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Archivos de: May 2006, 05

?El poeta jamás será el cantor de lo ya construido?

por joseleon71 @ Viernes, 05. Mayo, 2006 - 06:53:53 am

CONVERSACIÓN CON
Luis Alberto Crespo

Para hablar de lo silenciado y de su fervor por el país secreto, nos reunimos con el poeta caroreño Luis Alberto Crespo, quien presentó su libro El País ausente (Fondo Editorial del Caribe, 2004) en el marco de las actividades del pasado II Festival Mundial de Poesía 2005.

“La Misión Cultura necesita poner en práctica el país ausente”
“La motivación fundamental de El país ausente fue ésta: yo, como periodista, y sobre todo dedicado al área de la cultura por tantos años en el Papel Literario, venía escribiendo unos editoriales que se referían a este país ausente sin nombrarlo, se llamaban “Después de ayer”, y por lo tanto, yo decía en esos editoriales mi protesta, o mi reclamo o mi pregunta, me hacía mi pregunta o se la hacía al lector, sobre esta otra Venezuela de la cultura, que no formaba parte de la noticia, que no tenía un lugar importante, en todo caso, no tenía un relieve en la noticia cultural de los periódicos, por lo menos centrales, los periódicos capitalinos, específicamente El Nacional.”
“Cuando me despiden del Nacional, como director del Papel Literario, y como director de Feriado, yo quedo, bueno, afuera, quedo un poco vacío, quedo nulo, quedo huérfano de palabra, de escritura, entonces tengo en Venprés otra ocasión siendo coordinador cultural de Venprés. ¿Qué hice yo?. Lo mismo, volví a insistir sobre esa lectura de Venezuela con los escritores y artistas menos conocidos, como una desesperación de querer presentar ese país que no se veía, que no lo veían, pero de una forma constante y permanente. Después vino Imagen e hice también lo mismo. Yo quería tener no una columna, sino más bien como un balcón para asomarme, yo necesitaba que fuera constante y que fuera vario, insistente. Entonces, me llamaron una vez de El Nacional para preguntarme si yo podía, si estaba de acuerdo en seguir, pero como colaborador, como cronista, como articulista, yo le dije bueno, y cómo le vas a llamar: “el país ausente”, un país ausente en su historia, un país interrumpido de la época Federal hasta ahora, que esperaba una participación real, el reclamo de tierras, la aspiración a participar, a ser activo, a tener una participación real en el destino de un país.”
“Mi país ausente está ahí, un país que tiene mucho que ver con la nostalgia también, un país que tal vez sigue ausente en cierta manera porque es irrecuperable en el sentido real, ¿por qué?, porque es el país de la infancia, el país de la ternura perdida, es el país de ciertos colores, el país de ciertos adioses, es un país rilkeano, entonces es mucho más individual, mucho más personal, porque es ese país que tú recuperas a través de la nostalgia, pero el país real queda ahí como irrecuperable. En todo caso, viene el país de la participación, el país del compromiso de un escritor con su destino. El país ausente es un libro moral, es un libro que está escrito con el sentimiento y menos con las ideas, son crónicas para evocar, son crónicas que llevan el espíritu de Alfredo Armas Alfonso, melancólicas, pero al mismo tiempo reclamante, es una crónica de un país que quiere vivir, que quiere que lo oigan, es el país ausente que quiere ser nosotros y no ellos solos”.

“Nosotros tenemos la desmesura”

“El país que se construye con la emoción no puede ser puramente político, porque los políticos tienen conceptos cuadrados con razón o sin ellos. Nosotros tenemos la desmesura, la íntima desmesura, esto es, vamos a hacerlo con nosotros más allá incluso de la propia realidad política, porque después de todo este país queda para nosotros, porque nos lo están dando para sentirlo de verdad.”

