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Historia, sujeto y memoria

por joseleon71 @ Viernes, 16. May, 2008 - 11:21:14 pm

Anotaciones y comentarios a partir de Figuras de la memoria, de José Javier Franco Ortiz (2008) Monte Ávila, Caracas

Lo que recordamos del pasado no es/no fue el pasado. Lo que recordamos hoy es (sólo puede ser) recuerdo. El recuerdo ocurre en el presente, exactamente en el acto de recordar, es decir, en el momento de su ocurrencia. El recuerdo es un acontecimiento cuyo lugar de acaecimiento es el presente. No puede ser de otra manera (la memoria elige del pasado lo que es útil al presente, afirmaría Bergson), pero el prestigio de la historia y, como vemos con José Javier Franco, su poder, suele ocultar esta verdad.
La crítica a la historia parte de una pregunta capital: ¿quién la escribe? Y puesto que la escribe el poder -representado en el historiador- resulta obvio que su discurso –histórico- salvaguardará (dará permanencia, relevancia, continuidad y visibilidad a) los intereses (prejuicios y privilegios) de las élites en el poder. Las evidencias facilitan esta perspectiva crítica, y aunque apuntan a una posible solución, no es fácil articularla en la práctica, convertirla en estrategias, en procedimientos.
En primer lugar, queda claro que se precisa un nuevo sujeto, un sujeto otro, desde el cual, o el cual, produzca un discurso histórico “distinto al de la historiografía” y tendiente a “desarticular los discursos hegemónicos sobre «nuestra» historia” (XII). El pasado histórico oficial se asume como un objeto absolutamente recuperable, sin silencios estridentes que pongan en riesgo la continuidad del proyecto de las elites; la teoría sobre el discurso otro, por su parte, sabe que tal absolutismo es imposible, que ninguna recuperación es total, que el tiempo pasado no cabe completo en el presente, y que todo proyecto de recuperación del pasado es un deseo en fuga. Si para la historia el pasado es un «objeto», para la memoria el pasado se «desobjetiviza» y se percibe, en cambio, como «proceso», “mecanismo escriturario de acercamiento a un «algo» que se sabe de antemano imposible” (XVI). No es la memoria, por tanto, un «archivo», sino un “dispositivo de agenciamiento que interrelaciona los hechos y los tiempos de los que se ocupa” (2).
La memoria deviene entonces borramiento de la historia, y se constituye a partir de la diversidad de voces, de la pluralidad, de la fragmentación, opuesta a la unidad monolítica de la “«voz» hegemónica de la historia oficial” (4).
La pluralidad y la fragmentación rompen con la linealidad* y la secuencialidad, y por ende, con la relación causa-efecto. (Recordando a Hinkelammert, rompen con la racionalidad medio-fin). Se introduce entonces otra racionalidad, y es otro, por supuesto, el sujeto. Este nuevo sujeto encarnará “voces disidentes, excluidas o escindidas de los discursos oficiales y tradicionales (…) que rompen con los modelos de hegemonía y predominio sobre la «verdad» histórica” (19).
El discurso de este sujeto otro, que no se escribe desde la racionalidad del poder, que no atiende a su forma lineal y secuencial, de causa efecto, y que además no se escribe «tal-y-como-fue», “exacta, puntual, efectivamente”, no tendrá, por ende, sentido. El sentido es una consecuencia y una relación del poder (que ha establecido una continuidad con el pasado) y determinadas estrategias discursivas. Si alteramos la linealidad y la secuencialidad, en términos latos, rompemos el sentido tal y como lo concibe el poder. Un sujeto otro, propondrá “figuras que ofrecen siempre y todo el tiempo una heterogeneidad de sentido o un sentido abierto a lo heterogéneo, cuyos elementos son intercambiables, sustituibles, y por ello proponen un sentido que se quiere alterable, inestable, fluido” (24). No estaríamos ante un pasado, sino ante versiones del pasado, ante posibilidades y acercamientos a una verdad siempre en fuga, siempre en constitución. Estas escrituras –dice Franco- “están más cercanas al relato cuasi-onírico de la memoria individual que a las pretensiones «cientificistas» de «la historia universal y/o nacional(es)» (29). Estas escrituras, además, “rompen los cánones de representación…” (39).
No estaríamos, por otra parte, ante un sujeto, sino ante un sujeto plural, productor de pasados plurales, diversos, heterogéneos. Y, si no hay memoria singular, entonces no hay memoria nacional.
Si el sujeto se conforma a partir de su pasado, un pasado plural supone un sujeto plural. La memoria -“proceso que pone en práctica «una política» acerca del pasado” (2) y no la historia (como archivo)-, será entonces “un campo discursivo de múltiples posibilidades, donde es el lenguaje, el uso del lenguaje por un sujeto x, lo que da forma a una figura de la memoria, a una manera de agenciar presente/pasado” (39). “Es posible que «hombre», «mujer», «negro», «latinoamericano», «nosotros», etcétera, sean categorías que describen procesos más que identidades” (40). Luego, “la acción de sujetos «subalternos», el uso que éstos puedan hacer de los «restos» del pasado, las operaciones que sus memorias pueden hacer sobre el relato pretérito, las reapropiaciones de los significados mediante la reordenación de los significantes, posibilita discursos otros, discursos varios que interrumpen, contradicen, desvían el flujo de los pretendidamente oficiales y posibilitan la «hibridación» del discurso sobre el pasado e incluso la emergencia de una memoria heterogénea” (42). Vemos entonces que el sujeto otro es un sujeto subalterno, en rebelión, (dis)puesto a recordar de otras maneras, a eludir, saltar, tergiversar, parodiar, rescindir el recuerdo oficial, la voz ordenadora del poder (y por ende al poder mismo). Atenderá otras voces, y las registrará de diversa manera. Establecerá otras relaciones con la verdad y el sentido, con el logos y la razón, con el recuerdo y el olvido. En definitiva, con el poder.

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* Valga aquí anotar una sugestiva apreciación de Adolfo Colombres (2005) en Teoría transcultural del arte, para quien, dejando atrás la “piedra fundacional” puesta por Herotodo “en cierta forma la historia es una creación del cristianismo (…) La concepción lineal del tiempo fue ya esbozada en el siglo III de nuestra era por Ireneo de Lyon, y tomada y elaborada luego por San Basilio, san Gregorio y San Agustín. Alberto Magno y Santo Tomás concibieron ya la historia como un progreso lineal, aunque hubo que esperar hasta el Siglo de las Luces para que la linealidad se estableciera con firmeza en el ámbito científico. Y hasta el siglo XIX para que se generalizara, bajo el empuje de las corrientes evolucionistas…”(43)
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Revisión de paradigmas historiográficos

por joseleon71 @ Viernes, 16. May, 2008 - 01:33:50 pm

Lectura de Nuevos paradigmas para el siglo XXI
de Roberto López Sánchez, 2003

[LOPEZ SANCHEZ, Roberto. Nuevos paradigmas para el siglo XXI. Revista de Ciencias Humanas y Sociales, ago. 2003, vol.19, no.41, p.107-139. ISSN 1012-1587]

Afirma Roberto López que la visión de la historia como progresiva y en sucesivas etapas de crecimiento fue lanzada al cesto de la basura, aunque su explicación en cierta manera contradiga que él mismo la haya echado al cesto; en efecto, afirma de acuerdo al paradigma “desechado” que «la historia se estanca y retrocede a períodos que se creían superados, y que se avanza hacia una mayor profundización de la desigualdades sociales» (109). Si se niega la progresividad y lo sucesivo, entonces no puede existir estancamientos ni retrocesos, ni mucho menos “períodos superados”. Aunque entendemos la idea de la afirmación hecha por López, valga la aclaratoria.
Reclama el autor que la historia debe adecuarse a la realidad latinoamericana, superar la visión eurocéntrica, y aceptar que no es neutral. Apuesta por lo que denomina el “compromiso social de los intelectuales” (110) ante la ola neoliberal. En este sentido, afirma que el oficio de historiador debe contribuir “a dar respuestas y explicaciones a los procesos de conflicto y cambio que hoy estremecen a nuestras sociedades” para lo cual se precisa “reconstruir nuestra identidad como nación” (110).
López sigue de cerca el manifiesto de “Historia a Debate” surgido en septiembre de 2001, contemporáneo a la voladura de las Torres Gemelas, coincidencia que destaca el autor. Dicho manifiesto propone la superación del objetivismo positivista y del subjetivismo posmoderno, que la rigurosidad en la historia no es contradictoria con sus resultados relativos y plurales acordes a la diversidad presente en las sociedades humanas, destaca el uso de nuevas fuentes históricas como la oralidad, la iconografía y los restos materiales, propone la innovación en los métodos y los temas, defiende la interdisciplinariedad como una necesidad ante la complejidad del actual mundo globalizado, y cuestiona la fragmentación de los estudios históricos que desvincula a los historiadores de una realidad basada en la interrelación y la comunicación global. Promueve, además, el debate y la confrontación intelectual y reivindica la autonomía intelectual de los historiadores. Apuesta por un sentido más comunitario del trabajo historiográfico y valora la herencia de la Escuela francesa de los Annales, del marxismo y del neopositivismo.
Los historiadores –resalta López del manifiesto- no se deben limitar a aportar datos, su papel abarca la definición de los temas, fuentes y métodos de investigación, la pertinencia social e implicaciones teóricas, y sus conclusiones y consecuencias. Afirma que una relación más estrecha entre la teoría y práctica incidirá en una mayor coherencia y valora los aportes que desde la historia deben realizarse en la definición del futuro de nuestras sociedades.
Este manifiesto y esta dirección historiográfica, parten de cuestionar que la historia estuvo reservada a una élite portadora de la “razón dominante” (114), lo cual imposibilitó a las comunidades populares, a los grupos étnicos y sociales elaborar “su propio conocimiento histórico” (114). Habla López de una historia mantuana “que ha relegado conscientemente a las grandes mayorías populares del papel protagónico que ejercieron en el proceso histórico-social venezolano” (122). Lo popular, pues, ha sido excluido de las investigaciones históricas:

