CONVERSACIÓN CON
Luis Alberto Crespo
Para hablar de lo silenciado y de su fervor por el país secreto, nos reunimos con el poeta caroreño Luis Alberto Crespo, quien presentó su libro El País ausente (Fondo Editorial del Caribe, 2004) en el marco de las actividades del pasado II Festival Mundial de Poesía 2005.
“La Misión Cultura necesita poner en práctica el país ausente”
“La motivación fundamental de El país ausente fue ésta: yo, como periodista, y sobre todo dedicado al área de la cultura por tantos años en el Papel Literario, venía escribiendo unos editoriales que se referían a este país ausente sin nombrarlo, se llamaban “Después de ayer”, y por lo tanto, yo decía en esos editoriales mi protesta, o mi reclamo o mi pregunta, me hacía mi pregunta o se la hacía al lector, sobre esta otra Venezuela de la cultura, que no formaba parte de la noticia, que no tenía un lugar importante, en todo caso, no tenía un relieve en la noticia cultural de los periódicos, por lo menos centrales, los periódicos capitalinos, específicamente El Nacional.”
“Cuando me despiden del Nacional, como director del Papel Literario, y como director de Feriado, yo quedo, bueno, afuera, quedo un poco vacío, quedo nulo, quedo huérfano de palabra, de escritura, entonces tengo en Venprés otra ocasión siendo coordinador cultural de Venprés. ¿Qué hice yo?. Lo mismo, volví a insistir sobre esa lectura de Venezuela con los escritores y artistas menos conocidos, como una desesperación de querer presentar ese país que no se veía, que no lo veían, pero de una forma constante y permanente. Después vino Imagen e hice también lo mismo. Yo quería tener no una columna, sino más bien como un balcón para asomarme, yo necesitaba que fuera constante y que fuera vario, insistente. Entonces, me llamaron una vez de El Nacional para preguntarme si yo podía, si estaba de acuerdo en seguir, pero como colaborador, como cronista, como articulista, yo le dije bueno, y cómo le vas a llamar: “el país ausente”, un país ausente en su historia, un país interrumpido de la época Federal hasta ahora, que esperaba una participación real, el reclamo de tierras, la aspiración a participar, a ser activo, a tener una participación real en el destino de un país.”
“Mi país ausente está ahí, un país que tiene mucho que ver con la nostalgia también, un país que tal vez sigue ausente en cierta manera porque es irrecuperable en el sentido real, ¿por qué?, porque es el país de la infancia, el país de la ternura perdida, es el país de ciertos colores, el país de ciertos adioses, es un país rilkeano, entonces es mucho más individual, mucho más personal, porque es ese país que tú recuperas a través de la nostalgia, pero el país real queda ahí como irrecuperable. En todo caso, viene el país de la participación, el país del compromiso de un escritor con su destino. El país ausente es un libro moral, es un libro que está escrito con el sentimiento y menos con las ideas, son crónicas para evocar, son crónicas que llevan el espíritu de Alfredo Armas Alfonso, melancólicas, pero al mismo tiempo reclamante, es una crónica de un país que quiere vivir, que quiere que lo oigan, es el país ausente que quiere ser nosotros y no ellos solos”.
“Nosotros tenemos la desmesura”
“El país que se construye con la emoción no puede ser puramente político, porque los políticos tienen conceptos cuadrados con razón o sin ellos. Nosotros tenemos la desmesura, la íntima desmesura, esto es, vamos a hacerlo con nosotros más allá incluso de la propia realidad política, porque después de todo este país queda para nosotros, porque nos lo están dando para sentirlo de verdad.”
“La generosidad es el verdadero poder”
“Nosotros tenemos que ser horizontales, casi anárquicos, y ¿por qué casi anárquicos? Porque no debe haber alguien en concreto que gobierne, que tenga el poder, sino cada uno de nosotros tiene un poder que se disuelve en el otro. Eso es realizable, es realizable en la medida en que la generosidad sea el verdadero poder. ¿Quién es el poder aquí?: la generosidad, que no sea un hombre, que no sea ni siquiera una estructura lógica y filosófica, sino un sentimiento, y tiene que ser el sentimiento de solidaridad, eso para nosotros es la única manera de poder entender nuestra participación, porque si no, entramos en el individualismo, el poder del yo, eso es terrible.”
La poesía en tiempos de esperanza
“Baudelaire nos estaría reclamando que nada se hace sin el dolor. Siempre hay la carencia, la lastimadura, tú no puedes exaltar la total dicha porque tiene que haber el desasosiego, tiene que haber una herida, la carencia. ¿Cómo cantar o ser poeta en momentos más bien de plenitud? Pero, ¿cuándo ha habido plenitud en el mundo? Nosotros podemos construir un país extraordinario y siempre habrá miseria, podemos construir una gran sociedad y siempre habrá injusticia, podemos construir el país soñado y siempre habrá odio, porque el hombre está hecho de odio y de amor, plenitud y abismo, entonces siempre estará el poeta ahí para sentir que nosotros no somos totalmente plenos. El poeta jamás será el cantor de lo ya construido o de lo que definitivamente ha sido realizable, la poesía está hecha para eso, seremos siempre lastimados y estaremos siempre con carencias, habrá siempre un grito y una queja qué decir, eso tiene que ver con la verdadera función de la poesía, que es la esencia misma del hombre, que vive entre el dolor y la dicha.”











