Poemas
de la poeta venezolana
Lydda Franco Farías (1943 – 2004)
Del libro: Descalabros en obertura / Mientras ejercito mi coartada
una tarada cuya lucidez irreprochable me permite
avizorar el reverso de las cosas y las personas
abismos y claridades que otros no ven o no quieren ver
una exiliada en mi propio entrañamiento
perdida en un planeta de seres cabalmente adocenados
ybsecuentes
de qué sirven la dignidad y los principios
en un mundo en el que sólo cuenta
el cálculo la funcionalidad y el rendimiento
en un mundo donde al parecer
todos están pasmosamente de acuerdo
donde la oposición es una metáfora hueca y sin contundencia
me asfixio
ante la inminencia de la muerte
extiendo mi alegría animal
mi eros resplandeciente
que nunca se rindió a los designios de la censura
ni de esta espantosa realidad que voy dejando atrás
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sé que habrá un cadalso
una mano presta a estrangularme
qué decepción
todos los días es lo mismo
matar liendres con fanfarrias
hurgar el infinito
con absorta mirada puntiaguda
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oh impúdica
esperando el momento justo
la menor distracción de los guardianes
para ponerme en algo grande
que me resuelva
el asco de caminar remolcada
de ser chatarra
material de desecho
gargajo
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mi primer hecho de sangre
aconteció a la edad de 13 años
el odio abrió sus abanicos
puso en acción su maquinaria
cancerberos me vigilaron los sueños
se dieron a la tarea infame de tapiar
las primicias de mi cuerpo
(cuerpo del delito
prueba contundente del pecado a expiar
ab ovo in aeternum
guachimanes con ojos de argos y armados hasta los dientes
se encargaron de la custodia
de resguardar el buen nombre
el honor de la familia
la infra y la supra
el andamiaje de la moralidad
la ley y el orden
la paz ciudadana
conmigo fue creciendo el expediente amañado
de mis presuntas lacras
el desprecio del condenado a muerte ante jueces y verdugos
me erigí abogado de mi propia causa
sacrílega escupí en los templos
en los lugares sagrados y consagrados
por la beatería oficial
convertí en añicos sus ídolos baratos de fabricación casera
tallados a mano por imbéciles y desequilibrados mentales
para uso de supersticiosos y aprovechados
hice caso omiso a prédicas de sacristía
me burlé de sus tribunales del santo oficio
me oriné de risa ante la pétrea majestad de la justicia
para devolver los golpes
me armé doncella contra todos los poderes y sus sabuesos
zona de desastre
calamidad pública
he de permanecer hasta llegada la hora
de rendir cuentas
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yo venía de los bosques húmedos
en mi equipaje la inocencia
en sí misma dobladita
olorosa a preguntas
me quitaron
bosque y humedad
el equipaje revolvieron
las preguntas me las fui respondiendo
con el tiempo y de a poquito
ahora no sé de qué sirve la inocencia
ni me importa
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me encontrarán tendida a ras de luna
o flotando lluvia abajo
en la resaca del último cigarro
en el silencio que vibra emparamado
desde donde pronuncio mi postrer discurso
exhortando a los curiosos a que desvíen la atención
hacia otra parte por ejemplo a ciertas virtudes
que no tuve tiempo de probar
quizás porque no logré lo que quise
jun cómodo sofá
un mundo que no cambió
que apenas si empieza a pestañear
ahora que purgo mi orfandad
que los párpados pesan asidos al desamparo
ya voy tierra
ya voy cenizas
ya voy olvido
circulen buenas gentes
aquí no ha pasado nada
regresen a sus oficios
a la sobrecogedora normalidad
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no es la cólera mi único elemento
también la risa que rechina y golpea
no hay nada malo en mí
a no ser yo misma
soy lo suficientemente estúpida
para que el espejo me desplante
veo y no veo claro
y no es que me falte audacia
es talento lo que me falta
y un cuchillo de palo
un modestísimo cuchillo de palo
un diente de oro que se cotice alto
una grieta con un relámpago
sencillamente no soporto
la reiterada podredumbre
de vivir a media asta
embadurnada por un aura
de pirotecnia y desconfianza
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quiero dar las gracias
por proporcionarme el horror y la sed
y el nevermore
por permitirme la impertinencia
por hacerme tragar todas juntas mis palabras
por el vómito de última hora con el que por fin
me atrevo a disentir
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no consideran
la muerte está en el pocillo de café que bebo
cada mañana para despabilarme
en la nata de la leche del vecino
en la mosca allende la sopa y sin embargo
no consideran
la muerte está en cada gragea que tengo que ingerir
a fin de estirar la podredumbre y solazarme
con la lluvia y el embrión
no consideran
que si levanto el puño es porque quiero
desquitarme de tanta rutina
y seguir golpeando con sevicia
no consideran
se hace tarde para inocular lascivia
tarde para la infidencia
para el juego de seguir apoltronados
sin más trino
que esta trompeta de juicio final
que esta lenta y prodigiosa lasitud
sin más reserva
que el desleído paisaje de la infancia
sin más aprendizaje
que andar de un lado a otro
sorteando laberintos
pero no
no consideran
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no me desprendo de la cartera
la cartera es mi equipaje de doble fondo
recipiente con laberintos
y pasajes secretos
quincalla de imaginerías para deleite
de buhoneros y coleccionistas
museo de antiguas y recientes
reliquias
y fotos de familia
muestrario de bisuterías y filtros mágicos
incubadora de huevos de talismán de contrabando
bóveda blindada de larvas
y pesadez
sarcófago de fragmentos de escrituras sacrílegas
arcoiris de píldoras con las que me salvo
o me enveneno
monedero sin donde caerme muerta
caja de resonancias y prohibiciones
mi cartera es un punto de partida
una visión controversial del mundo
un microcosmos visto de espaldas
un almácigo de moléculas de tiempo
una alcancía de alucinaciones
con llaves para abrir puertas y nebulosas
me persiguen no sin razón
detrás de mi se levanta un alboroto
enjambre de maldiciones y dedos índice
se me acusa no sin razón
de no llevar pasaporte ni cosméticos
de portar armas y no espejos