Un elemento que resalta actualmente es la exclusión de lo popular en las investigaciones históricas. Explotados, rebeldes, dominados, no son considerados sujetos protagónicos de la historia. Masa pasiva de las elites dirigentes o de las fuerzas económicas y sociales, el pueblo aparece en la historia sin una identidad propia. El desaparecer el pasado de las clases populares y de las naciones dominadas contribuye a mantener y mitificar las formas actuales de sometimiento. Al valorar la historia de los dominados, de los pueblos y los grupos sociales derrotados, consideramos que la razón histórica no está necesariamente del lado de quienes triunfan en términos políticos concretos. Hay muchas sociedades, proyectos y revoluciones inconclusas que dejan mayores enseñanzas históricas que los triunfos político-militares de los grandes imperios que en cada época han dominado al mundo o regiones de él. Rescatar la memoria de los oprimidos es una tarea básica en el proceso de construcción de identidades, la cual consideramos una de las funciones principales de la historia, y puede permitir que el pueblo se convierta en sujeto protagónico y constructor de su propio destino (114-115)

Por otro lado, nuestra historiografía se constituyó en un apéndice de la europea y se afanó en explicar los pormenores de nuestra inserción, participación o anexión en el mundo occidental. Se precisa, afirma López, una labor historiográfica sobre la cual soportar la tarea de construcción de un desarrollo político, económico, social y cultural distinto al trazado por las clases dominantes, por las elites. Una sociedad plural, insiste, en la que participen las mayorías sociales, exige un “replanteamiento” de la historia de América Latina y de Venezuela en particular (117-118).
Repasa el autor algunas nociones (y prejuicios) de la historiografía tradicional. Por ejemplo, el inveterado racismo, manifiesto a la hora de tratar temas como la colonia o la esclavitud. Sobre Bolívar alude a las imprecisiones en cuanto a los alcances y limitaciones de su proyecto “burgués”:

El período de gobierno del partido bolivariano, en la República de Colombia (1819-1830), ha quedado para la historia como el único proyecto nacionalista burgués que haya tomado cuerpo en tierras venezolanas (hasta 1998 por lo menos). Esto es lo reivindicable actualmente del pensamiento de Bolívar, su nacionalismo hispanoamericano (123)

Pero sostiene que Bolívar contribuyó también a desarticular el “movimiento popular que había tomado fuerza durante la guerra de independencia” (123), alude al temor de Bolívar por la “pardocracia”, lo que implicaba “evitar por todos los medios que se fortaleciera una sociedad donde los mestizos y negros tuvieran el control del poder político” (124). Además, la entrega de tierras tendía a desestructurar la propiedad comunal de la tierra (que había sido reconocida por la corona española) y convertirla en propiedad privada, debilitando también sus liderazgos naturales al abolir los cacicazgos, lo que significaba la liquidación de las comunidades indígenas como tales, abriendo las puertas para su integración cultural a la sociedad criolla dominante (124).
Por otro lado reivindica a Zamora, y lo aproxima mucho más a los momentos de cambio actuales:
Zamora representaba los genuinos intereses de las masas campesinas, de los desposeídos, que nuevamente enarbolaban la “guerra social” que había desatado Boves en 1813, con el fin de destruir el poder político y económico de la oligarquía, y construir en cambio una nueva sociedad basada en los principios políticos del liberalismo burgués, cuyo respeto y aplicación estricta, pensaba Zamora, permitirían la felicidad del pueblo (125).

Finalmente, trae a colación algunos otros problemas tratados por la historiografía oficial: la existencia o no de un proyecto de desarrollo nacional durante el siglo XIX, la valoración de la obra de Guzmán Blanco y la participación popular en el proceso histórico venezolano. A éste respecto afirma que

“La historiografía burguesa ha ocultado conscientemente la participación protagónica del pueblo en nuestro proceso histórico. Nuestra propuesta es recuperar esa memoria histórica y reivindicar que los grandes cambios sociopolíticos siempre han sido posibles en Venezuela gracias a la participación masiva de las grandes mayorías populares” (128)

Como conclusión, adherimos el planteamiento de la necesaria “recuperación histórica de nuestro pasado indígena y africano” y “la recuperación de la memoria de las luchas populares, y su influencia en la conformación de la sociedad venezolana” como otra actividad fundamental de la investigación histórica. “Hasta ahora –dice- la burguesía escribió la historia para justificar su dominación. Al pueblo le corresponde ahora escribir la historia desde su perspectiva de liberación” (130).

Queda entonces por definir la naturaleza de ese sujeto social (aquí el plural es determinante) al cual le toca (y cómo)“escribir la (su) historia”. Entendemos por todo lo anterior, que se precisa romper con el paradigma positivista (y) eurocéntrico, con y desde el cual es imposible comprender e historiar nuestro plural devenir histórico. Se debe pues, definir ese otro texto, su naturaleza, constitución, su forma. Lo planteado por López en esta dirección es impreciso, pero no era este su objeto ni objetivo.

Estado de Desecho

por joseleon71 @ Martes, 13. May, 2008 - 06:15:15 pm

Estado de desecho

Colombia extraditó a 14 paramilitares
pese a estar acusados de crímenes de lesa humanidad

ABN 13/05/2008
Colombia

Bogotá, 13 May. ABN.- El Gobierno colombiano extraditó, la madrugada de este martes, a Estados Unidos a 14 cabecillas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, ultraderecha), por narcotráfico y lavado de archivos, a pesar que estos paramilitares debían responder ante la justicia del país neogranadino por más de 200 masacres y 49 desapariciones forzosas.

Los paramilitares, que según el ministro de Interior y Justicia colombiano, Carlos Holguín, 'ya están volando' hacia Estados Unidos, fueron recibidos en el aeropuerto El Dorado, cercano a Bogotá, por agentes de la Dirección Estadounidense Antidrogas (DEA), reportó Telesur.

Holguín se abstuvo de explicar las razones por las que Colombia decidió tan sorpresivamente la entrega de estos colombianos y adelantó que será el presidente conservador, Álvaro Uribe, quien este mismo martes detalle los motivos en una rueda de prensa.

Entre los paramilitares extraditados, quienes estaban presos en diversas cárceles del país, se encuentran Salvatore Mancuso, Diego Fernando Murillo (alias 'Don Berna'), Francisco Javier Zuluaga (alias 'Gordolindo') y Rodrigo Tovar Pupo (alias 'Jorge 40').

Estos colombianos afrontaban peticiones de extradición en cortes de Miami (sureste), Nueva York (noreste), Houston (sur) y Washington (noreste), acusados de tráfico ilícito de drogas, lavado de archivos y financiación de actividades terroristas.

La extradición de estos líderes paramilitares fue precedida por la de Carlos Mario Jiménez, alias 'Macaco', quien abandonó el país el pasado 7 de mayo, luego de una fuerte contienda judicial encabezada por las víctimas de la facción que lideraba este hombre, el Bloque Central Bolívar, que fue el más grande de las AUC y al que se le atribuyen unos 10 mil asesinatos.

En un fallo que luego fue revocado por el Consejo Superior de la Judicatura, un tribunal de Bogotá había ordenado que Jiménez debía permanecer en el país hasta que fuera enjuiciado y reparara a sus víctimas.
El envío de 'Macaco' fue demorado por cerca de un mes.

Las AUC son amparadas por la Ley de Justicia y Paz, la cual establece la supuesta desmovilización y desarme de este grupo, cuyos miembros debían colaborar con la justicia, reparar a las miles de víctimas y no volver a delinquir, a cambio de penas mínimas de máximo ocho años.

Sin embargo, en meses pasados fueron descubiertos miles de dólares en varias de las cárceles donde se encontraban recluidos destacados miembros de las AUC, que también están implicadas en negocios con bananeras estadounidenses.

A este grupo armado ilegal también se le ha vinculado con más de 60 congresistas del partido de Uribe, que llegaron al poder u obtuvieron grandes extensiones de tierra gracias a la ayuda de las AUC, en lo que se conoce como el 'escándalo de la parapolítica', que tiene sumido al Congreso en una profunda crisis institucional.

En este escándalo ha sido vinculado, incluso, el primo hermano del presidente Uribe, Mario Uribe Escobar.

