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Archivos de: Diciembre 2005

Conversación con Israel Colina

por joseleon71 @ Lunes, 05. Dic, 2005 - 10:37:07 am

Iberoamérica ad libitum

En medio del despliegue grosero de producciones musicales fantasma o de espuma, con un acento desmedido y sin vergüenza en el mercado y sus fauces, existen y despuntan creaciones colectivas guiadas por la amistad y el amor perseverante a lo nuestro. En este marco se encuentra el disco de Israel Colina, joven falconiano que, junto a su hermano Gustavo, ha hecho vida y sembrado raíces en nuestra ciudad. Su disco es un homenaje a nuestra herencia musical, un canto a la libertad, la emancipación cultural y la integración, porque “Hay quienes pierden tiempo – afirma Israel- en guerras y venganzas. Por nuestra parte, hemos acunado esta producción con las nanas de nuestra conciencia, en el lirismo y la música, en la esperanza viva de la utopía y en el desmontaje definitivo de la farsa que nos aleja de nuestras raíces, de lo que esencialmente somos.”

Iberoamérica Espléndida
“En diciembre de 2001 estuvimos eligiendo los temas, revisamos, descartamos, había muchas posibilidades, nos gustaban bastantes temas, pero total que terminamos eligiendo dieciséis. El disco se llama “Iberoamérica Espléndida” y surgió el mismo enero que nos metimos en el estudio de grabación de los hermanos Acurero. Después que hicimos la selección nos fuimos Gustavo y yo a ese estudio, concertamos la cita y Gustavo empezó a grabar las maquetas y yo a grabar las voces aparte. Gustavo hizo la base de las guitarras, la base del cuatro, fue incluyendo la bandolina, y después empezamos a llamar a los amigos, que ya estaban medio avisaos pero no tenían conciencia de lo que estábamos haciendo. Les pasamos un “quemaíto” de esas piezas, las empezaron a escuchar y pautamos fechas de grabación.”

Fueron llegando
Así fue llegando Elvis Martínez, contrabajista espectacular, excelente músico y gran persona, ante todo, él fue incluyendo la parte de los bajos y el contrabajo, con arco, y fue cogiendo color el disco. Después se insertó el maestro Carlos Almarza, que posterior a ese proceso fue prácticamente el ingeniero de sonido con el que terminamos el disco. Carlos le metió los pianos, los “pads”. Llamamos a Ulises Hadjis baterista y después llamamos a Lendys Solarte como percusionista afrovenezolana y ahí empezó a coger de verdad bastante fuerza el planteamiento. Prácticamente en la víspera a la conclusión fue que insertamos la voz.”

Diversos géneros

“Hay valses, samba argentina, merengue venezolano, onda nueva con un tema jazz de Fito Páez que es muy lento, del disco “Circo Beat”, que se llama “Nadie detiene al amor en un lugar”, Gustavo hizo un arreglo para esa pieza en onda nueva que es un ritmo que creó el maestro Aldemaro Romero. También grabamos tonadas, porque consideramos que la tonada –en mi caso- es el género musical venezolano más sublime, además que es muy exigente a la hora de ser interpretado. No grabamos, pues, música llanera per se de la que conocemos, con arpa, cuatro y maracas sino que se utilizó el cuatro como acompañante natural, la guitarra y el silbido, un elemento muy importante dentro de esa propuesta”.

“Homenajes a la tierra que sentimos profundamente…”
“Elegimos dieciséis temas a partir del amor que sentimos por Iberoamérica. Está una pieza venezolana que se llama “Yo era dichoso”, está otra argentina que se llama “Canción para Carito”, musicalizada por León Gieco y con letra de Antonio Tarragó Ros, y bueno, buscando ese matiz, intercalando una pieza venezolana con dos latinoamericanas de otra parte, Argentina, Chile, Perú, volvíamos a Venezuela y así fuimos ensamblando. Tomamos un tema de Magdalena Sánchez grabado a finales de los años 50 del siglo pasado, hicimos una versión, esa canción se llama “Infiel”. Casualmente ella hace dos meses murió, yo obviamente no sabía que iba a morir Magdalena Sánchez y bueno, eso quedará ahí como un homenaje. Grabamos un tema de Otilio Galíndez que se llama “Pueblos tristes”, una fotografía documental de lo que es mucha del alma de los pueblos de Latinoamérica.”

