Búsqueda blog.com.es

sobre mí

joseleon71

joseleon71

Calendario

<<  <  Junio 2006  >  >>
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30    

Etiquetas

Últimos comentarios

Subscribirse por correo

Puedes recibir los posts de este blog por correo.

Archivos de: Junio 2006, 05

Apuntes sobre la inercia

por joseleon71 @ Lunes, 05. Jun, 2006 - 06:12:36 am

Se observa claramente un modo de organización en las instituciones públicas y privadas que responde a la naturaleza, los planes y objetivos de la inercia. Esta supone una estructura que garantiza y preserva el ser y el hacer de la administración y la planificación. Dos cosas saltan a la vista: la planificación inercial prevé resultados y, lo que ordena, está prefigurado incluso antes de que la orden nacida en la planificación sea siquiera formulada; los objetivos sencillamente pre-existen incluso a la organización. Segundo, quien ejecuta tal clase de órdenes resulta prescindible, es cualquiera y en realidad, nadie. Esta claro que sólo “nadie” puede ejecutar, llevar a cabo, las órdenes dadas por “nadie”. He aquí la clave: a las organizaciones que funcionan inercialmente “nadie” las dirige, avanzan (si se puede decir o utilizar un verbo en definitiva dinámico) sin recurso de personas, de seres humanos, pues basta el abstracto “recurso humano”– pasto de la inercia, socavón de la nada-. Las organizaciones inerciales son piramidales, y el que está en la cúspide cree –pequeño dios iluso- tomar decisiones. ¿Por qué lo cree? Porque efectivamente emite (ajustados a la verdad evoca) las órdenes que, como ya dijimos, preexisten aun a la institución. Una vez emitida la orden sobrenatural (aunque su contenido sea el de cambiar una vulgar silla de lugar) el destinatario de la orden, persona despersonalizada, actúa: mueve la silla. En este “trabajo” (¿habrá que decir que el casi absoluto porcentaje de los trabajos consisten en tareas tan complicadas como la apuntada en las inmediatas líneas de arriba?): ¿se prevé el error? Imposible: una orden de esta naturaleza es impermeable al error –vale decir al desorden- que es, de lo humano, yo diría que lo demasiado humano. Si llegase a ocurrir que la silla no se moviere, el encargado de ejecutar la orden sería puesto en observación, bajo sospecha y, reincidencia mediante, removido y sustituido por otro con un grado superior de allanamiento mental que sí ejecutará la orden esta vez con un retraso que, en ese tiempo detenido, estancado, de ciénaga, apenas si se notará. He aquí otra clave: el tiempo en las organizaciones inerciales no transcurre, gravita en una sobrenaturaleza eximida de los vericuetos y azarosidades de lo humano.
Se dirá que muchas organizaciones “producen” cosas u objetos cuyo destino final son los hombres, y es verdad pero sólo si no nos ponemos a pensar en ello. Lo digo porque los productos nacidos de la inercia sencillamente “mueven” a la inercia, la provocan, la alimentan. En otras palabras: la inercia engendra inercia. Se trata de la producción de cosas u objetos cuyo verdadero objetivo, oculto o evidente según la perspectiva, es suspender el juicio, esto es, desbancar el ser y abandonarlo a merced –inerte- de las maquinarias, los buitres. Prediseñado el gusto, algo o alguien emite o evoca la orden de consumir y los fieles devotos avanzan inercialmente en pos de lo ofrecido sin ver, sin gustar, sin sentir salvo lo que les dijeron que habrían de ver, gustar y sentir y, en realidad, como fantasmas que ejecutan operaciones visuales, gustativas y sentimentales en general, es decir, abstracciones, sentimientos, amparados en el lenguaje (dormido, instrumental, irreflexivo). Así, cuando ven, gustan o sienten la cosa o el objeto perciben lo que les dijeron que habrían de percibir y, lo que ellos en tanto que remotos seres humanos pudieron ver, gustar y sentir, en realidad… a quién le importa, en realidad no existe (sólo existe lo que la inercia ve y muestra, lo que segrega, lo que pustula.) Se puede afirmar que los miembros de la sociedad inercial somos todos a menos que renunciemos a esta suerte de polis de la inacción.
La inercia, por otra parte, salta a la vista en los centros educativos, donde la investigación, la búsqueda, la sed, la duda, reclaman aventura, riesgo, movimiento, acción, pero sucede que al interior de sus estructuras inertes se practica la repetición –claro que inercial- de conocimientos abatidos por la misma repetición. Ciertamente, investigar supone indagar y descubrir lo nuevo, lo cual se torna imposible si lo que se persigue es llegar a lo mismo, a lo que ya existe. Lo inercial se refugia en los fines consabidos, en lo esperado. Los experimentos practicados en la escuela no arrojan sino los resultados prediseñados en el libro de texto-guía. Hoy, desaparecidos los clubes de ciencia, se hace justicia: no hace falta laboratorios si los resultados de la experimentación ya están previstos. Tal acontece en las instituciones de la administración pública o privada. Los fines están pre-establecidos, de donde se desprende que las órdenes, las labores, el trabajo puede ser llevado a cabo por cualquiera, pues el empleado no puede añadir nada a su labor pues sencillamente pre-existe. Se rompe la rutina si y solo si el empleado añade lo que podemos