Texto de Ylich Carvajal.
Hace cinco años, lo peor que política y económicamente le ha pasado al Zulia, Manuel Rosales, asistía en traje de gala a la firma del decreto con el que la dictadura de Pedro Carmona “El Breve” pretendió adueñarse del país.
A cinco años de aquel festín de buitres, el Ministerio Público aún deshoja la margarita para ver que hace con los llamados “carmonafirmantes”, Carmona mismo disfruta de su exilio dorado (vacaciones permanentes en cualquier parte del mundo menos en Colombia) y Manuel Rosales, que luego apoyó sin disimulo el sabotaje a Pdvsa entre diciembre 2002-enero 2003 y se metió en cuanto guiso la oposición recalcitrante y reaccionaria y el gobierno de los EE UU preparó en contra de la democracia venezolana, se dio el “gusto” de ser candidato a la Presidencia de la República, con todas las garantías que dan la Constitución y las leyes contra las que él mismo atentó.
Mi abuela solía decir que “es bueno el cilantro, pero no tanto”. ¿Hasta cuándo con el fulano? ¿Hasta cuándo tenemos que calarnos a Rosales? Es por demás asombroso, por no decir bochornoso, vergonzoso, escandaloso, realmente fatigoso, que se cumpla la mitad del periodo para el cual fue electo como gobernador y los partidos de la revolución (PCV, PPT, Podemos, MVR o lo que queda tras su autoliquidación, Lago y todas las siglas que aparecen en el tarjetón electoral) no digan “algo”, ni “pío” sobre la necesidad, la necesidad que tiene el Zulia de salir de Rosales.
Me han contado que algunos dirigentes chavistas del Zulia dicen en baja voz, en privado, que “no es conveniente” solicitar el revocatorio, que, “recoger las firmas no es fácil”, que, “si no se las recogemos el tipo se fortalece”, que, “no se puede negar que él tiene apoyo”, que, “lo que podemos es terminar dando pena”, ante tanto “es que”, ante tanta cobardía, uno no sabe si llorar o vomitar.
Manuel Rosales es revocable. Hoy, más que nunca, hay ovarios y cojones en el Zulia –más de lo primero que de lo segundo- para sacarlo como se merece, por mandato directo del pueblo y les voy mostrar cómo.
Veamos primero los números. La ecuación es simple, los chavistas somos mayoría.
La Constitución Bolivariana, la que Rosales disfruta pero no respeta, dice en su artículo 72 que se requiere la firma del 20% de los inscritos en el Registro Electoral (RE) para solicitar el referendo revocatorio. Eso son nada más y nada menos que (de acuerdo con el RE usado en diciembre 2006) 391 mil 812 votos. ¿Y? ¿Te enculillaste?, pá que sepáis, esos votos y más los tenemos.
Chávez fue reelecto presidente, en el Zulia, con 724 mil 254 votos, o sea, 332 mil 442 votos más de las firmas que se requieren para que el CNE apruebe el referendo revocatorio contra Rosales. ¿Hay o no hay fuerza para sacarlo?
La cobardía, que a veces se disfraza de sesudo analista político, se apresurará en decir que una cosa es solicitar el referendo y otra muy distinta es ganar el referendo. Argumentarán seguramente que si bien Rosales fue electo gobernador con 483 mil 924 votos, una cifra que es posible alcanzar con base a los 724 mil 254 votos que Chávez sacó durante las elecciones pasadas en el Zulia, como candidato a la presidencia de la República Manuel Rosales logró 682 mil 992 votos en la región, es decir, su votación se incrementó 199 mil 68 votos.
Nada mal en verdad, pero la pregunta pertinente en este momento, vistos los números, que no nos desfavorecen, al fin y al cabo Chávez derrotó a Rosales en el Zulia, 724 mil 254 votos chavistas siguen siendo más que 682 mil 992 votos rosalistas, aunque Rosales creciera casi 200 mil, la pregunta pertinente en este momento, repito, es ¿saldrían los zulianos de la oposición a votar a favor de Rosales en un referendo revocatorio? ¿Qué harían los zulianos que se identifican con el chavismo?
Los números de las elecciones pasadas son una referencia importante, pero no lo son todo. El escenario de las elecciones presidenciales no se compara con el de un referendo revocatorio. En el primero, a Rosales nadie le pidió cuentas por el deterioro creciente en el que se encuentra el Zulia, tenía la ventaja de tener a Chávez de oponente. Sí, fue una ventaja para él, muchísimas personas votaron por Rosales en contra de Chávez, pero no porque creyeran, apoyaran o estuvieran satisfechos con la gestión de gobierno de Rosales. En ese escenario era el mal menor, para algunos sectores de la oposición.