“La generosidad es el verdadero poder”
“Nosotros tenemos que ser horizontales, casi anárquicos, y ¿por qué casi anárquicos? Porque no debe haber alguien en concreto que gobierne, que tenga el poder, sino cada uno de nosotros tiene un poder que se disuelve en el otro. Eso es realizable, es realizable en la medida en que la generosidad sea el verdadero poder. ¿Quién es el poder aquí?: la generosidad, que no sea un hombre, que no sea ni siquiera una estructura lógica y filosófica, sino un sentimiento, y tiene que ser el sentimiento de solidaridad, eso para nosotros es la única manera de poder entender nuestra participación, porque si no, entramos en el individualismo, el poder del yo, eso es terrible.”
La poesía en tiempos de esperanza
“Baudelaire nos estaría reclamando que nada se hace sin el dolor. Siempre hay la carencia, la lastimadura, tú no puedes exaltar la total dicha porque tiene que haber el desasosiego, tiene que haber una herida, la carencia. ¿Cómo cantar o ser poeta en momentos más bien de plenitud? Pero, ¿cuándo ha habido plenitud en el mundo? Nosotros podemos construir un país extraordinario y siempre habrá miseria, podemos construir una gran sociedad y siempre habrá injusticia, podemos construir el país soñado y siempre habrá odio, porque el hombre está hecho de odio y de amor, plenitud y abismo, entonces siempre estará el poeta ahí para sentir que nosotros no somos totalmente plenos. El poeta jamás será el cantor de lo ya construido o de lo que definitivamente ha sido realizable, la poesía está hecha para eso, seremos siempre lastimados y estaremos siempre con carencias, habrá siempre un grito y una queja qué decir, eso tiene que ver con la verdadera función de la poesía, que es la esencia misma del hombre, que vive entre el dolor y la dicha.”


 
 

Teatro en el filo del abismo

por joseleon71 @ Viernes, 05. Mayo, 2006 - 06:49:21 am

Conversación con Elaine Centeno

La dramaturga y directora cubana, nos habla de su experiencia teatral y de su nueva propuesta, Tranvía corazón descabellado rueda, que será estrenada el 28 de octubre en el Auditorio de Danzaluz, a las 7:00 pm.

Santiago ensangrentada
Yo nací en Santiago de Cuba, pero yo no conozco la ciudad como conozco la ciudad de la Habana donde crecí y donde finalmente me formé y estudié, y donde se conformó todo lo que es ahora mi vitalidad, mi realidad. Pero hay una forma en la que yo recupero de manera profunda y visceral la ciudad, mi ciudad natal, y es en el año 1994 cuando mi madre muere. Cuando tengo que recorrer las calles de Santiago de Cuba, de madrugada, atravesada por la noticia de la muerte de mi madre, la ciudad finalmente se me revela como esa ciudad que yo conocí en los libros de historia donde se cuenta la gesta de Fidel Castro cuando en el 53 asalta el Cuartel Moncada. Lo que más me emocionaba de esas lecturas era la descripción de las calles de la ciudad, calles empinadas, -es la única ciudad cubana que tiene montañas-, de manera que cuesta andar en ellas, las aceras son estrechas y las casas están ahí, casi en la calle. Entonces me contaba el libro de historia el azar de los jóvenes revolucionarios perseguidos por la dictadura de Batista, tratando de esconderse detrás de las portezuelas, para no ser alcanzados por la policía. Y esa ciudad, por supuesto, ensangrentada, enlutada, en ese momento se hace pariente mía porque mi madre ha muerto, y yo recorro esas calles bajo esa impronta, bajo esa memoria. A partir de entonces mis viajes a Santiago se concentran en hacer ese recorrido; como decía Lezama, “imantada por esos recovecos”.


El teatro era una fiesta

Lo que me decide a estudiar teatro posiblemente, son los carnavales, las fiestas, y más que el colorido, más que la vistosidad, más que el sonido de las fiestas, esa cosa aguerrida, violenta, no el jolgorio ni lo armónico, sino la otra cara, la de los cuerpos traducida en los sudores, en la gestualidad pronunciada, en los sonidos de la gente pidiendo cerveza, pidiendo otra canción; yo entonces me agotaba. Mi tío Efraín que es el tío actor, el tío titiritero, una noche me dijo que no iba a poder resistir, porque eran fiestas que duraban hasta el amanecer, pero una noche, finalmente, pude experimentarlo con él. Por eso cuando asumo el hecho teatral el teatro era como una fiesta.