Un Video clip ¿por qué no?
“A ese trabajo colectivo se le fue sumando la fotógrafa y documentalista Yanilú Ojeda, quien planteó también hacer un video clip para la promoción del disco, ¡y se hizo!, pero yo le preguntaba que por qué lo íbamos a hacer si ese disco no respondía a esos patrones de promoción y difusión, pero ella me dijo que no, que era una idea buena y que debía hacerse, sencillamente porque si los demás hacen video clip porque tú no vas a hacer un video clip con tu propuesta. Estuve de acuerdo y nos fuimos al centro de Maracaibo. Surgió en mi “renolito”, yo no tengo reproductor en el carro, entonces le poníamos pilas a uno portátil y colocábamos “Es la primavera”, un tema de Rafael Amor y Francisco Amor, autor de muchos otros grandes temas latinoamericanos. Lo hicimos en el Centro, no había modelos allí, yo no me iba a enamorar de ninguna modelo, esa no era la intención, la intención era mostrar parte de lo que es el Centro de Maracaibo con una canción argentina y entonces tratar de buscar ahí una armonía. Hicimos tomas en el cementerio El Cuadrado, por el Casco Central, nos fuimos a Santa Lucía. Como estábamos trabajando con el cine directo no había guión predispuesto ni locación; si veíamos que la luz era acorde con lo que llevábamos grabado y si se parecía a algo que queríamos retratar en el disco lo hacíamos.”

Disco ad libitum
“Ese fue el proceso para que el disco se diera en tres años, no nos apuramos, de hecho el ritmo que cogió fue el ritmo en el que todos podíamos, y como cada quien tiene sus obligaciones y su trabajo aparte, pues hicimos eso. Lo que sí es importante decir acerca del disco es que todos tuvieron libertad de proponer. Gustavo hizo los arreglos generales para casi todas las canciones, pero se les pedía a todos que pusieran lo de ellos y si había algo después de la grabación que había que revisar lo revisábamos, cada quien llevaba su propuesta, no había limitaciones. Otra cosa, el disco no lo grabamos con “click”, es decir, con el marcador de tiempo exacto para cada canción donde cabe cada compás sino que lo grabamos ad libitum, entonces eso se siente en el disco y algunos músicos cuando llegaban a grabar decían que por qué lo habíamos hecho así y Gustavo les explicaba que la idea era que fuera un disco libre en toda la extensión de la palabra y que el tiempo tuviera el ritmo nuestro, no lo que a uno las notas y el tiempo de cada nota lo obligan. Además, utilizamos el “rubato”, es decir, el ir y venir dentro del fraseo para poder hacerlo menos cuadrado y más oblicuo, redondo, rectangular, donde eso tuviera lugar, tanto para la música como para la voz.”


 
 

La cultura mediática de la muerte

por joseleon71 @ Jueves, 01. Dic, 2005 - 03:07:48 pm

I.
Hay quienes piensan que la violencia es inherente, natural, propia de la condición humana. Acaso también afirmen sin temor a equivocarse, que el hombre es malo por naturaleza y que la sociedad y la socialización lo elevan más allá de los animales y de la animalidad. En este contexto es común escuchar (articulada de una y mil maneras) la frase de Hobbes “el hombre es el lobo del hombre”.
Si los hombres piensan que el hombre es malo y que la sociedad lo mantiene estrictamente controlado para que su maldad no exceda los límites de lo socialmente aceptado, entonces la idea de libertad aparecerá utópica, un bien imposible de alcanzar, una condición a la que sólo se accede en estado de gracia y, por cierto, jamás por un colectivo sino, siempre, por un individuo que experimenta la libertad como intransferible, algo así como que nadie es libre en cabeza ajena.
Siempre aparecen juntos en la historia el individuo, la libertad y la maldad, y cuando se reflexiona sobre lo colectivo nos tenemos que remontar a una suerte de edad de oro, utópica, en la que todos eran libres, solidarios, amantes de la vida y en armonía con la naturaleza. Así las cosas, pienso que mientras persistan estas imágenes, entre otras, será imposible el ejercicio de la libertad. Y como normalmente entendemos que nuestros semejantes nos son adversos hasta que demuestren lo contrario, entonces entendemos que un principio básico para la supervivencia (cuando bastaría simple y llanamente vivir) es la seguridad y la defensa. De ahí que presupongamos y planifiquemos nuestra seguridad.

II
No es necesario ser partidarios de las políticas del Pentágono para que cotidianamente manejemos las nociones básicas de la guerra preventiva. Cuantas veces hemos articulado en palabras o hechos la expresión: “quien pega primero pega dos veces”, o bien, “golpea antes de que te golpeen”, o bien, la hermana de todas “la mejor defensa es el ataque”, por no darle ningún calificativo a la que reza “para la paz prepárate para la guerra”, sin duda una frase que es la summa teológica de la religión de la violencia.

