Existe un acuerdo básico sobre la ocurrencia de dos discursos, el de la realidad y el de la irrealidad o ficción. Introduzco la palabra "ficción" por meras razones operativas, porque, ciertamente, el que se opone al discurso de la realidad es el de la irrealidad, incluyendo sus otras denominaciones, a veces sinónimos, acaso más familiares y algunas peyorativas: mentira, falsedad, invención, imaginación, invento; sin olvidar que es de uso común la expresión "es un poema" para significar que algo está fuera de la realidad o desencajado, o el remoquete de "lírico" cuando se trata de discursos y personas que "sueñan", "discursean" o construyen en el aire. Los ejemplos, en todos los casos, abundan.
Sin duda que, entre los discursos de la realidad, el periodístico, la noticia, y sus congéneres, son la realidad por antonomasia. Posiblemente, dicho de pasada y a veces con algún tipo de detenimiento, nadie dejaría de aceptar sin caer en un momentáneo o temporal absurdo que el periódico, fundamental surtidor del discurso noticioso, refiere y trata asuntos de la realidad. Es más, confiamos en el periódico casi exclusivamente por ello, y porque dicho con otras palabras, nos actualiza, vale decir, nos pone los pies sobre la tierra. Por otra parte, si queremos salir o escapar del mundo, si queremos evadirnos dulcemente de la realidad, nada mejor que un buen libro de literatura, recomendado incluso en casos de insomnio leve. Sobre esto podemos estar más que medianamente de acuerdo, y para confirmarnos en la sospecha, hagamos un pequeño escrutinio y obtendremos resultados que apenas si diferirán en algunos grados de lo dicho hasta aquí.
Lo cierto es que ambos discursos, el de la realidad y el de ficción se construyen sobre la base de un elemento común: el lenguaje; específicamente, las palabras. Y como sabemos, toda palabra es de una u otra manera una metáfora; en efecto, sobre la palabra «silla» no puedo sentarme, ni cerrar la palabra «puerta» ni escribir con «lápiz»… Los ejemplos son de perogrullo pero lo simple es lo que más fácil se nos escapa.
Si ambos discursos se sostienen sobre el artificio metafórico de las palabras, ¿por qué el discurso noticioso, para seguir con el ejemplo, nos parece o nos da una idea de realidad y en cambio, de la literatura admitimos que refiere hechos y cosas irreales y sin empacho la aceptamos como aproximación metafórica a la realidad, como si el discurso noticioso no lo fuera también, toda vez que recurre al mismo elemento básico, insisto, el lenguaje? Respondo que aceptamos al uno como realidad y al otro no, porque el primero responde a un modelo de la realidad que se nos ha dicho que es, simple y llanamente, la realidad. Conocemos las expresiones "Así son las cosas", "Esta es la verdad", "Así pasó". No un modelo, pues, sino la realidad misma.
Un modelo de la realidad que concibe, por ejemplo, que las cosas y los hechos tienen un inicio, un desarrollo y un final. Este modelo, con ser tan simple, ¿podemos negar que produce y reproduce buena parte de nuestra comprensión del mundo? Nos resulta tan familiar que podemos decir sin problemas que todo lo que sube tiene que bajar y que todo lo que nace debe morir, y con respecto a nuestras vidas, que nacemos, nos desarrollamos y fenecemos. Nuestras actividades también responden a este modelo, a saber: comenzamos con tropiezos o buen pie, aprendemos el oficio y nos desenvolvemos en él, finalmente cesamos, nos jubilamos, o nos botan. Puedo suponer que, en líneas generales, aceptamos esta lógica, un tanto simple. Sin embargo, ocurre que a ese digamos paradigma de la realidad se opone otro, que podemos afirmar no se acuerda con eso del nacer, desarrollar y morir, y que niega, contradice, redefine todos los demás ejemplos citados, sobre la base de una lógica espacial y temporal distinta, no controlable y difícilmente previsible. En efecto, este paradigma afirma que nacemos cuando nació el primer hombre y que no morimos porque en términos generales la materia y la energía, que es lo que a fin de cuenta realmente somos, no desaparece, antes bien se transforma. Pero queda lo del desarrollo, etapa donde ambos paradigmas trazan puntos de contacto, sólo que en el modelo de la realidad que conocemos (cerrado) el desarrollo se sucede en etapas, en ciclos, crece, progresa o avanza sobre una idea (lineal) del tiempo; en el modelo abierto las etapas o ciclos no existen, o mejor, los límites se tornan borrosos, y bien puede suceder que ocurran saltos, desvíos, retrocesos, en eso que se entiende como etapas o ciclos, de ahí que se pueda hablar de "eterno retorno" o de niños que actúan como adultos, o de viejos que son como niños, o, como Cortázar, de niños gigantes. De lo que podemos deducir, y no es poco, que el tiempo no es lineal sino que hace un recorrido (si podemos hablar de recorrido) en cierto modo antojadizo. O como quería Rimbaud, "en espirales".
