Proyecto
Con Hinkelammert se plantean dos tipos de aprendizaje, el que ocurre por “trial and error” (ensayo y error, que por su expresión en inglés ya sabemos de donde proviene, en términos claro, epistemológicos, y no podemos sino reparar en la diferencia sutil con respecto a la famosa frase de nuestro maestro Simón Rodríguez: “O inventamos o erramos”, donde el error es precisamente no inventar), y el de la racionalidad reproductiva. El primero consiste en “la repetición del experimento en condiciones variantes hasta que haya un resultado” (65). Se trata de encontrar los medios para lograr un fin. Pero acaso lo más significativo de este tipo de aprendizaje es que ocurra en la definición de un tiempo reversible, esto es, que la experimentación pueda ocurrir, como de hecho, en un tiempo espacio como suspendido puesto que el experimento se puede repetir, una y otra vez. Claro está, esto es posible en comunidades de laboratorio, en poblaciones encapsuladas, no sometidas a los cambios aleatorios de la realidad. Estamos hablando de condiciones simuladas de realidad, de modo que los resultados de los experimentos realizados en estas condiciones asépticas, desapegadas de la realidad, darán resultados necesariamente asépticos, desapegados de la realidad, pero claro está, ajustados a una realidad de laboratorio que luego se intentará ajustar a la realidad real, a como de lugar, y si resulta, como obviamente resultará, que los resultados no se ajustan y que pese a la implementación a juro nada se logró, entonces se concluirá que el problema está en la realidad, porque la ciencia, cuando se aplica el método tal como está prescrito, es infalible. Esta situación aquí descrita y caricaturizada no se aleja sin embargo, demasiado, de lo que ocurre en la realidad. Ciertamente, ese ha sido el modelo de aprendizaje que conocemos, y el que practicamos, con las dificultadas de fondo aquí apenas esbozadas.
Hinkelammert habla entonces de un aprendizaje según la racionalidad reproductiva, esto es que afirma la vida, y cuando afirma la vida no lo hace en términos teóricos sino en términos muy concretos. Es la vida que vivimos, los seres humanos concretos y necesitados. La educación que conocemos no parte ni se dirige a sujetos concretos y necesitados, pues postula estudiantes que serán alguien en la vida, es decir, que en el lapsus de laboratorio, de aislamiento, de encapsulamiento o enclaustramiento educativo no son, sino que serán. Y serán completamente, se realizarán, cuando ingresen al “mercado de trabajo”. La diferencia con los estudiantes que requerimos para la educación del Siglo XXI salta a la vista, porque estamos hablando de estudiantes que ya son, en tanto que sujetos. Luego, no están encerrados en un laboratorio experimentando en realidades simuladas de tiempo espacio reversible, sino en comunidades vivas, expuestos al error, al fracaso. La educación anterior saca de la vida y lleva a la persona a vivir una suerte de esquizofrenia producto de vivir desfasada de la realidad. De ahí que las personas “estudiosas” se encierren en los libros porque se trata de la “única realidad” que tienen ante los ojos. Ciertamente podemos ir a una comunidad como se va a un laboratorio, y es lo que me temo que ha ocurrido, esto es, creemos que estamos en comunidades de tiempo espacio reversible, donde podemos experimentar, ver qué pasa, y si no funciona volver a intentarlo de otra manera. Además, la racionalidad medio-fin que nos lleva a trabajar en esas comunidades postula que podemos hacer proyecto en lapsos académicos administrativos, lo que acentúa el carácter de laboratorio de la experiencia de aprendizaje. Se dirá que no hay manera de hacerlo de otro modo porque efectivamente se trata de una Universidad que tiene que cumplir los lapsos administrativos que le corresponde, como cualquier otra universidad, y es aquí donde comienza el problema, porque no se trata de otra universidad, puesto que las otras renunciaron a la vida y se encerraron en sus laboratorios (y salones de clase), la nuestra no puede renunciar a la vida porque es ella la que le da sentido, y cuando eso ocurre es (ha de ser, necesariamente) la administración la primera impactada. Ciertamente la administración que conocemos funciona en realidades simuladas, ficticias, irreales, en el marco de una realidad simulada, ficticia e irreal. Necesitamos otra administración, una que no se admita encerrada en un tiempo reversible, una que se ajuste no a una realidad prevista sino abierta a las sorpresas, a lo indeterminado. La trampa del sistema de la racionalidad medio-fin es hacernos creer que se debe pre-ver para poder planificar, y es aquí cuando insisto en que se pre-ve y planifica realidades simuladas, ficticias e irreales, de acuerdo a la racionalidad medio fin que se mueve en espacios tiempos reversibles. Cuando salimos de ese marco categorial y asumimos la realidad real, la planificación debe hacer otro tanto, y como el único proyecto que cuenta en esta realidad es vivir, pues ese es el proyecto que debemos planificar.