Sobre el ensayo

por joseleon71 @ Domingo, 11. May, 2008 - 11:54:04 am

El ensayo es un género peligroso. Nada promete durar en él, todo es vulnerable, materia en perpetua corrección, en constante ajuste. Su reino es la verdad momentánea, verdad vacante, escurridiza, maleable, perecedera. La naturaleza que más le sienta es la incorrección. Su cuerpo es fragmentario, su universo disperso. Se mueve a saltos, traza arcos agujereados. Acostumbra dejar lagunas en el camino, no se detiene a rectificar, rectifica sobre la marcha. Su mejor huésped es la contradicción. Se amiga con la desmesura, con el énfasis, con las afirmaciones destempladas. Suele tomarse su tiempo, no se apura, corretea. Es curioso, husmea, abre puertas, atiza, es impertinente. Lo acompaña la risa, la gravedad lo tiene sin cuidado, acostumbra burlarse de sí mismo. Parece que busca siempre lo más huidizo, corre hasta su presa y se entretiene aguardando una nueva oportunidad. En momentos se desentiende, olvida el motivo que lo ha traído hasta allí, y busca rápido otro que lo ayude a mantenerse erguido. No regresa a casa hasta no estar satisfecho. No parece nunca cansado, su espíritu es vivaz, intranquilo. Si algo sabe es lo que ha podido llegar a saber, pues no sabe nada de antemano. Lo que sabe lo ha buscado en sí mismo, y una vez a flote, lo acerca, lo aleja, lo toca, lo huele, lo prueba, lo examina, lo deja atrás. Es muy riguroso consigo mismo, no se consiente mayores complacencias, no debe tomarse a la ligera su humor fácil. Es sencillo pero suele ser mordaz, hiriente incluso. No está hecho para los susceptibles, para los delicados. Se equivoca el que lo busca para entretenerse, no está hecho para el entretenimiento; el que descuida una parte descuida el todo. Una lectura frugal lo desencaja, pero los opíparos le dan asco. Su desmesura es mesura pero en otro orden, su risa es la risa de Epicuro. Se lleva de sí mismo, y se entiende con unos pocos. Serán ellos los que atiendan sus desatinos, sus inconsecuencias, sus frases contrahechas. Es incontenible, irremediable, irrefutable. Un ensayo es literalmente único. Quien refuta sus desatinos recibe silencio por respuesta. Es orgulloso, altisonante. No es bien visto en los salones de moda, en las fiestas de los entendidos. En la acera de enfrente conversa con los perros. Se aparta para dar paso pero mira por encima del hombro con una sonrisa maliciosa en los labios… Sabe que la poesía, terminada la fiesta, irá a encontrarse con él en algún callejón oscuro. Sus carcajadas despertarán al vecindario. Llegarán tarde a casa, llegan tarde a todo, no les preocupa el futuro. El ensayo se precia de conocerla, y ella le presta sus iluminaciones súbitas, sus encantos, sus aproximaciones. El ensayo la respeta como a una hermana mayor, pero en el juego se dan iguales, incestuosos, violentos, maledicientes. Se muerden hasta la sangre. Suele jactarse el ensayo de tener los pies mejor plantados sobre la tierra, y si no fuera porque en su fuero íntimo reconoce que no es cierto, la poesía lo mirara con recelo y lo abandonara en su orgullosa altivez. La poesía conoce sus extravagancias, las consiente, y se ríe de ellas de muy buena gana. Beben juntos con desparpajo de la misma fuente de las revelaciones. Se toman su tiempo con largueza. El ensayo respira, se mueve, se contorsiona, se quiebra. El ensayo es un oscuro cuerpo moviente expresado con ardor. El ensayo envuelve, seduce, desea. No escatima recursos, se apodera de todo cuanto tiene a la mano, si algo no le sirve busca pronto otra cosa que lo sostenga en vilo, que no lo haga decaer, pudiera hablar horas y horas. No calla ni por cansancio ni por fastidio sino para beberse un trago. El ensayo es inagotable. Lo que piensa del punto final nos puede parecer un reproche. Lo seduce la idea de poblar los puntos suspensivos, los etcéteras. Los puntos y seguidos le son tan sospechosos como los puntos y aparte. Le encanta la sinuosidad de las comas. El cuerpo del ensayo es su respiración. Las ideal cabalgan su ritmo respiratorio, como sujetas a la aleta de un delfín. El ensayo es una verdad desmedida sin más asiento que el aire. Tiende a creer que el mundo se le parece. No lo molesta el error, antes lo emplaza, lo señala, bebe de él con fruición. El error es su muro, pero también la rama dorada de su extravío, su novia, su espejo mejor. Desconoce la resaca del fracaso, cada derrota es un alivio, un respiro fuera del texto, lo más parecido al punto final que se permite. Con cada derrota inaugura un nuevo camino, su suerte la deciden las encrucijadas. Como suele estar perdido camina en círculo. No se entiende con los puntos cardinales, lo abisma el sol no importa por donde salga ni por donde se oculte. Ama la tornadiza luna, la corriente de los ríos, la llama de las velas, el humo de su cigarrillo, las hojas secas, la lluvia, las olas, la elegancia de ciertos animales, la altura, el vértigo, los abismos, los interiores de las casas, las celosías, los balcones, las ventanas que dan al otro piso, las escaleras de caracol, la música en vivo, los gatos, el vino, los libros de viajes y aventuras. Es amigo de visitar a deshora, odia las colas, los embotellamientos, las secretarias. Se guarda de los curas pero las monjas lo enferman de recato –aunque a veces lo inflamen de concupiscencia-. Sus mejores descubrimientos han sido el columpio y la bicicleta, ama los cafés poco visitados, los amigos con los que no hay necesidad de hablar, los silencios cuando no hay nada que decir. No rompe a hablar para llenar huecos, pero su hablar está lleno de huecos. Viste lo mejor que tiene pero su ropero está desvencijado, fuera de moda. La moda es un ardid y él odia los ardides, tanto como prefiere arder en la llama del momento. Felizmente su momento está en ninguna parte, de ahí que su mirada parezca extraviada. Lo nostalgia no lo refrena, lo impulsa, nos deja atrás. Su nostalgia es vertiginosa. Lo traga la puerta que abre. No lo enceguece la luz de los artificios. Avanza con paso seguro y sin embargo a tientas. Su vuelo es rasero, detesta las acrobacias, aunque su natural es el equilibrismo. Nos deja sin aliento cuando se afana en el vértigo, se acompaña de una pértiga con la que salva las distancias engorrosas. De buen comer, acusa un paladar extraño, saborea en secreto ciertos alimentos que harían levantar ciertas narices. Su cara se transforma cada tanto frente al espejo. Cada mañana es otro el que se cepilla los dientes. No lo asustan sus metamorfosis, antes las recibe con agrado pues le anuncian que todo va sobre rieles. Nada lo asusta, pero está lejos de sentirse confiado. En los cruces mira en todas las direcciones. Por su aspecto puede parecer despreocupado, pero no nos fiemos de su desenvoltura. Lo desenvuelto en él está arado en terreno baldío. Lo que vemos ha sido arrancado a lo desconocido, y él mismo es su propia fuente de desconcierto, él mismo se desconoce de un modo atroz. No lo parece, pero vive atormentado por la vigilia.

Curiel en el contexto modernista venezolano

por joseleon71 @ Jueves, 08. May, 2008 - 10:45:23 pm

Paraguas rojo

Ver: Bienal Internacional "Elías David Curiel"
Poemas de Elías David Curiel

Elías David Curiel Poeta Modernista
La esperanza y la desesperanza en dos poetas modernistas
Cuerpo y mujer en dos poetas modernistas

El puerto, los inmigrantes y extranjeros, la comunidad judía, el comercio, la intensa vida cultural, convirtieron a la Santa Ana de Coro de finales del siglo XIX, en una ciudad que podemos considerar antípoda de la ciudad actual. Como muchas otras ciudades de Venezuela, Coro fue echada al olvido. El curso otro que tomó la actividad comercial y económica en Venezuela a raíz de la explotación petrolera, declaró la muerte de la economía agroexportadora, de la que dependía aunque de manera precaria todo el país y en particular esta ciudad, capital de la Región Coriana .
Bien parece que Venezuela, sin llegar a concluir el proyecto modernizador de "restablecer y readaptar la base agropecuaria con miras a garantizar el poder de las élites", en un lapso demasiado breve, directamente proporcional al descalabro, se encontró de pronto frente a un "país petrolero" que sacudió los cimientos de la inestable constitución nacional .
En el contexto de un país en crisis, visible en el tránsito de un paradigma económico y de producción a otro, tránsito traumático y no progresivo ni sistemático, se inscribe el diálogo de modernistas y criollistas. La producción artística y cultural, y sobre todo la crítica en el empeño de definir la "literatura nacional", indefectiblemente resultaría afectada por la crisis y el establecimiento de unas coordenadas que modelarían el panorama social, económico, político y cultural del país.
En definitiva, la economía agroexportadora fue desplazada violentamente del imaginario nacional por la industria petrolera. Algunos intelectuales y escritores nacionales evidenciaron, por un lado, la crisis del campesinado y específicamente del que queda sin tierras, expulsado y perseguido, crisis que también se revela en el hecho de construir un paisaje y un hombre del campo como ente representacional de lo venezolano, al mismo tiempo que la noción comenzaba a trastrocarse en tanto que sus referentes hacían lo propio . Ángel Rama afirma que, en el ramo del criollismo, Venezuela es el país que más obras aporta (80).
Por otro lado, surge un sujeto escindido –tópico del sujeto urbano- debatiéndose entre el yo y el mundo, pero evidenciando con su actitud y discurso una relación hostil con su medio, con su ciudad y sus habitantes. La "Torre de Cristal" rubendariana derivaba en cárcel, la ambrosía en éter, la ataraxia en tedio.

Ángel Rama llama a la etapa de establecimiento del orden liberal positivo, que arranca en 1870, el "período de la modernización". Este se caracteriza por la especialización literaria y artística, atisbo de la futura "profesionalización"; el crecimiento de los públicos; las influencias extranjeras; la autonomía artística latinoamericana y el reconocimiento de la singularidad americana; la democratización de las formas artísticas "mediante un uso selectivo del léxico, la sintaxis y la prosodia del español y el portugués hablados en América"; la incorporación de literaturas del pasado o no occidentales, estilos manieristas y barrocos del siglo XVII; la invención de formas modernizadas; ampliación sistemática de la educación"; consumo de libros importados; intercomunicación interna de la producción literaria. "La modernización -explica Rama- no es una estética, ni una escuela, ni siquiera una pluralidad de talentos individuales, como se tendió a ver en la época, sino un movimiento intelectual, capaz de abarcar tendencias, corrientes estéticas, doctrinas y aun generaciones sucesivas que modifican los presupuestos de que arrancan"
En 1871 nace Elías David Curiel. En Venezuela se inicia el aparente fin de la convulsión política y como lo dice Orlando Araujo:

se desarrolla en el país un proceso urbanístico caracterizado por el fortalecimiento de una burguesía comercial que prosperaba a expensas de una agricultura cuyos excedente absorbía. Capitales ingleses y alemanes establecen casas de importación que monopolizan el financiamiento y la compra de productos agrícolas de exportación y traen, completando el ciclo intermedio, los artículos manufacturados de Europa.