Ahora bien, puestos a considerar fríamente cuál de los dos modelos o paradigmas se acerca a la "realidad" tal como la experimentamos o vivimos, acaso afirmemos que el segundo se aproxima más, en tanto que intenta reproducir y explicar los giros, desvíos, indeterminaciones e incertidumbres de la realidad, porque ciertamente, qué podemos decir del pasado que se sostenga sólidamente, por no hablar del futuro. Y por demás, qué decir del presente, esto fugaz y transitorio, que no se detiene jamás y cuya detención sólo ocurre teóricamente. Sin embargo, la ciencia y su articulación tecnológica necesitan como premisa fundamental que el tiempo sea lineal, que se mueva en una dirección y que al menos parcialmente se detenga. Qué otra cosa significa la creación de sistemas cerrados, para controlar las emisiones de rayos, para la inseminación in vitro, para el seguimiento de las partículas subatómicas. Estudiar según el paradigma de la realidad requiere que el objeto de estudio se detenga (aunque la detención sea imposible como ocurre con los electrones) en el tiempo y en el espacio y así poder controlar su circulación en un modelo tempo-espacial determinado. Difícilmente podemos entrar en desacuerdo con estas afirmaciones un poco lanzadas a la ligera. Pero también, creo que ahora con mucho menos dificultad podemos aceptar que éste paradigma se aleja de la realidad tanto o más en cuanto que el otro, el abierto, se acerca más a la realidad, a lo que vemos y vivimos y experimentamos como realidad.
Pero si el primero produce objetividad (periodismo, ciencia) el segundo produce subjetividad (literatura). Mas la ecuación, con los elementos que ya tenemos, se puede invertir, esto es, podemos afirmar que la literatura intenta reproducir las condiciones y cualidades de existencia de la realidad empleando los recursos, las nociones y estrategias discursivas que parten de una interpretación o traducción a nivel de las formas, de una experiencia vital, sensorial y sensible con la realidad. Se puede decir que ambos paradigmas son un intento, pero he aquí que vale la pena enfatizar que el intento del modelo de la realidad extendido y convencional, aparte de que se queda como eso, como un intento, jamás producirá algo verdaderamente cercano a la realidad, porque su principio teóricos parten de la reproducción de un sistema artificial simulador de la realidad, de modo que su intento de aproximación ocurre en un lejano y cada vez más lejano segundo grado. El otro paradigma trabaja en cambio de primera mano con la realidad e intenta, intento mucho más neto, producir una experiencia real, o mejor, permite experimentar la realidad, sentir la realidad, acaso, vivir la realidad. Todo lector de literatura sabe a qué me refiero.
