Los errores de la oposición (que en buena medida son los de la CIA a la hora de fabricar planes de intervención y desestabilización en América Latina) provienen de una lectura errada de la realidad. Es comprensible toda vez que hace rato se alejaron de esta, sobre todo a partir de la expansión y consolidación de los “medios de comunicación”, y más recientemente cuando se convirtieron en partidos políticos y las maquinarias electorales –encargadas de engatusar a los pobres cada cinco años - fueron sustituidas por casting y marketing. (No era que antes estaban cerca y entonces les iba mejor, no, pasaba que la policía y el ejército estaban ahí para suplir la falta de realidad con represión y balas. En ese sentido el cambio ha sido substancial y en muchos casos, de esa transformación, de ese viraje en los aparatos de represión del Estado, ha dependido la continuación de este proceso. La oposición naturalmente pide que el Ejército vuelva a ser lo que era antes -y por cierto, le suena muy mal lo de la Policía Nacional-. Desea un organismo alejado de la vida política, lejos de los ciudadanos, que no intime y roce la vida, el trabajo, el sufrimiento de nuestra gente, una institución conformada por seres que atiendan órdenes y las ejecuten, sean cuales sean, incluidas las de matar al mismo pueblo. Necesita hombres, para decirlo más claro, que hagan el trabajo sucio, que contengan, maten o repriman mientras ellos discuten la macroeconomía.)
La oposición se tragó entero el cuento del poder de los medios. Les ha resultado a las élites, hay que decirlo, para el mercado y el consumo, pero cuando intentan mercadear candidatos y programas políticos, la cosa no funciona. En Italia sí, ahí estuvo Berlusconi, pero aquí Marcel y Cisneros apenas si tuvieron tiempo para acariciar la idea. Pese a los resultados, siguen intentando llegar al poder por la trocha mediática. Lo intentaron con el golpe del 11 de abril, e intentaron convencer a sus seguidores y al mundo de que hubo fraude en el referéndum. No pudieron, pero hasta el último momento, pocos días antes del 3D, Pablo Medina, enguantando, sostenía un disco duro contenedor de las famosas y nunca entregadas a las autoridades, pruebas del fraude. Durante el sabotaje petrolero nos quisieron convencer de que saliéramos a matarnos y no lo hicimos. Los militares de Altamira montaron un show que murió de aburrimiento no sin antes servir de escenario para horrorosos hechos de sangre. La guarimba prendió sólo en los barrios del Este de Caracas y en algunas urbanizaciones de caché de las grandes ciudades. Todo un fiasco.
Por otra parte y como ya se ha dicho, la llamada oposición no puede reconocer los resultados porque eso sería aceptar el gobierno y el nuevo Estado y alejar la posibilidad de calificarlo cuanto antes de “forajido”, lo que pone a su vez a años luz la posibilidad de un golpe de Estado aceptado y avalado por la Comunidad Internacional. A esto se suma el descalabro al interior del gobierno de Bush, el desastre de Irak (guerra ganada mediáticamente hace dos años con el montaje de "Mission Accomplished" pero perdida antes, durante y después en la realidad como hoy ha quedado en evidencia), la imposibilidad o el cuesta arriba de una coalisión en contra de Irán o Corea del Norte. Y para completar, Colombia, su mejor aliado en Latinoamérica, levanta las ollas del paramilitarismo y sus alianzas con el gobierno. (El ladino de Alan García mira con buenos ojos al autoritario Chávez, ahora que se comienza a sentir un poco solo.) En fin, hace aguas la tesis del Eje del Mal mientras Chávez se consolida como líder latinomericano y referencia mundial. La encuesta del Time Magazine CNN (http://www.time.com/time/personoftheyear/2006/walkup/
. Y ahora delen aquí para que vean cómo va la cosa: http://www.aporrea.org/actualidad/n88056.html. Y aquí también http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43362) en la que lideran Chávez y Ahmadineyad, como sendas pesadillas- es un número más a favor del presidente venezolano.