La comprensión de lo humano
Con Raquel Carrió en el seminario de dramaturgia hay una posibilidad, inventar el teatro no desde la escritura solamente sino desde la dramaturgia que se hace sobre la escena; eso se llamó en Colombia experiencia de creación colectiva. En Cuba hay una experiencia importante en el Teatro Escambray, pero ya a finales de los 80 en América Latina hay experiencias de grupo. El teatro, pues, no era solamente usado como un experimento que después se ponía al público sino que era un grupo humano que se nucleaba alrededor de un propósito también humano, que tenía como resultado una experiencia poética, o sea, imágenes elaboradas en la práctica de ejercer la comprensión de lo humano.

No me quiero ocupar de lo masivo
Grotowski dijo: ya yo no me quiero ocupar de lo masivo, yo quiero empezar a ver qué pasa si el teatro es un vehículo de comunicación con el otro, pero no con el otro en la madeja de lo multitudinario, sino con ese otro que yo puedo mirar apenas en la penumbra, casi apelarle con mi gesto.
Grotowski es el primero que se ocupa, después de la segunda guerra mundial, de otorgarle al actor una independencia del director, del texto dramático y de la utilización técnica en el teatro: las luces, el vestuario, el maquillaje, la música, la escenografía. Le dice al actor, tú puedes escarbar, escudriñar en tu memoria y de tu memoria construir el texto escénico; pero para eso había que dotar al actor de un entrenamiento, de una ejercitación que le permitiera hacer el escarbamiento, hacer la selección de los contenidos y convertirlos en imagen.


Una experiencia al margen

Yo siempre tendría que hablar de Lolymar Suárez y Venus Ledezma. Diez años atrás fueron las primeras que se atrevieron conmigo a hacer estas cosas, y en ese trabajo había una tremendísima y profunda soledad. Yo recuerdo que teníamos mucho miedo.
El primer riesgo que corrimos fue el de la comprensión, un riesgo que ya no me importa tanto correr. Después que has encontrado las claves y te das cuenta que es una verdad que se puede gozar ya no sientes tanto miedo a la comprensión, sabíamos que a lo mejor no todos, pero algunos momentos del trabajo podían servir para el otro, y eso nos animaba. El segundo fue “Final del Juego”. Yo creo que el momento culminante de esa experiencia fue cuando Venus me dijo, casi hincada de rodillas, y con una furia por comprender lo que le pasaba: “cómo doy paso a lo que soy”… Yo no tengo respuesta a eso, lo único que intuyo es que “obrando se obra”. Recuerdo que en ese segundo momento Venus me dijo: “ya sé que para dar paso a lo que soy tengo que estar en mí”.
El tercer riesgo que hemos corrido es uno buenísimo, el que se nos responsabilice de que lo que hacemos no es teatro. Pero eso está bien, está perfecto, porque además nosotros siempre lo hemos dicho y si hay que ponerle alguna denominación, bueno, sí, es teatro, pero eso no nos preocupa mucho. Está bien que no sea teatro ni danza o sea las dos cosas. El único riesgo que realmente me importa es que no podamos tener más la posibilidad de hablar en la ciudad de esto y de no seguir haciendo experiencias como éstas, al margen.


Cuatro mujeres vueltas hacia dentro

En algunos lugares del mundo se festeja con absoluto desinterés hacer teatro y en otros cuesta la vida. Te hablo de la gente que hace teatro en América Latina, en el Caribe, en África. Aquí hay mucha gente haciendo cosas al filo del abismo. Tranvía corazón descabellado rueda, es el resultado de un trabajo de cuatro años de ardua investigación y entrenamiento, que deja al descubierto algunas claves: pone al actor en el centro de la actividad teatral, el actor es el autor de la historia propia, y, fundamentalmente, el ser humano está antes que el actor.
Al principio el grupo era numeroso, pero en este trabajo hay gente que no va resistiendo, no el esfuerzo físico, sino el humano. Y estas cuatro mujeres, Adriana, Sacha, Patricia y Beatriz, que me parecen de un valor sostenido, han quedado vueltas hacia adentro, al revés muchas veces y lo que me parece más hermoso, entresacando de ahí todo lo que se puede entregar al otro. Me interesa resaltar de este tipo de trabajo que a pesar de que en la primera etapa se trabaja con una fuerte conciencia de individuación, porque el individuo tiene que buscar en sí las claves que le van a servir para el viaje, lo que más me conmueve es que parece que nadie hace contacto con el otro, y, después, aprenden a trabajar colectivamente. Se empieza a trenzar lo colectivo y tú empiezas a escuchar que hay alguien a tu lado a la que le está pasando una cosa bastante parecida a la tuya, entonces se empieza a trenzar esa polifonía del sonido que remite al otro sonido, y ese gesto personal que remite al otro gesto; de pronto es un gesto colectivo del cual nadie sabe el origen y que ahora pertenece a todos.

