Resulta una falacia lo de la “oposición” en Venezuela, y esto por dos razones. La primera, porque la llamada oposición actúa fuera del marco de la Constitución Bolivariana, la segunda, porque no hay oposición “democrática” sino dentro del marco de democracia que el Estado ha construido. La segunda deriva claro está de la primera, pero aún así me parece crucial apuntar algunas cosas sobre este particular.
La afirmación indica que la mal llamada oposición en Venezuela, al actuar fuera del marco de la Constitución, es antidemocrática. Y no se trata sólo de ir a elecciones, pues lo hacen de un modo muy particular (desconociendo al árbitro y al sistema), sino de tomar las elecciones y el escenario electoral como un intersticio por el cual asomar la desestabilización. Rumores y noticias de golpes a la delincuencia electoral se sucedieron antes, durante y después del 3D, y entre tantas noticias, hasta hubo una de un desembarco de marines por Castilletes, que pasó sin pena ni gloria. A todas estas uno no sabe si los golpistas fueron contrarrestados o si se trató de noticias sin mayor fundamento (pese a algunas evidencias.) Lo cierto es que difícilmente desaparecería la posibilidad de violencia mientras la oposición no desarrolle sus actividades a la luz de la Constitución. Sólo que si lo hace, desaparece. Si acepta los términos de la Constitución Bolivariana, quedarían subsumidos en la dinámica de construcción de la Patria Bolivariana, y su perfil capitalista y neoliberal quedaría desdibujado. Ellos lo saben o lo intuyen, de lo contrario no hubieran hecho declaraciones tan expresas de neoliberalismo los voceros de “Rumbo Propio” -en el Zulia pero según ellos, actuando ya a nivel nacional- al siguiente día de las elecciones, cuando meses atrás estaban siendo investigados por su tendencia separatista. Estas declaraciones tienen el ingrediente de haber sido dadas a través de medios del Estado, lo cual es una manera de demostrar el interés del Gobierno de tener “oposición”, de voltear la página o aclarar el rostro del adversario. Pero...
La oposición fuera de la Constitución no es tal; dentro, no es oposición. Recuérdese la situación política en el país adeco-copeyano. Había un Estado y dos partidos, exactamente dos clientelas. Cualquier otra opción era perseguida o instigada, secreta o abiertamente. La rebelión del 4F fue un golpe certero a las bases de aquella estructura y alentada por el 27F, socavó sus bases y precipitó su caída. Los estertores de su desaparición los vivimos y padecemos hoy. Con esto quiero indicar que no hay oposición fuera de la Constitución, y la afirmación sólo quiere alertar sobre un momento, éste en particular, cuando el Gobierno reclama una oposición democrática que se deslinde del golpismo, por nombrar a ese conglomerado de tendencias que actúan al margen o fuera de la Constitución. En este momento se comienza a cocer la “negociación”, el acomodo en el interior –de la Constitución, del Estado y el Gobierno- de tendencias opuestas, matices o acentos que se manifestarán en la retórica oficial pero muy poco o nada en la práctica.
Creo sin embargo que falta mucho para ese momento, pero descreo desde ya –me preocupo sólo de los signos- que sea el mejor escenario. Sinceramente no espero que haya negociación, no es posible sin pagar o ceder en algún punto, a la corta o a la larga, esencial. Esto es lógico a menos que la parte que se sume no haya estado realmente fuera sino haciendo ojitos para que la dejaran entrar. No lo creo.
Me preocupan, a tan sólo unos días de las elecciones, y de una victoria tan determinante, que el Gobierno asome signos de negociación, porque la oposición, si ha de nacer, debe nacer desde adentro, dentro del Estado y la Constitución. No es acicate para la construcción del país que necesitamos Globovisión o el Departamento de Estado. Ha de serlo nuestra gente, las necesidades, los problemas, el país que queremos. Y la oposición ha de ocurrir al interior, para acelerar o corregir la acción revolucionaria. Por eso no se trata de partidos, de blanco o negro, sino de formas o estilos de hacer las cosas. Lo esencial, repito, es la acción de gobierno, en este caso, revolucionaria. (Esta perspectiva –de paso- acaso contribuya en la discusión del “partido único” o unificado.)
¿Qué hacer con los que permanecen afuera, esperando o fraguando un escenario para el golpe? Derrotarlos en ese escenario, que no es exactamente un escenario político, de ahí que no tengan sentido los llamados a amnistía a los presos políticos, en algunos casos meros asesinos. Adentro son muchas las voces, algunas marcadamente disidentes, entre ellas las que cuestionan a las empresas mixtas o el plan minero y energético, o los avances del IIRSA, que se pronuncian “dentro” de la Constitución, a pesar de los ataques y los calificativos por parte de personeros del Gobierno. Estas voces no reclaman, por cierto, poder. Sí, Poder popular, participación, conciencia y movilización, la construcción de alternativas.
(Apunto estas ideas sólo para iniciar un debate en torno a la oposición y las formas de hacer gobierno y política en un país que se debate entre el pasado y la revolución.)
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Archivos de: Diciembre 2006, 11
Gobierno y Oposición (Parte I)
por joseleon71
@ Lunes, 11. Dic, 2006 - 06:27:47 am