A todas estas, comienza el repliegue de la oposición. Lo primero, “aceptar” la derrota. (Brownfield, que en algunos momentos de la campaña presidencial se confundía con los candidatos de oposición en eso de recorrer barrios, ya visitó la Casa Amarilla con el discurso ya conocido de bajar las tensiones y buscar el diálogo.) Se impuso evidentemente el consejo de Petkoff (que sabe de derrotas y de aguantar), que apunta –como lo aconsejó hace un par de años junto a unos muy pocos “sensatos”- a la capitalización de los 4 millones de votos –hoy con una leve tendencia a la baja- que acompañan a la oposición desde el 15A. Debemos presumir que de haber creado la oposición una organización que acompañara con propuestas y participación los votos del 2004, hoy las cifras serían distintas. El problema está en la realidad. El problema siguen siendo los medios.
La oposición sueña con ir a los “barrios”, “recorrer Venezuela”, “estar en todas partes”, y así lo manifestó el excandidato Rosales cuando desde la Quinta se deslindó de los que esperaban a rabiar que gritara fraude y sacara de la chistera la desestabilización. Quedaron aquellos extremistas descoyuntados, se diría que engatillados, con ganas incoercibles de guarimba. Pero el golpe mediático de Rosales fue contundente. Gritaron no, no puede ser, pero el tipo se escurrió y con algunos seguidores y aprovechando la pinta de demócrata, llegó a Maracaibo con ínfulas de Manuel López Obrador. Como de medios se trata, la tramoya del gobierno paralelo no podía durar más de 15 días. Los medios comienzan a replegarse porque necesitan “noticias”. Y después de 15 días la noticia pasa a ser caliche. La oposición no puede renunciar a la TV porque desaparece, pero en la TV, sin noticias, no puede durar. Dura paradoja. Le quedaría la posibilidad de hacer política pero esto ya no es posible. La política la hace el pueblo. La política no es mediática, aunque buenos golpes de parte y parte se cocinen en las cámaras. Lo que en este país se ha llamado política, que es el mero negoceo entre adscritos, simpatizantes y advenedizos de los llamados partidos, definitivamente no es política. Lo otro, de la televisión al poder, tampoco, y mucho menos el desenfreno mediático por construir noticias que socaven la imagen del gobierno en el pueblo, estrategia en la que insisten como si en verdad les hubiera traído pingües beneficios. A la vista está.
Sin saber qué hacer –hablo de los “políticos” de lado y lado, los unos con el asunto del partido único y las reformas a la Constitución, los otros entre las divisiones y la desaparición- salvo intentar el raiting que les asegure permanencia en los estudios de televisión, a estas horas el Presidente acaba de soltar una bomba dirigida a estremecer los fundamentos de la política tradicional partidista clientelar: anunció la disolución del partido de Gobierno, el MVR, llamó a crear un nuevo partido y, a todas las toldas “calificadas de sopa ‘e letras”, las conminó a acompañarlo o a quedarse atrás, o de lo contrario y esto sí que les debió sonar bien feo, “fuera del gobierno”.
Asomo, por encimita, una preocupación interesante en las filas de los políticos de oficio, esos que se han enriquecido de la política, los que han jugado con los intereses del pueblo, con el voto, la fe y la confianza de un pueblo que los eligió para que acompañaran a Chávez: ¿quiénes estarán a la cabeza de la organización?, ¿quiénes manejarán los asuntos públicos, privados y/o turbios?, ¿quiénes pondrán y quiénes quitarán?, ¿quiénes firmarán los negocios y cheques con el partido? A menos que… no haya tal dirección, y el poder resida en las comunidades, en los movimientos sociales, en la articulación de las organizaciones, en el Poder popular. “Huelgan los comentarios”, César Chirinos dixit.
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Gobierno y Oposición (Parte II)
por joseleon71
@ Domingo, 17. Dic, 2006 - 09:07:32 am