La palabra del Puerto

por joseleon71 @ Viernes, 05. Mayo, 2006 - 06:46:37 am

Conversación con César Chirinos

“Tomo de Maracaibo lo que es y lo que tiene “ser”,
y lo que tiene ser es el Caribe”
C. CH.

Escritor de novelas, cuentos, poemas y obras de teatro, César Chirinos (Coro, 1935) recibió el martes 18 de octubre un doctorado conferido por la Universidad del Zulia. Su obra, una de las más arriesgadas y originales que se pueda conocer en el país, está llamada a ocupar el espacio que se merece, siempre que el centralismo desvíe su único ojo y se permita políticas editoriales y de difusión, reales y de cara a todo el país. El mismo día recibió Lydda Franco Farías, post-morten, igual reconocimiento.

Otra manera de ver la escritura
“Desde la infancia y la juventud –nos cuenta César- quería ser escritor, incluso yo quería ser escritor sin saber totalmente leer. Me importaba la escritura, veía con mucha atención y curiosidad la cosa escrita, y me dediqué a soñar en ser escritor. Entonces entro al puerto a trabajar de oficinista, desde muy temprana edad, a los 16, 17, 18 años de edad. Y aquí es donde yo hago el descubrimiento del sentido común, de la diferencia entre la palabra culta y la palabra real, la cultura real y la cultura letrada, o la ciudad letrada y la ciudad real, y la diferencia es muy grande, porque en el puerto yo me encuentro con la magia de las mezclas telúricas, las mezclas del habla, de la imagen, de las razas, de las costumbres, y eso despierta en mí otra manera de ver la escritura.”


Dos tipos pusieron mi vida patas arriba

“Yo en el puerto me hago amigo de demiurgos aventureros, porque no es gente común la que está en el puerto, son puras mezclas, extranjeros de todos los lugares y de todas clases, y me hago amigo de un tipo de Bobures, un señor de 35 años (yo tenía 17), que era paremiólogo, estudiaba los refranes en el Caribe y los enviaba para Aruba para una publicación, y cuando me encuentro con él me pone patas arriba todo. Tengo 17 años y ninguna experiencia de la literatura. Él, aparte de paremiólogo escribía y dominaba varios idiomas, hasta el patois y todas las jergas, además escribía poesía macarrónica, escribía latín caricaturesco. Yo me reía mucho de lo que él recitaba, pero no entendía su poesía, como a veces no me entienden a mí, se ríen pero no entienden. Eso a mí me atraía mucho porque, primera vez que me encontraba con un maestro tan de cerca. Lo consideraba un maestro a pesar de que era un tipo pícaro, de la picaresca caribe. Y a ese amigo se agregó otro tipo de igual calaña pero más pícaro, pícaro con el jarabe de pico, con la lengua. Era tatuador, tatuaba músculos, era de Filipinas, fugado de la Isla del Diablo, expresidiario. Dos tipos que pusieron mi vida patas arriba.”


Me gustaban las crónicas de Maracaibo

“Cuando entro al puerto ya tenía garrapateados algunos papeles, pero no se los había entregado a nadie por temor, me daba pena, tenía prejuicios e inhibiciones con eso, sin embargo se los entregué a ese paremiólogo, y vale más que no se los hubiera entregado. Yo escribía crónicas, me gustaban las crónicas de Maracaibo, poesía. Pero por supuesto, eran los primeros pasos, eran cosas superficiales, yo reconocía eso pero era lo que podía escribir, entonces él me evitaba cuando yo le pedía que me diera una respuesta sobre mis papeles.

