Del poeta norteamericano
Jim Sagel (1947)
Solo, preparé dos platos para la cena.
Los dos filetes de pescado pudiera haber pensado comer
pero el par de papas asadas no.
Una era tuya -desde el principio era tuya
y se quedó en la mesa
ese terrón luminoso de luna
papa tuya que con ansias pasó la noche esperando
la caricia de tu quijada
el arrobamiento de tu lengua-
papa que quería empaparse
con la saliva enloquecedora de tu boca.
Allí se quedó en el plato mi corazón arrancado
papa solitaria y vulnerable.