Muere Curiel de su propia mano en 1924, cuando el país asiste al inicio de la producción petrolera . Con ello queremos significar que Curiel transitó en un período coyuntural, de profundas definiciones, las cuales actuaron en la construcción, percepción y recepción de su labor poética. Fue el de Curiel un período donde las artes y en especial la poesía latinoamericana dialogó con la europea y le aportó a ésta vitalidad, como si la lengua española alcanzara una suerte de remozamiento. Así lo refiere Manuel Díaz Rodríguez:

En tal sentido es de observar, y bueno es decirlo porque muchos afectan desconocerlo, cómo se dio el caso de una especie de inversa conquista en que las nuevas carabelas, partiendo de las antiguas colonias, aproaron las costas de España.

Alcanzaba Latinoamérica carta de ciudadanía cultural, "la edad adulta" diría Rama. El diálogo Europa-América (o entre ambas Españas, como dice Beltrán Guerrero) se tornó intenso y acaso representó un momento de intercambio cultural que no se repitió con aquella intensidad hasta llegada la hora del "Boom", momento en el que, por cierto, torna a hablarse de nuevo de la "madurez intelectual y artística" de los escritores latinoamericanos. Ambos momentos sin duda fueron acompañados y en cierta medida dependieron de un incremento de la industria cultural. Específicamente, el Modernismo dispuso de diarios, agencias de noticias, redes de cables, telégrafos, conoció el florecimiento de las revistas literarias y la intercomunicación entre sus miembros para conformar lo que llamó Rama "un equipo intelectual", que hizo posible, entre otras cosas, su principio cosmopolita. Por otra parte, en ambos momentos -Modernismo y Boom- las empresas editoriales encuentran en un lado y otro del océano un creciente mercado y un cada vez más ávido público lector. Ambos momentos pueden ser descritos con la expresión "largo calofrío" que "corrió de uno a otro extremo del continente indo-español", que Pedro Emilio Coll empleó para explicar el sacudimiento de la aparición del Modernismo en el panorama cultural de Hispanoamérica.

La poesía de Elías David Curiel es hija de su tiempo, y su lectura, la que hacemos y se hizo a lo largo del siglo XX, es el producto de una idea de país donde intervienen muchos factores y donde destaca, sin lugar a dudas, el petróleo. Un elemento sólo advertido en la crítica sociológica o económica, pero que aquí debemos incluir indefectiblemente, toda vez que afecta de manera directa tanto a la configuración en sí del panorama de la literatura nacional como a la recepción de su obra, ya que el diálogo entre las regiones y la configuración de "los públicos" quedaron redefinidos a partir de la explotación petrolera. No cabe duda, pues, en cuanto a la actuación decisiva de esta economía que reestructuró el panorama político a lo interno y el geopolítico, a lo externo del país, que desplazó y relegó pueblos y regiones enteras condenando a sus habitantes, incluyendo, por supuesto, a sus artistas, a una suerte de destierro de facto (como ocurrió con Rufino Blanco Fombona, quien confesó que "De haber permanecido en mi país de origen, la política, la sífilis y el aguardiente me hubieran liquidado" (1977: 286), o simbólico, en un marco en el cual tendían a fortalecerse ideas estéticas locales, regionales y nacionales .
Al interior de Venezuela, el diálogo Capital - Provincia desarticuló la comprensión imaginaria del territorio, haciendo de sus habitantes seres extraños y extrañados, sin memoria nacional o más bien, con relatos nacionales desestructurados, cuando no incoherentes. Tal vez no se diga nada distinto con respecto al resto de los países latinoamericanos sometidos a la dinámica neoimperial. No obstante, y es lo que nos interesa destacar, esta problemática activó un discurso crítico sobre la poesía de Curiel.
Lo que había sido la Venezuela agraria devino en archivo de imágenes telúricas pero también estereotipadas. En todo caso, fue el momento de aceleración -en Venezuela- de una categoría que lo menos que puede afirmarse es que resultó fructífera: Civilización y Barbarie . ¿Sería exagerado afirmar que desde esta perspectiva se construyó el imaginario nacional? La Capital se convirtió en el centro, el norte y puerta franca para el reconocimiento nacional e internacional. El resto del país devino "interior", provincia, "monte y culebra".
Sin la proyección de Coro y de la Región Coriana como emporio y centro dinámico de la economía regional, no podemos entender la aparición de poetas y poesía como la de Curiel. Vale decir, encerrado en su casa, en un pueblo olvidado y en calles donde sólo hablan el viento y la noche, es imposible una poesía como la suya, y sólo justificable en un análisis que olvide o niegue este período de la historia de la Venezuela pre-petrolera, silenciada, oculta, cuando no mutilada por intereses historicistas que bien valdría la pena precisar, como un paso previo a la reconstrucción y revalorización del país y su historia.
A un enclave del pasado y a un exotismo que alimenta la nostalgia redujo el historicismo oficial la ciudad de Coro, soslayando un período de audaz actividad cultural, económica y social que sólo ha resurgido con los estudios históricos regionales que introducen y redescubren las claves de un diálogo verdaderamente moderno: la Región, el Mundo, lo local, lo global .
Por otra parte, las categorías enfrentadas -civilización y barbarie- actúan retrospectivamente distorsionando la realidad. En efecto, poetas y poéticas como la de Elías David Curiel, han sido estudiadas articulando categorías de análisis que yerran cuando intentan explicar fenómenos que no controlan el marco de acción de tales categorías. De ahí nacen malos entendidos que van desde el muchas veces mencionado "olvido" hasta los comentarios que hunden a Coro y al Estado Falcón en el desinterés y la desidia. ¿Pero no es cierto el olvido, o no es cierto que el país imaginó extensas zonas o regiones como lejanas, olvidadas y desconocidas? Sí; sólo que antes se debe atender al hecho de que tal explicación tiene no pocos elementos que nos permiten afirmar que hay algo de distorsión y en definitiva de mala lectura.
Desde el momento en que aparece el "olvido", denunciado enérgicamente por Miguel Otero Silva en 1944, se tiende un velo que nos aleja del tiempo real y vital, del contexto cultural de Curiel. Se pretende explicar su poesía y su situación en la literatura venezolana con categorías que no alcanzan a dilucidar de manera coherente su proceso creador, su naturaleza, su fuerza expresiva, desarrollada en una ciudad y una sociedad distintas a la visión que el esquema posterior centro-periferia ofrece, reducido a escala local o al caso venezolano. Porque no es menos cierto que la actividad económica de la Región Coriana anterior a la producción petrolera también respondió a una dinámica centro-periferia, toda vez que la importancia de puertos como el de Amsterdam o el de Nueva York no se equipara al de la Vela o Maracaibo, incluso entre estos dos, y cada uno con un tercero, el de La Guaira, dejan asomar diferencias, niveles de relevancia. A esto se suma el hecho destacado por Belford Moré de que lo que se podía llamar economía nacional "producía la imagen de un conjunto de economías regionales yuxtapuestas, orientadas directamente hacia el mercado mundial y con escasos vínculos con el resto de la nación", como en efecto sucedía con la actividad económica de la Región Coriana. A esto se suma que desde la Colonia el territorio que después sería Venezuela, según Moré, no revestía importancia como enclave colonial, situación que no varió en las décadas que siguen a 1870 cuando sucede la reinserción de las economías latinoamericanas en la economía mundial. La periferia entonces, parece estar en la definición geopolítica de Venezuela, y doblemente en una ciudad como Coro. Pero el hecho no menos cierto, es que una poética como la de Curiel sólo se concibe y explica porque en la ciudad de Coro debieron existir las condiciones que favorecieran el discurso modernista. ¿Cómo y cuáles?:
Un venezolano que hubiera nacido en las últimas décadas del siglo pasado -el 70, el 80, el 90- y cuya edad de razón correspondiera a los regímenes de Castro o Gómez, no habría visto en torno suyo ni podía aspirar ni desear otra cosa. Lo que entre nosotros se llama la cultura no es propiamente la identificación o comprensión con la tierra, sino la fuga, la evasión. El "modernismo literario" de los años 1890 a 1900 significó para los intelectuales venezolanos el camino a Europa, la reivindicación individual de cultura de los mejor dotados, en un país que todavía no los comprende ni los necesita.

La obliteración, vale decir, la niebla y las redes del olvido que se extienden sobre la existencia de una Venezuela pre-petrolera, en todo caso distinta y divergente de la de la historiografía oficial, descubre las trazas de un proyecto no esclarecido que buscó y logró fabricar zonas de amnesia que dejarían sin efecto el posible interés académico, histórico y aun pedagógico de experiencias creadoras como la del caso que nos ocupa. Abrigamos la seguridad de que una valorización y recolocación de la poesía de Curiel, en el contexto modernista nacional e internacional ayudará a cuestionar algunas de las consideraciones ya establecidas en los manuales de la historia literaria venezolana y latinoamericana.
Pongamos en la balanza del desconocimiento de Curiel el hecho, acaso simple, de que la prosa poética haya sido el pasaje más expedito a la modernidad, venciendo sobre la poesía de metros y rimas. Eso fue destacado por José Ramón Medina cuando habló del descubrimiento de Ramos Sucre por los jóvenes del grupo "Viernes", quienes sentían un "terror sacramental a los metros y rimas", aunque "desterrados" en cuanto que obligación y no de un modo absoluto. Pese a la definición que impone el enfrentamiento prosa poética versus metros y rimas, sobresale el hecho de una suerte de hermandad poética callada entre Curiel y Ramos Sucre. La advertimos sólo para ir despejando el escenario del re-conocimiento de la obra del poeta falconiano.
Citemos unas líneas de José Ramón Medina cuando éste habla de Ramos Sucre, en las cuales hace afirmaciones que calzarían perfectamente si se dirigieran a la poesía de Curiel:
De este modo, Ramos Sucre se convierte en un antecedente sin testigos de la nueva poesía venezolana, por la trascendencia de una obra que parece surgir, como fruto de la alquimia a través de las misteriosas zonas de un submundo mitologizado, de la más resonante experiencia de un hombre solitario, sometido a las severas pruebas de un desastre emocional, particular y absoluto. (…) Su esoterismo, su evasión, su búsqueda enconada de otra realidad, distinta a la percibida cotidianamente en el tráfago de la vecindad caraqueña de su tiempo, lo acerca al vértice modernista, al ritual parnasiano de la "torre de marfil" o del "arte por el arte", a la entonación hermética de los simbolistas; pero al propio tiempo, le procura ese reconfortante espacio para diluir el ardor indeleble en la fragua del lenguaje, enriquecido en el tráfico constante del estudio, y esa inefable condición del esteta que se reconcilia soberanamente con su propia e inexcusable revelación personal: ese mundo que va por dentro y anima al hombre en su hazaña constante del vivir y del crear."