Pero no quiero ahora, y aporta bien poco, hablar de los lectores y de la experiencia de los lectores de literatura, quiero hablar sobre aquellos jóvenes y adolescentes -no sobre los niños que entienden perfectamente aquello de "Érase una vez…"-, sobre los adultos y profesores, incluso de literatura, que afirman con toda razón que la literatura les aburre y que cuando leen un poema no lo entienden. Incluyo aquí un buen número de lectores de prosa y narrativa que no leen poesía por más o menos las mismas razones. Pues jamás podrán leer literatura con placer y nunca entenderán (se entiende que no se trata de entender sino de otra operación menos cognitiva que volitiva) un poema porque el paradigma con el que leen, en el que fuimos educados para entender, comprender y vérnosla con el mundo y la "realidad" es incompatible y diametralmente opuesto al paradigma sobre el que está construido el discurso literario y fundamentalmente el poético. Obviamente, al chocar y repelerse, la operación de lectura y comprensión del texto literario o poético se convierte en una experiencia por decir lo menos traumática. Este sentimiento de frustración, de lejanía, de insoportable trato, que despierta leer literatura con los ojos con que se lee el periódico, por ejemplo, cierra las puertas a la literatura y la poesía, al tiempo que abre, entre otras, las puertas a la literatura ligth, concebida y construida fundamentalmente sobre la base del paradigma de la realidad según el modelo que, si seguimos lo desarrollado hasta aquí, podemos achacarle el término de realidad fingida.
Se entiende que no sólo la escuela nos distancia de la literatura, que son todos los aparatos ideológicos de producción cultural los que conspiran para alejar al posible lector de la experiencia literaria, que es como decir, alejarlo de la realidad. Urge replantear las cosas, insistir en que la realidad que "conocemos" a través de los textos, responde a un modelo de la realidad profundamente cuestionado hoy día desde muy varias disciplinas, pero sin duda que estos cuestionamientos no han hecho impacto en zonas de la población altamente sensibles: entre otros, en los jóvenes y adolescentes. Es importante insistir en ello porque la literatura, quien lo duda, se parece demasiado a la libertad en tanto surtidora de ese preciado bien tan anhelado por Borges, la felicidad. Además, debemos seguir sosteniendo en nuestras escuelas y en nuestro diario convivir, que el modelo de la realidad cerrado y artificial, verdaderamente impuesto, nos niega para siempre la posibilidad de imaginar un mundo distinto. Cierto que estos mundos sólo han sido y serán posibles -en sí- en la literatura, pero nada impediría que los mecanismos de construcción de la experiencia de la realidad que actúan en la producción de los textos literarios, pudieran migrar hacia otras experiencias como la histórica, la geográfica, la metalmecánica, la electrónica. Realmente, del primer modelo se puede decir que ha dado para todo, pues produce literatura (ligera y en serie) pero también máquinas y laboratorios. En realidad, sobre ese paradigma se ha construido todo lo que conocemos como realidad, y también lo que acabará con ella si persiste el modelo de desarrollo que sobre ella se sostiene y levanta, como cabe suponer por los adelantos en Afganistán e Irak, por los tratados de libre comercio y el expansionismo neoliberal en todas sus faces y facetas. No obstante, la literatura, persistente, ha hecho lo suyo, mientras se le relega y se le ha relegado al estante de las maravillas, al anaquel, al manual, a la cátedra soporífera. También, por qué no, a este mismo momento específico, de lectura y comentario de textos que versan sobre la literatura, la poesía y sus asuntos, siempre al margen de los discursos conformadores de los real. A veces, llevados al nivel de accesorio, de jarrón, de arreglo floral; verbigracia, un recital de poesía. A eso hemos llegado, y no conozco un tiempo pasado mejor. Acaso en alguna dinastía de la remotísima China -lejos de Platón- donde los poetas eran los más altos de los funcionarios públicos. Sin aspirar a ello, aspiremos a replantear y redefinir los términos en los que decimos conocer y comprender la realidad, insostenible e irreal en los términos consabidos. La realidad es otra. La realidad, dicho tajantemente y sin ánimo de provocar, es la Poesía.
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La realidad, la poesía
por joseleon71
@ Domingo, 27. Nov, 2005 - 01:59:13 am