III
Para cuidar que nuestros niños se preparen para la guerra nada mejor que comenzar a relacionarlos con las armas. Espadas, cuchillos, pistolas, rifles. De plástico, de agua, de fulminantes, de balines. Algunas, con peso y textura que copian las reales. Pero no se trata sólo de los objetos sino de una cultura y casi un sistema, por lo vasto, intrincado y minucioso, de violencia y muerte. En una hora de televisión, por ejemplo, las cifras de violencia de todo tipo son alarmantes (he visto decapitaciones, estallidos, conflagraciones, gritos, histeria, a toda hora, incluso y, sobre todo, en canales dedicados exclusivamente a dibujos animados), y en condiciones en que la televisión en casi la totalidad de los hogares es un elemento indispensable (e impensable su falta), amén de invisible de tan consubstanciada con la cotidianidad del hogar y los espacios públicos y privados en general (hace rato habita los taxis, los cafés, las tascas, las oficinas, los kioscos de revistas, las mesas de los buhoneros, toda sala de espera que se respete), es fácil concluir que la cultura de la violencia y la muerte sean igualmente cotidianas, invisibles además por la acción vertiginosa y casi ilimitada de elementos (algunos decididamente ideológicos) que participan en su construcción. Esta cotidianidad nos afirma además en la creencia de que la violencia y la muerte son naturales, lo que sin duda dificulta nuestra respuesta como pueblo y como cultura a su acción premeditada y alevosa. Hablo de una respuesta vigorosa, un veto colectivo, un acto soberano, en contra de la actividad mediática generada por las empresas y corporaciones de la comunicación con sello y factura norteamericanos.

IV
¿Fue gratuita o era simplemente una “comiquita” el Tom y Jerry que pretendía ocultar el golpe de estado? Cuando se comenta esta parte de la componenda de los medios ante el golpe, se destaca que el problema era el acto en sí de trasmitir una comiquita cuando estaban sucediendo cosas determinantes en la historia contemporánea del país, sin embargo casi nadie alude a esa comiquita precisamente, ese non plus ultra de la violencia animada.

V
Este sistema de cosas requiere de la violencia para sostenerse. La competencia profesional, por ejemplo, es una forma de violencia, igual que el simple hacer bien las cosas (o sólo quererlo o pretenderlo) les parece a algunos un acto imperdonable de soberbia. Recordemos también la rabia y frustración que desatan los “cerebritos” del liceo hasta el punto de crear un clima en el que el incumplimiento de las tareas deviene normal y socialmente aceptado (claro está, por la sociedad de cómplices que allí nace y que cuando crece festeja el arrojo de los jóvenes que “hacen lo que sea” por un refresco o una cerveza.) Ante algo que aparece como nuevo o distinto se responde con envidia, burla, descalificación. No se tolera que alguien haga lo que no se nos ha ocurrido o no pudimos hacer. Cuando hemos escuchado la frase “la mejor forma de criticar es hacer” olvidamos que nació de la envidia, del boicot, del “torpedeo”.

VI
En un ambiente de violencia generalizada (entendida en la terminología light de la socialización como “competencia”) nadie reconoce y más bien desdeña el talento y la capacidad del otro. La metáfora bíblica del candil que alumbra mejor si se eleva y se pone a la vista y no debajo de la mesa, o aquella de que una lámpara no le roba la luz a la otra sino que entre ambas iluminan mejor la habitación, se hallan muy alejadas de nuestras prácticas cotidianas de socialización.
Empero, la solidaridad (para el socialismo del siglo XXI) está reñida con la competencia de todo tipo y en todos los órdenes. No importa el grado, toda competencia genera violencia. No se requieren armas, vienen por añadidura, y a veces hasta sirven de distracción, porque mientras nos empeñamos, por ejemplo, en quitarlas del horizonte doméstico de nuestros hijos, sustituyéndolas por juguetes para la vida creyendo que le asestamos un definitivo golpe a la cultura de la muerte, descuidamos el minucioso despliegue de la violencia en manifestaciones más sutiles y por tanto más invasivas, también más permanentes.
De lo que sí estoy seguro es que la cooperación y la solidaridad no pueden nacer en un ambiente de violencia sorda o a gritos. No faltará quien diga que el hombre es malo por naturaleza, que la violencia es de suya inherente, que la cultura y la sociedad lo alejan de la bestialidad. En el entendido de que queremos construir una sociedad de iguales, fundada en la cooperación y la solidaridad, en el amor y el respeto, y como se trata de responder a la muerte con un despliegue igualmente vasto y minucioso de vida, sería interesante que comenzáramos a detectar, al menos al interior de nuestros hogares, el alfabeto de la muerte tal como nos la venden los medios, siempre deseosos de que despreciemos a nuestros semejantes porque así ellos preservan la desigual estructura económica y social, y por ende, la competencia, el deseo, la compulsión.

VII
En esta época de regalos, tal vez debamos comenzar por no sentirnos inclinados por las armas. Quienes las fabrican para que nuestros niños se maten de muerte fingida, saben -como lo sabemos nosotros- que los niños cuando juegan, juegan en serio.