El submundo mitologizado, la resonante experiencia del hombre solitario, el desastre emocional, la evasión, la búsqueda de una realidad distinta a la percibida cotidianamente, el refugio, la entonación hermética… sólo falta atribuir todo ello no sólo al genio sino al estudio, a la erudición. En cuanto a Ramos Sucre parece no haber dudas, en cuanto a Curiel, "Es sorprendente el rigor de sus fuentes y su fidelidad, habida cuenta de la penuria de libros en la provincia".
Intentaremos evitar, pues, el esquema reduccionista que mantuvo ocultas expresiones poéticas que, vistas de cerca, parecen negar los criterios de aislamiento, soledad y hostilidad del medio, y las reducen grosso modo a figuras e imágenes, recursos literarios, tópicos y de algún modo, lugares comunes, propios de una época en la que proliferaron discursos poéticos y en general, vidas y psicologías como la de Curiel . Ya Rufino Blanco Fombona, quien envía un abrazo invisible a Ricardo Rojas en su ensayo "Yo no escribo para los cuatro gatos de mi país", cuando éste opina que "Todas esas Repúblicas [habla de las latinoamericanas] viven todavía en un relativo aislamiento geográfico y económico, a consecuencia de la diseminación de la población, aún muy restringida para tan vasto territorio", y que pese a ello, un hombre como Rubén Darío "viajando al través de la América, encontró en todas las naciones adonde llegó un verdadero derecho de ciudad"; afirmaba: "En el caso de las Repúblicas de América: distanciadas por el comercio, se juntan por el arte".
Por otra parte, ¿se puede negar la hiperestesia de Curiel o no dar importancia a los testimonios que lo colocan al margen de sus conciudadanos, acusado de extraño? Ciertamente que no; sólo que la relación poeta-sociedad en un continente además atravesado por una corriente poética que incluso aproó en las costas de España, es más intensa y rica, más problemática que aquellas explicaciones que no dejan abierta, prácticamente, otra ventana que la del genio milagroso y torturado, con una imaginación y una inteligencia ultraterrenas y poco menos que infusas . Definitivamente Elías David Curiel es un hijo de su época y hasta tanto no comprendamos y hagamos el esfuerzo de verlo inscrito en ella, se nos escapará su imagen y su realidad.
Para decirlo con otras palabras, una poética como la de Curiel pone en entredicho, cuando no niega o desacredita, aquellas teorías del genio que pese a las condiciones totalmente adversas produce una obra para el desconcierto de sus contemporáneos y los calificativos de "adelantado" que le señalarán los hombres del futuro. Lo que convierte a Elías David Curiel en un poeta digno de estudio y reconocimiento es el hecho de ser, por acumulación y saturación de rasgos, acaso uno de los poetas más representativos del Modernismo venezolano. Se debe apuntar que con la palabra "Modernismo" es imposible atrapar el conjunto de expresiones poéticas que se entrecruzaron en el período que estudiamos y que igualmente se entrecruzan en la poesía de Curiel, de ahí que digamos con Luis León, al momento de prologar su selección de poetas Parnasianos y Modernistas (única que conozco que contiene poemas de Curiel) que: "…aparecen allí algunas firmas que una clasificación rigurosa encasillaría en el neoclacisismo, en el romanticismo o en el criollismo, pero cuya ausencia haría notar la falta de eslabones en la serie poética que va de finales del siglo XIX a la literatura de la postguerra" (1988: 14). Se trata, en cualquier caso, de repensar las posibles relaciones que estableció un poeta como él con su ciudad, con sus contemporáneos poetas y artistas, con su profesión y vida en general de ciudadano, de maestro, de escritor, de amigo de los círculos literarios, de judío. Esto último, por cierto, es sumamente importante, porque al momento de un nuevo rechazo a la comunidad judía, en el año 1900
los nuevos esquemas de pensamientos, amplios, alejados del dogmatismo, afines a todo lo que se identificara con el progreso, la tecnología, la cultura, las bellas artes; es decir, la civilización en el más puro sentido eurocéntrico, habían calado hondo en un sector de la sociedad coriana, y tenían su expresión visible en el actuar de sociedades culturales como la “Armonía” y la “Alegría”, en el empuje titánico de capitales judeo corianos por concretar –como lo hicieron para el año 1897- el ferrocarril La Vela-Coro, en el florecimiento de diversas industrias radicadas en Coro y, ahora, en la reacción de rechazo de una parte del colectivo coriano al ataque verbal hacia los inmigrados hebreos.

En fin, se trata de colocar una poética y una poesía como la suya en el enclave de las definiciones que sobre el modernismo y la poesía venezolana se tienen.

Criollistas y modernistas
La obra de Curiel se puede inscribir en el marco de un debate nacional entre criollistas y tradicionalistas, por un lado, y los modernistas, por otro. Siguiendo a Rama, Belford Moré describe a los "antiguos letrados" enfrentados en un panorama en el cual los criollistas postulan sus verdades relativas, definitorias de los pueblos, y los modernistas cosmopolitas sus verdades individuales. De manera todavía parcial podemos afirmar que la obra de Curiel, decididamente no criollista, se coloca en una situación crítica a la hora de las definiciones de la literatura nacional. En general:

Esto tenía consecuencias en la consideración de los problemas que en un nivel más general se debatían alrededor de la literatura venezolana. Al globalizar la relatividad estética en el marco nacional, la posibilidad de aceptar como legítimas las producciones literarias que no respondieran a los rasgos atribuidos al sujeto nacional, se reducía considerablemente. Se abría así espacio a una nueva forma de dogmatismo (…) La tarea a la que se dedicarían el crítico y el historiador en el momento de valorar la literatura nacional sería, en consecuencia, la de establecer la correlación entre las obras concretas y las marcas de identidad atribuidas al sujeto nacional.

Con respecto al castellano, Graterol y Morles (1894), aducía que había llegado "a la plenitud de la belleza y la expresión", y que las modificaciones, léase arcaísmos y neologismos, transposiciones semánticas de los vocablos, etc., muy del gusto de Curiel, no pasaban "de ser un capricho y una aberración de estos fines del siglo XIX". Para Gonzalo Picón Febres, calificado peyorativamente de "maestro de escuela" por Rafael Ángel Insausti:
Hacer poesía es crear hermosura peregrina, y para crearla se necesita que el asunto sea elevado (objetivo o subjetivo); que se mantenga en los dominios de la estética, digno de los esplendores de la imaginación, del entusiasmo del espíritu, de la admiración del hombre y de las filigranas del arte. Ocuparse en verso hiriente de las pasiones bajas, de las miserias apestosas, de las trivialidades y sandeces de la vida, es prostituir el divino lenguaje de las Musas.

Picón Febres describía las "manías" del estilo modernista como exageraciones "muchas veces desatinadas e irrisorias" y señalaba que dicha escuela "debía desaparecer", acusándola de "nebulosa, cuasi fantasmagórica, inconsistente, barroca y disoluta". No debe aceptarse, decía, "la acentuación arbitraria, el encabalgamiento forzado (porque rompe la melodía de los versos) y las combinaciones de metros sin ninguna afinidad musical". Gustaba de la claridad del Rubén Darío de Abrojos y Prosas profanas, pero rechazaba la "oscuridad" de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas.
Ramos Sucre, por su parte, argumentaba sobre la oscuridad y la claridad en el arte:

La mayor parte de las obras maestras lo son de oscuridad y su lectura ordinariamente no aumenta la noción que de oídas habíamos adquirido acerca de ellas. Es natural que las enseñanzas de los genios sean enigmas. (…) Con razón ha dicho alguien que lo claro es generalmente vulgar o que lo bello se presenta ataviado de una oscuridad y misterio que a unos causa inquietud, a otros respeto"

La oscuridad, entonces, como un valor de lo hermético, de lo misterioso y enigmático. También de la sabiduría, del saber órfico. En este punto, Ramos Sucre y Curiel compartieron afinidades, y acaso entre lectores como Picón Febres, cosecharon similar rechazo.
Rafael María Baralt, citado extensamente por Picón Febres, reconocía que se trataba de una poesía en "épocas de transición, en que la sociedad oscila sin punto de apoyo visible", pero reconocía que no podía ser provechoso para la "reforma literaria que notamos, la mezcla absurda de los tonos, colores y barbarismos más discordantes entre sí y más opuestos al buen gusto, que es el supremo conocedor y juzgador de la belleza". En definitiva:

La tradición, por el contrario, es nervio al par que nobleza de las naciones; porque, al modo que una fortaleza murada y guarnecida, mantiene el orden interior, conserva el legítimo dominio, e impide que poderes extraños, violentos e invasores penetren de sobresalto y mano poderosa en el país. (…) La sensata tradición, que nada legítimo excluye; la tradición liberal y generosa, que únicamente rechaza lo que perturba y desconcierta" (73)

Para Elías Toro "las obras cuyo énfasis estuviera puesto en la expresión de la subjetividad azarosa del escritor ocupaban un lugar subalterno" (Moré: 77), como también, se criticaba "el propósito modernista de hacer descansar el arte en lo sensorial" porque "desvirtuaba su función primigenia puesto que implicaba inclinarlo hacia "la parte menos noble del hombre" (100). Otro punto donde las visiones se encontraban, es el de la "captación del orden espiritual de la realidad", que en los conservadores condujo al dios judeo-cristiano y en los modernistas a una "especie de panteísmo" (108). Diferían también ante las normas gramaticales: los conservadores abogaban por su respeto, los modernistas las consideraban secundarias o difusas:

Lo importante era la adecuación del lenguaje a los contenidos que se pretendían expresar y, fundamentalmente, su capacidad de generar la experiencia estética.

