No me parece poco afirmar que Rosales dirige su discurso casi exclusivamente a los disociados, una gruesa cantidad de compatriotas condicionados por la propaganda de los medios, hasta el punto de que la realidad sencillamente se les escapa. Esos micros de VTV “Contacto con la realidad”, por cierto, no pueden tener un mejor nombre.
A muchos compatriotas teledirigidos en su odio contra Chávez les bastaría un leve contacto con la realidad para, si no apoyarlo, al menos no enfermarse de rabia e impotencia. Hace algunos meses se hablaba de los niveles de frustración a que eran conducidos los oposicionistas por la inflación de optimismo que la realidad no refrendaba, frustración acumulada que debía conducir, según sus cálculos, a la violencia. A pesar de los intentos casi desesperados de los medios (recuerdo imágenes fijas de Globovisión enfocando las llamas de un solitario y adrede encendido contenedor de basura, imagen que la joven del micrófono hacía extensiva a TODA Caracas), en la masa opositora no logró cuajar la violencia y el alud esperado, apetecido, no apareció. Pero nuevamente la violencia acecha, en algunos lugares públicos se comienzan a percibir las marcas del chavismo y antichavismo, por ahora sólo se trata de casos aislados, pero que sin duda se harán más y más frecuentes.
Chávez ha advertido que no es el mismo, pero los medios sin duda sí. No han cesado en sus ataques, nunca, y saben que esta es una oportunidad, un escenario perfecto para desencadenar un proceso imprevisible, un caos que se ajuste a esas nuevas formas de hacer política y geopolítica de la derecha mediática, financiera y militar. No dejarán pasar el momento, saben que no ganarán las elecciones, pero no cesarán de decir que ya las tienen ganadas, que atrás quedó el empate técnico y la popularidad de Chávez, no cesarán de alimentar la frustración de sus afectos, ligando que ahora y entonces salgan a la calle a protagonizar, más bien servir de cortina con su presencia en las calles a los verdaderos actores de la violencia. Los medios necesitan hacer creer a sus adictos que la avalancha de Rosales es cierta, que millones salen a las calles, que esto es indetenible, embriagarlos de triunfalismo para que la palabra “fraude” tenga un nicho en su conciencia disociada y sirva de máscara para la violencia profesional vía mercenarios, cabilleros, grupos de choque, guarimberos, que los medios sacarán al mundo –con bombos y platillos, no alarmados sino satisfechos- para exigir la llegada salvadora de los “organismos internacionales”.
Ese esquema ha sido puesto en acción en varias oportunidades pero no lo han podido ejecutar en todas sus fases. Todavía recuerdo las ganas de Gaviria y del Centro Carter de leer al mundo un comunicado en el que sería declarada la dictadura de Chávez, su ilegitimidad. No pudieron, Gaviria se mudó a Venezuela pero no pudo cumplir su papel y desapareció. El Centro Carter husmeó aquí y allá buscando argumentos pero nada encontró y se fue, y ahora regresa exigiendo imposibles. Repito que ese esquema no les ha funcionado pero insistirán. Siguen en componenda con los medios y aupando la disociación, la desconexión con la realidad. Y Rosales con su discurso se enfila en esa y sólo esa dirección.
Tal vez él solito piensa y habla así, tal vez no. Eso no importa. Lo que sí, es que su discurso está prefabricado y predigerido por los medios. En términos de debate y discusión, con ese discurso y sus argumentos no se puede razonar. Plantear a secas que la tarjeta “Mi Negra”, ella misma imposible de sostener, resolverá la pobreza apela a un momento sumamente superficial de esa problemática. (Esto me sugiere tres cosas: que sus asesores y él mismo son unos ignorantes, que el disparate tiene ganas de ser disparate porque de lo que se trata es de ir llevando a rastras una farsa, una caricatura de campaña electoral, que encaja perfectamente con la farsa o caricatura de candidato presidencial, tanto que a estas alturas compite con quien debía realizar este papel de suyo natural: “Er Conde del Guácharo”; que se trata de una exageración, de un momento hiperbólico del candidato, propio de su idiosincrasia, o en su defecto, que carece de “sentido del humor” y no sabe distinguir entre lo que debe entenderse metafóricamente o bien, literalmente.)
Que el albañil será albañil pero que, como él pueda, utilizará la tarjeta para salir de la pobreza es algo más que un disparate, se trata de la forma de razonar que propia de los medios, condenados –pero no excusados- por su manejo del tiempo y el espacio a una inmediatez, a una superficialidad que, a fuerza de simplificación, reduce los discursos a meros efectos. Para salir de la pobreza nada mejor que una tarjeta de débito. Ya tendrás con qué comprar, como compran todos. Esa linealidad superficial y en realidad falsa es propia de los discursos televisivos. Cuantas veces hemos escuchado una frase como “no me interesa la política, lo mío es trabajar, si no trabajo no como”, que aunque parezca verdadera es falsa, porque postula a un individuo solo cuando en verdad de trata de un individuo relacionado, que se beneficia o no de leyes laborales, contractuales, de mercado, de modo que, aunque diga que la política no le interesa, ciertamente la política, en su acepción verdadera, influye y determina las condiciones de su trabajo. Pero la frase en cuestión responde a ese modo de razonar que, en su afán de ser directo, elude la realidad y privilegia los efectos, el sensacionalismo.
