Pequeña colaboración para los amigos del periódico vecinal naciente "Patria Libre" en la Parroquia "Venancio Pulgar" de Maracaibo, estado Zulia.
La comunicación para que sea verdadera necesita de la participación. No es un decir de moda ni una ocurrencia, porque nadie solo y aislado, aunque hable solo, puede decir que está comunicado. Quien se comunica lo hace con algún otro, y la soledad, para que no se convierta en una enfermedad, ha de ser una circunstancia pasajera. ¡Cuántos viejos nuestros parecen condenados por nosotros a una cárcel de silencio, porque no somos capaces de detenernos cinco minutos para conversar aunque sea sobre el estado del tiempo! Además, habituados a la televisión y la radio de manera enfermiza, no nos comunicamos o tenemos serios problemas para hacerlo. En primer lugar, nos dijeron y repiten que la televisión es un medio de comunicación, pero ¿quién conversa con un televisor? La comunicación es interacción humana y los aparatos como la TV o la radio son simple y llanamente receptores y procesadores de las ondas y señales que, luego, se convierten para nosotros en información. En otras palabras, el aparato procesa las señales y nos las ofrece convertidas en signos lingüísticos o en imágenes diversas, después las percibimos y convertimos en información; sin embargo, nos han dicho siempre que el solo hecho de recibir las palabras y las imágenes a través de la radio o la TV es ya comunicación. Nada más falso; hay comunicación sólo cuando hay interacción o intercambio, cuando lo que digo es escuchado por otro que interviene en lo que digo cuando escucha, cuando habla y hasta con su silencio.
La radio y la TV nos alejan de la verdadera comunicación porque nos obligan (sin darnos cuenta) a permanecer pegados y en silencio frente a ellos, enmudecidos y expectantes. Pero hay comunicación cuando nos decidimos a romper esta magia y nos ponemos a conversar. Si converso con el otro, lo conozco, sé cómo está. Y si lo sé, y está mal, lo puedo ayudar, porque no somos capaces de quedarnos indiferentes ante las necesidades del otro. Pero pegados a la TV no nos damos cuenta de que el otro existe y padece. Si lo escucho podré ayudarlo o podrá ayudarme, si el caso es al revés. ¿Le pedimos ayuda a la radio? No, llamamos si acaso a la radio para poner una denuncia, pero sería mejor hablar con varios del barrio y tratar de solucionar juntos el problema porque nos conocemos y porque el problema es nuestro y porque somos los únicos capaces de solucionarlo. Además, ¿quién se puede meter en nuestras casas para arreglar, por ejemplo, un problema con nuestros hijos? La comunicación es lo único que se requiere para la organización. Y como barrios populares, estamos llamados a construir el poder popular, es decir, el comunal, el de la comunicación. De ahí la importancia de un periódico que será medio de comunicación sólo cuando la gente participe en él, es decir, cuando converse en y con él. Cuando sirva para llegar al condenado al silencio y lo haga hablar, salir de su soledad, de su cárcel. Cuando sirva para conocernos y para juntarnos en el esfuerzo de solucionar nuestros problemas, haciendo realidad el poder popular, la verdadera democracia.