En este escenario, sin lugar a dudas, se dirimió el destino de la poesía de Curiel. Sobre su obra pudieron pesar tanto el dictamen como el dicterio de los tradicionalistas, así como el reconocimiento y valorización de los críticos y lectores del talante y lucidez de Pedro Emilio Coll, de quien Rubén Darío dijo "que lo poco suyo conocido nos revela una fuerza mental sobre la mentalidad provisional de nuestra América". Rafael Ángel Isausti, por su parte, lo calificó de "imprescindible testigo". Por lo pronto desconocemos si Emilio Coll escribió alguna nota sobre la poesía de Curiel pero puede inferirse de sus ensayos que la materia poética del falconiano, de haberla conocido -algo muy probable debido a la publicación de sus poemas en El Cojo Ilustrado- no le sería extraña y en modo alguno indiferente. El "pequeño filósofo", como gustaba llamarle Fernando Paz Castillo, respondió en su ensayo "Decadentismo y Americanismo" (Coll: 1988), a buena parte de los juicios lanzados contra la nueva escuela poética y, por lo que llevamos dicho, cuanto afirma a favor del nuevo arte pudiera dirigirse sin esfuerzo a la extraña obra de Elías David Curiel: retrospectivamente y abusando del procedimiento, obtenemos una crítica indirecta y contextual de la poética de Curiel:

Hay actualmente en América un movimiento literario sobre el que caen crueles sátiras y al que críticos celosos y malhumorados tratan de detener en nombre de la tradición

Así comienza su ensayo, en el cual habla de una "aclimatación" propicia de las corrientes poéticas europeas. Desmiente que se conocieran los procedimientos de los simbolistas franceses, pues para él, "El mismo Rubén Darío, en su libro Azul, que ha sido la piedra de escándalo de la escuela, no tiene nada que trascienda a simbolismo" (108). Defendió la "observación exacta" de los ensueños: "El idealismo más desdeñoso de la realidad bruta -apunta citando a Remy de Gourmont- debe apoyarse en la exactitud relativa que es dado a conocer a nuestros sentidos". Nada menos parecido -sigue Coll- al etéreo neurótico forjado por algunos satíricos y adversarios" (109). Antes que desprecio o indiferencia, observó como hermoso espectáculo "el que ofrecen en América algunos espíritus que afinan y cultivan su sensibilidad en medio de las más ásperas y rudas costumbres". Habló del modernismo como de una "revolución en la técnica" paralela a una "evolución sentimental":

a nuevos estados de alma, nuevas formas de expresión, y si esos estados de alma son vagos y "crepusculares", débese a hondas causas sociales, a la educación, al angustioso momento histórico cuyo aire respiramos. (…) a la cultura estética ha seguido un malestar y una turbación profunda en las almas, los "retozos democráticos", la escasez de goces intelectuales, la vulgaridad de las opiniones, hieren más profundamente las sensibilidades refinadas: de éstos sí puede decirse, invirtiendo una frase célebre, que vinieron demasiado pronto a un mundo demasiado nuevo. En las ciudades más o menos incipientes de América sufre más que en las de Europa quien se eduque en una dirección artística: muchos emigran hacia centros más civilizados, otros sucumben trágicamente como Julián del Casal y José Asunción Silva… [también, vale la pena recordarlo, Elías David Curiel]

Pedro Emilio Coll también revisa las acusaciones que pesaron sobre el uso -abundante y determinante en Curiel- de arcaísmos y neologismos, haciendo mano de la psicología: "Cada autor tiene causas de simpatía por las palabras que emplea"; además, las palabras se gastan "entonces renacen (…) para provocar la sensación precisa que el autor desea despertar en el lector". Apunta Coll, lúcidamente, que "el estilo es un reflejo de la vida interior". En definitiva, buscaba el caraqueño, nacido un año después de Curiel, acallar las burlas y los rigorismos gramaticales dirigidos contra un "arte naciente". Ahora bien, para Insausti sus "atropellos a la gramática son en parte fruto de la ignorancia, más también de una idea nueva de literatura". Idea nueva integrada por al menos dos vertientes: la tradición universal de las letras y la propia de América. De ahí que "La ingente tarea de apropiación literaria -como lo explica Ángel Rama- implicaba forzosamente la que podríamos llamar etapa caligráfica de imitación según los sucesivos modelos epocales". Imitación que pasó por el tamiz de la sensibilidad americana y que permitió una indagación personal, auténtica e íntima del universo. El mismo Curiel reflexionó lúcidamente sobre la imitación, distinguiendo y enfatizando en el estilo -"la reverberación personal del carácter" decía con Campoamor-, cuando afirmaba que la originalidad estaba precisamente en la forma en que se expresaban las ideas (la forma), y no en el contenido de éstas (el fondo). "El crimen capital en literatura -decía- no es la imitación".
El ritmo es en el metro lo que el estilo en la forma: la peculiaridad emotiva que es lo que constituye el carácter de la personalidad. El estilo es en la forma lo que el gesto en la faz: la manifestación sensible y sincera de la actitud artística que asume el alma en el instante de la concepción. Y el ritmo es en el metro lo que el timbre en la voz: la tónica característica de la gama interior, instrumentada en frases o rimas. Si tú y yo decimos la misma cosa, quien nos oiga y no nos vea, sabrá que dos personas distintas han dicho la misma cosa. Pero si tú me imitas la voz, quien nos oiga y no nos vea, aunque tú digas otra cosa, creerá que yo he dicho dos cosas diferentes. Se pueden expresar las mismas ideas con las mismas palabras, y resultar semejantes, aún más, antagónicas"

«Peculiaridad emotiva», «carácter de la personalidad», «manifestación sensible y sincera de la actitud artística que asume el alma», «tónica característica de la gama interior», son expresiones que apuntan a la de una sensibilidad americana que otorgaba a los procesos de transculturación y en especial los de imitación caligráfica imitativa la posibilidad de registrar e ir elaborando un sistema poético propio, siendo que cualquier elección comporta una selección y, por ende, una lectura y una crítica. Graciela Montaldo habla también de una nueva sensibilidad "definida a partir del vacío que dejan viejas formas culturales y la invención de sistemas de ficcionalización" y, siguiendo a Rama, de una progresiva democratización y laicización de la vida. Explica Graciela Montaldo (1995) el carácter amenazante que tenía para los letrados la irrupción desde la "plaza pública" de los discursos vulgarizados. Estos -explica- se desplazaron de la mano de la creciente alfabetización y la dinamización de los públicos, aun hasta sus mismos predios poéticos. Para contrarrestar los efectos de la invasión, mantener la distancia y cultivar la diferencia, los modernistas, sujetos por definición paradójicos, enrarecieron el uso de la lengua, trataron de volverla otra, trabajaron el enigma y lo hermético, oscurecieron el sentido de las palabras arcaizándolas o bien, sometiéndolas a la invasión de extranjerismos, perforándolas de exotismos o cientificidades; mantuvieron, en fin, a fuerza de extrañamiento, la distancia letrada. Situación en extremo paradójica, porque el mismo poeta que convertía la lengua en un objeto extraño, escribía en un periódico cuya dinámica escrituraria tiene sus propias y muy distintas exigencias, fundamentalmente signadas por la comunicación y la divulgación. En efecto, el escritor modernista portaba la contradicción y en buena medida el mismo discurso era producto de ella, toda vez que éste se constituyó con los discursos provenientes y provocados por la diversificación y la variedad. Espíritu aristocrático, arrambló sin embargo con las voces de la calle y de los libros y con ellos fabricó un elemento extraño para ambos, un artefacto adonde convergen -tendiendo al exceso- las tensiones y contradicciones de la época. Montaldo distingue tres momentos, el primero constituido por la «nueva prosa», representada por las crónicas de Gutiérrez Nájera y José Martí; el segundo, por la poesía, cuyo máximo exponente sería Rubén Darío; y el tercero, el "pleno barroquismo" de escritores como Julio Herrera y Reissig, y por supuesto, añadimos nosotros, Elías David Curiel, quien definitivamente tensa y extrema lo que en el uruguayo era modalidad y tópico, no como en el coriano, parte del drama y la trama de su vida.
Rufino Blanco Fombona, a quien por cierto señaló Curiel con la dedicatoria del poema Aben-Almulek, extenso y enigmático, aludiendo a su exquisita inteligencia, distinguía, al hablar de los caracteres del Modernismo, entre "artificiales" o "adquiridos", y de otros correspondientes -según afirmaba- a la "raza hispanoamericana". De éstos últimos, consideraba el sensualismo y la tristeza como "muy nuestros". Reclamaba, sin embargo, que privaba la afectación y la falta de sinceridad, de otro modo "ya hubiésemos creado un gran arte nativo, americano, propio". Entre otras cosas, acusaba que no "hemos sabido descender al fondo de nuestra alma. Ignoramos nuestro yo." Además de acusar a los poetas modernistas de ser "hombres de libros, espíritus sin geografía, poetas sin patria, autores sin estirpe, inteligencias sin órbita, mentes descastadas". Una poesía como la de Curiel pudo parecerle insular, extraña, rica en todos aquellos elementos en los que denunciaba pobreza . Dice Blanco-Fombona: "Hemos sido, a menudo, monos, loros. Es decir, imitadores, repetidores de Europa". Insistía Fombona, cáusticamente, en que el cruce con las estéticas europeas no debía realizarse "con pasividad de marranas, burras, ovejas y yeguas" que consienten la cópula de "berracos, garraños, moruecos y sementales"; es decir, no "entre animales afines". Ante la negativa, Blanco-Fombona se pregunta: si la selección de "espíritus afines", esto es, de las poéticas adecuadas para una raza poética nueva, acaso "¿se producirá por el mismo procedimiento que el cruce de selección entre las bestias?", a lo que respondió -como mucho después lo afirmaría Ángel Rama siguiendo a Tonybee-: "Quizás el espíritu antípoda sea el mejor para el injerto"
En efecto, apuntó Rama que los poetas latinoamericanos modernistas eligieron para su desarrollo y expansión el discurso poético simbolista, discurso heterodoxo metropolitano:
Curiosamente, el principal factor de este redescubrimiento de una originalidad profundamente americana se debió a la influencia del movimiento literario europeo sobre el cual más críticas acumularon los hispanoamericanos aunque de más recursos artísticos afines los proveyó: el simbolismo y el decadentismo.