¿Cómo planificamos vivir? Las respuestas pueden ser variadas, infinitas, pero sin duda que podemos coincidir en que tenemos que resolver cosas esenciales dictadas por el sentido común (algo de que carece el aprendizaje por ensayo y error y la racionalidad medio fin, que sólo confía en la racionalidad que todo lo comprueba –en un laboratorio-, aislado de la realidad): estar con los otros, comer, vestirse, etc. Como hemos vivido y crecido en una educación que privilegia lo irreal, entonces creemos que existe algo como conocimientos científicos para ser aplicados en comunidades, en el tránsito descuidamos la vida y a los seres humanos concretos y necesitados. Y no hablo de renunciar a los libros o a las teorías, hablo de que debemos leer y construir teorías fuera de los laboratorios, esto es, en la realidad real, con la gente, entre todos, de lo contrario estaríamos asumiendo que existe algo pre-diseñado para la construcción del conocimiento y que hay una comunidad y habitantes que recibirán como un maná el conocimiento preclaro de entusiastas universitarios. (Y ojo: pienso que hay cosas que deben ser estudiadas en laboratorios, el problema que denuncio es la conversión de todos los problemas en asuntos de laboratorio.) No necesitamos universitarios, sino sujetos, personas. Así pues, la adminitración debe trabajar con sujetos, con personas, no con profesores y estudiantes. Se dirá ¿y entonces? Bueno, necesitamos una administración que borre la división social del trabajo, yo soy profesor, tú eres estudiante. Y luego de borrada, cuando somos iguales ante el misterio y el asombro de la realidad, ¿dónde queda la condición de profesor, mi sueldo, mis privilegios? Podemos decir que en la práctica educativa es donde podemos borrar las diferencias, pero que a la hora administrativa la administración sabe que yo soy profesor y que el estudiante es estudiante, y cualquiera con cuatro dedos de frente puede afirmar aquí que así y sólo así puede ser, pero entonces cabe la reflexión, antiquísima como Cristo: ¿se pueden servir a dos amos?, ¿el vino nuevo no rompe el odre viejo?, etc. Porque ciertamente, la administración que como sabemos responde a una realidad irreal, propia de la racionalidad medio fin y en un espacio tiempo reversible, postula empleados y estudiantes también irreales, es decir, no postula a sujetos concretos y necesitados, de ser así, no crearía horarios pre-diseñados, y rutinas de trabajo pre-vistas. Una cosa –la administración- viene con la otra –la irrealidad-. Y los dos mundos son paralelos, no se encuentran y son irreconciliables, corresponden, exactamente hablando, a dos realidades distintas.
Necesitamos construir una administración para la vida, con valores no ligados a la competencia, al éxito, sino a la solidaridad y al respeto por los otros, una administración subjetiva, intersubjetiva, de sujetos emancipados, esto es, una administración en la que todos administremos, seamos responsables, manejemos juntos los recursos, en un ámbito de cotidiana transparencia. La administración que necesitamos no puede tomar decisiones al margen de los sujetos concretos y necesitados cuya suerte dice administrar, la nueva administración se hace con la participación de todos, de modo que sus decisiones las tomó el colectivo para todos. En la nueva administración no puede haber pugnas por conquistar espacios de poder, porque todo el espacio real es de poder, y donde todo es poder, nadie lo tiene específicamente, concentrado en sus manos e intereses, de grupo, clientelar o partidista. Para que esta administración pueda existir se requiere entre otras cosas corresponsabilidad, esto es, que como todos somos sujetos, cada quien tiene cosas que hacer, puesto que está vivo. Sólo que su estar vivo ocurre en el marco de una comunidad, comparte su vida con los otros, tan concretos y necesitados como él. Ahora bien, no se trata de hacer cada quien lo que tiene que hacer pero de manera aislada y sin conexión con los demás (como ocurre precisamente en la administración tradicional que se sigue con la racionalidad medio-fin), se trata de trabajar juntos en el mismo proyecto, no importa la tarea que nos toque hoy. Pero ese trabajar en el mismo proyecto se convierte para la vieja administración en una bella frase retórica y de hecho la usa, de lo que se trata es de construir un proyecto concreto y necesario, que nos permita salvarnos la vida, porque de la vida y no de otra cosa se trata. ¿Qué nos cuesta dar con un proyecto así? Pues he ahí una muestra evidente de lo alejados que estamos de la vida y por ende, de los proyectos que necesitamos para salvarnos. Por cierto, los proyectos para vivir son muy concretos, muy específicos y cada acción está orientada por el alto requerimiento de seguir vivos. Y como tenemos, producto de una educación que nos mantuvo alejados de la realidad, condición necesaria y suficiente para que el sistema capitalista consumista pudiera prevalecer sin contradicción y sin aparente solución de continuidad, una visión muy deprimida de la vida, necesitamos con suma urgencia revitalizar la vida y hacer una lista de acciones muy concretas para iniciar proyectos (en definitiva, un único gran proyecto que nos junte como comunidad) cuyo único fin sea “evitar el derrumbe de todos los fines con la muerte” (66).
Libro citado
Hinkelammert, Franz J. (2006) El sujeto y la ley. El Perro y la Rana. Caracas, Venezuela