“Apocalipsis”
“En ese tiempo, 1952, llega de Chile a Maracaibo Hesnor Rivera, y viene con el cargamento del surrealismo, con Huidobro a la cabeza y Neruda y Rosamel del Valle. Él y sus amigos tomaban en el bar Piel Roja, donde nosotros también tomábamos. Hesnor venía emocionado a cortar rabo y orejas. Venía con la idea de negar el grupo “Cauce”, que existía aquí como vanguardia, y que era el grupo de Udón Pérez. El líder que tenía era José Santos Chocano, poeta hispanoamericano del modernismo a quien el poeta Hesnor Rivera negaba de plano. Entonces a Hesnor lo invitan a que de un recital en el Club Alianza para que muestre sus proyectos y trae un poema inédito que contiene el nombre que sería después el del grupo “Apocalipsis”, pero se burlan de él. Las vanguardias cuando se presentan por primera vez nadie las entiende, y muchas veces no se entienden nunca. No entendieron lo que él recitó y para burlarse más, los del otro grupo le recitaron “El Brindis del Bohemio” y “La Leyenda del Horcón”. El tipo reculó y se refugió en el bar Piel Roja y ahí pues, nació el grupo “Apocalipsis”. Pero hubo un día en que le insistí al paremiólogo que me dijera lo que opinaba sobre lo que le había entregado. Ese día, Hesnor Rivera estaba hablando de la palabra “vanguardia” y la repetía muchas veces, y también repetía la palabra “concepto”, a sus discípulos. Entonces el paremiólogo me dice:”oye lo que está diciendo el poeta, tienes que oírlo porque eso será tu guía en el futuro”. Yo no entendía, él me lo daba como respuesta, pero yo le decía: “no entiendo; entiendo lo que quiere decir vanguardia y concepto, pero no entiendo porqué me lo está usted aplicando a lo que yo le di”. “Bueno –me dijo- tienes que adivinar, si no entiendes tienes que adivinar.”

Adelantado a su propio tiempo
“El paremiólgo también me dijo: “los papeles que me entregaste tienes que romperlos, eso no sirve”. “¿Y por qué no sirven?”. “Porque ya nosotros dos (se refería al otro tipo, al tatuador) te conocemos, y tu persona no está en lo que estás escribiendo y por lo tanto eso no sirve”. Ahí me cayó un balde de agua fría y empecé a pensar en no seguir escribiendo. Entonces viene uno de los discípulos y le pregunta a Hesnor Rivera, qué es lo que quiere decir vanguardia, entonces él le explicó y le dijo que es aquello que se adelantaba a su propio tiempo. Luego otro de los discípulos que no entendía volvió a hacer otra pregunta y volvió Hesnor a explicar lo que era el concepto, y dijo que en la Edad Media, según la doctrina Escolástica, el concepto tenía una realidad distinta de la palabra que lo expresaba y esa realidad sólo estaba en el espíritu. Entonces el paremiólogo me dice, “¿entendiste eso?” Nada, ni papa. Quedé bolúo, sin respuesta y decidido a no seguir escribiendo.”


El arte por el arte no es arte

“El paremiólogo me explicó que eso que se hace cuando uno no mete su persona en lo que escribe se refiere a una corriente que se llama el arte por el arte. Me duró mucho tiempo sacudirme el fantasma de una escritura del arte por el arte. Todavía pienso en eso, pero ahora creo que mi persona sí está en lo que escribo.”

La palabra del puerto
“Yo no podía dejar de lado la palabra híbrida de las mezclas del puerto, puesto que esa era la palabra que yo andaba buscando. A mí no me interesaba la palabra ortodoxa, la palabra de ABC, me interesaba esa palabra más otras que casi no se usan en la literatura, por lo menos aquí en Venezuela. Y comienzo a observar lo que Maracaibo es o tiene de “ser”, es decir, no todo Maracaibo sino su esencia Caribe y a eso yo le aplico las cuatro partes de la palabra: la palabra del conocimiento racional, la palabra de la imaginación, la innata y la palabra de lo adventicio, es decir, la que llega por sorpresa, que es la que más me fascina. Tomo de Maracaibo lo que es y lo que tiene “ser”, y lo que tiene ser es el Caribe. Lo otro para mí no tiene importancia.”

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