El modernismo latinoamericano -según su particular sensibilidad- asimiló las heterodoxias europeas cuando rechazó el objetivismo parnasiano y eligió "el subjetivismo individualista de los decadentes". Y si no exploró -según Rama- el demonismo de Baudelaire, sí en cambio los "estados hiperestésicos o mórbidos en los puntos del continente más avanzados". Valga puntualizar que, aunque un poeta como Curiel cultivó incluso el demonismo y hasta el delirio los estados mórbidos amén de que se hundió en los fondos abisales de la conciencia subjetiva a límites que no alcanzaron un López Velarde o un Herrera y Reissig, no se puede afirmar que Coro se encontrara en un punto avanzado del continente. Esto una vez más nos estimula y mueve a una revisión de su contexto cultural, que logre explicar de manera coherente la creación y desarrollo de una poética, cuya revelación, sin duda, resultará fundamental a la hora de repensar y reescribir la historia del Modernismo venezolano.

Bolivia

por joseleon71 @ Martes, 06. May, 2008 - 04:59:25 am

Bolivia: la conjura oligárquica

Editorial de La Jornada

Bajo el signo de la ilegalidad de origen, y mediante recursos fraudulentos y antidemocráticos, las autoridades oligárquicas de la provincia de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, realizaron ayer un referendo para hacer aprobar un “estatuto autonómico” aberrante, que trasladaría facultades irrenunciables del gobierno central a la administración local: entre las 44 competencias que pretenden arrogarse los gobernantes cruceños destacan la administración de los recursos naturales, el manejo fiscal, el reparto agrario, el control del transporte carretero, ferrocarrilero, aéreo y fluvial, el mando de las telecomunicaciones y hasta la vigilancia aérea mediante radares, así como la salvaguardia del orden público, que en el orden constitucional boliviano corresponde al gobierno central.

Para decirlo en forma breve, el proyecto de los oligarcas de Santa Cruz no es autonómico sino secesionista, e implica un proceso de desintegración nacional, como no lo plantea ningún otro estatuto autonómico en el mundo, salvo tal vez los obtenidos por las regiones iraquíes kurda y chiíta bajo la ocupación militar estadunidense.

El aparente disparate de la propuesta votada ayer –y, como era previsible, aprobada por una amplia mayoría compuesta por ciudadanos reales y por votos fantasmas– obedece a dos propósitos meridianamente claros: por una parte, la urgencia de las derechas racistas bolivianas, criollas en su mayoría, por deshacerse de un presidente indígena, progresista y comprometido con las transformaciones sociales que el país sudamericano necesita con urgencia; por el otro, el interés de los grandes conglomerados transnacionales por recuperar el control sobre los recursos naturales bolivianos, control que les ha sido arrebatado en forma paulatina por el gobierno que encabeza el presidente Evo Morales con el propósito de restituirlo a la soberanía de la nación.

El mandatario fue claro en señalar que es el gobierno estadunidense el que “encabeza la conspiración”, habida cuenta que desde Washington se ha venido alentando el pretendido estatuto autonómico cruceño, a fin de negociar con la oligarquía local el acceso a los yacimientos de petróleo y gas y a los recursos hídricos de la región.

Semejante conjura oligárquica y extranjera, realizada a contrapelo de las leyes y de la Constitución de Bolivia, no habría podido emprenderse, ciertamente, en forma pacífica y democrática. La jornada transcurrió, como cabía prever, entre confrontaciones violentas y denuncias sobre urnas que llegaron a las casillas de votación previamente llenadas con votos en favor de la ilegal reforma autonómica. Significativamente, el diferendo reveló una alineación de clases: mientras los grupos pudientes y medios se volcaban por el sí, los sectores pobres y mayoritarios optaron por la abstención, por el voto en blanco o, en algunos sectores, por el rechazo activo a la realización del referendo.

Signo de los tiempos, y no exclusivamente de los de Bolivia, la defensa de la soberanía y de la integridad nacional corre a cargo de las clases populares, mientras los acaudalados hacen causa común con las trasnacionales para propiciar el debilitamiento del Estado y crear condiciones favorables al saqueo de los recursos naturales de nuestros países.

Aunque carece de validez legal, la votación de ayer deja dividida a la provincia en la que tuvo lugar y abre la perspectiva de una inestabilidad de largo aliento en la nación andina. Se sabía: el acoso al gobierno progresista e independiente de Evo Morales está en curso, y el referendo ilegal y antidemocrático realizado por los oligarcas cruceños es apenas uno de los primeros actos de la ofensiva.

Cabe hacer votos porque el pueblo boliviano y sus dirigentes logren sortear con éxito las maniobras que se avecinan y logren, a pesar de ellas, sacar a Bolivia del estado de dependencia, atraso, desigualdad y miseria en el que la ha sumido la alianza tradicional entre los ricos locales y los ricos de fuera.

La situación en Bolivia

por joseleon71 @ Domingo, 04. May, 2008 - 05:14:15 pm

La situación en Bolivia con el Estatuto Autonómico

Este 4 de mayo, el departamento de Santa Cruz realizará un referendo declarado ilegal por entes bolivianos e internacionales. Ese referendo busca aprobar el estatuto autonómico de Santa Cruz, el cual es un intento separatista. Rodolfo Stavenhagen, representante de la ONU en Bolivia, manifestó el pasado 11 de abril su rechazo al referendo, calificándolo de inconstitucional y denunciando que contiene elementos racistas.

La situación podría resumirse en que sectores poderosos de Bolivia han propiciado un clima de violencia contra las instituciones públicas, que tiene como finalidad el incumplimiento de las leyes y la defensa del latifundio improductivo. Para ello, se apela a un discurso de superioridad racial. A fin de proteger el latifundio, los “autonomistas” se autoconfieren poderes que no posee ningún estado autonómico en el mundo.
Las élites cruceñas, que sienten perdida la posibilidad de hegemonía nacional (desde su derrota el 2005), apuestan por una actitud separatista, con un profundo desprecio hacia el mundo indígena. Mientras tanto, se denuncia que Estados Unidos impulsa este separatismo como estrategia contra los esfuerzos de liberación del pueblo boliviano.

Sobre el latifundio
• Todas las constituciones y leyes agrarias de Bolivia castigan el latifundio y establecen que las tierras no trabajadas, al ser un recurso natural de todos los bolivianos y bolivianas, deben volver a la propiedad del Estado Nacional.
• En 1996 fue aprobada la Ley INRA y en 2006 la Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria.
• Ya en 1996, los agroindustriales del oriente boliviano habían atacado la Ley INRA, afirmando que era anticonstitucional y que atentaba contra la propiedad privada. Estas presiones determinaron que los gobiernos de Hugo Bánzer y de Jorge Quiroga (1997-2001), tomaran medidas como la eliminación del pago del impuesto a la tierra de los latifundios.
• Las presiones se agudizan con la declaratoria de una Revolución Agraria realizada por el Presidente Evo Morales el 2 de agosto de 2006, la posterior aprobación de la Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria, y sobre todo con la propuesta de la Nueva Constitución Política del Estado, que otorga al Ejecutivo mayores facultades para revertir el latifundio y redistribuir la tierra. Esta reacción responde al origen incierto o ilegal del derecho propietario de muchos grandes predios en el oriente.
• La acumulación improductiva de tierras funciona de esta manera: se ocupan tierras (fiscales, de comunidades), se legalizan a través del clientelismo, se conservan sin trabajo ni impuestos y se esperan las condiciones favorables (booms agrícolas, inversión estatal en caminos) para venderlas o arrendarlas al mejor postor. Es decir, “tierras para el engorde”.

El Estatuto Autonómico
En criterio de la Fundación TIERRA (que también hace críticas al gobierno), “los Estatutos Autonómicos del Departamento de Santa Cruz han sido elaborados ilegalmente, quienes los redactaron no fueron elegidos para tal fin, los pequeños productores fueron apenas consultados y no se tomó en cuenta la representación de miles de colonizadores, campesinos e indígenas del departamento. La feroz presión mediática, especialmente de los canales de televisión y de radio de propiedad de los principales latifundistas del departamento de Santa Cruz (UNITEL, RED UNO), ha logrado desinformar a la opinión pública especialmente de las ciudades, en relación al tema de las tierras”.
De acuerdo con esta fundación:
• El Estatuto confiere al gobierno departamental, en verdad a su gobernador, la potestad de definir sobre “la propiedad, la regularización de sus derechos, la distribución, redistribución y administración de las tierras del Departamento”. Ningún Estado Federal o Departamento Autonómico -en ninguna parte del mundo- goza de ese conjunto de atribuciones plenas sobre los recursos naturales.
• El Estatuto elimina la figura de la reversión del latifundio (expropiación sin indemnización) vigente en la actual Constitución y en la propuesta de la nueva Constitución.
• El Estatuto crea un órgano para el seguimiento a las políticas departamentales de tierras, el Consejo Agrario Departamental, cuyos miembros serán acreditados por el Gobernador, es decir que dependerá de esta sola persona el decidir quién representa a qué sector.

