de la ciudad, no tenían mucho sentido y rápidamente se apagaban. Cuando cobraban ánimo era porque se buscaba con ahínco que atravesaran la distancia de agua que los separaba de la Primera División del Ejército (conocida como la “Barraca”, nombre popular que le quedó de los días cuando eso era un barracón para los reclutados a la fuerza y cuando defender la patria de los adecos daba asco.) De resto, algunas marchas que cubrían los dos kilómetros y los tres puentecitos que hay hasta “tierra firme”.
Con el retorno de Chávez al poder todo cambió súbitamente, silencio y desconcierto por parte de los adversarios, uno que otro rumiando. Duró poco, como todos saben, porque los medios supieron crear las condiciones para iniciar en los primeros días de diciembre ¡de ese mismo año! el paro empresarial indefinido acompañado del sabotaje a la industria petrolera.
Tres meses de escasez de alimentos y de energía. En esos tres meses la figura del Chávez líder se acrecentó: escucharlo era calmarse, esperanzarse y agarrar fuerzas. Su presencia era un aliciente, nunca un placebo; Chávez tiene la facultad de comunicar confianza. Eso es inexplicable, lo sé, en un mundo donde la confianza no existe. Lo cierto es que el pueblo se juntó para cocinar y comer, se solidarizó y compartió, en las largas colas de días se rió, jugó y aguantó sin agresiones (no sé ni escuché de ningún caso de violencia en las estaciones de servicio), tomó las instalaciones de PDVSA, muchos veteranos jubilados de la industria volvieron, con los que quedaron, venciendo el chantaje y la persecución, vencieron el sabotaje electrónico, levantaron la producción, mantuvieron crudo fluyendo en las tuberías, movieron barcos.
Reconstruir esos días es para nosotros una gran escuela; vale la pena volver a ellos para saber de qué somos capaces.

IV
Pero bueno, digo esto porque el tiempo ha pasado. Ya hace exactamente 5 años de aquel 11 de abril. A raíz del paro y del sabotaje las Misiones nacieron colmadas de sentido. La seguridad alimentaria y la salud resultaron esenciales. Mercal y Barrio Adentro. Redes populares de alimentación y salud. Educación en todos los niveles, formación política en todos los niveles, acrecentamiento de la conciencia bolivariana.
Etc.
Lejos de mí la enumeración caótica y rimbombante.
Han pasado 5 años exactos, y hoy 13 de abril de 2007, aquí en Isla Dorada, los vecinos comenzamos a juntarnos para construir un Consejo Comunal. Sin mencionar a Chávez salvo con la expresión –la más cercana- “el señor que está en Caracas”, hemos acordado las primeras actividades, el censo y la promoción del Consejo.

V
¿Cómo decirlo? Hace 5 años, esto era impensable. No sé si Venezuela cambió para siempre. En todo caso lo está haciendo a pasos acelerados. Y me parece eso sí, que no hay vuelta atrás. Hay ideas que prenden íntimamente. Y unas ganas incoercibles de vivir nos remiten a nuestra condición: solos imposible; juntos solamente.

Isla Dorada Atardecer


 
 

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