Pero ante el escenario de un referendo revocatorio las cosas para Manuel Rosales cambiarían radicalmente. Sería Rosales contra Rosales, se cocinaría en su propia salsa, él y su deplorable gestión de gobierno, si es que así puede llamarse a su desgobierno.
Este gobernador es revocable porque le debe a todos los funcionarios al servicio del Ejecutivo –el caso más conocido, el de los pensionados y jubilados, cuyo dinero, 50,1 millardos, Rosales desvió sabrá Dios a donde- es sólo la punta de un bloque de hielo más grande que el que hundió al Titanic.
Rosales es revocable porque el deterioro espantoso de la vialidad en el Zulia, tanto de las carreteras del estado como la agrícola y la urbana, es inocultable, porque cientos de niños siguen escuchando clases bajo un árbol, en la cancha del colegio o donde mejor puedan, porque las reparaciones que se supone iban a hacer a las escuelas del estado nunca se terminaron. Al igual que la red ambulatoria, las escuelas están en veremos, a medio terminar o peor aún, paralizadas.
Rosales es revocable porque en seis años de gobernador no ha construido una urbanización para sectores populares, no tiene un proyecto de vivienda que mostrar, no tiene una obra, ni una sola malaya obra importante, útil, trascendente, que mostrar en vivienda, salud, educación, deportes, vialidad, aguas –potables o residuales-, gas, agricultura, transporte, saneamiento ambiental, turismo, ¡nada! ¡nada! ¡absolutamente nada! ¡no ha hecho un coño por el Zulia! Y ya va siendo hora de que rinda cuentas de los cuantiosos, mil millonarios recursos que ha manejado.
El deterioro del Zulia es cada día mayor. La situación de inseguridad generada por la misma Policía Regional es ya tan insoportable que hasta los mismos agentes de policía denuncian las conexiones de la llamada PR con el hampa que campea. Las deudas, tanto a empleados como a contratistas y proveedores son incontables y se cree que impagables dada su dimensión. El desorden administrativo es inimaginable, caos total, con decirles que la Gobernación ha reconocido que no sabe cuanta gente trabaja para ella y cuanto les debe.
¡Hay que sacarlo! Por amor al Zulia, por respeto a nosotros mismos, ¡hay que sacarlo! Dejar a Rosales dos años más en la gobernación es terminar de hundir al Zulia, es acelerar un proceso de deterioro que va, desde las pilas del Puente Sobre el Lago –se está cayendo a pedazos- hasta el hecho de que enfermedades como la rabia, dengue, lechina, paludismo, aún circulan raudas por la región.
Además, Rosales sabe que no tiene futuro político, el papel de líder de la oposición le quedó grande, me imagino que, entre otras cosas, por sus dificultades para leer y escribir, por eso dejarlo dos años más en la gobernación es decretar la rapiña total de los recursos de los que aún dispone y dispondrá el Zulia. La frase “raspar la olla” se va a quedar chiquita ante lo que viene. ¿A él qué le importa? Sabe que le espera, al estilo Carmona, su exilio dorado en Miami, protegido por el manto de la impunidad.
Manuel Rosales es revocable y hay que sacarlo. Quienes dicen que no es posible o conveniente, auque se autodenominen chavistas y hasta digan ser dirigentes de la revolución, sólo demuestran su ignorancia, su indolencia, ante los males que bajo el gobierno de Rosales vienen sufriendo los zulianos.
El silencio cómplice de la clase dirigente del chavismo en el Zulia ante la urgente necesidad de salir de Rosales sólo es comprensible si se le ve, como dice una amiga, por el lado de los cobres.
Pero los zulianos que padecemos este nefasto gobierno regional, que vemos con impotencia como la gobernación, incluso, se ha convertido en un obstáculo para que las misiones y otros planes, proyectos y programas de la revolución bolivariana se desarrollen y fructifiquen en el Zulia, no podemos callar más.
Una de las formas en las que el pueblo habla en democracia y en eso es clara la Constitución Bolivariana es el referendo, por ello, si los rectores del CNE tienen el acierto, el tino, la iluminación divina y digna de permitir que se recojan las firmas contra Manuel Rosales nuestro grito de “¡fuera!” debe ser mayoritario, simple, seco y contundente, como una patada en el trasero.
Saludos a todos y todas
Makarenko