llamar con la jerga al uso valor agregado, pero para lograrlo debe imprimirle al objeto de su trabajo características novedosas, las cuales sólo son pasibles de aparecer si dedica pensamiento, reflexión, investigación a su hacer, esto es, a su producción. Como sucede en la escuela, sólo se añade valor agregado al trabajo docente o estudiantil, si se piensa, reflexiona o investiga, esto es, si sumo, si agrego, si aporto. De no ocurrir, obtenemos repetición e inercia. Abogo, pues, por una escuela, por una administración, que dedique más tiempo a la investigación, yo diría incluso que la mayor parte del tiempo, y que someta a la reflexión, a la crítica, a la revisión teórica todo el proceso de producción incluyendo por supuesto, el producto y sus etapas ulteriores: distribución y consumo, se trata de integrar y ampliar el circuito crítico y de renunciar al pasivo consumo sin más. Agrego valor al consumo si solo si critico lo que consumo.
Es característico de lo inercial no sólo la ineficiencia sino la improductividad; la abundancia de estructuras inerciales sólo es posible económicamente hablando en economías estancadas, en organismos sociales y económicos sedentes, paralizados; aunque en países como el nuestro la renta petrolera ha sido aliviadero de crisis más profundas, más definitivas. Dar el salto, hoy, significa olvidarnos como nación de la renta, de los capitales financieros que diseñaron la economía virtual del siglo XX y producir pensamiento, crítica y reflexión que activen la verdadera producción, no para el consumo y su dieta como única forma de expresión social, sino la encaminada a mejorar simple y llanamente el nivel de vida. Tal vez podamos vivir un siglo más y hasta dos de la renta, pero estaríamos, creo, asumiendo el suicidio.
La inercia no nos permite ver más allá de nuestras narices. Como todo está planificado de antemano la persona (mejor, el sujeto despersonalizado) no puede tomar decisiones que afecten realmente las estructuras de los aparatos y mecanismos decisorios, que modifiquen sustancialmente el curso de los acontecimientos, la mirada, la forma de hacer las cosas. Esta persona no precisa levantar la cabeza para mirar el horizonte -¿para qué?-, el horizonte estará allí aguardándolo tal como le fue comunicado con una anterioridad que, si reflexionase en ello, lo abrumaría. (Empero, no hablo de ciencia ficción cuando afirmo sin temor a equivocarme que los mecanismos decisorios no dependen de los seres humanos, quienes parece estar ahí sólo para ordenar dichas decisiones y hacer que se cumplan Lo cierto es que los administradores del poder sólo pueden hacer y sólo están para que se cumpla lo ordenado o establecido, que no lo ordenaron, por cierto y como ya fue dicho, ellos, ya que la decisión los trasciende en su mera, efímera y circunstancial condición humana. De ahí que los administradores confundan su acción con la voluntad divina y se sientan señalados y llamados a cumplir tan alta misión.)
En la inercia se incuba, acaso sea esto lo peor, el miedo. La cultura de la inercia se cuida de la acción y los movimientos porque la inercia y el poder son hermanos de anemia. Al poder le interesa, protege la inercia, porque sólo ella le permite medrar. El poder necesita una casta (casi una secta) de seres ubicados en puntos visibles, capitales o a la cabeza (visibles se entiende por y para los medios y porque es allí donde se establecen las relaciones de poder y se derivan las fiestas, reuniones, agasajos, festividades, convenios, contratos, etc.) donde asoma y se hace visible el nombre (lo nominal y no la nómina) de la organización, no lo que hace ni cómo lo hace. Tales seres capitales (y por ende capitalizados) sólo pueden existir si se instala en todas las estructuras y los mecanismos de la vida, la inercia.
El poder ama las órdenes, las planificaciones, los proyectos (por)que arrojan los resultados esperados. El poder, en definitiva, ama lo previsible. Todo lo que atente contra lo previsible será apartado, sacado del juego.
El poder además, complica lo sencillo, fundamentalmente para llenar de nada, de vacío, de cosas absurdas y exiliadas del sentido común el ocio generado por la inercia, así que embrolla, dificulta, entorpece procesos naturales, obvios, disponiendo hasta el límite escollos, puertas, antesalas. El poder, en definitiva, ama la burocracia, el fruto más acabado de la parálisis social.
El poder llena el vacío que deja la inercia, con gestos vacíos, actos superfluos, sin embargo los eleva a una condición cuasi sagrada, en realidad los santifica para que todo aquel que intente sospechar u ose mirar de reojo la farsa, tema a la blasfemia, a la apostasía. El poder ama, en definitiva, la religión (más exactamente, la Inquisición), el fruto más acabado de toda suspensión del juicio.
El movimiento, la acción, generan formas peligrosas de anti-poder y son repelidos por la moral y las buenas costumbres, por la paz y el silencio de la inercia. La inercia ama la tranquilidad, la dosificada paciencia de las colas y su goteo de horas muertas. Nada más peligroso para el poder, más desacomodante, para el moroso, invisible y lejano administrador de la inercia, que la estocástica libertad.


 
 

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.