Antecedentes y elementos del discurso autonómico
(Extraídos del libro Los barones del Oriente. El poder en Santa Cruz ayer y hoy, de Ximena Soruco (coordinadora), Wilfredo Plata y Gustavo Medeiros. Santa Cruz, Bolivia. Editor: Fundación TIERRA – Regional Oriente. 2008)

Este fenómeno de la “política regional” surge ante la ausencia de un proyecto político alternativo desde la oposición política “tradicional” (la del sistema partidario y los “políticos”). La conformación de un “bloque cívico” regional en el Oriente, se articula como la verdadera oposición, no sólo al gobierno, sino al proceso de cambios.

La élite cruceña
• Las élites en Santa Cruz comenzaron a gestarse a través de conductas propias de clanes, donde un número reducido de familias notables apelan a un antepasado común, que fundamenta un particular sentido de pertenencia, e implica niveles de solidaridad social, ritos, ceremonias y costumbres.
• La élite de Santa Cruz surge entre 1880 y 1915, con el boom de la goma. Es decir, surge y se consolida como exportadora de materias primas para el mercado internacional. Por ello, su prioridad es proteger una lógica extractivista a corto plazo (hasta que la demanda internacional baje y sea posible embarcarse en otro boom). De ahí que la función del Estado (dependiente y colonialista) sea vital, para garantizar la propiedad privada (de la tierra) y disciplinar y sofocar las revueltas sociales, producto de la pobreza que deja a su paso.
• La caída de la goma y el aislamiento geográfico del Oriente del mercado interno, contrae la actividad y desplaza el centro hacia la economía minera del occidente del país. Hasta 1952, Santa Cruz no logra despegar su economía.
• La Revolución de 1952 y su política agraria son un momento fundamental para la reconstitución de esta élite, ya que la inversión pública en caminos, capital de producción, tecnología y sobre todo, desplazamiento de mano de obra del occidente (colonización) crean las bases para la emergencia de una burguesía agroindustrial. Sin embargo, la irracional y clientelar entrega de tierras y créditos durante la dictadura de Banzer, acaba imprimiendo un carácter comercial-financiero –y no productivo– a esta burguesía.
• Sin embargo, las instituciones regionales, sobre todo el Comité Cívico pro Santa Cruz (creado en 1950), capitalizan los conflictos políticos para representar las demandas locales y negociar con el aparato público.
• Con la revolución de 1952, esta élite cruceña, que se asienta inicialmente como clanes familiares, se convierte en grupos de poder que, a partir de la década del 80, tienen proyección hegemónica.
• Hasta ahora, a pesar de existir diferencias de forma entre los diversos gobiernos de la denominada “democracia pactada” en Bolivia, no había contradicciones de fondo, ya que la clase política que administraba el poder compartía la misma extracción étnica (criollo mestiza) y composición de clase. Sus diferencias eran regionales y localistas, pero existía plena compatibilidad con relación a la estructura económica global-nacional. Todo cambia con un Estado en proceso de redefinición por la vía de la Asamblea Constituyente.
• Para consolidar esta élite cruceña, se ha debido construido un pensamiento de justificación del liderazgo y conducción de la mencionada élite, que fundamenta la “lucha entre regiones” (la cual oculta el debate sobre la lucha de clases).
• Ximena Soruco plantea que la élite en Santa Cruz emplea un discurso de corte darwinista, pero con ropaje y retórica discursiva de defensa a la democracia, libertad, justicia e institucionalidad. “Sin embargo, los contenidos de dichas articulaciones discursivas van cargando al imaginario social de contenidos políticos no pluralistas, excluyentes, autoritarios y violentos, oscilando entre violencia simbólica y (hasta) justificando la violencia material”.

El discurso “autonomista” (separatista)
• Se coloca la disputa política en términos de “cambas-collas”, “Oriente-occidente”, “media luna-Gobierno andino centrista”, “modernidad-pre modernidad”, “autonomía departamental-centralismo”.
• Para su discurso autonomista, las élites de Santa Cruz construyen un imaginario que tiene su núcleo en la diferencia racial de la “Nación Camba” con el resto de la sociedad boliviana. Se construye una historia épica de los “conquistadores” cruceños que se enfrentaron con el Estado colonial y republicano para conquistar, primero su territorio y luego su autonomía (que oculta la explotación y casi exterminio de la población indígena de las tierras bajas). Los fundadores de Santa Cruz no vienen del Virreinato de Lima sino de Paraguay, señala la historiografía oficial de Santa Cruz, para justificar un origen racial y cultural diferente (no altoperuano) y reivindicar su lugar especial en un país de indios.
• El proyecto político, en cambio, entronizado en el Comité pro Santa Cruz, desde mediados del siglo XX, gira en torno a la lucha contra el centralismo estatal de la región andina, apelando a los argumentos de: aislamiento geográfico de la región en el pasado, marginación de las decisiones políticas de los destinos del país y, contemporáneamente, el avasallamiento o disputa de parte de los migrantes collas –en concomitancia con el Estado andinocentrista–, del territorio y los recursos naturales propios de los cruceños.

La Nación Camba
• En la construcción del discurso autonomista o separatista, se le da al conflicto por la posesión y control de los recursos naturales, un carácter étnico-político, mediante la apropiación de lo indígena para crear una nueva identidad regional bajo el denominativo de Nación Camba.
• En principio, lo enemigos de los cruceños eran el colla (altoperuano), el camba (castas guaraníes de las provincias departamentales y del Beni), y el portugués (brasileños fronterizos y mulatos).
• No obstante, en la búsqueda de una alianza regional (ya que en el departamento no sólo existen los cruceños de origen hispano, sino también indígenas, aunque demográficamente minoritarios), se comenzó a apelar a la reivindicación de lo camba, a pesar de que se mantiene un racismo visceral hacia los indios.
• El movimiento político denominado Nación Camba, liderado por un sector radical de las élites cruceñas, está dirigido contra los indígenas aymara-quechua del altiplano y valles.
• Fundado en 2001, sus líderes visibles fueron Sergio Antelo, quien escribió la tesis política bajo el título de “Los cruceños y el derecho a la libre determinación”, que es la base del pensamiento político-ideológico, y Carlos Dabdoub que hoy ocupa el cargo de Secretario de Autonomía de la Prefectura de Santa Cruz.
• El discurso de la Nación Camba es una mezcla acomodaticia de elementos tomados del discurso de los movimientos indígenas internacionales y locales, del discurso de los movimientos de liberación nacional (Timor, Québec, los Kurdos). Pero su verdadero núcleo radica en señalar que los recursos naturales, principalmente la tierra, son propiedad exclusiva de la Nación Camba.
• Dos ideas de Antelo fueron operativizadas por el Comité Pro Santa Cruz: El referéndum autonómico y el dominio geográfico de la Nación Camba que, con la presentación del mapa que divide por la mitad a Bolivia, influyó en la constitución de lo que hoy se denomina la Media Luna (conformada por los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija).
• Mientras tanto, la violencia de la llamada Juventud Cruceñista ha logrado intimidar y reprimir proyectos alternativos.

El modelo económico: la soya
• Aunque la soya ha tenido un crecimiento impresionante en la década de los 90, actualmente encuentra límites en su propia lógica interna.
• El modelo económico predominante en Santa Cruz requiere una agresiva expansión de la frontera agrícola para mantener su rendimiento y, por tanto, su capacidad competitiva en el mercado internacional; las consecuencias de esta ampliación son a) la especulación de la tierra, las grandes propiedades con bajos niveles de inversión o no explotadas se ponen a disposición de los requerimientos de crecimiento de la agroindustria, latifundio y empresa capitalista son entonces complementarias, b) este uso intensivo de cada vez más extensas áreas y la monoproducción generan deforestación y daño ambiental que, a su vez, vulneran la reproducción del modelo y c) la presión por la tierra incrementa los conflictos violentos por la tierra, entre grandes y medianos propietarios, campesinos cruceños, colonizadores ‘collas’ e indígenas de las tierras bajas. Tierra y derecho (racializado) a su posesión y usufructo configuran el principal conflicto de Santa Cruz con el gobierno central.
• De esta forma, la desesperada búsqueda de control del territorio y sus recursos naturales busca proteger su modelo de acumulación y asegurar su sobrevivencia en el mediano plazo.

El método de la balcanización
• Numerosos analistas han visto en este intento separatista un patrón que identifican como “balcanización”, con el cual se crean pequeños Estados (casi ciudades-Estados), que por sus características quedan a merced del capital internacional.
• El periodista belga Michel Collon explica que los gobiernos estadounidenses han utilizado principalmente dos métodos para intervenir en otros países. Uno de ellos, la intervención directa y la invasión. El otro, el indirecto o la "balcanización", que busca provocar "guerras de baja intensidad", guerras civiles o intervenciones indirectas, método que se usó en los Balcanes.
• "El nombre del último enviado especial de Washington en Yugoslavia y Kosovo fue Philip Goldberg, quien hoy está activo en Bolivia para utilizar su experiencia criminal de cómo separar, dividir y provocar una guerra civil. Lo está haciendo en para impedir la liberación del pueblo de Bolivia", explicó Collon.
• Goldberg trabajó entre 1994 y 1996 como jefe de la oficina del Departamento de Estado para Bosnia y asistente especial del embajador, Richard Holbrooke. Evo Morales fue juramentado como presidente en enero de 2006 y unos meses de