El programa de Gobierno de Rosales, si se le puede decir así, está construido con elementos discursivos de ese tipo. Qué más efecto que el acto de ofrecer dinero, dinero fácil (5 millones por armas de fuego, por ejemplo, disparate consumado y oferta peligrosamente populista, no por el hecho de que ocurra una verdadera carrera armamentista entre los choros escuálidos que se la crean y además crean que Rosales va a ganar, sino porque exista gente como Teodoro Petkoff –aunque en realidad eso no quiere decir ya nada- que se la crea.)
Qué más efectista que decir que el gobierno regala nuestro dinero. Frases como esas sólo persiguen el enervamiento, apuntan a la disociación. Son menos falsas que superficiales, dichas ligeramente y en absoluto con ganas de ahondar, penetrar un poco en las razones de los convenios y las nuevas formas de establecer relaciones comerciales y diplomáticas con otros países. En general se trata de un proceder discursivo irracional, que nos tiene que llevar a pensar que estamos ante un laboratorio mediático o ante el uso y abuso por parte de los medios y los capitales financieros de un perfecto estúpido.
A la vista está lo que han hecho los medios en Perú, en México, y recientemente en Brasil, como ya fue denunciado. Los medios construyen a sus candidatos y orientan la psique de los electores, directa o indirectamente, subliminalmente o no. No obstante, se puede advertir que las cosas no les están saliendo del todo bien, su accionar en las sociedades está quedando cada vez más y más al descubierto, y aunque en realidad no han ganado las elecciones, han logrado sin muchos aspavientos (nada en Perú, movilizaciones y unos cuantos días de plantón en México, todo muy interesante pero pasajero, más alarde que fuerza social) poner en la presidencia a sus candidatos. En Venezuela, donde prácticamente se inició la crítica colectiva a los medios con acciones y conciencia, difícilmente podrán ejecutar esa parte del plan. No obstante, por eso Chávez insiste en la cantidad de votos que hagan incuestionable mediáticamente su triunfo. Chávez no puede ganar como Calderón o García –que aunque no ganaron los elevaron a la presidencia los medios-, porque Chávez tiene los medios en contra y una diferencia de 1 millón de votos sólo alimentará la matriz del fraude. Necesita aplastar a Rosales y silenciar a los medios, como ocurrió el 11A, o bien cuando el sabotaje petrolero con aquella guinda que puso Ortega cuando confesó ante los medios “el paro se nos fue de las manos”, o bien cuando los gritos de los militares de Altamira murieron de mengua en el silencio de los noticieros aburridos de que nada pasara a pesar de Gouveia.
Los medios callan ante los golpes de la realidad, algunos como los mencionados -(el más reciente y en el que cayeron todos, menos la BBC que tuvo el valor de rectificar, tuvo que ver con la supuesta muerte de Chomsky, declarada por un Chávez ignorante)- han sido muy fuertes pero sería iluso creer que cambiarán, que recapacitan y rectifican. Eso es substancialmente imposible. Están diseñados para mentir, para construir (i)realidad(es). Democracia y medios han ido siempre de la mano, la crisis de una es la crisis de los otros, y los candidatos a la presidencia se reconocen como productos del mercado y los medios son sus publicistas. Pero Chávez es un dolor de cabeza para los medios porque su discurso es extenso y hondo, requiere de tiempo para hacerse (se ha hecho en el tiempo y con tiempo), desprecia la inmediatez, la salida superficial, de ahí la extensión de su programa dominical, sus interminables ruedas de prensa, de ahí que cada comentario requiera de un argumento tras otro y que todos a la vez se interconecten, dibujando una tupida red de pensamiento. Esta espesura y espesor es intolerable para los medios, prefieren la bagatela, el comentario fútil y efectista, el epíteto, la descalificación, la frase hecha, el lugar común, el estereotipo. Una suerte de antidiscurso, no lo que fluye sino lo interrumpido, recortado, fileteado, fácil de servir, empaquetado, discurso de microondas, rápido, lo que llaman erradamente directo.
Estamos ante un nuevo momento del conflicto entre la memoria y el olvido mediático, más bien una suerte de amnesia ciertamente estupidizante. Entre el razonamiento, el análisis y la reflexión, y el efectismo, el lugar común y la frase hecha. El discurso de Chávez convoca a la unión, el de Rosales, el de los medios, le habla al individuo aislado, solitario, estrictamente al consumidor. Y si no consume, pues se le promete que consumirá -como los otros, los que sí (¡y después acusan a Chávez de promover la violencia de clase!-, con una tarjeta de débito que, por cierto, se sostendrá con ingreso petrolero (habría que preguntarle a Rosales –seguro Daniel Castellanos lo ha pensado o ya se lo preguntó y Rosales no pudo contestar y se escabulló- ¿qué piensa de una eventual privatización de PDVSA?, si recordamos lo que reclamaban entre líneas los líderes del sabotaje petrolero que él apoyó y lideró en el Zulia), sólo que Rosales afirma sin gaguear esta burusa: que los precios del petróleo bajan porque disminuye la producción y que a mayor producción más ganancia y, por ende, más dinero para las tarjetas. ¿A quién está dirigida semejante ingenuidad o ignorancia de las más elementales recetas económicas? Pero en fin, es esa la “lógica”, el modo, la forma del discurso de los medios, y Rosales encontró en ellos la horma de sus zapatos. O bien, quien quita, fue al contrario. En todo caso, una mano lava la otra…











